|
Globalización:
Se distinguen con el tiempo las dos marchas en las que circula el mundo. Una pequeña parte ha entrado en la nueva economía (aquella que se basa en el dominio de Internet y en la sociedad del conocimiento).
La otra zona mucho mayor apenas se ha acercado a la revolución industrial. Aún no tiene agua potable, teléfonos ni infraestructuras industriales para desarrollarse.
Los integrantes del grupo llamado antiglobalización preferirían llamarse partidarios de una globalización alternativa.
La contaminación es fruto de un modelo de desarrollo incontrolado que genera mayores inconvenientes globales.
Las principales reivindicaciones del movimiento antiglobalización son:
- Cambio sustanciales en los programas de F.M.I. y del Banco mundial.
- Reducción de la contaminación.
- Supresión del pago de la deuda externa.
- Transparencia de las organizaciones multilaterales como la O.M.C.
- Adopción de la tasa Tobin para desincentivar las inversiones especulativas.
- Desaparición de los paraísos fiscales.
- Fomentar el derecho a la salud frente a los intereses farmacéuticos.
- Establecimiento de una renta básica para todos los seres humanos.
Manifestaciones ante eventos multilaterales:
En diciembre de 1999 tuvo lugar en Seattle la demostración de más impacto mediático.
En 1985 se celebró en Londres una cumbre contra el G-7.
En 1998 en Brimingham la movilización liderada por la ONG Jubileo 2000 reunió a 70.000 personas.
En 1999 en Colonia se movilizaron 50.000 personas.
En Seattle lograron interrumpir las poco transparentes tareas de la O.M.C. y con ello generaron una crisis en la institución. En Génova (2001) murió el joven Carlo Giuliani en un enfrentamiento con las fuerzas de orden público.
Los argumentos a favor del libre comercio internacional se mantienen firmes en sostener que éste permite una asignación de recursos más eficiente, así como una mayor competencia que dinamiza el tejido productivo. Se argumenta así que el proteccionismo alienta los comportamientos acomodaticios y alimenta ineficiencias. Algunas formulaciones recientes (como las debidas a Paul Romer) añaden que, en un entorno de creciente sofisticación tecnológica, para un país ser proteccionista le supone un aumento de costos, puesto que lo aleja del acceso a las innovaciones que están en la base de importantes avances de productividad. En la línea contraria, se señala que la experiencia de una apertura comercial indiscriminada puede originar la quiebra de empresas, sectores o regiones que no pueden hacer frente a la competencia de productos extranjeros más baratos, eficientes o competitivos, con resultados económicos, sociales y políticos muy costosos en caso de haberse adoptado medidas de compensación por parte de los poderes públicos.
El tratado de Libre Comercio entre México, EE.UU. y Canadá ha sido muy criticado por sus consecuencias para amplios sectores de la población más pobre.
Una de las primeras medidas de Zedillo, ganador del PRI de las presidenciales (1994) fue decretar una devaluación del peso del 15%. Esta medida, en principio moderada, desencadenó una caída del peso mexicano en los mercados mundiales, que sólo pudo ser detenida mediante un plan de apoyo internacional encabezado por EE.UU.. Un préstamo de 50.000 millones de dólares que cubría el pago de la deuda pública en 1995, consiguió frenar la quiebra del sistema financiero mexicano. Se adoptó un nuevo programa de austeridad (marzo 1995) con subidas del IVA, que pasó del 10 al 15%, de los precios energéticos y del transporte público además de la contención de las subidas salariales.
Equidad en la distribución de beneficios en el ámbito mundial:
Frente a la argumentación clásica que sostiene tanto la existencia de una relación causal entre comercio internacional y crecimiento como el principio de que éste es el principal mecanismo de reducción de la pobreza (Jagdish Bhagwati), se apuntan evidencias de que la globalización puede estar aumentando las desigualdades no sólo en el interior de los países, sino entre estos mismos actores. Diversos estudios publicados en la década de 2000, como los del economista Xavier Sala i Martín (2002), muestran cómo la desigualdad, una vez ponderada la situación de cada país por su población, se redujo en el ámbito mundial en la década de 1990 esencialmente como consecuencia de los notables incrementos de renta en China y la India (con un peso crucial en la población mundial), pero que Africa se encuentra cada vez más rezagada.
Aunque se puede hablar del éxito de muchos países en desarrollo al diversificar e impulsar sus exportaciones hacia los productos industriales, las dudas acerca de su adecuada inserción en las corrientes de intercambio comercial continúan vigentes. El papel exportador de manufacturas de Latinoamérica y Asia no significa que los países hayan encontrado una inserción cómoda en el sistema de comercio internacional. Sus productos intensivos en mano de obra y de baja tecnología se enfrentan con el proteccionismo.
Competitividad:
A la hora de fijar dónde se deslocaliza una actividad el punto fundamental no es el costo de la mano de obra. El elemento fundamental es el talento, y luego la flexibilidad laboral y el coste laboral. El coste de la mano de obra en España es bastante competitivo en comparación con lo que es la Europa más tradicional, pero que tiene "mucho que hacer" en cuanto a formación y flexibilidad laboral. El 70 por ciento del PIB de España y los nuevos puestos de trabajo desarrollados giran en torno al grupo de los servicios. Tenemos que ser capaces de generar ventajas competitivas en ese sector y tomar conciencia de la importancia de la innovación en ese ámbito, indicó. En un mundo altamente globalizado sólo se puede competir con una cosa: la innovación y el conocimiento. Lo único que puede diferenciar a un país o a una empresa es la capacidad de generar innovación y de cuán flexible es al cambio y cuán adaptable, añadió la ejecutiva, para quien, la innovación es un desafío y no un drama, una oportunidad y no una amenaza. El reto es más cultural que técnico, de una naturaleza más difícil de afrontar. Las empresas tienen más y mejores herramientas que nunca para dar solución a estos retos. El cierre de Delphi tiene que hacer pensar sobre la capacidad de España para competir en entornos de producción. Hoy no hay nada que pueda compensar la diferencia de costes laborales entre la economía española con países como China o los países del Este, con diferenciales de 1 a 3. El futuro de la producción industrial es insostenible si no se introducen transformaciones en el sector. Su capacidad de supervivencia es muy limitada si no nos ponemos muy pronto la medicina de la innovación, de la transformación que es el único antídoto que existe para combatir esta situación. Hay que destacar la importancia de apostar por el I+D+I, de mejorar la calidad de la enseñanza y aumentar el aprendizaje del inglés. (Declaraciones de Amparo Moraleda)
|