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Negacionismo



Negacionismo:
Difusión de hechos falsos y delito:
Difundir de forma sistemática una serie de mentiras ajenas no es exactamente mentir. Organizar una campaña de difusión de mentiras ajenas no es mentir en sentido estricto. El individuo que difunde mentiras en las que cree en realidad no está mintiendo. La serie de mentiras difundidas puede tener como finalidad apoyar un discurso o un sistema de creencias racistas. Si la suma y resultado de sus creencias lleva a un individuo a creer en la inferioridad de otras razas, percibe su postura como una conclusión natural, sincera, libre y lógica. No hay argumento convincente para separar la cualidad de negacionista de la de racista. Alguien que se refiera en términos elogiosos al ideario de Hitler está haciendo apología de ideas racistas. La ley no se propone medir el grado de convencimiento o de arraigo de una falsa creencia en la mente de una persona. Pero sí prohibe la manifestación pública de rechazo o desprecio hacia otra persona en función de la raza a la que pertenece.

Irving vs Lipstadt (1996):
La historiadora Deborah Lipstadt en su libro La negación del Holocausto ataca abiertamente a los negacionistas. Calificó a David Irving de mentiroso, falsificador y tergiversador de documentos. Irving la llevó a juicio por difamación (1996). Actuó por sí mismo como acusador en el Tribunal y empezó su intervención afirmando que el menoscabo de su imagen le había causado rechazos por parte de las editoriales. El juez resolvió en favor de la autora y la editorial Penguin (2000), sentencia que confirmó el dictamen de la apelación (2001). La sentencia en su contra le supuso una factura de 2,3 millones de euros. En 2005 fue encarcelado en Austria, donde negar el Holocausto es delito. Austria, Alemania, Canadá, Australia y Nueva Zelanda determinaron prohibirle la entrada en su territorio.

Puntos en disputa:
Irving no negaba las muertes llevadas a cabo en los campos de concentración pero sí el uso del Zyklon B para gasear detenidos vivos. Afirmaba que las muertes de judíos concentrados en campos se produjeron por causas ajenas a la voluntad de su admirado Hitler. Se centró en el campo Auschwitz, concebido en principio como campo de concentración pero modificado con posterioridad para el exterminio. Atribuyó el uso de la edificación de las cámaras de gas a un refugio antiaéreo para los vigilantes. Las instalaciones del Crematorio II fueron destruidas (1944) debido a una orden específica para suprimir evidencias. Todas las construcciones de Auschwitz pudieron ser reconstruidas (2016) en 3D por la policía judicial de Múnich gracias a la conservación de los planos. Uno de los hechos que evidenciaron su propósito para tergiversar la verdad provino de comprobaciones exaustivas de las afirmaciones del propio Irving. La defensa encontró en las publicaciones de Irving numerosas inexactitudes y errores de transcripción que no llegaron a atribuirse a simples errores humanos. Pudo establecerse un patrón en el conjunto de los errores que en principio podrían ser interpretados como fortuitos. El juez quedó convencido de que había voluntariedad en los errores porque siempre jugaban a favor de un relato de acuerdo con las tesis negacionistas.

Declaraciones tras la sentencia:
Según Lipstadt Alguien que niegue el Holocausto “no puede ser considerado un historiador. Alguien que niega evidencias, que niega pruebas documentadas y que niega estos hechos nunca puede ser considerado un historiador serio”. [Los negacionistas pueden compararse con los que] “creen que Elvis está vivo, que la Tierra es plana, que los humanos no llegaron a la luna o que el atentado del 11 de septiembre lo provocó el Gobierno de EE.UU.” “A la gente le gusta creer las cosas más horribles, pero en este caso, los negacionistas son gente que, principalmente y lo más importante, son antisemitas o amantes del nazismo, y por tanto no pueden creer que el Tercer Reich pudiera hacer eso, y no pueden soportar el hecho de que los judíos puedan ser mirados con compasión”. Irving contó que cada día recibía entre 300 y 400 correos de gente joven que quiere saber la verdad sobre Hitler y la Segunda Guerra Mundial.

Sucesivas sentencias:
En ocasiones algunos negacionistas han superado el limbo de ambigüedad en sus afirmaciones y han terminado sentenciados por diversos tribunales. Las bravatas del negacionista Lewis Brandon sobre las cámaras de gas fueron seguidas de una condena (1985) por parte del Tribunal Superior de Los Ángeles presidido por el juez Thomas T. Johnson. El Instituto revisionista fue obligado a pagar al superviviente demandante Mel Mermelstein los 50.000 dólares de un reto público más otros 40.000 dólares por daños y perjuicios. Ambas partes llegaron al acuerdo para evitar un juicio civil por incumplimiento. Los revisionistas se avinieron a los términos ante la estimación de los gastos del posible juicio.

En 1995 Roger Garaudy publicó Los mitos fundadores de la política israelí, donde defendió las tesis negacionistas del Holocausto. La afirmación le valió una condena por la justicia francesa de seis meses de cárcel. Le fue aplicada la ley Fabius-Gayssot del 13 de julio de 1990 por la «negación de crímenes contra la humanidad» y «difamación racista». Su defensa fue llevada por el polémico abogado Jacques Vergès, y la del editor Pierre Guillaume por Eric Delcroix. La decisión fue recurrida ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, pero la apelación fue rechazada como inadmisible.

Fallas del discurso negacionista:
Las distintas variaciones de negacionismo referidas al Holocausto son delito en buen número de democracias avanzadas. Los pseudohistoriadores que han incurrido en esa práctica son considerados como escoria por parte de la práctica totalidad de la comunidad académica de historiadores. Los trabajos de los negacionistas se caracterizan por la ambigüedad, la invención de fuentes, la falsificación de documentos, la transcripción inexacta de expresiones y el transfondo político. Nunca salen de la marginalidad y su difusión suele ser obra de extremistas políticos reaccionarios ante el avance del ámbito del Derecho Internacional.

Razonamiento falaz:
La ambigüedad en afirmaciones que bordean lo prohibido seguramente es la herramienta principal de que se vale el revisionismo. 'La otra verdad', 'Lo que no te contaron'. 'Lo que la Historia oficial esconde'. Ambigüedades revisionistas que afirman la conspiración de silencio de la comunidad académica que sólo acepta métodos rigurosos y científicos. Olvida a los historiadores y créeme a mi que he hablado con varios testigos sinceros. El argumento definitivo. Los revisionistas no son vistos por la comunidad académica de historiadores como minoritarios o heterodoxos sino como verdaderos parias que tienen que celebrar sus pseudocongresos en lugares marginales como pubs o picnics populistas. La ambigüedad es un recurso imprescindible para construir cualquier discurso que bordea lo tipificado como delito. Inventar conspiraciones y fabricar las pruebas (complot judío en Alemania, armas de destrucción masiva, FBI organizando el 11-S) no tiene nada de inocuo.

Redes sociales:
En foros de temas generales pueden leerse comentarios negacionistas sobre el Holocausto. Una entrada sobre el Diario de Ana Frank en un foro popular atrae de forma automática comentarios negacionistas de ambigüedad variable. Los mismos miembros del grupo incurren en el hecho una y otra vez sin que se tome ninguna medida. Permanecen impasibles tanto los administradores como la práctica totalidad de espectadores. Las más autorizadas revisiones de la persecución de minorías étnicas aseguran que el silencio del espectador no es inocente y que distorsionar la naturaleza del exterminio no tiene nada que ver con la libertad de expresión.

España:
Es delito la negación de cualquier crimen contra la humanidad. En la Sentencia 214/1991 (caso Violeta Friedman y el honor del pueblo Judío) el Tribunal Constitucional se refirió a los campos de exterminio nazis calificándolos de “hechos tan notorios como execrables”. Atribuir el carácter de hecho notorio significa que su existencia no necesita ser probada ni procede extenderse en debates sobre si los campos o el Holocausto existieron. Hasta el año 2007 según el artículo 607.2 del Código Penal La difusión por cualquier medio de ideas o doctrinas que nieguen o justifiquen los delitos [de genocidio y afines] tipificados en el apartado anterior de este artículo, o pretendan la rehabilitación de regímenes o instituciones que amparen prácticas generadoras de los mismos, se castigará con la pena de prisión de uno a dos años. Resuelta la calificación jurídica del Holocausto como genocidio, resultaba evidente que negarlo constituía un delito castigado con pena de prisión. En el 2014 estaba en tramitación parlamentaria la tipificación como delito de la negación del Holocausto.

Jean-Marie Le Pen:
A finales de la década de 1980 fue sancionado por negar la existencia de las cámaras de gas. En 1997 recibe otra condena por decir que las cámaras de gas fueron un «detalle de la historia». En 1998 se le impuso una multa por defender la desigualdad de las razas. En 2005 se le impuso otra multa por unas palabras que reflejaban desprecio a los inmigrantes. Ese año declaró en un entrevista a la revista de extrema derecha Rivarol que la ocupación nazi de Francia «no fue particularmente inhumana». Fue condenado (2008) por el Tribunal Correccional de París por un delito de complicidad con la apología de crímenes de guerra y negación de un crimen contra la humanidad a tres meses de prisión condicional. Por las declaraciones a la revista se le impuso una multa de 10.000 euros. En 2006 Bruno Gollnisch, número dos del FN, fue juzgado por negar la importancia de las cámaras de gas. En sus memorias Hijo de la nación (2018),rechazada por los grandes editores, Le Pen vuelve a mostrar su simpatía por el mariscal Pétain. En 2018 seguía haciendo declaraciones quitando importancia al asunto de las cámaras de gas.

En febrero de 2018 el Gobierno ultraconservador de Ley y Justicia (PiS) polaco aprueba una polémica ley que prohibe sugerir que la nación polaca fue cómplice de los crímenes del Holocausto. El Legislativo ve la necesidad de cortar de raíz cualquier discurso que pretenda revisar esa específica cuestión. Ningún historiador serio cuestiona que los polacos ni organizaron ni construyeron los campos de exterminio como los de Auschwitz, Treblinka o Sobibor. El Gobierno polaco en el exilio jamás se acercó a la mínima colaboración con los nazis. El escaso número de ciudadanos polacos que colaboraron no empañan la sufrida y heroica resistencia del resto. La revisión de lo que los historiadores y tribunales consideran hechos suficientemente probados mantiene su capacidad de desatar intensos sentimientos y ofensas.

En 2018 el Partido Laborista de Corbyn sufrió un apreciable deterioro en su imagen por su actitud ante el discurso antisemita de algunos miembros del partido. Alan Bull, candidato a los comicios locales, compartió un artículo en las redes en el que se calificaba de engaño el asesinato de seis millones de judíos. La directora de la junta disciplinaria del partido, Christine Shawcroft, cuestionó la suspensión inmediata de Bull y fue la destinataria de una contundente carta abierta firmada por 39 dirigentes laboristas que exigían su salida del cargo.

● La «solución final [de Hitler] para el problema judío» en Europa no sólo ha aportado elementos cruciales a la jurisprudencia internacional de postguerra como los relativos al genocidio o a los crímenes contra la humanidad. También señala la categoría moral (y en ciertos países europeos también la jurídica) de quienes se pronuncian al respecto. Negar o menospreciar la shoah-el holocausto— es situarse al margen del discurso civilizado público. Esto explica que los políticos tradicionales rehúyan, en la medida de lo posible, la compañía de demagogos como Jean-Marie Le Pen. (Tony Judt)


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