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Sicilia:
Los primeros pobladores fueron los sicanos y los sículos de donde procede el nombre de la isla. Los cartagineses colononizaron la mitad occidental y en el año 750 a de J.C. comenzó la ocupación griega, en constante pugna con los cartaginenes. Los romanos, que ocuparon la isla en el año 241 a. de J.C., la convirtieron en el granero del Imperio. En el 300 d. de J.C. fue invadida por los vándalos y posteriormente por Bizancio.
En el s.V los vándalos del norte de Africa desembarcaban en Sicilia y la asolaban anualmente para luego retirarse. La flota de Genserico dominaba el Mediterráneo y empezaba a amenazar también al Imperio de Oriente. La isla fue escenario de dos importantes campañas militares que no pudieron frenar a los vándalos. Una había sido financiada y organizada por el emperador oriental León I. En 456 el poderoso general Ricimero obtuvo una victoria naval en Córcega sobre la flota que Genserico dispuso para bloquear la costa italiana.
Hacía décadas que la pérdida del norte de Africa había dejado a la debilitada Roma sin los indispensables suministros de trigo y aceite de oliva.
Los árabes la ocuparon en el siglo IX, y fueron desalojados por los normandos, quienes introdujeron el sistema feudal que ha supuesto un lastre tan pesado para Sicilia. Palermo, en el momento de la conquista normanda, tenía trescientas mezquitas y otros tantos maestros de escuela (que por entonces era un privilegio), cincuenta carnicerías, salas de baños, mercados y las calles adoquinadas, cuando las grandes metrópolis de Occidente eran un mar de fango y suciedad. A todo ello los conquistadores añadieron iglesias católicas, tolerancia y buena administración.
El califato de Córdoba se debilita progresivamente y caen los omeyas (1030). Los almorávides traen de Africa un renovado impulso guerrero. Los intrépidos navegantes normandos se convierten en la punta de lanza de la cristiandad. Toman Mesina, Palermo y Siracusa. Llevan la aventura en el alma, llenos de codicia y ambición, empujarán a la cristiandad hacia aventuras militares insensatas. (René Kalisky)
Normandos en Sicilia:
El feudo que Rinolfo de Drengot conquista en Aversa inició otras muchas ocupaciones. Muy pronto destacaron los seis hermanos Altavilla, que a sus grandes dotes y cualidades militares añadían un raro talento político y organizador. Su ascensión fue rápida; duques de Melfi en 1041, conquistadores de Apulia y de Calabria en 1059, de Mesina en 1061, de Bari diez años después y de Palermo el siguiente año. Gracias a su intervención, Sicilia, que desde hacía doscientos años era una provincia árabe, se convirtió así en un reino normando. Los Altavilla, antes Hauteville, provenían de Normandía, donde se habían establecido temporalmente tras su llegada desde Dinamarca y Escandinavia.
Bajo los normandos pudo desarrollarse un reino rico, adelantado bien administrado y de complejas relaciones. Un complicado mosaico de latinos, griegos, árabes, lombardos, hebreos y normandos que hablaban muchas lenguas, que observaban una curiosa mescolanza de leyes germánicas, bizantinas, tardo romanas y coránicas y que adoraban distintas y opuestas divinidades. Sus reyes, que hablaban en francés y dictaban decretos en latín, árabe y griego, tenían barones normandos, almirantes y administradores árabes, banqueros hebreos o lombardos, obispos latinos o ingleses y burócratas griegos. Levantaron catedrales católicas, pero impidieron a los sacerdotes predicar entre los musulmanes, a los que necesitaban para la flota, el ejército y los servicios públicos. Y se daba el caso de que en las ceremonias públicas llevaban vestidos bordados con versículos del Corán (a veces junto con coronas de tipo griego).
El reino normando de Nápoles y Sicilia pasó a los Hohenstaufen en 1194, y en 1268 el control francés por Carlos de Anjou sustituyó al control alemán. En 1282 se produjo una revuelta popular, conocida como las vísperas sicilianas, a consecuencia de la cual se convirtió en dominio del reino de Aragón. En 1507 se unió a Nápoles y tras la unificación de Aragón y Castilla fue gobernada por virreyes nombrados por los monarcas españoles hasta que en 1735 se independizó bajo una rama de los Borbones, quienes permanecieron en el poder hasta el siglo XIX. En 1815 y en virtud de tratado de Viena pasó a formar parte del reino de las Dos Sicilias hasta que en 1860 Garibaldi aprovechó los movimientos separatistas para lograr su liberación. Un año más tarde se fusionó con Italia como deseaba la mayoría de la población. Una organización clandestina creada para impedir la invasión napoleónica derivó en una especie de policía secreta particular que fue el inicio de la mafia.
Invasión aliada (1943):
Tras intensos ataques aéreos sobre la isla y sobre el sur de Italia las tropas de George S.Patton y Bernard Montgomery lanzan un desembarco que Roosevelt había calificado como el principio del fin. Las tropas italianas apenas ofrecen resistencia. Sicilia sirve a los aliados como trampolín para la conquista del continente europeo. La invasión, que se realiza bajo el nombre de operación Husky, tiene lugar en la costa meridional. Las unidades estadounidenses desembarcan en Licata y Gela, las británicas en Siracusa y el extremo sudeste de Sicilia, y el 13 de julio se reúnen cerca de Ragusa. El 22 de julio ocupan Palermo. El 29 de julio toman las posiciones alemanas de Nicosia, junto al Etna. El 17 de agosto las tropas italianas y alemanas, que apenas pueden oponer resistencia, completan el abandono de la isla. En la gigantesca operación participaron 280 barcos, 320 transportadoras, 900 lanchas de desembarco grandes, 1.225 pequeñas y 3.680 aviones.
En la Conferencia de Casablanca (enero 1943) se decidió la invasión de Sicilia. Churchill estaba totalmente convencido de que era el siguiente paso que debía darse. Asistieron a la reunión Roosevelt, Giraud y De Gaulle. Finalizada la expulsión de las tropas del Eje del norte de Africa, en la zona quedaba emplazado un elevado número de efectivos aliados. Durante la primavera y comienzos de verano se llevó a cabo un continuado ataque aéreo. Las fuerzas navales aliadas impusieron un bloqueo infranqueable. El 11 de junio capituló la isla de Pantelaria, con lo que quedaba abierto el paso por el canal de Sicilia. En la noche del 9 de julio, paracaidistas y tropas aerotransportadas descendieron sobre Sicilia y, al amanecer del día siguiente, las fuerzas invasoras desembarcaban en el extremo sudoriental de la isla. El VII Ejército norteamericano desembarcó en las cercanías de Licata y Gela. El VIII Ejército inglés alcanzó la costa oriental en el trecho comprendido entre cabo Passero y Avola. Una incursión aérea norteamericana fue severamente dañada por fuego amigo de la Marina. A causa de este revés, explicado por el corto alcance de las comunicaciones, Patton recibió algunas duras palabras de Eisenhower que se disiparon con la toma relámpago de Palermo. La población de la capital acogió a las tropas de Patton como a libertadores llegados de América, destino preferido de una elevada emigración siciliana.
Aunque la isla se hallaba defendida por una guarnición de 400.000 soldados del Eje, los italianos, que formaban el grueso de las fuerzas, opusieron débil resistencia y la defensa recayó sobre una fuerza alemana de tres o cuatro divisiones. No se realizó ningún intento serio para defender toda la isla. Los alemanes se concentraron en la defensa de la línea montañosa que cubría los accesos a Messina, centrada en torno a la base del Etna. El VIII Ejército vio contenida su tentativa de avanzar en la costa oriental y Montgomery desplazó su presión al ala izquierda con un ataque sobre el centro de la línea del Etna. Mientras tanto, las tropas norteamericanas se lanzaron sobre la línea y se unieron al ataque contra las posiciones principales del Eje. Para el 6 de agosto la línea del Etna había sido rota y los alemanes se batían en retirada. Ocupada Messina el 17 de agosto, toda la isla se encontraba en manos de los aliados.
La invasión del suelo italiano resultó fatal para el régimen de Mussolini. El 25 de julio el rey Emanuelle III destituyó a Mussolini y nombró en su lugar al mariscal Pietro Badoglio. A mediados de agosto Badoglio llegó a la convicción de que no había más alternativa que rendirse. Se iniciaron conversaciones secretas que llevaron a la firma de un armisticio el 3 de septiembre. Sus términos fueron prácticamente de rendición incondicional, fórmula que se había decidido en Casablanca, y no se hicieron públicos hasta que se hubo lanzado una invasión en gran escala contra la italia continental.
El 3 de septiembre la vanguardia del VIII Ejército cruzó el estrecho de Messina y se internó en el país, donde apenas encontró resistencia. Cinco días después una fuerza anfibia ocupó Tarento y el 9 de septiembre el V Ejército norteamericano desembarcó en las playas de Salerno. Los alemanes se concentraron en contra este último ataque. Mientras el desembarco en el sur de Italia tropezó con acciones de retaguardia, el de Salerno se encontró con con la encarnizada oposición de las tropas alemanas concentradas en previsión de este movimiento. Pero el apoyo naval y aéreo contribuyó a contener los contraataques alemanes y el rápido avance de del VIII Ejército hacia el norte de la península amenazaba la retaguardia alemana. El 17 de septiembre establecieron contacto el V y VIII Ejércitos y los alemanes se retiraron a una línea que cubría Nápoles desde el sur. Tuvo lugar una batalla de seis días por las colinas de Sorrento, pero el 28 de septiembre se logró abrir una brecha y el 1 de octubre caía Nápoles.
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Enfrentamiento de Roma y Cartago por Sicilia:
Roma, potencia continental, vivió en paz con Cartago hasta el día en que los romanos quisieron conquistar Sicilia, de la que los cartagineses poseían la parte occidental. Primero echaron el ojo a las ciudades griegas del este de Sicilia. Un rey griego acudió en socorro de esas ciudades, pero a duras penas ganó algunas batallas. Se conocen las palabras de Pirro «Otra victoria como ésta y estamos perdidos» —de ahí la expresión «victoria pírrica»—. Pero cuando los romanos atacaron el oeste de la gran isla, estalló la guerra con la ciudad púnica («púnicos» es el antiguo nombre de los cartagineses)... Cartago dominaba el mar, mientras la legión romana era la mejor maquinaria militar de la época. [...] La falange griega, desorganizada, perdía todo su valor combativo, lo cual no era el caso de la legión. El legionario sabía combatir en grupo, pero también de manera aislada. La primera guerra Púnica se desarrolló de 264 a 214 a.C. A pesar del valor de sus generales, entre ellos un tal Amílcar Barca (el de Salambó), Cartago fue vencida y tuvo que ceder a Roma Sicilia y Cerdeña. Pero la ciudad fenicia era demasiado orgullosa para admitirse vencida. Compensó la pérdida de Sicilia con la conquista de España, que gobernó Amílcar y donde fundó Cartagena, la «nueva Cartago». En 219 a.C. (Jea-Claude Barreau y Guillaume Bigot) |
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