Submarinismo
Jacques Cousteau



Jacques-Yves Cousteau (11/06/1910-25/06/1997):
Capitán de fragata francés. A los veinte años ingresó en la Escuela Naval, efectuando un viaje de instrucción en el Jeanne d'Arc, en 1932-1933. Posteriormente estuvo embarcado en el crucero Primaguet, en Extremo Oriente, y después de un viaje a Siberia y a Rusia, a fines de 1935, pasó a la escuela de Observadores de Aeronáutica Naval y también efectuó los cursos de especialización en artillería naval, a bordo del crucero Pluton, en 1937, año éste en el que comienza a experimentar los prototipos de aparatos respiratorios de oxígeno en circuito cerrado de su invención, sufriendo dos intoxicaciones graves durante las pruebas de buceo. Mientras, embarcado en los cruceros Suffren y Dupleix, con los que participa en diversas operaciones militares, estudia un equipo de buceador de combate, pero sus trabajos son interrumpidos por la guerra. En 1943, proyecta y lleva a la práctica con Emile Gagnan, el prototipo de escafandra de aire comprimido que lleva el nombre de ambos y hace homologar en presencia de una comisión de técnicos el descenso a 62 metros de Frédéric Dumas con dicha escafandra. En 1944 funda en unión de Taillez el Groupe d'Études et Recherches Sous-Marines (G.E.R.S.) para la investigación y técnica de buceo. De 1947 a 1949 mandó el buque Ingénieur Élle-Monnier, en comisiones oceanográficas y con el cual colabora en la primera expedición del batiscafo FNRS II a las islas de Cabo Verde. Asociado con el farmacéutico de la marina francesa Dufau-Cazanabe proyecta un nuevo tipo de escafandra y desarrolla la construcción del propulsor submarino. A partir de 1947 se dedicó al estudio de los problemas del sondeo por ultrasonidos y en colaboración con el doctor Harold Egerton, profesor del M.I.T. de Cambridge (EE.UU.), realiza exploraciones del fondo marino con varios tipos de cámaras fotográficas electrónicas, llegando a obtener más de 20.000 documentos gráficos. Para los trabajos de oceanografía idea una nueva técnica de fondeo hasta 4.000 metros, así como de dragado con cabos de nylon, disponiendo luego del Calypso, antiguo dragaminas norteamericano, dotado de modernos aparatos de exploración oceanográfica. Fue comandante del Calypso desde 1950. Dirigió el Museo Oceanográfico de Mónaco desde 1957. Fue el principal responsable del Conshelf Saturation Drive Program, programa de investigación durante el cual un grupo de experimentadores vivieron, realizando diversos trabajos, en la plataforma precontinental a una importante profundidad bajo el nivel del mar. Sus primeras obras cinematográficas fueron cortometrajes realizados en diversos parajes submarinos de las costas de Túnez, Río de Oro, mar Rojo, etc.

Con el ingeniero Laban, en 1953, prepara un equipo de televisión submarina, utilizado por primera vez en el Grand Congloué, del siglo II A.C.; en el verano de 1953 hace un viaje a las islas Jónicas y Cícladas; de enero a marzo de 1954 efectúa estudios geológicos en el golfo pérsico, para continuar con otros biológicos en las islas Seychelles, Comores y grupo de Aldabra, y al concluir estos, en julio del mismo año, lleva a cabo otros en Túnez, golfo de León y Córcega, con numerosos sondeos y recogidas de muestras del fondo; en el verano de 1956 marcha al golfo de Biafra en misión del Museo de Historia Natural. A la incesante tarea oceanográfica del capitán de fragata Cousteau debe sumarse otra no menos importante de organización de centros de estudios y con su alto prestigio pudo lograr de diversos sectores particulares los fondos necesarios para adquirir y equipar el Calypso. También se debe a él la creación de un centro denominado Campagnes Océanographiques Françaises (París), el Office Français de recherches Sous-Marines (Marsella) y el Unites States Liaison Committee for Oceanographic Research (Nueva York), una activísima labor de conferenciante en varios países. Realizó notables documentales cinematográficos. Fue autor de las obras Par Dix-Huit Mètres de Fond, La Plongée en Scaphandre (en colaboración con Tailliez, Dumas, Devilla y Alinat) y Le Monde du Silence (en colaboración con F.Dumas).

En aquel entonces sólo se conocía para bucear las pesadas escafandras unidas por un tubo de aire a la superficie, demasiado complicado para Cousteau, que sueña con una escafandra autónoma. Un sueño que pronto se hace realidad, ya que en 1943 elabora con el ingeniero Emile Gagnan, inventor de un descompresor para vehículos de gasógeno, el equipo de respiración submarina basado en aire comprimido contenido en una botella. La patente del Aqua-Lung y los derechos de fabricación del aparato por parte de la empresa Aqualung, que sigue siendo hoy número uno del mercado de equipos de buceo, reportaron un excelente rendimiento económico. Con la ayuda de su invento se dedica a filmar restos de la guerra para la Marina o restos arqueológicos. En 1947 alcanza la profundidad de 100 metros y se entusiasma por la oceanografía. La asombrosa capacidad que tiene de financiar sus proyectos se desvela cuando en 1950 lord Guinness, un mecenas inglés, compra para él un antiguo dragaminas británico. Transformado en navío oceanográfico, el Calypso se convertirá en protagonista de las aventuras del comandante Cousteau sobre y bajo los mares.

Incansable actividad en defensa de los mares:
En 1997 había dirigido un estudio sobre la cuenca marina del Mediterráneo y con sus resultados alertó acerca del deterioro de ese mar. En los años ochenta, a causa de su edad, se vió obligado a abandonar sus inmersiones con el batiscafo, pero siguió luchando por su causa a bordo del viejo dragaminas Calypso, que se hundiría en enero de 1991. Su labor ya era muy reconocida y en 1989 fue elegido miembro de la Academia Francesa. En 1996 reclamado para ocupar el cargo de Secretario General de la Comisión Internacional para la Explotación Científica del Mediterráneo, cargo que simultaneó con sus trabajos para la UNESCO en 1988. Fue un incansable agitador de las conciencias para promover el respeto por la naturaleza, especialmente el medio ambiente marino, y para ello utilizó todos los medios a su alcance: la investigación directa, el cine, la televisión y los libros. Como muestra de esta especialísima cultura oceánica quedan sus sensacionales documentales El mundo del silencio, que obtuvo la Palma de Oro del Festival de Cannes de 1956, y El pez rojo, galardonado con un Oscar en 1959, así como su abundante bibliografía. La odisea submarina del comandante Cousteau, Nuestras amigas las ballenas, La Mar herida, El mar de Cortés, Cousteau en el Amazonas y El mundo sin sol, entre otros muchos libros. La frase extraída de su conferencia en Valencia (1990), La felicidad para la abeja y el delfín consiste en existir, y para el ser humano en saberlo y maravillarse, resume toda la filosofía naturalista de este gran observador científico.

Précontinent III (1965):
Seis acuanautas franceses a las órdenes de Jacques Cousteau permanecieron tres semanas en el fondo del Mediterráneo, a 100 m de profundidad en aguas de Cape Ferrat (cerca de Mónaco), viviendo en una esfera de 6 m de diámetro y 130 t de peso, con atmósfera de helio y oxígeno. Aparte el mérito de la mayor profundidad, el experimento francés es comparable al norteamericano Sealab II, y ambos representan un avance importante respecto a los experimentos precedentes.

Ese mismo año, seis hombres trabajaron en la Conshelf Three durante tres semanas a 100 metros. El trabajo externo a 110 metros se redujo a un máximo de 7 horas al día por individuo. En los Estados Unidos, Edwin A. Link dirigió en 1963 un test de inmersión de una sola persona en una cámara de recompresión a 60 metros; y en 1964 colocó dos hombres a 130 metros durante 48 horas.


El CASM (1946):
Club Alpin Sous-Marin, fundado en Cannes, un entorno de gran riqueza en pecios. Agrupó a un variado conjunto de exploradores, arqueólogos, ictiólogos y aficionados comunes. En su organización destaca la labor del muy respetado Henri Broussard, que coincidió con una importante difusión del submarinismo. Las actividades subacuáticas experimentaron un considerable auge gracias a la organización de salidas en grupo, publicaciones ilustradas y la puesta a disposición de escafandras autónomas a los miembros del club. Algunas de las excursiones por el litoral provenzal terminaron en importantes descubrimientos arqueológicos como el de la rada de Agay, un campo de ánforas de más de 2.000 años de antigüedad, descubierto a 25 metros de profundidad. Los numerosos barcos romanos que costeaban la zona mantuvieron un intenso tráfico de ánforas. Estos recipientes de uso cotidiano eran identificados con numerosas anotaciones sobre orígenes, fabricantes, variedades de productos demandados e inspectores. Sus restos nos oferecen valiosa información sobre la producción y distribución de la época.


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