Invasión de Irak (2003)
Motivos



Invasión de Irak (2003): Motivos:

Motivos:
[...] Para ellos, demostrar el poderío americano es bueno en sí mismo. Daría igual si no capturaran a Saddam Hussein, daría igual si no apareciera nunca ninguna de las armas que atribuían al anterior régimen iraquí: la guerra estaba justificada porque sí, y punto. En vísperas de la invasión estuvieron jugando con cuatro o cinco excusas y al final optaron por lo de las armas de destrucción masiva. Si el presidente no acababa con Saddam Hussein incumplía su mandato constitucional de proteger al pueblo de Estados Unidos. No se podía dar un día más a los inspectores de Hans Blix, la situación requería una intervención de urgencia porque los misiles nucleares iraquíes apuntaban ya a nuestras ciudades [...] Irak fue atacado porque era el país más débil de la región y el que padecía al dictador más despreciable. Y ahora somos propietarios de Irak. La idea consistía en instalar grandes bases militares en territorio iraquí, para siempre, con el fin de aligerar la presencia de tropas en Turquía, Arabia Saudí y otros lugares que, desde el punto de vista de la Administración, eran de fiabilidad dudosa. Querían un Gobierno iraquí fiel a Washington, cuatro bases en el país y el petróleo. Lo que ocurre es que las cosas no marchan según los planes. (Susan Sontag, 2003)

Prensa manipulada:
Mientras en Bagdad y en todo Irak la gente construía refugios bajo tierra en sus jardines, mientras quienes podían huían del país, mientras las familias acumulaban alimentos sabiendo que la guerra podría durar semanas o meses, mientras el Ejército estadounidenses se disponía a atacar a todo un país sin amparo legal ni justificación moral, las portadas de buena parte de la prensa internacional dedicaban, día tras día, amplios espacios a un debate impuesto por la agenda de Washington, sobre la presunta cantidad de armas de destrucción masiva que tenía el régimen de Sadam Hussein. Los periodistas que estábamos en la capital iraquí nos veíamos obligados a hablar en nuestras crónicas de las ruedas de prensa casi diarias que ofrecían los estadounidenses y la ONU sobre el desarme iraquí. Estados Unidos presentaba cada semana nuevas exigencias en una escala que comenzó por asuntos comprensibles hasta llegar a un lenguaje técnico en el que se entremezclaban ojivas y muelles de misiles con extraños agentes nerviosos, extravagantes camiones supuestamente portadores de armas químicas y los kilómetros de alcance de los misiles Al Samud. Azuzada por la agenda de Estados Unidos y de Naciones Unidas, la prensa internacional fue prisionera de un debate trampa, centrado en el número de misiles iraquíes, en las armas que el régimen presuntamente ocultaba, en las escenificaciones. Solo se buscaba una respuesta: ¿Coopera Irak lo suficiente con los inspectores para acabar con las armas de destrucción masiva? Una pregunta de imposible respuesta, pues como se supo a posterior era imposible demostrar la inexistencia de lo que no existe. Mientras, las preguntas imprescindibles se quedaban fuera del debate dominante: ¿Supone Irak una amenaza real para el mundo? ¿Tiene armas de destrucción masiva? ¿Es legal la invasión de Irak? Todas esas respuestas eran negativas, pero eso no importaba: el debate era otro, la agenda impuesta por Washington ganaba, a pesar de la oposición a la guerra de la sociedad civil en varios países occidentales. (Olga Rodríguez, 17/06/2015)


Revisión de errores:
[El periodista George] Packer era un firme partidario de la invasión de Irak para derrocar a Sadam Hussein. Como uno de los denominados liberal hawks (halcones progresistas), creía que acabar con una dictadura tan cruel como la iraquí era casi una exigencia moral. [...] En su libro, Packer [La puerta de los asesinos] describe por qué la aventura iraquí estaba lastrada de origen por dos prejuicios ideológicos: el deseo de Paul Wolfowitz –número dos del Pentágono– de corregir la decisión de 1991 de no culminar la llamada guerra del Golfo con el derrocamiento de Sadam, y la obsesión de los neoconservadores por ayudar a Israel y enterrar a sus enemigos. No puede sorprender que estos políticos y académicos creyeran que el apoyo a Israel debía ser uno de los ejes de la política exterior norteamericana. Lo que despertó el interés de Packer es que estas personas se comportaran como embajadores del Likud en EEUU trazando una estrategia que respondía más a los intereses del partido de Netanyahu que a los de su propio país. Entre ellos estaban los autores del estudio A Clean Break: A New Strategy for Securing the Realm, enviado a Netanyahu, cuyas principales recomendaciones eran "aplastar militarmente a los palestinos, derrocar a Sadam y poner a un rey hashemita (la dinastía que gobierna en Jordania) en el trono iraquí", escribe Packer. Lo redactaron en 1996. Años después, desde sus puestos en la Administración de Bush y del mundo académico, tuvieron que cambiar algunas conclusiones, pero las líneas maestras eran las mismas. El presunto (e inexistente) arsenal nuclear de Irak era una razón de peso, pero no la más importante. La guerra se justificaba por sí misma. Por eso, ni se molestaron en analizar cómo debería ser la postguerra iraquí. Es más, pensaron que preparar el día después de la victoria, como intentó hacer el Departamento de Estado, sólo serviría para descubrir problemas y obstáculos que harían más difícil que la opinión pública aceptara en primer lugar la idea de enviar a las tropas. (Iñigo Sáenz de Ugarte. 2016)


Balance:
Nadie hace cuentas por la destrucción de miles, decenas de miles, centenares de miles de vidas en el próximo Oriente. Vidas arrasadas por la lógica de aquella guerra de venganza del segundo Bush, una guerra por el petróleo y el orgullo, una guerra solo de destrucción y saqueo, que desestabilizó para décadas la región y legitimó a los hijos del odio, el rencor y la yihad. [...] Es fruto de aquel mal cálculo guerrero de los halcones de Bush y sus informes trucados. Fue un mal negocio, aquel cálculo de soldados muertos por galón de fuel, un descargue de violencia que hizo ricos a algunos, pero arruinó a Estados Unidos y provocó esta crisis. (Francisco Pomares, 2016)


Mezcla de intereses:
La guerra de Iraq, por ejemplo, fue el dramático resultado de decisiones políticas e intereses económicos que condujeron a ella. La actuación interesada de líderes políticos, militares, empresarios deseosos de conseguir recursos naturales y ventajas comerciales, o la necesidad de reforzar el prestigio y la gloria personal del gobernante son factores con mayor fuerza explicativa que la “maldad humana”. Ciertamente, las pasiones del odio, la indignación, la destrucción y el miedo, junto a la indiferencia hacia unas vidas previamente desposeídas de dignidad humana, son elementos indispensables para llevar a cabo esas acciones, pero no constituyen su causa. (María Márquez Guerrero, 2017)


Instalaciones nucleares:
En 1981 Israel atacó y destruyó el reactor nuclear iraquí de Osirak. Estaba situado en el Centro de investigación nuclear de Al Tuwaitha, a 18 km al sudoeste de Bagdad. El centro fue completamente destruido por la aviación de EE.UU. durante la Guerra del Golfo (1991). Se emplearon repetidos ataques durante 19 días sobre el altamente fortificado complejo. Los ataques eran realizados por decenas de cazas (F-16, F-111 y F-117). En 2007 Israel destruyó el reactor sirio en Dayr az-Zawr.


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