MAR
Cambio climático
Deshielo



Hipótesis de Ewing y Donn:
Ewing y Donn atribuyeron la sucesión de las Eras glaciares en el hemisferio Norte a las condiciones geográficas que rodean al polo Norte. El océano Artico está casi rodeado por tierra. En los períodos de clima benigno, antes de que empezaran las recientes Eras glaciales, cuando este océano ofrecía sus aguas abiertas, los vientos que la barrían captaron el vapor de agua que cayó luego en forma de nieve sobre el Canadá y Siberia. Al formarse glaciares el Planeta absorbió menos calor procedente del Sol, porque el manto de hielo, al igual que las nubes en los períodos tormentosos, reflejaba parte de la luz solar. En consecuencia, disminuyó la temperatura general de la Tierra. Pero, al hacerlo, se congeló el océano Artico y, por lo tanto, los vientos captaron menos humedad del mismo. Y menos humedad en el aire significa menos nieve en invierno. Así, pues, se invirtió el proceso: al nevar menos en invierno, en verano se fundía toda la nieve caída. Los glaciares se retiraron, hasta que la Tierra se calentó lo suficiente como para fundir el océano Artico y dejar de nuevo las aguas libres, momento en el cual se reanudó el ciclo, con la nueva formación de los glaciares. Resulta una paradoja que la fusión del océano Artico, más que su congelación, fuese el origen de una Era glacial. No obstante, los geofísicos hallaron la teoría plausible y capaz de resolver muchas cuestiones. El problema principal acerca de esta teoría radicaba en que convertía en un misterio mayor que antes la ausencia de Eras glaciales en el último millón de años. Pero Ewing y Donn tiene una respuesta para ello. Sugieren que durante el largo período de clima benigno anterior a las Eras glaciales, el polo Norte pudo haber estado localizado en el océano Pacífico. En tal caso, la mayor parte de la nieve habría caído en el océano, en vez de hacerlo en la tierra, por lo cual no se formarían glaciares importantes. Desde luego, el polo Norte experimenta un movimiento pequeño, pero constante: se desplaza en círculos irregulares de 9 m. en un período de 435 días más o menos, tal como descubrió, a principios del siglo XX, el astrónomo americano Seth Carlo Chandler. También se ha corrido otros 9 m hacia Groenlandia desde 1900. No obstante, tales cambios -ocasionados, quizá, por terremotos, con los consiguientes cambios en la distribución de la masa del Globo- son cuestiones sin importancia. Lo que se necesita para apoyar la teoría de Ewing-Donn eran trastornos de gran magnitud, causados, posiblemente por la deriva continental. Según se mueva la corteza terrestre, el polo Norte puede quedar rodeado de tierra, o solitario en medio de las aguas. Sin embargo, ¿pueden tener relación los cambios causados por la deriva, con los períodos de glaciación?


El método de medición de Urey (1950):
Este termómetro ha establecido que, hace 100 millones de años, el promedio de la temperatura del océano en todo el mundo era, aproximadamente, de 21,11ºC. Fue enfriándose con lentitud hasta alcanzar, 10 millones de años más tarde, los 16,11ºC, para ascender de nuevo hasta los 21,11ºC al cabo de otros 10 millones de años. Desde entonces, la temperatura del océano ha ido bajando lenta y progresivamente. Tal vez este descenso térmico fue el que causó la desaparición de los dinosaurios (los cuales estaban probablemente adaptados a climas suaves y constantes), que supuso una ventaja para las aves de sangre caliente y los mamíferos, que pueden mantener una temperatura interna constante. Cesare Emiliani, utilizando la técnica de Urey, estudió los caparazones de los foraminíferos sacados a la superficie junto con los fragmentos del suelo oceánico. Comprobó que la temperatura en la superficie del océano era de unos 10ºC hace 30 millones de años y de unos 6,11ºC hace 20 millones de años, mientras que en la actualidad es de 1,66ºC.

[CO2 en la atmósfera:]
¿Que determina los cambios, a largo plazo, en la temperatura? Una posible explicación sería el llamado efecto invernadero del anhídrido carbónico. El anhídrido carbónico absorbe, en considerable proporción, las radiaciones infrarrojas. Esto significa que cuando hay apreciables cantidades del índice de este gas en la atmósfera, tiende a bloquearse la pérdida nocturna de calor a partir de la tierra calentada por el sol. En consecuencia, el calor se acumula. Por el contrario, cuando desciende el contenido de anhídrido carbónico en la atmósfera, la tierra se enfría progresivamente. Si la concentración usual de anhídrido carbónico en el aire aumentara hasta el doble (desde 0,3% hasta 0,6%), este pequeño cambio bastaría para elevar la temperatura superficial en unos 3ºC y conduciría a la rápida y total fusión de los glaciares continentales. Y si tal concentración descendiera a la mitad de su valor actual, la temperatura bajaría, a su vez, lo bastante como para extender nuevamente los glaciares hasta Nueva York. Los volcanes proyectan a la atmósfera grandes cantidades de anhídrido carbónico. La meteorización de las rocas absorbe el anhídrido carbónico (por lo cual se forma la piedra caliza). Por tanto, aquí son posibles ambos mecanismos de cambios climáticos a largo plazo. Un período de actividad volcánica superior al normal podría originar un notable aumento del anhídrido carbónico en el aire e iniciar así un calentamiento de la Tierra. Por el contrario, en una Era de formación de montañas, en la que grandes áreas de nuevas y aún no desgastadas rocas están expuestas al aire, podría descender la concentración de anhídrido carbónico en la atmósfera. Esto es lo que posiblemente ocurrió en las postrimerías del Mesozoico (la edad de los reptiles), hace 80 millones de años, cuando se inició el largo descenso de la temperatura terrestre. (Asimov)


Gases del pasado:
La emisión de gases de efecto invernadero (GEI), permanecen en la atmósfera entre cien y 120 años. En sólo unos meses son capaces de repartirse de forma homogénea en la atmósfera. Las emisiones de hace cien años están todavía en la atmósfera atrapando los rayos solares y generando el calentamiento global. Para dejar de aumentar el porcentaje de CO2 hay que dejar de emitir a nivel mundial al menos un 50%. Los niveles de emisión de hace cien años eran muchísimo menores que las actuales debido al gran aumento de la población, el nivel de vida y la producción industrial. Los países que hoy son más desarrollados son los que tienen una mayor cantidad de emisiones acumuladas en la atmósfera. Casi el 30% de lo que está en la atmósfera corresponde a los GEI de EE.UU., seguidos de los países industrializados como Alemania, Reino Unido, Francia y algunos que rápidamente se están poniendo al día, como China y Rusia. Hacia el año 2050 tenemos que ser capaces de evitar un aumento de calentamiento global superior a dos grados Celsius respecto de aquel que existía hace 200 años. Los peores impactos del cambio climático recaerán en las próximas décadas en los países en vías de desarrollo. El protocolo de Kioto (1997) logró reducir un 22% los GEI en los países firmantes, pero las emisiones globales han seguido creciendo desde 2000 más de un 24%. Fue suscrito por solo 37 países industrializados, 28 de ellos de la UE, que correspondía al 12% de las emisiones. En Copenhague (2009) faltó conciencia de peligro y necesidad de acciones urgentes.


Consumo justo por habitante:
[Para no elevar el porcentaje de CO2 en la atmósfera y reconociendo el mismo derecho a emitir a todos los habitantes] los franceses deberán dividir sus emisiones por 4, lo que significa dividir por el mismo factor el consumo de petróleo, de gas y de carbón (permaneciendo disponibles la energía nuclear y las renovables, con potenciales muy diferentes según las vías que se consideren). Los norteamericanos deberían dividir sus emisiones por 12, y los chinos no podrían aumentarlas por encima del nivel actual. Con las tecnoloías en vigor, para alcanzar este techo basta con efectuar un único vuelo trasatlántico, o calentarse unos meses con gas natural, o hacer de 5.000 a 10.000 km en coche, o comprar de unas decenas a unos centenares de kilos de productos manufacturados (que consumen energía en su producción y transporte), o comer un centenar de kilos de carne de buey (la utilización de la agroquímica y de los aparatos agrícolas hace que casi todo lo que comemos deje una huella de GEI). Todo esto significa que estabilizar la perturbación climática supone un cambio radical de nuestro proyecto de sociedad, y no algunas correcciones menores. (Jean-Marc Jancovici, 2003)

2015:
En noviembre de 2015 los dirigentes del G-20, que se reunieron en Antalya (Turquía), dieron muestras de un firme compromiso. Los planes nacionales presentados por 166 países (el 90% de la emisión) contemplan acciones con las que puede conseguirse el objetivo de 3 grados. A la Cumbre del Clima de París (2015) acudieron 195 países, incluyendo los mayores emisores, China y EE.UU., que no suscribieron el protocolo de Tokio. El número de países que presentaron voluntariamente planes de reducción se elevó a 186. Con las reducciones comprometidas la temperatura global podría subir a final de siglo entre 2,7 y 3,7°C. Se llegó al compromiso de que los países con capacidad aporten por lo menos 100.000 millones de dólares anuales a partir de 2020. No se llegó a concretar cuánto debe aportar cada uno y en qué medida deben contribuir los emergentes. Se contemplan en un acuerdo internacional compensaciones por “pérdidas y daños” provocados por el cambio climático, aunque se excluye cualquier reclamación de responsabilidades a los países industrializados por lo que han contaminado.

Islas más áridas (2016):
Además de la subida del nivel del mar y de los eventos climáticos extremos las islas sufrirán una aridez creciente. Tras un ajustede los modelos climáticos, partiendo del escenario más probable de concentración de gases de efecto invernadero y temperaturas planteado por el IPCC, el 73% de las islas estudiadas será más áridas en 2050. Este resultado supone doblar las previsiones realizadas hasta ahora. Para finales de siglo, según publican en Nature Climate Change, habrá unas pocas islas que tendrán más precipitaciones. Es el caso de las Maldivas, el archipiélago de Hawái, Kiribati y en general las situadas cerca del Ecuador. Según el profesor de ciencias oceánicas de la Universidad de Colorado en Boulder (EE.UU.), Kristopher Karnauskas, "Las islas del Pacífico ecuatorial serán más húmedas debido a un aumento sustancial de las lluvias, pero no por menos evaporación". Pero la gran mayoría de las islas serán más secas en 2090 que ahora. El archipiélago Juan Fernández, que incluye a la isla Robinson Crusoe, y la Isla de Pascua, tendrán un índice de aridez que llegará a 1,6. Las Antillas Menores (Barbados, Martinica, Granada...) superarán el 1,4. La Polinesia Francesa y, ya en el Atlántico, las Azores y las Canarias oscilarán entre el 1,2 y el 1,3. "Estimamos que las islas Canarias serán mucho más áridas debido a la combinación de fuertes tendencias a mayor evaporación y menores lluvias".

Informe del Banco Mundial sobre el agua en 2050 (2016):
Su previsión se centra en el año 2050 y sus recomendaciones inciden en la necesidad de la acción política. Según el organismo de la ONU, la evolución del calentamiento global se está produciendo de manera tan intensa y acelerada que, si no actuamos de manera inmediata el acceso al agua potable podría verse en peligro en regiones densamente pobladas. Cambiará la situación para nuestras ciudades en las que ahora no alcanzamos a imaginar problemas de abastecimiento. Si el aumento de las necesidades de abastecimiento urbano sigue creciendo, entrará en conflicto con otros usos como la energía, la agricultura y la industria, reduciendo a más de la mitad la disponibilidad de agua respecto a los niveles actuales. En los países de Oriente Medio y la región del Sahel, que ya sufren de sequía crónica, la situación de escasez se agudizará, lo que motivaría el estallido de grandes conflictos armados por el acceso al agua y el desplazamiento de grandes masas de población escapando de la sed y el hambre. Los llamados refugiados climáticos se cuantifican por centenares de millones.
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