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Las formaciones coralinas:
Para Darwin los arrecifes costeros, arrecifes barrera y atolones no eran más que las fases distintas de un mismo proceso evolutivo. En sus inicios se formaría el arrecife costero, apoyado sobre los bajos fondos de la plataforma litoral, el cual circundaría las costas insulares; después, la isla se hundiría lentamente, y en un segundo estadio quedaría un arrecife barrera, tal vez sumergido, pero que pronto culminarían los corales con su trabajo incesante, formando un anillo emergido separado de tierra por la banda lagunar que rodea la isla en esta clase de formaciones. Finalmente, el resto insular acabaría desapareciendo bajo las aguas y sólo quedaría el arrecife coralino anular rodeando una laguna central. Según Darwin la causa de esa evolución radica en el hundimiento; cada atolón sería el testimonio de una isla sumergida, y así se explicaría el hecho de formaciones madrepóricas a grandes profundidades. En apoyo de esta teoría vienen los numerosos términos de tránsito que en la mayoría de los mares aparecen entre los atolones y los arrecifes costeros.
Allí donde las temperaturas marinas son elevadas y el agua clara y poco profunda, ciertos pólipos marinos pueden formar arrecifes y atolones de coral, y estas son las principales clases de islas formadas por crecimiento biológico. Muchos atolones surgen entre aguas profundas, y sin embargo los corales no crecen a más de 100 m por debajo de la superficie; son los que nacieron como arrecifes alrededor de islas volcánicas que con posterioridad se sumergieron gradualmente. El crecimiento del coral se ha limitado a mantenerse a la par con el ritmo de la inmersión, y los arrecifes han alcanzado a veces más de un millar de metros de espesor; una perforación en el atolón de Eniwetok, en el Pacífico, atravesó 1230 m de caliza coralífera en aguas poco profundas, antes de llegar a roca volcánica. Aparte de los pólipos coralíferos, otros organismos construyen a veces arrecifes e islas en aguas de escasa profundidad.
Desaparición de arrecifes de coral:
Los arrecifes de coral crecen habitualmente en aguas templadas y a profundidades menores de 30 metros. Son muy sensibles y reaccionan de forma negativa a los trastornos climáticos. Estas joyas marinas, que hacen las veces de auténticos rompeolas, también facilitan interesantes compuestos anticancerígenos. En la actualidad cubren 930.000 km cuadrados. Constituyen un ecosistema con enorme diversidad ya que albergan una de cada cuatro especies marinas conocidas. Existen cerca de mil especies de corales pétreos, los verdaderos constructores de arrecifes. Las variadas formas que conocemos son colonias de individuos (pólipos) que segregan a su alrededor un esqueleto de piedra caliza (carbonato cálcico) en forma de cáliz para protegerse. Las colonias crecen menos de un centímetro al año.
Deterioro generalizado:
La contaminación de las aguas, la expoliación por parte de los turistas y fabricantes de bisutería, y la explotación incontrolada de las zonas costeras son sus enemigos tradicionales. Demasiados pescadores vierten cianuro, lejía y otros productos tóxicos para capturar peces.
Si los sedimentos de las tormentas y la urbanización costera bloquean la luz solar, los corales se debilitan y se vuelven vulnerables a infecciones como la mortal enfermedad de las bandas negras. Si las aguas residuales o la escorrentía agrícola favorecen un aumento de la población de estrellas corona de espinas, aumenta las muertes por depredación.
Ya se ha destruido una décima parte y otra tercera parte está gravemente dañada.
Emblanquecimiento por el aumento de la temperatura:
Zoólogos marinos de todo el mundo advierten que los arrecifes de coral que flanquean las costas de Tahití, Bora Bora, las islas Gran Caimán, etc. están literalmente blanqueándose. Extensas áreas, antes teñidas de vivos colores, aparecen ahora empalidecidas. El fenómeno no se limita al Caribe. Ha sido detectado en poblaciones de coral tan distantes unas de otras como Hawai, Okinawa, Indonesia, las islas Fidji y el Mar Rojo. Estan afectadas áreas relativamente poco alteradas.
Los expertos coinciden en que la decoloración se debe probablemente al ligero calentamiento de las aguas marinas superficiales.
Cuando fenómenos climáticos extremos como El Niño aumentan la temperatura del agua, las algas simbióticas (zooxantelas) abandonan el tejido de los corales. Sin algas, los corales pierden el color y una fuente de energía. Tras emblanquecer, con el tiempo pueden morir.
Bacterias y vertidos humanos en las costas:
Las aguas de los océanos que sufren el efecto del calentamiento global favorecen que las bacterias, los virus y los hongos se reproduzcan de forma más rápida y en mayor número. El calentamiento global desempeña un importante papel, pero por sí solo no explica del todo la devastadora situación. Durante años, los hombres hemos saturado las aguas costeras con nutrientes. Los desechos agrícolas de campos y comederos gigantes terminan en los ríos y, con el tiempo, acaban recalando en el mar, proporcionando así un caldo de cultivo inmejorable para los numerosos organismos causantes de enfermedades.
Esta sobreabundancia de nutrientes -y la introducción de aguas residuales humanas en algunos lugares- desempeñan un papel crítco en la enfermedad de los océanos. Es el caso del Coral de Cuerno de Alce. Este tipo de coral era el más abundante en el Caribe. Ahora está casi extinguido. El resultado es una tragedia ecológica. Los espectaculares arrecifes de coral llamados "bosques del mar" se convierten en basura cubierta de algas. El misterio de esta desaparición de especies y destrucción masiva estuvo casi resuelto cuando un equipo de científicos anunció que había aislado al agente responsable de una de las enfermedades: la bacteria Serratia Marcescens. El nombre quizá resulte poco familiar, pero no es un germen patógeno exótico de las profundidades, sino que se encuentra fácilmente en las heces y todo tipo de residuos humanos.
La lista de ataques humanos a los océanos va más allá del calentamiento global y la introducción de nutrientes. Pescamos más de la cuenta en cualquier lugar y así eliminamos peces hervíboros que mantienen controlada la población de algas dañinas. Construimos pantanos y dragamos canales y puertos, para convertir zonas arenosas en terrenos inútiles llenos de lodo, un medio perfecto para los microbios. Hemos transformado nuestras costas en un tubo de ensayo para bacterias, un ambiente favorable para los gérmenes patógenos donde los microbios crecen y se reproducen a costa de la vida marina. (O.Gray Davidson)
Indonesia cuenta con la mayor variedad de corales del mundo, pero la supervivencia de sus arrecifes está seriamente amenazada. Con más de 3.500 especies, la biodiversidad del archipiélago es la mayor del mundo, y uno de sus principales valores son sus más de 85.000 kilómetros cuadrados de arrecifes de coral, en los que conviven más de 450 especies coralinas. Unicamente un 6% de estos arrecifes están sanos y en buen estado de conservación. Los cambios de temperatura, la contaminación marina y, sobre todo, la pesca destructiva son los responsables de su rápida desaparición.
Datos para la paleoclimatología:
El carbonato cálcico de los restos de coral contiene oxígeno, y sus isótopos así como las huellas de algunos metales pueden ser utilizados para determinar la temperatura del agua que sirvió de ambiente para el nacimiento del coral.
Islas de origen volcánico:
Los volcanes submarinos suelen tener su origen en aguas profundas, pero cabe que la erupción se prolongue lo suficiente como para empujar un cono o una plataforma de lava por encima de la superficie del mar. Son muchas las islas del Pacífico que se han originado de este modo y, como en el caso del grupo de las Hawaii, no pocas siguen siendo la sede de volcanes activos. Puesto que las islas volcánicas suelen encontrarse en aguas profundas y alejadas de las masas de tierra más vecinas a ellas, es frecuente que sólo posean una reducida variedad de plantas y animales. Pero el alejamiento de tales islas asegura que aquellas especies que logren poblarlas encuentren escasa competencia y que, por selección genética y adaptación, evolucionen para formar numerosas subespecies.
Formación de islas por deposición mecánica:
El agua poco profunda de un estuario fluvial o junto a un litoral puede convertirse en emplazamiento de una barra de arena que más tarde será una isla. Se necesitan tres factores para producir una isla de este modo: cantidad de material de gran consistencia, una aportación continua de desechos de todos los tamaños, y plantas para colonizar y estabilizar la superficie saliente de la barra, y contribuir a su ulterior crecimiento con la captura de nuevos sedimentos. En zonas de aguas frías o bravías, cabe que esta tercera condición no se vea cumplida, y entonces aparecerán continuamente islotes y cayos, para desaparecer al poco tiempo. Una vez colonizada su superficie por plantas, una isla formada por deposición puede durar muchos años, pero estas formaciones bajas siempre están expuestas a la destrucción por inundación, tempestades o huracanes.
El nivel marítimo mundial se ha elevado notablemente desde el último máximo glacial al pasar a formar parte de los océanos el agua procedente de los hielos derretidos. Esta elevación todavía continúa. Este proceso ha sido causa de la formación de numerosas islas, particularmente en las zonas de la plataforma continental, donde aguas poco profundas rodean grandes masas de tierra.
Las grandes islas como Australia y Madagascar son geológicamente viejas, y su separación con respecto a las tierras adyacentes sigue complejos movimientos dentro de la corteza terrestre. Su prolongada separación ha motivado que a menudo estas islas conserven grupos distintivos de animales y plantas, que frecuentemente incluyen formas primitivas que en otros lugares han sido reemplazadas en el curso de la evolución. Antes de la llegada de los europeos, los mamíferos australianos consistían casi exclusivamente en los primitivos monotremas (mamíferos ovíparos) y marsupiales.
Anotaciones en el Diario de de Colón (1492):
Las barreras coralinas antillanas que detenían las grandes olas a lo largo de las playas, tan distintas a los bancos de coral del Mediterráneo, llamaron poderosamente la atención a Colón, que no dejó de observarlas y de anotar que a causa de ellas el mar "nunca se devía de alçar, porque la yerba de la playa llegaba hasta cuasi el agua, lo cual no suele llegar adonde la mar es brava".
Gran Barrera de Arrecifes:
Tiene la gigantesca longitud de 200 km, una anchura de 300 a 200 m y cubre una superficie de submarina de casi 210.000 kilómetros cuadrados. Se extiende a una distancia de 30 a 200 km ante la costa noroeste de Australia, abraza protectoramente la costa de Queensland y señala con los dedos extendidos hacia Nueva Guinea. Esta construcción, la más impresionante de todos los tiempos, este inmenso muro subterráneo supera todo cuanto jamás han hecho los seres vivientes. Tampoco los hombres han sido capaces de ello. Es una maravilla en el extremo del mundo: la gran barrera de Arrecifes de Australia, el mayor arrecife coralino del mundo.
El oleaje se lanza retumbante contra los muros exteriores; nubes de espuma saltan sobre el laberinto de arrecifes, islotes y bancos, sobre sus atolones, dunas y bajíos. Cuando el agua retrocede, la cordillera submarina se eleva en parte sobre las olas: azul pavo y turquesa, rosa, oro púrpura y verde jade, violeta y blanco níveo, con un reborde amarillo yema o cubierto de plantas verde menta.
Muchos de los extensos arrecifes individuales de la gran barrera quedan cubiertos por el agua incluso durante la bajamar. Protegen la laguna interior de los embates del mar. Y mientras que a barlovento del arrecife el oleaje se lanza coronado de espuma contra el anillo exterior, los buques costeros hacen su camino de Brisbane al cabo York a sotavento, en el interior de la plácida laguna. Pero es un camino peligroso lleno de artimañas. Sólo los marinos muy experimentados se atreven a introducirse en sus estrechos canales. Ya James Cook sufrió un naufragio aquí en 1770, durante sus viajes de exploración. Pero las aguas de la laguna son calmas y cálidas. Muchas ballenas antárticas vienen en invierno para parir sin peligro.
En un tiempo, el continente australiano debió de extenderse hasta el actual arrecife exterior, y tenía colinas y altas sierras. Todavía sobresalen del agua sus cimas, mientras que toda la costa se ha hundido. Y vinieron los corales. Sus larvas transparentes y móviles se introdujeron en las cálidas aguas bajas, se asentaron y formaron arrecifes, muros e islas. Comenzaron la construcción de la gran barrera, y la obra crecía en un metro cada mil años. Su obra fue avanzando al mismo ritmo en que se hundía imperceptiblemente la zona costera y la cornisa continental y subía el nivel del agua, pues los corales son animales de superficie; por eso debían levantar más y más su construcción, hacia arriba, hacia la luz, e introducirse cada vez más a mar abierto.
[Pólipos:]
Los corales se llaman también antozoarios, animales florales. Porque hubo un tiempo en que se los tomó por plantas. En los jardines submarinos de los mares cálidos, en el azul turquesa transparente de sus aguas florecen con una exuberancia y riqueza de formas inimaginables. Entre los abanicosy matojos increíblemente ramificados abren sus botones crisantemos violetas, amapolas de color reseda y rosas de un lavanda pálido. Helechos carmesíes se inclinan sobre incontables claveles blancos, rosados, azules atlas y púrpuras. Innumerables otras flores pequeñas y grandes, rellenas y emplumadas, enrrolladas y extendidas, cerradas y abiertas forman parterres, arriates y prados. Un jardín de ensueño así sólo se puede contemplar con el aliento contenido y con infinito encanto. es de una belleza casi sobrenatural y una de las mayores maravillas que podemos ver en nuestro mundo. Pero los corales no son plantas. Son animales. Mientras la larva tiene el tamaño de la cabeza de un alfiler, una vez adultas y sedentarias apenas alcanzan 1 cm de longitud. Se llaman pólipos coralinos y se encuentran entre los celentéreos, los más primitivos pluricelulares del reino animal. Su cuerpo se compone de una sustancia gelatinosa que rodea una cavidad que sirve al mismo tiempo de estómago e intestino y cuya boca está rodeada de una corona de tentáculos. El pólipo caza con sus tentáculos a sus víctimas, organismos minúsculos, a los que paraliza con sus aguijones.
A ello se añade otra facultad, aquí la más importante: el pólipo puede extraer del agua marina sustancias calizas y construir con ellas un esqueleto. Innumerables millones y billones de pólipos se entregan a esta actividad, unen sus esqueletos, los superponen y los adentran en el mar. Piedras y cascotes de arrecife se aprovechan en la construcción, montañas de conchas y esqueletos de otros animales marinos sirven de material de relleno. El encalado exterior lo realizan por fin, las algas rojas coralinas, que cementan tan firmemente la construcción que ningún oleaje normal ni ninguna fuerza marina pueden dañarla.
[Formación de islas:]
Día y noche, durante millones de años, están trabajando aquí las fuerzas que construyen y amplían, suplen los fragmentos arrancados por los graves tifones y remiendan los sietes rasgados por las olas lanzadas contra el costado de barlovento por los alisios del sudeste. Pero si las fuertes lluvias tropicales hacen disminuir el contenido de sal del agua de tal modo que los corales y otros animales ya no pueden subsistir, se extingue de golpe toda la vida. Queda atrás un único campo de destrucción. Inconteniblemente, las olas liman y lijan de los esqueletos coralinos y conchas una arena fina que amontonan en forma de playa o cementan en caliza coralina. Las aves se posan sobre ellas y traen consigo semillas de hierbas, arbustos, árboles y cocoteros. O los traen el viento y el agua. Se fijan, germinan, echan raíces y convierten el antiguo arrecife inundado y desnudo en islas paradisíacas del verano eterno.
Innumerables animales viven en el mundo de los arrecifes de coral: peces raros, decorados con bandas o manchas, de todos colores, cuadriculados o estriados, aventureros en su aspecto, cajones cuadrados alrededor de barquillos planos, globos adornados de espinas junto a tiernos seres con alas de libélulas, cangrejos, tiburones y peces martillo, barracudas y mantas, calamares y morenas. Los erizos de mara rayan incansablemente las superficies de coral, fólades se introducen en ella, las algas descomponen la caliza, moluscos gigantes amplían las grietas. Los manglares se levantan con las piernas abiertas sobre el limo de las marismas, y sus semillas medio germinadas caen como una bomba en el limo. Bandadas de aves marinas llegan desde las inmensidades del mar, se aparean e incuban en la barrera de arrecifes.
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