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Naufragios



Naufragios:
De acuerdo con el mapa de naufragios elaborado por Chaunu, los lugares de mayores pérdidas eran Veracruz, Matanzas, Bermudas, Azores y Cádiz. En el período estudiado por Chaunu (1503-1650) los naufragios en el río-barra suponen el 8,98 por 100 y los barcos perdidos el 10 por 100. La diferencia entre los buques salidos y llegados disminuye con el paso del tiempo; las causas son las mayores medidas de protección de los convoyes y, posiblemente, una mejor construcción naval.(Ricardo Arroyo)

Nuestra Señora de la Limpia y Pura Concepción (1641):
Era uno de los principales galeones de la flota de Nueva España. Debido al mal tiempo partió de Veracruz (23 de julio de 1641) con la carga de otro barco que no pudo hacerse a la mar debido al mal tiempo. Llevaba 500 personas a bordo entre tripulantes y pasajeros de los que sólo sobrevivieron 200. Tras abandonar La Habana tuvo que regresar para reparar una vía de agua. Partió a la semana siguiente y un huracán rompió los mástiles a los pocos días. Se encontraba en la costa Este de Florida y el 30 de septiembre se desvía totalmente de su curso. Durante un mes navegó a merced del viento y las corrientes hasta chocar ruidosamente contra un arrecife de coral poco profundo a 75 millas al norte de la República Dominicana (31 de octubre). Varios oficiales se habían amotinado y desoyeron las ordenes del almirante Juan de Villavicencio. Estos oficiales creían que estaban al norte de Puerto Rico y pusieron rumbo hacia el sur. El almirante afirmaba que se encontraban al norte de los arrecifes coralinos. Ante la insubordinación, Villavicencio ordenó que le trajeran un recipiente de plata y delante de los pasajeros se lavó, literalmente, las manos. El daño inicial fue leve, pero los intentos de la tripulación por liberar al barco de las rocas abrieron varios boquetes en el casco. Quedó asentado sobre una punta de coral y acabó partiéndose por su popa. Durante los dos días en que tardo en hundirse, los pasajeros y la tripulación arrancaban desesperadamente tablones del armazón del buque para improvisar balsas.

La carga del Concepción:
Llevaba 25 toneladas de oro y plata, varios miles de monedas, un cantidad considerable de joyas y piedras preciosas con destino al rey de España, objetos personales de valor que eran de la viuda de Hernán Cortés, e innumerables piezas de porcelana china pertenecientes a la dinastía Ming. Los últimos treinta hombres arrojaron la carga sobre el arrecife para que no se precipitara al fondo y pudiera ser localizada. Sólo uno de ellos sobrevivió. Como muchos galeones que volvían a la Península llevaba tres veces el peso autorizado. Algunos gobernadores enviaban botines personales y mercancías de contrabando.

Willian Phips encuentra los restos y recupera parte del tesoro (1687):
Diversas expediciones de rastreo fueron organizadas por buscadores privados entre 1650 y 1660 sin ningún éxito. Willian Phips, un joven marino de Nueva Inglaterra financiado por nobles ingleses, localizó los restos del Concepción y recuperó parte del tesoro. No pudo recoger todo debido a la falta de provisiones, al mal tiempo y a la presencia de piratas franceses. Phips realizó el rescate con ayuda de buscadores de perlas nativos que descendían con la ayuda de piedras y eran capaces de aguantar hasta cinco minutos. Como recompensa fue distinguido por Jaime II con el título de Sir y recibió una parte de lo hallado. Los restos del Concepción permanecieron perdidos durante tres siglos. En 1978 el estadounidense Burt Webber utilizó una carta náutica de uno de los barcos de Phips para señalar la zona que más tarde exploró sistemáticamente Tracy Bowden.

Phips y el "Elizabeth and Mary" (1690):
Sir William Phips protagonizó una nueva historia de recuperación de un naufragio. Durante la denominada guerra del rey Guillermo dirigía la invasión inglesa a las tierras francesas de Luis XIV en Canadá. Tras un ataque fallido a Quebeq (1690) se retiraba con una flota de 30 barcos y 2.300 soldados por el helado río de San Lorenzo rumbo a Boston. Los ingleses habían preparado un ataque simultaneo a Montreal y Quebeq. El mal tiempo retrasó la fuerza naval y ambos ataques resultaron un completo fracaso. Phips colocó cañones en tierra que resultaron fuera de alcance. Tras quedarse sin munición ordenó el regreso. La viruela y la fatiga los habían debilitado, escaseaban las provisiones y no contaban con pilotos expertos. Las tormentas dispersaron a la flota en apresurada retirada, diversos barcos quedaron embarrancados y se hundieron cuatro de ellos. Un total de 400 vidas se perdieron en la expedición.

Tras una tempestad que barrió la capa superior de sedimentos, en la Nochebuena de 1994 fueron descubiertos varios objetos semienterrados. Los objetos fueron enterrados bajo sacos de arena hasta la primavera siguiente. Arqueólogos marinos y voluntarios bucearon más de 1.800 horas y extrajeron cientos de objetos personales. La mayor parte de los maderos fueron de nuevo enterrados en un lago de agua dulce y unos pocos fueron liofilizados al aire libre. El "Elizabeth and Mary" ha sido el barco más antiguo de los construidos en Nueva Inglaterra que se haya descubierto nunca.


El naufragio del Whydah. Wellfleet, Massachusetts 1717:
La historia del Whydah comienza en Londres en 1715 cuando, con tres mástiles y 30 metros de eslora, fue botado como barco de esclavos al mando de Lawrence Prince. Bautizado en honor de Ouidah, un puerto de Africa occidental en lo que hoy es Benín, la embarcación de 300 toneladas fue destinada al infame comercio triangular que conectaba Inglaterra, Africa y las Indias Occidentales. Con una carga de ropa, licores, herramientas y armas portátiles procedente de Inglaterra, la tripulación del Whydah compraba o trocaba hasta 700 esclavos en Africa occidental; luego emprendía con ellos un infernal viaje de tres o cuatro semanas hasta el mar Caribe. Una vez allí, cambiaban los esclavos por oro, plata, azúcar, añil y quina. El Whydah era un barco rápido, capaz de alcanzar los 13 nudos, pero en febrero de 1717, en su segundo viaje, fue perseguido y capturado cerca de las Bahamas por dos barcos piratas, el Sultana y el Mary Anne.

Samuel Black Sam Bellamy:
Bajo el mando de Samuel Bellamy, antiguo marinero inglés de pelo negro y al que se le calculaba cerca de treinta años, los piratas no tardaron en someter a la tripulación del Whydah. Bellamy lo designó su buque insignia, se llevó a una docena de hombres de Prince y dejó al derrotado capitán y al resto de la tripulación a bordo del Sultana. En su libro Historias de piratas, de 1724, Defoe cita a Bellamy a través de una segunda fuente, un tal capitán Beer que luchó contra el Whydah desde su corbeta. "Soy un príncipe libre -se dice que explicó Bellamy en una de sus peroratas- y tengo tanta autoridad para hacer la guerra en todo el mundo como aquel que posee un centenar de barcos en el mar y un ejército de 100.000 hombres en tierra; así me lo dicta mi conciencia".

Tormenta en la costa de Maine (26 abril 1717):
A principios de abril, los piratas pusieron rumbo al norte, asaltando todos los barcos que encontraban en su camino. Su destino era la isla Richmond, frente a la costa de Maine, pero se desviaron hacia Cabo Cod, donde, según cuenta una leyenda Bellamy quería visitar a su amante. Otros culpan del cambio de rumbo a varias barricas de vino de Madeira que capturaron cerca de Nantucket. Fuera cual fuese la razón, el 26 de abril de 1717 la armada pirata navegaba inmersa en una fuerte tormenta con vientos del nordeste. Según testigos presenciales, las rachas de viento alcanzaban los 110 km/h y había olas de 10 metros de altura. Bellamy hizo señales a su flota para que se dirigiera a aguas más profundas, pero ya era demasiado tarde para el Whydah, sobrecargado de tesoros. Atrapado en la zona de rompiente, desde la que se divisaba la playa, el barco chocó primero de popa contra un banco de arena y empezó a partirse. Cuando una ola gigante hizo que la embarcación volcara, los cañones se soltaron de sus afustes y en su caída atravesaron las cubiertas junto con balas de cañón y toneles llenos de hierros y clavos. Finalmente, cuando se partió la quilla, el barco se abrió por la mitad y la carga se desparramó por el fondo del mar.


México:
El "San Pablo": De Miguel López de Legazpi, naufragó en la ruta de Manila en 1568. Legazpi (Zumárraga h.1510-Manila 1572) estuvo desde 1528 en la administración española de México. Más tarde exploró los archipiélagos del Pacífico, conquistó las Marianas y las Filipinas, fundó Manila (1571) y estableció las bases para la colonización del archipiélago filipino.
El galeón "San José": Además de los elementos, los piratas ingleses y holandeses, las enfermedades y la malnutrición hicieron estragos en la flota española y acabaron por completo con tripulación y pasaje de algunos barcos. A mediados del siglo XVII, un año después de salir de Manila fue encontrado a la deriva frente a la costa oriental de México, con todos sus hombres muertos.
Jerónimo de Aguilar (1489-1531):
Después de acompañar a Valdivia en sus expediciones, se estableció en La Española. Más tarde tomó parte en una expedición al Darién, naufragó y cayó prisionero de los indios mayas (1507). Lo rescató Hernán Cortés (1515), y con éste hizo la conquista de México, prestándole valiosos servicios por el conocimiento que tenía de las lenguas y usos de los indios, fruto de sus ocho años de cautiverio y convivencia con ellos.


Naufragio de Pedro Serrano en el Caribe:
La isla Serrana que está en el viaje de Cartagena a La Habana se llamó así por el español, llamado Pedro Serrano, cuyo navío se perdió cerca de ella y él sólo escapó nadando, que era grandísimo nadador, y llegó a aquella isla, que es despoblada, inhabitable, sin agua ni leña, ni aún yerba que poder pacer, ni otra cosa alguna con que entretener la vida. Así pasó la primera noche, llorando su desventura. Luego que amaneció volvió a pasear la isla, que es despoblada, halló algún marisco que salía de la mar, como son cangrejos, camarones y otras sabandijas, de las cuales cogió las que pudo y se las comió crudas, porque no había candela donde asarlas o cocerlas. Así se entretuvo hasta que vio salir tortugas; viéndolas lejos de la mar, arremetió con una de ellas y la volvió de espaldas; lo mismo hizo de todas las que pudo, que para volverse a enderezar son torpes; y sacando un cuchillo que de ordinario solía traer en la cinta, la degolló y bebió la sangre en lugar de agua. Lo mismo hizo de las demás; la carne puso al sol para comerla hecha tasajos, y para desembarazar las conchas para coger agua en ellas de la llovediza, porque toda aquella región, como es notorio, es muy lluviosa. Viéndose Pedro Serrano con bastante recaudo para comer y beber, le pareció que si pudiese sacar fuego para siquiera asar la comida y hacer ahumadas cuando viese pasar algún navío, que no le faltaría nada. Con esta imaginación dio en buscar un par de guijarros que le sirviesen de pedernal, porque del cuchillo pensaba hacer eslabón, para lo cual no hallándolos en la isla, porque toda ella estaba cubierta de arena muerta, entraba en la mar nadando y se zambullía. Y tanto porfió en su trabajo que halló guijarros y sacó los que pudo; y viendo que sacaba fuego, hizo hilas de un pedazo de la camisa, muy desmenuzadas, que le sirvieron de yesca. Y para que los aguaceros no se lo apagasen hizo una choza de las mayores conchas que tenía de las tortugas que había muerto, y con grandísima vigilancia cebaba el fuego porque no se le fuese de las manos. Dentro de dos meses, y aún antes, se vio como nació, porque con las muchas aguas, calor y humedad de la región se le pudrió la poca ropa que tenía. El sol con su gran calor le fatigaba mucho, porque ni tenía ropa con que defenderse y había sombra a que ponerse. Cuando se veía muy fatigado se entraba en el agua para cubrirse con ella. Con este cuidado vivió tres años, y en este tiempo vio pasar algunos navíos; mas aunque hacía él su ahumada, que en el mar es señal de gente perdida, los barcos no la veían, y se pasaban de largo, de lo cual Pedro Serrano quedaba tan desconsolado que tomara por partido morirse y acabar ya.

Al cabo de los tres años, una tarde, sin pensarlo, vio Pedro Serrano un hombre en su isla, que la noche antes se había perdido en los bajíos de ella y se había sustentado en una tabla del navío. Cuando se vieron ambos, no se puede certificar cuál quedó más asombrado de cuál. Serrano imaginó que era el demonio que venía en figura de hombre para tentarle en alguna desesperación. El huésped entendió que Serrano era el demonio en su propia figura, según lo vio cubierto de cabellera, barbas y pelaje. Cada uno huyó del otro, y Pedro Serrano fue diciendo: ¡Jesús, líbrame del demonio! Oyendo esto, se aseguró el otro, y volviendo a él le dijo: "No huyáis, hermano, de mí, que soy cristiano como vos"; y para que se certificase, dijo a voces el Credo. Durante otros cuatro años vieron pasar algunos navíos y hacían sus ahumadas, mas no les aprovechaba, por lo cual ellos se quedaban tan desconsolados, que no les faltaba sin morir. Al cabo de este largo tiempo acertó a pasar un navío tan cerca de ellos que vio la ahumada y les echó el batel para recogerlos. Así los llevaron al navío donde admiraron a cuantos los vieron y oyeron sus trabajos pasados. El compañero murió en la mar viniendo a España. Pedro Serrano llegó acá y pasó a Alemania, donde el emperador estaba entonces; llevó su pelaje como lo traía para que fuese prueba de su naufragio y de lo que en él había pasado. Algunos señores le dieron ayuda de costas para el camino y la majestad imperial, habiéndole visto y oído, le hizo merced de cuatro mil pesos de renta. Yendo a gozarlos murió en Panamá, que no llegó a verlos.
Comentarios reales. Garcilaso de la Vega "el Inca" (1539-1616)


Hundimiento del navío español San Telmo (1819):
Estaba al mando del brigadier Rosendo Porlier, que desde Cádiz se dirigía a Lima a sofocar una rebelión, tras doblar el cabo de Hornos fue empujado hacia el sur por un tremendo temporal. Al parecer, el San Telmo fue arrastrado por vientos a las costas de la isla llamada posteriormente Livingstone, de las Shetland del Sur, en donde murieron la totalidad de sus 644 tripulantes. Posteriormente el capitán inglés William Smith tomó posesión de aquellas tierras para Inglaterra y recogió algunas maderas del San Telmo y las transportó a Inglaterra. Más adelante, el cazador de focas James Wedell descubrió el mar que lleva su nombre y también halló restos del naufragio del San Telmo. Al parecer, este naufragio fue el primero que se produjo en la Antártida. Sobre el viaje del San Telmo tengamos presente también lo escrito por el marino inglés James Wedell en 1825 (A Voyage Toward the South, Londres, 1825): Fueron hallados varios restos de un naufragio en las islas del oeste (del archipiélago de las Shetland del Sur), aparentemente del escantillón de un buque de 74 cañones, lo que hace muy probable que éstos sean los restos de un buque de guerra español de esa categoría que ha estado perdido desde 1819. El 11 de marzo de 1819 salía de Cádiz la llamada División del Mar del Sur, compuesta por cuatro buques: las fragatas Prueba y Primorosa Mariana y los navíos San Telmo y Alejandro I. El San Telmo era un navío de 74 cañones construido en los astilleros de El Ferrol en 1788-89 por el sistema de Romero Landa. Luis Mollá, en un artículo publicado en la Revista General de Marina, nos recuerda la tragedia del San Telmo, así como el Proyecto San Telmo, llevado a cabo durante el verano austral de 1993 por el profesor Manuel Martín Bueno, catedrático de la Universidad de Zaragoza, con el propósito de encontrar algún indicio acerca del San Telmo. Lamentablemente, la expedición no halló ninguna prueba acerca de las circunstancias del naufragio. (Ricardo Arroyo)

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