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Diversidad de procedencias:
A pesar de su reputación de tiranos, muchos capitanes piratas eran elegidos por sus tripulaciones siguiendo una tosca versión de democracia. "Pirata" era su verdadera nacionalidad, su estructura social. Se vieron arrojados fuera de la ley y crearon sus propias leyes para regular su comportamiento colectivo. Negros, blancos, ingleses, franceses, cualesquiera que fuesen su color o procedencia. Eran todo lo libres que un hombre podía ser en aquella época (Keneth J.Kinkor)
Antonia María de Soto en la Armada (s.XVIII):
En la Armada, como en el resto de las marinas estaba rigurosamente prohibido llevar mujeres a bordo y, en nuestro caso, tan sólo se permitía el traslado de las familias cuando iban o regresaban de ultramar. Como caso excepcional se señala a la soldado de Infantería de Marina Antonia María de Soto, que sentó plaza a los dieciséis años, haciéndose pasar por hombre.
Embarcada en los buques de la escuadra participó en la guerra de la Convención contra Francia y en el combate de San Vicente (1797). Al descubrirse su verdadera naturaleza, gracias a los buenos informes que poseía fue recompensada por el rey con una pensión vitalicia, la merced del uso de las insignias militares y el grado de sargento primero.
Queen's Caroline Daughters (s.XVIII):
La marinería británica casi nunca ponía pie en tierra, particularmente cuando el navío tocaba en puertos de la metrópoli, citándose casos de algún marinero de veinticinco años de servicio que había navegado por todo el mundo y no había abandonado su buque más de seis horas en todo este tiempo. Para quitarles las ganas de salir, los barcos estaban abiertos a todas aquellas
mujeres de mala vida que se presentasen a bordo. Estas visitadoras tomaban la calidad de hermanas, primas o sobrinas del marinero que ellas designaban y recibían el apodo eufemístico de Queen's Caroline Daughters; solían permanecer a bordo hasta una semana, tiempo más que suficiente para dejar a toda la dotación sin un penique en el bolsillo.
Diario de Betsy Fremantle (1797):
Lunes, 24 de julio. Hoy me he sentido bastante bien. El Leander se nos unió y el escuadrón entero vino a un fondeadero al anochecer. El almirante cenó con nosotros; luego fue con Fremantle en su expedición. Todos van a desembarcar en la ciudad. Como la toma de este lugar parecía una cosa fácil y casi segura, me fui a la cama después de que ellos se fueran prometiéndome que no había peligro para Fremantle.
Martes, 25 de julio. Las tropas desembarcaron a las dos en punto de esta mañana. Hubo mucho fuego en la ciudad, pero desde los barcos parecía como si los ingleses se hubieran hecho dueños de ella. Grande fue nuestro error, ya que ésta fue una noche impactante y desafortunada. Fremantle regresó a las 4 de esta mañana, herido en el brazo; regresó en el primer bote, y permaneció a bordo del Zealous hasta el amanecer, donde se vendó su herida. Gracias a Dios, y a que la bala sólo le atravesó la carne, no va a perder su brazo.
[...] El resto de la gente se quedó en tierra. Muy poca gente regresó a los barcos por la mañana. Como ellos amenazaron con incendiar la ciudad, impusieron sus propios términos y fueron devueltos al anochecer. Los capitanes Troubridge, Hood, y Miller vinieron a bordo y están todos bien. Ellos no pudieron quedarse mucho tiempo ya que Fremantle tenía fuertes dolores en aquellos momentos. Todos nuestros oficiales están sanos y vinieron a bordo. A Mr. Douglas sólo le atravesaron la mano. Pocos hombres de este barco han fallecido. Todos los prisioneros van a ser devueltos. Los españoles se portaron extremadamente bien.
Este es el suceso más melancólico. Yo no puedo pensar que el pobre capitán Bowen perdiera su vida justo al final de una guerra en la cual había sido tan afortunado. En estos días estaba hablando continuamente de la vida feliz que llevaría cuando regresara a casa. Su primer teniente falleció igualmente.
Fremantle tuvo fuertes dolores todo el día, pero espero que pronto se recupere. Todos los barcos fueron obligados a levar anclas esta mañana ya que los españoles nos hicieron fuego y una bala pasó sobre nosotros. Un disparo atravesó una de nuestras velas; yo no quise ir al sollado, aunque Fleming me pidió dos veces hacerlo.
Mujeres piratas:
Grace O'Malley:
Irlandesa llamada "Graine Mhaol" por llevar el cabello corto.
Era miembro de una famosa familia de ladrones marinos irlandeses.
Se casó con dos de los más importantes jefes de clanes del Oeste de Irlanda.
Su base estaba situada en la isla Clare en Clew Bay.
Renunció a la piratería en 1586 y recibió el perdón de la reina Isabel I.
Ann Bonny:
Hija ilegítima de un importante abogado irlandés, William Cormac y de la criada de la familia, Mary Brennan.
En 1698 después del escándalo, sus padres marcharon a Charleston donde su padre ejerció como abogado y se convirtió en un rico comerciante. El temperamento de Ann era bien conocido y se cuenta que apuñaló a una chica con un cuchillo de carnicero.
Contrajo matrimonio con James Bonny, un cazador sin fortuna quien la llevó a las Bahamas como pirata después de que su padre las desheredara. James se convirtió en un informador del gobernador Woodes Rogers en su lucha contra los piratas. Ann le abandonó por John "Calico Jack" Rackham que había abandonado la piratería tras un perdón real. Jack le compraba regalos y le instó a abandonar a su marido por él. James recurrió al gobernador para retenerla. Ann y Jack decidieron huir y volver a la piratería. Calico Jack dejó a Ann en Cuba en compañía de unos amigos para dar a luz a su hijo y se reunieron de nuevo en el mar dejando a su hijo al cuidado de unos amigos en Cuba. Ann vestía ropas masculinas, era experta en el manejo de pistolas y machete y era considerada tan peligrosa como cualquier pirata masculino.
Jack acogía a marineros de barcos capturados como tripulación forzosa para sus barcos. Un joven marinero capturado llamado Mark Read resultó ser una joven inglesa llamada realmente Mary Read. Rackhan permitió a Mary continuar con su disfraz y unirse al grupo.
Mary Read (1684-1721):
Era hija ilegítima y su madre la vistió de chico para que un día pudiera ser su heredera, haciéndola pasar ante sus familiares como su hijo que había fallecido. Entró al servicio del rey como grumete y sirvió más tarde en la infantería y como dragoon en la Guerra de la Sucesión española. Se enamoró de un compañero de tienda y marcharon a Holanda en 1698. Después de la muerte por fiebres de su marido volvió a vestirse de hombre y se enroló como marinero en un barco holandés.
En 1709 Mary Read y otras mujeres escribieron una carta a la reina Ana de Inglaterra suplicando el perdón para sus maridos. El suyo estaba prisionero en Inglaterra. Su marido fue ahorcado y ella volvió a enrolarse. Tenía 25 años. En octubre de 1720 su barco fue atacado por los británicos mientras los piratas estaban borrachos. Mary se enfrentó a los piratas matando a uno mientras gritaba que se levantaran y lucharan como hombres. En Jamaica fueron todos sentenciados a muerte pero ambas mujeres estaban embarazadas y pidieron al juez posponer su ejecución hasta después de dar a luz. Calico Jack Rackham fue sentenciado el 17 de noviembre de 1720. El amante de Mary fue declarado tripulante forzoso y perdonado. Mary murió de fiebres en prisión el 28 de abril de 1721, antes de que su hijo pudiera nacer. Tenía 37 años. Ann tuvo a su hijo y no hay evidencias de su ejecución. Se dice que su rico padre compró su liberación y que se casó y estableció en Virginia.
Otras mujeres piratas fueron Ching Shih, reina de los piratas chinos, que tomó a su cargo la flota de su marido después de que éste resultase muerto por un tifón en 1807,
Charlotte de Berry, inglesa, Fanny Campbell de Massachusetts y Ann Mills.
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