HISTORIA
NAVEGACION
Primera Guerra Mundial en el Atlántico



Sir David Beatty, Sir John Jellicoe y Von Spee La guerra en el mar (1914-1918):
En la I Guerra Mundial la superioridad de la flota inglesa sobre la flota alemana es manifiesta. La flota alemana de superficie queda encerrada en sus bases del mar del Norte, mientras que la flota inglesa concentra su grueso en la base naval de Scapa Flow, desde donde bloquea las posibles salidas a la mar de la flota enemiga. Unicamente una escuadra germana que al estallar la guerra se encontraba en la colonia de Tsing-tao intenta regresar a la patria cruzando el Pacífico y el Atlántico. Esta fuerza de cruceros pesados, al mando del almirante Von Spee (1861-1914), destruye a la división de cruceros de Cradock en Coronel y poco después es destruida por otra división inglesa en las Malvinas.

Alemania sostuvo durante toda la guerra una porfiada batalla contra el tráfico marítimo de sus enemigos mediante submarinos y, en menor proporción, mediante buques mercantes armados y enmascarados de neutrales. Aunque las pérdidas de las naciones aliadas fueron grandes, no llegaron a poner en peligro sus abastecimientos. Por el contrario, el bloqueo de los Imperios Centrales fue tan total que constituyó uno de los factores determinantes de su derrota final. (Fernando Nárdiz)


El acorazado Dreadnought (1906):
Primer acorazado de grandes armas que dio nombre a una serie. Botado en Portsmouth tras 8 meses de construcción. Su armamento consistía en 10 cañones de 30 cm, con lo que aventajaba a cualquier otro. Las turbinas de vapor le proporcionaban una velocidad de 22,5 nudos. Su superioridad fomentó el inicio de la competencia Dreadnought entre Alemania y Japón. Sólo en la batalla de Jutlandia se dio combate entre acorazados de este tipo. La fórmula de gran velocidad, protección pesada y grandes cañones persistió después de la Segunda Guerra Mundial.

Jenisse Buques de guerra a vapor:
Aunque posteriormente se emplearon otras fuentes no necesariamente combustibles, como la energía atómica. El desarrollo de la propulsión a base de la combustón de carbón y combustible se debió a la Revolución Industrial a comienzos del Siglo XIX. El americano Robert Fulton fue quien inventó la propulsión a vapor para las embarcaciones en 1806. La propulsión era independiente al viento, los cascos de acero eran más ligeros y resistentes que los de madera, las duras tareas realizadas por marineros fueron orientándose a especialidades menos físicas, y los proyectiles lograron desplazar su rango de efectividad de menos de una milla a 19 ó 20 kilómetros. Sin embargo, en los primeros años, permanecieron algunas desventajas: el rango de una batalla naval dependía del horizonte visible, y la puntería dependía de la buena vista de los artilleros. Con la instalación de instrumentos electrónicos en los buques, estas desventajas fueron desapareciendo. En esta etapa, el desarrollo de las embarcaciones podría afirmarse que fue efecto exclusivo de las guerras. La primera batalla entre buques propulsados por el vapor fue la de Lissa, entre Italia y Austria, en 1866. Lo peculiar de esta batalla es que la artillería se utilizó poco, debido a su poco alcance, y en cambio se empleó la proa como arma principal para cargar contra el enemigo.

Batalla de Tsushima (1905):
La flota japonesa utilizó la artillería de largo alcance contra los buques rusos. Japón consigue un inmenso prestigio internacional al haber derrotado a una potencia europea. El tratado de paz firmado en Portsmouth (EE.UU.) contempla el reconocimiento de Corea como zona de interés de Japón y la cesión de la parte meridional de la isla de Sajalin. Consigue también el control de Port Arthur, con su puerto libre de hielo y la parte sur del ferrocarril de Port Arthur. La batalla de Port Arthur causó 25.000 bajas de soldados rusos y 70.000 del japonés. En Tsushima el almirante japonés Heachiro Togo consiguió una victoria decisiva sobre la flota rusa al mando del almirante Sinovi P. Roshdentvesnki, que proporcionó a Japón el dominio marítimo en el Extremo Oriente.

Las flotas en la carrera armamentista previa a la guerra:
El Reichstag promulga, sin llevar a cabo ningún debate, una nueva ley sobre la flota de guerra. El único artículo de esta ley prevé la construcción de cuatro grandes buques de guerra al año, así como un aumento del número de torpederos, que deberán pasar de los 96 actuales a 113. El 10 de febrero los ingleses botan el mayor acorazado del mundo, el Dreadnought. La política alemana sobre la flotatiene como objetivo contrarrestar la hegemonía británica. En un memorándum, Alfred von Tirpitz, secretario de estado de la Marina, había destacado en 1900 que sólo hay una forma de proteger las colonias alemanas y el comercio marítimo alemán: teniendo una flota tan fuerte que hasta el adversario más poderoso considere peligroso un conflicto. El objetivo de Tirpitz es que la flota alemana sea siempre un riesgo para la británica de forma que en una guerra contra nosotros y, hasta venciendo, quede tan debilitada que pierda su supremacía ante otras naciones. En 1894, Tirpitz había formulado esta directriz a los altos mandos de la marina: El destino natural de la flota es la ofensiva estratégica. La segunda ley sobre la flota aprobada en Alemania preveía doblar la potencia de la flota hasta 1917. Significaba acabar con el Two Power Standard, según el cual había dos barcos británicos por cada barco alemán, y sustituirla por la nueva relación de 3 a 2. El gobierno británico responde con la construcción de barcos como el Dreadnought y el aún mayor y más potente Bellerophon, botado en julio de 1907.

En la segunda Guerra Mundial, la numerosa artillería anti-aérea de los acorazados japoneses (como en el acorazado Yamato) poco sirvió para contrarrestar el feroz ataque de las fuerzas aéreas, dotadas de bombas y torpedos. Esto se confirmó en 1941, con el bombardeo de Pearl Harbour por los japoneses. Los portaaviones se convierten en decisivos para dominar el Pacífico.

Ejercicio ejército EEUU en Guantánamo Las minas submarinas:
La primera mina submarina utilizada con resultados prácticos fue la inventada por David Bushnell en 1777 para su empleo contra la flota inglesa. En todas las guerras posteriores, la mina submarina fue un arma cada vez más eficaz, incluso contra los acorazados. Las actuales, de un diámetro aproximado de un metro, cargadas con unos 150 kg de TNT, pueden dividirse en flotantes, ancladas, controladas y magnéticas. Las primeras, prohibidas por las leyes internacionales, tienen escaso valor desde el punto de vista naval. Las ancladas, consistentes en una esfera cargada de explosivo y amarrada con un cable a un ancla de acero en forma de caja rectangular, son las más importantes. Los grupos o campos de esta clase de minas se colocan por medio de minadores, destructores o, en zonas más peligrosas, aviones y submarinos. La controlada se emplea generalmente en la defensa de los puertos y se hace funcionar desde tierra con un dispositivo eléctrico. La magnética, utilizada en la II Guerra Mundial, hace explosión por efecto del campo magnético que se forma al pasar un barco por sus inmediaciones; su eficacia ha disminuido considerablemente al recubrir el casco de acero del buque con unas bandas de metal cargadas eléctricamente. El rastreo de minas (limpieza de aguas infestadas de minas enemigas) se efectúa por medio de pequeñas embarcaciones equipadas con aparatos especiales o por medio de botes unidos con cables que arrastran las minas hasta la superficie donde se provoca su explosión por fuego de fusil. En la I Guerra Mundial se emplearon las minas en gran escala, ya que se calculan en más de 228.000 minas de contacto ancladas las colocadas por los beligerantes. Estos campos formaron una verdadera barrera alrededor de Europa desde San Petersburgo, en el Báltico, hasta Batum, en el mar Negro. El campo más grande de la historia hasta aquellas fechas era la llamada Barrera del Mar del Norte, que todavía no estaba del todo terminada al finalizar las hostilidades. Los ingleses y americanos colocaron, respectivamente, en aquella ocasión 16.000 y 56.760 minas del tipo Mark VI. El plan perseguía establecer una barrera antisubmarina de 370 km de longitud entre Escocia y Noruega. Este campo produjo en la moral de las dotaciones de submarinos alemanes un efecto desolador y provocó la pérdida de varios sumergibles y el deterioro de otros. Durante la II Guerra Mundial se depositaron ante las costas de Europa grandes campos de minas, aunque no llegaron a la magnitud de los de la anterior. El incremento de la vigilancia aérea hizo innecesaria la prodigalidad de las minas. En el Pacífico, los japoneses minaron grandes franjas con las que rodearon sus islas al igual que las recientemente ocupadas. Los Estados Unidos colocaron miles de estos artefactos en el curso de sus operaciones ofensivas. Al finalizar la guerra se habían llegado a minar incluso las aguas territoriales del Japón. En estas operaciones intervinieron sobre todo los aviones y los submarinos. En la Guerra de Corea (1950-1953), el amplio uso por Corea del Norte de minas magnéticas acarreó el hundimiento de numerosos buques de guerra y dragaminas norteamericanos y surcoreanos. Los campos de minas del puerto de Wonsan retrasaron los desembarcos norteamericanos, pese a los intentos de destruir las minas con bombardeos aéreos. También estados Unidos practicó, en 1973, el minado de Haifong y otros puertos de Vietnam del Norte, en un intento de yugular la ayuda de este país a las guerrillas del FLN que luchaban por liberar el Sur. (Don Russell)


[ Menú Principal | Menú documentos | Menú varios | Indice Batallas | Recuerdos 1914 | Piratería | IIGM ]