Guerra en el mar
Notas



La guerra en el mar:
Las minas submarinas:
La primera mina submarina utilizada con resultados prácticos fue la inventada por David Bushnell en 1777 para su empleo contra la flota inglesa. En todas las guerras posteriores, la mina submarina fue un arma cada vez más eficaz, incluso contra los acorazados. Las actuales, de un diámetro aproximado de un metro, cargadas con unos 150 kg de TNT, pueden dividirse en flotantes, ancladas, controladas y magnéticas. Las primeras, prohibidas por las leyes internacionales, tienen escaso valor desde el punto de vista naval. Las ancladas, consistentes en una esfera cargada de explosivo y amarrada con un cable a un ancla de acero en forma de caja rectangular, son las más importantes. Los grupos o campos de esta clase de minas se colocan por medio de minadores, destructores o, en zonas más peligrosas, aviones y submarinos. La controlada se emplea generalmente en la defensa de los puertos y se hace funcionar desde tierra con un dispositivo eléctrico. La magnética, utilizada en la II Guerra Mundial, hace explosión por efecto del campo magnético que se forma al pasar un barco por sus inmediaciones; su eficacia ha disminuido considerablemente al recubrir el casco de acero del buque con unas bandas de metal cargadas eléctricamente. El rastreo de minas (limpieza de aguas infestadas de minas enemigas) se efectúa por medio de pequeñas embarcaciones equipadas con aparatos especiales o por medio de botes unidos con cables que arrastran las minas hasta la superficie donde se provoca su explosión por fuego de fusil. En la I Guerra Mundial se emplearon las minas en gran escala, ya que se calculan en más de 228.000 minas de contacto ancladas las colocadas por los beligerantes. Estos campos formaron una verdadera barrera alrededor de Europa desde San Petersburgo, en el Báltico, hasta Batum, en el mar Negro. El campo más grande de la historia hasta aquellas fechas era la llamada Barrera del Mar del Norte, que todavía no estaba del todo terminada al finalizar las hostilidades. Los ingleses y americanos colocaron, respectivamente, en aquella ocasión 16.000 y 56.760 minas del tipo Mark VI. El plan perseguía establecer una barrera antisubmarina de 370 km de longitud entre Escocia y Noruega. Este campo produjo en la moral de las dotaciones de submarinos alemanes un efecto desolador y provocó la pérdida de varios sumergibles y el deterioro de otros. Durante la II Guerra Mundial se depositaron ante las costas de Europa grandes campos de minas, aunque no llegaron a la magnitud de los de la anterior. El incremento de la vigilancia aérea hizo innecesaria la prodigalidad de las minas. En el Pacífico, los japoneses minaron grandes franjas con las que rodearon sus islas al igual que las recientemente ocupadas. Los Estados Unidos colocaron miles de estos artefactos en el curso de sus operaciones ofensivas. Al finalizar la guerra se habían llegado a minar incluso las aguas territoriales del Japón. En estas operaciones intervinieron sobre todo los aviones y los submarinos. En la Guerra de Corea (1950-1953), el amplio uso por Corea del Norte de minas magnéticas acarreó el hundimiento de numerosos buques de guerra y dragaminas norteamericanos y surcoreanos. Los campos de minas del puerto de Wonsan retrasaron los desembarcos norteamericanos, pese a los intentos de destruir las minas con bombardeos aéreos. También estados Unidos practicó, en 1973, el minado de Haifong y otros puertos de Vietnam del Norte, en un intento de yugular la ayuda de este país a las guerrillas del FLN que luchaban por liberar el Sur. (Don Russell)

Bloqueo del puerto de Bilbao (1937):
En octubre de 1936 la flota republicana abandona el Cantábrico dejando en la zona el destructor José Luis Díez, el torpedero T-3 y los submarinos C-2 y C-5. El presidente Aguirre reclamó en numerosas ocasiones el reforzamiento de los efectivos navales sin ser atendido. La desafección a la república de los marinos profesionales era un motivo justificado de preocupación por su parte. El gobierno autónomo vasco requisó 6 bacaladeros y habilitó 24 pesqueros como dragaminas. El armamento del Bizkaia, Araba, Nabara y Gipuzkoa fue cedido por el Jaime I con la aprobación de Indalecio Prieto. Para la formación de las tripulaciones se presentaron tantos voluntarios que los seleccionados lograron un nivel de considerable profesionalidad a pesar de su origen civil. Entre los mercantes no hubo percances por minas aunque se perdieron dos barcos que efectuaban el dragado por explosión de minas (19 enero 1937). Los accesos a Bilbao se mantenían despejados con una efectiva labor que supuso la eliminación por hundimiento o estallido de un total de 355 artefactos submarinos.


IGM:
Moral de guerra:
[ Las potencias trataron de movilizar la mano de obra y de aprovechar los recursos disponibles de la manera más eficiente posible. Las masas fueron conducidas con novedosas técnicas a soportar un gran esfuerzo de guerra. ] La guerra se le había vendido a la gente de ambos bandos en conflicto como una cruzada moral y justa. En 1914, el primer ministro francés Raymond Poincaré (1913-1920) aseguró a sus conciudadanos que Francia no tenía otro propósito más que salvaguardar «ante el universo la Libertad, la Justicia y la Razón». Los alemanes se encontraron ante la tarea de defender la superioridad de su Kultur contra la malvada política de envolvimiento de las naciones aliadas: «¡Dios castigue a Inglaterra!» se convirtió prácticamente en un saludo en 1914. Hacia la mitad de la guerra se lanzaron campañas masivas de propaganda. Películas, carteles, postales, periódicos, todas las vías de comunicación proclamaron el valor de la causa, la maldad del enemigo y la necesidad absoluta de lograr una victoria plena. (Coffin)

GALÍPOLI Y LA GUERRA NAVAL:
La intervención de Turquía, sobre todo, alteró la dinámica de la guerra por la amenaza que planteaba para las líneas de abastecimiento rusas y porque ponía en riesgo el control británico del canal de Suez. Para derrotar a Turquía con rapidez (y con la esperanza de evitar el estancamiento occidental), el ministro británico de la marina, Winston Churchill (1911-1915), abogó por una ofensiva naval en Dardanelos, el angosto estrecho que separa Europa de Asia Menor. Sin embargo, la Armada Real británica, capitaneada con una incompetencia excepcional, careció de una planificación adecuada, de líneas de abastecimiento, y mapas para lanzar una campaña triunfal. De ahí que el ataque aliado comenzara con una serie de ineficaces bombardeos navales y rastreos de minas, que acabó con seis buques aliados perdidos o dañados. Los aliados intentaron entonces una invasión por tierra de la península de Galípoli que iniciaron el 25 de abril de 1915. La fuerza conjunta de tropas francesas, británicas, australianas y neozelandesas apenas logró progresos. Los turcos defendieron la escasa costa desde posiciones elevadas en acantilados fortificados y cubrieron las playas con una alambrada de espinos casi impenetrable. Un oficial británico recordaba que durante el desastroso desembarco «el mar situado detrás estaba completamente rojo y se oían los gemidos entre los traquidos de los disparos». La batalla se atrincheró en las playas de Galípoli, y las víctimas se acumularon durante siete meses, hasta que los mandos aliados admitieron la derrota y ordenaron la retirada en diciembre. La campaña de Galípoli (el primer ataque anfibio de magnitud de la historia) infligió una gran derrota a los aliados. Llevó la muerte hasta las proximidades de Londres y las ciudades industriales del norte de Gran Bretaña. La cantidad de bajas entre los «blancos» fue desoladora, y prácticamente cada pueblo y aldea de Australia, Nueva Zelanda y Canadá perdió jóvenes, en ocasiones todos ellos hijos de una sola familia. La campaña costó a los aliados doscientos mil soldados y sirvió de poco para apartar el foco de la guerra del paralizado Frente Occidental.

Esfuerzo bélico y bloqueo naval:
De hecho, el fracaso en este ataque alternativo sencillamente reforzó la lógica de la lucha en las trincheras. Hacia 1915 ambos bandos repararon en que para librar aquella costosa y prolongada guerra «moderna» los países debían movilizar todos sus recursos. Como escribió un capitán en una carta dirigida a casa, «no hay duda de que se trata de una guerra de “desgaste”, como alguien dijo por aquí el otro día, y tenemos que soportarla durante más tiempo que el otro bando y seguir produciendo hombres, dinero y material hasta que hagan las paces, y así están las cosas, al menos tal como yo las veo». Los Aliados empezaron a realizar la guerra desde el frente económico. Alemania era vulnerable porque al menos un tercio de sus provisiones alimentarias dependía de las importaciones. El bloqueo naval aliado contra toda Europa central pretendió agotar poco a poco los alimentos y las materias primas de sus oponentes. Alemania respondió con un bloqueo submarino con la amenaza de atacar cualquier buque en las proximidades de Gran Bretaña. El 7 de mayo de 1915, el submarino alemán U-20 torpedeó, sin avisar, el trasatlántico de pasajeros Lusitania, el cual portaba pertrechos bélicos en secreto. El ataque mató a 1.198 personas, de las que 128 eran estadounidenses. Aquello despertó las iras de Estados Unidos y Alemania se vio obligada a prometer que no volvería a abrir fuego sin previo aviso. (La promesa se reveló tan sólo provisional: en 1917 Alemania volvería a declarar la guerra submarina sin restricciones, lo que empujó a Estados Unidos a participar en la guerra). Aunque el bloqueo alemán contra Gran Bretaña destruyó más tonelaje, el bloqueo contra Alemania resultó más devastador a largo plazo, a medida que el esfuerzo bélico continuado fue planteando más demandas a la economía nacional. (Coffin)


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