Fósiles
Siglo XIX



Fósiles: siglo XIX:
Georges Cuvier:
En 1802 Lamarck acuñó el término biología. En 1806 Lamarck publica Memoires sur les fossiles des environs de París. En 1809 Lamarck publica Filosofía zoológica, que contiene la primera teoría sobre la evolución de la vida. En 1818, Cuvier, el fundador de la ciencia paleontológica ingresa en la Academia Francesa. En 1825 se desplaza a Haarlem e identifica el fósil diluvii testis como el esqueleto de una salamandra gigante del mioceno. Atribuía a la Tierra una edad de 6.000 años mientras que el gradualismo de Lyell requería millones de años. Junto con Alexandre Brongniart y William Smith estudiaba las capas estratigráficas, que evidenciaban sucesiones faunísticas. Explicaba la aparición súbita de nuevas especies en los estratos como migraciones que partían de otras zonas de la Tierra no afectadas por una catástrofe.

● Cuvier advirtió que aunque los fósiles no se parecían demasiado a ninguna especie existente a la sazón, encajaban de algún modo en el esquema taxonómico. [...] Cuando Cuvier estudió un fósil que tenía todas las características del esqueleto de un reptil, concluyó que el animal había sido en su tiempo un miembro de la clase de los reptiles. Por su esqueleto podía afirmarse también que había poseído alas. Cuvier identificó así el primer ejemplar de un grupo extinto de reptiles voladores. Debido a que cada una de las alas iba soportada por un solo hueso largo, como los de los dedos, bautizó a la criatura con el nombre de «pterodáctilo» («ala-dedo»). (Asimov)

En 1830 Charles Lyell publica Principles of Geology. Expone la tesis uniformista, ya formulada por James Hutton. La Tierra se habría formado mucho más lentamente de lo que se pensaba y estaba sometida a poderosos fenómenos geológicos como la erosión, los terremotos y los volcanes. En 1831 Darwin se embarca en el Beagle con estas ideas que le habían causado gran impresión.

Rober Chambers:
En 1844 Chambers publica sus Vestigios, influyente y polémica obra. Uno de sus argumentos es que está demostrado que existe la generación espontánea. La naturaleza actúa siguiendo un plan preexistente. La creencia en la Gran Cadena del Ser sostenía que el mundo estaba cuidadosamente ordenado y que todas las criaturas tenían su lugar y su propósito en el pasado, en el presente y en el futuro. Darwin criticó la obra por su falta de rigor científico. Se sumaron a la crítica los antitransformistas como Whewell, Herschel, Sedgwick, Thomas Huxley y Hugh Miller.

Acopio de numerosos fósiles (s.XIX):
En 1812 en Lyme Regis, en la costa de Dorset, una niña llamada Mary Anning encontró un extraño monstruo marino fosilizado de cinco metros de longitud, que se conoce hoy como el ictiosaurio, incrustado en los empinados y peligrosos acantilados del canal de la Mancha. Con anterioridad habían aparecido grandes huesos en tierras norteamericanas aunque nadie había relacionado los restos con especies extinguidas. William Buckland (1784-1856) escribió en 1824 la primera descripción completa de un dinosaurio, el Megalosaurus hallado en Stonesfield. Pretendía conciliar el hallazgo de fósiles con la Biblia por medio de su teoría catastrofista y creacionista. A la palabra principio en el Génesis atribuía el significado de un tiempo indefinido entre el origen de la Tierra y la creación divina de sus actuales habitantes.

Richard Owen, excepcional anatomista que había estudiado ornitorrincos, equidnas y otros marsupiales recién descubiertos, los extintos dodós y moas neozelandeses, describió el arqueopterix descubierto en Baviera en 1861.

Rápida sucesión de descubrmientos en las nuevas tierras norteamericanas:
En 1869 Marsh y Cope comienzan una disputa personal y una acelerada recopilación de fósiles procedentes de prolíficos yacimientos como los de Como Bluff en Wyoming y Morrison en Colorado. Estos paleontólogos añadieron casi un centenar y medio de especies a las conocidas en América hasta entonces. Marsh y Cope consiguen una rápida sucesión de adiciones a la lista de dinosaurios conocidos de EE.UU., que aumentó a 150, incluyendo a los populares estegosaurio, brontosaurio, diplodocus y triceratops. Edward Cope describió casi mil trescientas nuevas especies de fósiles.

En 1880 se inaugura el Museo de Historia Natural de Londres, que iría exponiendo sus fondos al público de una manera menos elitista y más divulgativa. Los descubrimientos de ejemplares más llamativos tienen un considerable eco en la prensa. A finales del siglo XIX los paleontólogos disponían de tal cantidad de fósiles estudiados y por estudiar, que se habrían paso las teorías que atribuían a la vida compleja en la Tierra varios cientos de millones de años. Algunos cálculos situaban el comienzo del Cámbrico con su irrupción de formas de vida complejas en 2.400 millones de años. En 1898 se encuentra el riquísimo yacimiento de Bone Cabin Quarry, cerca de Como Bluff (Wyoming). Durante los primeros años de la base de las colinas se llegaban a extraer 20.000 kilos de huesos por temporada.

El yacimiento de Burgess Shale (Canadá 1909):
El yacimiento de fósiles de gran riqueza está situado en el Parque nacional de Yoho, en la Columbia Británica. Contiene invertebrados del período Cámbrico Medio (unos 505 millones de años). Provee una imagen única de la vida oceánica previa a la aparición de vertebrados. Se formó debido a un derrumbamiento de arcilla sobre invertebrados marinos que se encontraban en aguas someras. Fue descubierto por Charles Walcott en 1909. Varias especies fueron indetificadas por primera vez. Los géneros sin grupo conocido fueron bautizados Amiskwia, Opabinia, Siphusauctum y Wiwaxia. Entre los géneros asignados a grupos sin ejemplos vivientes están Haplophrentis (phylum hyolitha), Marrella (artrópodo), Olenoides (trilobites), Naraoia (trilobites) y Anomalocaris (dinocárido). Para que los invertebrados puedan convertirse en fósiles es necesaria la concurrencia de múltiples factores. Edward O. Wilson dedicó a este yacimiento y a los investigadores que lo estudiaron su libro La vida maravillosa, insistiendo en las extinciones de gran extensión que determinan la evolución.

► Los fósiles guía son de gran importancia para la paleontología debido a su amplia distribución geográfica y al corto margen temporal de su aparición sobre la Tierra. Representan especies que estuvieron muy repartidas y que vivieron en periodos breves de tiempo. Los fósiles guía de mayor utilidad para la investigación son los de los organismos marinos.


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