DOCUMENTOS
Leyendas
La mandrágora



La concha de los peregrinos de Santiago:
Sabemos que a los peregrinos antiguos se les representa con una concha en la esclavina. O con varias. Pero no a todos los peregrinos, sino a los que se dirigen a Santiago de Compostela, a los peregrinos jacobeos. Sabemos también que esta concha de peregrino es de vieira, una concha que se produce en las costas de Galicia en mucha cantidad. Hay vieiras de tipos distintos, con la estructura de los canales del dorso más o menos recta o curvada. Pero ¿cuál es el origen del uso de esta concha por los peregrinos de Santiago? El apóstol Santiago vino a España a predicar la fe. Esto es cierto. Luego fue a Jerusalén y allí sufrió martirio. Y cuenta una leyenda que una noche, mientras estaban los pescadores en el mar, les sorprendió una tormenta. Y, de pronto, vieron una barca milagrosa que parecía de piedra. Con la aparición de esta barca se clamó el mar. La barca se había detenido encallada en un arrecife que nadie había visto antes. Se acercaron y vieron que la barca contenía el cuerpo del apóstol y que el arrecife estaba formado por vieiras, como una indicación del sitio donde el apóstol quería que descansaran sus restos mortales. Y aquéllas fueron las primeras vieiras que los peregrinos que trasladaron los restos del apóstol se sujetaron a las esclavinas.

Iconos milagrosos:
A mediados del siglo VIII se produce un importante conflicto a raíz de la veneración de las imágenes santas. Los peregrinos a Palestina regresaban con reliquias o recuerdos como piedras de los lugares santos. La controversia iconoclasta (754 al 843) se produce como reacción a determinados excesos en cuanto a veneración desviada o explotación de la credulidad. En el año 692, el concilio Quinisexto había aprobado un nuevo acercamiento a la representación de la figura humana. Cristo había sido representado hasta entonces como un cordero. Uno de los excesos fue protagonizado por los monjes griegos que se habían vuelto muy populares gracias a una serie de iconos milagrosos que se movían o sangraban, conservados en los monasterios.

San Roque con atuendo de peregrino ruta jacobea Hojas frutos y raíces de mandrágora Mandrágora andante Unicornio y doncella

La mandrágora:
Apenas existe tal misterio en la actualidad, porque apenas existen mandrágoras. O no existen al menos mandrágoras cuyas raíces tengan la forma clásica de la mandrágora legendaria. Es una forma que recuerda un cuerpo humano. Y a esta raíz prodigiosa se le han atribuido, en otros tiempos virtudes. Y se ha vendido a precios muy elevados como afrodisíaco garantizado. De lo que no se tiene noticia es de los resultados. La verdad es que existe en nuestro país una planta con este nombre. Es planta antigua, pues el nombre es griego. No se conoce el significado de esta palabra mandrágora, que en griego es el nombre de una planta. [...] La planta a la que la leyenda, ya desde antiguo, atribuye virtudes, tiene la raíz en forma de ser humano. Pero no parece que ninguna planta tenga la raíz de veras de esta forma. Es posible que las raíces de la mandrágora de formas más o menos parecidas a hombrecitos hayan sido previamente manipuladas. Y también, posiblemente, falsificadas con otras raíces, las de algunos Alliums o las de Brionia. Sí, parece que lo único que tiene de veras aprovechable la mandrágora es su leyenda. Desde muy antiguo se han atribuido virtudes y hechizos a estas raíces en forma de cuerpos humanos, procedan de donde procedan. Se ha dicho que son los mejores amuletos para tener la suerte de cara en empresas sentimentales y de negocios. En fin, que poseer una mandrágora es tener resueltos todos los problemas. Y es natural que si un herborista, o un mago, posee alguna, no la venda si no se la pagan bien. La leyenda asegura que todas las raíces de mandrágora se transforman en hombrecitos de verdad, como pequeños duendes, y que se dedican a favorecer al dueño de la planta. No asegura la leyenda que todas las raíces de mandrágora tengan forma humana. Que la tienen algunas, sí. Y que éstas son las verdaderas plantas hechiceras. El afortunado poseedor de una raíz de mandrágora en forma de hombrecito sostiene que esta planta, en el momento de arrancarla grita. Y que el grito mata a quien intenta arrancarla. Y que el procedimiento para arrancarla y salvar la vida es el siguiente. Se cava hondo alrededor de la raíz hasta ponerla al descubierto. Mientras no se intente arrancarla no hay peligro. Se ata una cuerda a la raíz y el otro extremo se ata al cuello de un perro. Se llama al perro desde cierta distancia. El perro quiere acudir, tira de la planta y la arranca, grita, y el perro muere. No hay más remedio que sacrificar al perro. Pero se ve que, dado el poder hechicero de la mandrágora, merece la pena sacrificar un perro. (Noel Clarasó)

La medicina de la antigua civilización babilónica usaba como remedios la mandrágora, el opio, cáñamo, cerveza y vino, asi como diversos tipos de veneno. El Cannabis se cultivaba libremente en Escocia hace mil años y se empleaba para obtener aceite de lámparas o mezclado con mantequilla como digestivo.

Remedios macabros. Momias falsificadas:
Las momias eran profanadas por los árabes para hacer medicinas muy costosas contra las úlceras, la anemia o la jaqueca. Algunos astutos comerciantes, ante su escasez, las fabricaban a partir de cadáveres obtenidos por las calles o robados en los cementerios. La pócima era vendida en pequeños frascos que contenían un trozo de carne humana aliñada con sustancias aromáticas, aceites y resinas. En occidente esta práctica clandestina se hacían con cuerpos de ahorcados recientes, secados al horno y bañados en betún. Un trozo de piedra imán debajo de la almohada de una esposa infiel haría que esta confesara sus pecados. Se decía que un trozo pequeño podía curar toda clase de enfermedades y actuaba como anticonceptivo. ● [Reliquias:] Te robaban y engañaban, ¡pero te garantizaban que ganabas el cielo. [...] En siglos pasados, fuera de personajes temerarios como Bocaccio o Rabelais, no osaban ni mentarlas. Hay que decir en su honor que incluso hombre tan templado como Erasmo llegó a denunciar aquella estafa. [...] En el Santo Spirito napolitano se guardan unas dosis de la Sangre de Cristo y lo que es más espectacular, dos garrafitas de “leche de la Virgen”, algo que ni la mente más enfermiza podría alcanzar a comprender. La grasa (sic) de san Lorenzo (sería la que caía de sus torreznos puestos a la parrilla), ojos de santa Lucía (la de los ciegos), piel de san Bartolomé (al que desollaron, creo), y lo que parece menos grotesco, capuchas de san Francisco, una de las cuales favorecía a las parturientas, por razones que se me escapan. (Gregorio Morán, 2016)

Unicornio Unicornio San Bradán celebrando misa Barco de San Bradan a lomos de la ballena

Serpientes marinas:
Jormungandr, la serpiente que rodeaba la Midgard (la Tierra) en la mitología escandinava, era la perpetua enemiga de Tor. Aristóteles (s.IV a.C.) fue uno de los primeros en describir serpientes marinas reales. En su Historia Animalium, refiere que son muy grandes y cuenta que al ser atacados por estas criaturas marinas cerca de las costas libias, unos marineros vieron huesos de bueyes devorados por ellas. Uno de sus trirremes zozobró cuando varias serpientes marinas arremetieron contra él. Un avistamiento célebre fue el que realizara Oloff Mansson, arzobispo de Upsala, quien en su Historia de gentibus septentrionalis (1555), habla de una criatura enorme que sembraba el terror entre los pescadores noruegos. Su descripción es detallada. Posee comúnmente pelos de medio metro de longitud cayéndole por el cuello y escamas afiladas, es negro y tiene la mirada inflamada. Uno de los testimonios más fiables pertenece al célebre obispo noruego Hans Egede. En ruta hacia Groenlandia (1734) vio emerger de las aguas una serpiente que superaba con la cabeza la altura del mástil mayor. Al sumergirse, observó que tenía la cola más larga que el barco entero.. El capitán Peter McQuhoe describió a su vuelta a Londres todos los detalles de un avistamiento entre el cabo de Buena Esperanza y Santa Helena. Fue observada por toda la tripulación del Daedalus una criatura de 18 m, parda y con la garganta blanca, con algo semejante a la crin de un caballo [...] cayéndole sobre el lomo.


La tribu perdida de Israel en América:
En el siglo XIX otra referencia bíblica es invocada por Joseph Smith, el fundador de la religión mormona. Afirma, con la pretensión de dotar así a los americanos de antepasados judíos, que en el momento de la construcción de la torre de Babel, la tribu de los Jareditas se rebeló y partió para establecerse bajo otros cielos, los de América donde los últimos representantes de aquella primera colonia se extinguieron en el siglo II antes de nuestra era. Mientras tanto, otro grupo bajo la dirección de Lethi atravesó el océano hacia 600 a. de J.C. y en el momento de llegar, se dividió en dos. Los Nefitas se fueron a fundar las ciudades de América Central y de los Andes, pero sus últimos representantes murieron en 324 antes de nuestra era. Los otros, más primitivos y nómadas, fueron los antepasados de los indios de la América del Norte. Hay que señalar por otra parte que el Libro de los Mormones asimila el dios Quetzalcoatl a Jesucristo. Existe otra teoría que pretende que barcos extraviados de la flota del rey Salomón habrían llegado hasta América. Los mormones no se contentan con inclinarse sobre sus textos sagrados e intentan demostrar de manera tangible que la tribu perdida de Israel se ha extraviado en América.

Cantigas Tritón Leviatán Monstruo marino

Finis Terrae:
Al oeste de Compostela está el altar de los celtas donde los peregrinos queman la ropa y la serpiente azul amenaza con su lengua de espuma rugiente. Aquí no es el Fin de la Tierra sino el principio del mundo. Desplegados, como velas sobre el acantilado, un poco de puntillas, los peregrinos atisban la antorcha reluciente de la Estatua de la Libertad, jugando al escondite en el cobertizo sin fin de la curvatura terrestre. Es fácil descubrirla por encima de la espalda del mar, sin el velo permanente del terror latino, Finis Terrae. Aquí era la muerte del mundo y de las maravillas del mundo. Aquí, donde hoy bulle una materia añil en continua efervescencia y se produce la expansión natural del aire, se desplomaba hacia el abismo la Caravana de la Seda. (José María Jurado)


Creencias de marineros:
En localidades costeras de Noruega, cuando alguien se perdía en la mar, era costumbre llevar un gallo hasta el lugar del desastre, en la creencia de que el ave cantaba cuando el barco en que iba pasaba por el lugar donde se suponía estaba sumergido el cadáver. En expediciones por tierras desconocidas se aconsejaba el uso de un gallo para descubrir la presencia de un basilisco. Se creía que los efectos de la magnetita podían ser neutralizados por el olor del ajo o de las cebollas. Algunos capitanes ordenaban que los marineros no recibíeran estos alimentos mientras estaban a bordo por miedo a que su aliento desmagnetizara la aguja de la brújula. Los tripulantes de las lanchas balleneras evitaban entrar en contacto con el aliento venenoso de sus presas agonizantes. La visión del fuego de San Telmo sobre la arboladura traía negros presagios.


Taxonomistas crédulos (s.XVIII):
Linneo no era infalible. Incluyó animales míticos y «humanos monstruosos», cuyas descripciones, hechas por los hombres de mar y por otros viajeros imaginativos, aceptó crédulamente. Entre ellos había un hombre salvaje, Homo ferus que caminaba a cuatro patas y aún no había dominado el arte de hablar, y Homo caudatus, «hombre con cola». Pero se trataba, no debemos olvidarlo, de una época mucho más crédula. Hasta el gran Joseph Banks se tomó un vivo y cándido interés por una serie de supuestos avistamientos de sirenas en la costa escocesa a finales del siglo XVIII. Sin embargo, los fallos de Linneo quedaron compensados en su mayor parte por una taxonomía sólida y a menudo brillante. Supo darse cuenta, entre otros aciertos, de que las ballenas pertenecían junto con las vacas, los ratones y otros animales terrestres comunes al orden de los cuadrúpedos (más tarde cambiado por mamíferos), clasificación que nadie había hecho antes. (Bill Bryson) El libro Dyalogus creaturarum moralizatus, la primera obra impresa en Suecia (1484), incluía un grabado en madera de una sirena tentando a un marinero.


Voz de trueno en Potosí:
Tiempo antes de la conquista, el inca Huayna Cápac había oído hablar a sus vasallos del Sumaj Orcko, el cerro hermoso, y por fin pudo verlo cuando se hizo llevar, enfermo, a las termas de Tarapaya. Desde las chozas pajizas del pueblo de Cantumarca, los ojos del inca contemplaron por primera vez aquel cono perfecto que se alzaba, orgulloso, por entre las altas cumbres de las serranías. Quedó estupefacto. Las infinitas tonalidades rojizas, la forma esbelta y el tamaño gigantesco del cerro siguieron siendo motivo de admiración y asombro en los tiempos siguientes. Pero el inca había sospechado que en sus entrañas debía albergar piedras preciosas y ricos metales, y había querido sumar nuevos adornos al Templo del Sol en el Cuzco. El oro y la plata que los incas arrancaban de las minas de Colque Porco y Andacaba no salían de los límites del reino: no servían para comerciar sino para adorar a los dioses. No bien los mineros indígenas clavaron sus pedernales en los filones de plata del cerro hermoso una voz cavernosa los derribó. Era una voz fuerte como el trueno, que salía de las profundidades de aquellas breñas y decía en quechua: «No es para ustedes; Dios reserva estas riquezas para los que vienen de más allá». Los indios huyeron despavoridos y el inca abandonó el cerro. Antes, le cambió el nombre. El cerro pasó a llamarse Potojsi, que significa. «Truena, revienta, hace explosión». (E.Galeano)


La jirafa enviada al emperador Yung Lo (1414):
El tributo llegado el 20 de septiembre de 1414 de Bengala para el emperador era un animal nunca visto en China, una jirafa. Ningún otro producto extranjero —animal, vegetal o mineral— había causado antes un revuelo tan grande. La respuesta inmediata de la corte no fue una exclamación de admiración por las maravillas de un país donde crecían bestias tan extrañas. La ocasión permitió en cambio que los chinos ejercitaran su capacidad para ver el mundo en el espejo de China. La jirafa produjo una orgía de autocomplacencia, ingeniosamente alimentada por todos los ricos recursos del folklore chino, la religión, la poesía y el chauvinismo. La jirafa, como todos sabemos, es un animal de un aspecto extraordinario y encantador. Para los occidentales, aunque fueran los del siglo XVI, semejante animal hubiese otorgado un misterioso atractivo al territorio del cual procedía. Pero este no era el punto de vista de la dinastía china Ming, del consejo de ceremonias, de la academia imperial, y de los demás cortesanos. Algunas oportunas coincidencias confirmaron sus interesantes conclusiones. En la lengua de Somalia, el país de África oriental de donde proceden las jirafas, el nombre de estos animales es girin. Para los chinos esta palabra sonaba de un modo muy semejante a k’i-lin (en la pronunciación moderna k’i-lin), el nombre que ellos daban a un animal legendario muy parecido al unicornio occidental. El gracioso y puro unicornio blanco, que simbolizaba la virginidad y a menudo era asociado a la virgen María, aparece en numerosas escenas de caza en los tapices de fines de la Edad Media y el Renacimiento. En el folklore chino el unicornio tenía una significación más amplia, cósmica incluso. La aparición de un k’i-lin era más que un buen augurio. Mostraba el favor del cielo y probaba la virtud del emperador. En un régimen perfecto, las fuerzas cósmicas revelarían su abundancia de energías en la creación de seres extraordinarios, como los dragones y los k’i-lin, dotados de maravillosos poderes benéficos. Parecía haber una extraordinaria semejanza entre la supuesta forma de un k’i-lin, que tenía «el cuerpo de un ciervo y la cola de un buey», solo comía hierbas y no producía daño alguno a los seres vivientes, y todo lo que se conocía de la jirafa. Cuando Chêng Ho y los otros eunucos vieron a este animal, no dudaron de que debía ser un k’i-lin. ¡Qué gran oportunidad para lisonjear al emperador! Cuando se enteraron de que la jirafa no era nativa de Bengala, cuyo gobernante tributario la había enviado, lograron convencer al país africano de Malindi, lugar de origen de estos animales, para que se convirtiera en una nación tributaria. El rey de Malindi envió otra jirafa, que llegó al año siguiente. No fue el atractivo de los esclavos, del oro o de la plata, sino el encanto de la jirafa lo que impulsó las siguientes expediciones de Chêng Ho a Malindi y a los lejanos lugares de la costa oriental de África. (Boorstin)


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