Leyendas medievales
Mar



Leyendas medievales y el mar:
● La fascinación del mar, pletórico como es de tantos y tantos misterios, de zoologías quiméricas, de increíbles geografías submarinas, de temerosas historias y trágicas leyendas sin fin, tan capaces de desarmar la incredulidad. (Néstor Luján, 1982)

Barca de Santiago:
Los peregrinos a Santiago portan una concha (vieira) que hace referencia a una aparición. Se cuenta que durante la noche a unos pescadores que faenaban en el mar les sorprendió una tormenta. De pronto vieron una barca milagrosa que parecía de piedra. Con la aparición de esta barca se clamó el mar. La barca se había detenido encallada en un arrecife que nadie había visto antes. Se acercaron y vieron que la barca contenía el cuerpo del apóstol y que el arrecife estaba formado por vieiras, como una indicación del sitio donde el apóstol quería que descansaran sus restos mortales.

Costas irlandesas:
En las historias tradicionales irlandesas abundan los hechos misteriosos relacionados con el mar. Faenar en aguas del oeste de la isla requiere una atenta observación de múltiples detalles de las cambiantes condiciones meteorológicas. La Historia de Tuan Mac Cairill, elaborada por una orden de poetas irlandeses del siglo VI, narra las transformaciones sucesivas de un hombre que finalmente se vuelve salmón. Mientras tiene forma de pez es capturado por un hombre y devorado por una mujer. En el vientre de esa mujer se transforma en hombre, nace como profeta y escribe el poema.

Cantigas Tritón Leviatán Monstruo marino

Serpientes marinas:
Jormungandr, la serpiente que rodeaba la Midgard (la Tierra) en la mitología escandinava, era la perpetua enemiga de Tor. Aristóteles (s.IV a.C.) fue uno de los primeros en describir serpientes marinas reales. En su Historia Animalium, refiere que son muy grandes y cuenta que al ser atacados por estas criaturas marinas cerca de las costas libias, unos marineros vieron huesos de bueyes devorados por ellas. Uno de sus trirremes zozobró cuando varias serpientes marinas arremetieron contra él. Un avistamiento célebre fue el que realizara Oloff Mansson, arzobispo de Upsala, quien en su Historia de gentibus septentrionalis (1555), habla de una criatura enorme que sembraba el terror entre los pescadores noruegos. Su descripción es detallada. Posee comúnmente pelos de medio metro de longitud cayéndole por el cuello y escamas afiladas, es negro y tiene la mirada inflamada. Uno de los testimonios más fiables pertenece al célebre obispo noruego Hans Egede. En ruta hacia Groenlandia (1734) vio emerger de las aguas una serpiente que superaba con la cabeza la altura del mástil mayor. Al sumergirse, observó que tenía la cola más larga que el barco entero.. El capitán Peter McQuhoe describió a su vuelta a Londres todos los detalles de un avistamiento entre el cabo de Buena Esperanza y Santa Helena. Fue observada por toda la tripulación del Daedalus una criatura de 18 m, parda y con la garganta blanca, con algo semejante a la crin de un caballo [...] cayéndole sobre el lomo.


La tribu perdida de Israel en América:
En el siglo XIX otra referencia bíblica es invocada por Joseph Smith, el fundador de la religión mormona. Afirma, con la pretensión de dotar así a los americanos de antepasados judíos, que en el momento de la construcción de la torre de Babel, la tribu de los Jareditas se rebeló y partió para establecerse bajo otros cielos, los de América donde los últimos representantes de aquella primera colonia se extinguieron en el siglo II antes de nuestra era. Mientras tanto, otro grupo bajo la dirección de Lethi atravesó el océano hacia 600 a. de J.C. y en el momento de llegar, se dividió en dos. Los Nefitas se fueron a fundar las ciudades de América Central y de los Andes, pero sus últimos representantes murieron en 324 antes de nuestra era. Los otros, más primitivos y nómadas, fueron los antepasados de los indios de la América del Norte. Hay que señalar por otra parte que el Libro de los Mormones asimila el dios Quetzalcoatl a Jesucristo. Existe otra teoría que pretende que barcos extraviados de la flota del rey Salomón habrían llegado hasta América. Los mormones no se contentan con inclinarse sobre sus textos sagrados e intentan demostrar de manera tangible que la tribu perdida de Israel se ha extraviado en América.

Finis Terrae:
Al oeste de Compostela está el altar de los celtas donde los peregrinos queman la ropa y la serpiente azul amenaza con su lengua de espuma rugiente. Aquí no es el Fin de la Tierra sino el principio del mundo. Desplegados, como velas sobre el acantilado, un poco de puntillas, los peregrinos atisban la antorcha reluciente de la Estatua de la Libertad, jugando al escondite en el cobertizo sin fin de la curvatura terrestre. Es fácil descubrirla por encima de la espalda del mar, sin el velo permanente del terror latino, Finis Terrae. Aquí era la muerte del mundo y de las maravillas del mundo. Aquí, donde hoy bulle una materia añil en continua efervescencia y se produce la expansión natural del aire, se desplomaba hacia el abismo la Caravana de la Seda. (José María Jurado)


Creencias de marineros:
En localidades costeras de Noruega, cuando alguien se perdía en la mar, era costumbre llevar un gallo hasta el lugar del desastre, en la creencia de que el ave cantaba cuando el barco en que iba pasaba por el lugar donde se suponía estaba sumergido el cadáver. En expediciones por tierras desconocidas se aconsejaba el uso de un gallo para descubrir la presencia de un basilisco. Se creía que los efectos de la magnetita podían ser neutralizados por el olor del ajo o de las cebollas. Algunos capitanes ordenaban que los marineros no recibíeran estos alimentos mientras estaban a bordo por miedo a que su aliento desmagnetizara la aguja de la brújula. Los tripulantes de las lanchas balleneras evitaban entrar en contacto con el aliento venenoso de sus presas agonizantes. La visión del fuego de San Telmo sobre la arboladura traía negros presagios.


Taxonomistas crédulos (s.XVIII):
Linneo no era infalible. Incluyó animales míticos y «humanos monstruosos», cuyas descripciones, hechas por los hombres de mar y por otros viajeros imaginativos, aceptó crédulamente. Entre ellos había un hombre salvaje, Homo ferus que caminaba a cuatro patas y aún no había dominado el arte de hablar, y Homo caudatus, «hombre con cola». Pero se trataba, no debemos olvidarlo, de una época mucho más crédula. Hasta el gran Joseph Banks se tomó un vivo y cándido interés por una serie de supuestos avistamientos de sirenas en la costa escocesa a finales del siglo XVIII. Sin embargo, los fallos de Linneo quedaron compensados en su mayor parte por una taxonomía sólida y a menudo brillante. Supo darse cuenta, entre otros aciertos, de que las ballenas pertenecían junto con las vacas, los ratones y otros animales terrestres comunes al orden de los cuadrúpedos (más tarde cambiado por mamíferos), clasificación que nadie había hecho antes. (Bill Bryson) El libro Dyalogus creaturarum moralizatus, la primera obra impresa en Suecia (1484), incluía un grabado en madera de una sirena tentando a un marinero.


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