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Vikingos
Orígenes y ataques



Réplica Vikingos: Orígenes:
Antes de referimos a las arriesgadas navegaciones de los vikingos, nos parece necesario comentar brevemente cuáles fueron sus orígenes y las causas que empujaron a estos singulares hombres a buscar nuevos horizontes más allá de su tierra natal. Sobre el término vikingo existen diversas interpretaciones, ya que los estudiosos nos han dado acepciones muy diferentes. Unos les califican simplemente como "asaltadores de bahías". Otros señalan que la palabra wik proviene del latín vicus, cuyo significado es lugar de mercado. Los vikingos además de terribles asaltadores de monasterios indefensos fueron también grandes negociantes. A los vikingos se les llamó también "normandos", es decir hombres del norte. El historiador Adam de Bremen los denominó también ascomanni, o sea, hombres del fresno, por la utilización de este tipo de madera en la construcción naval. Los árabes les llamaron machus o adoradores del fuego, y también infieles. Los griegos los conocieron como varegos.

Tras la descomposición del imperio romano se iniciaron los movimientos migratorios de los habitantes de la Europa central. Beda el Venerable señala que en esa época llegaron a Britania tres grupos de pueblos germánicos: sajones, procedentes del norte de la actual Alemania y Holanda; anglos procedentes del sur de la península de Jutlandia, y los jutos, desde el norte de la península de Jutlandia. Estos asentamientos se produjeron de modo constante a partir del siglo V, en la parte oriental de Britania; jutos en Kent; anglos en Northumbria, Mercia y Anglia Oriental, y sajones en Wessex, Sussex y Essex. Por otra parte, en la actual Noruega, Suecia y Dinamarca se habían establecido diversas tribus germánicas: los svears llegaron al sur y este de la actual Suecia; los daneses se instalaron en la península de Jutlandia y los noruegos, con primitivos godos, se asentaron en las costas de la Noruega del sur, fiordo de Oslo. En total la población de los tres países escandinavos no superaba los dos millones de habitantes. En cuanto a su estructura política, en opinión de Pörtner aún no habían encontrado la forma estatal, aunque en Suecia los svears habían establecido algo parecido a una monarquía. Hacia el año 872 Harald el de la Bella Cabellera logró su objetivo y se empezó a hablar del reino de Noruega. En el año 885 derrotó a sus siete rivales en la batalla naval de Hasfersfjiord. Harold era un hombre grueso, fuerte y viril como prueban los cuarenta hijos cuya paternidad se le atribuye. Aproximadamente en el 970 Dinamarca estaba todavía desunida, situación que aprovechó Harald Diente Azul para que gran parte de Noruega queda se bajo su influencia. Desde el año 995 hasta el 1000 tuvo como rey al vikingo Olav Tryggvsson, que reunificó el reino noruego e hizo que este pueblo adoptase el cristianismo. Suecia era el único país que se hallaba organizado bajo el punto de vista político. Los svears vivían bajo el yugo de los soberanos, que habían logrado imponerse a sus vecinos desde el 789.

Ataques a monasterios:
El primer ataque del que se tienen noticias tuvo lugar en el año 793 contra el monasterio de la isla de Lindisfarne, situada en la costa de Northumbria. El monasterio estaba totalmente indefenso, pero custodiaba numerosos objetos de culto de oro y plata que los cristianos habían donado: crucifijos, sagrarios, copones, relicarios de marfil, tapices, etcétera. Algunos de los monjes fueron abatidos allí donde fueron hallados. Todo aquello que consideraron de valor, incluso libros religiosos iluminados, fue transportado a las naves vikingas. Al año siguiente (794) fueron atacados los monasterios de Jarrow y Monk wearmouth, este último había sido la residencia años antes del Beda el Venerable, uno de los astrónomos e historia dores más importantes de su época. Los vikingos, que posiblemente proviniesen de Noruega en sus comienzos, fueron estableciéndose en las islas próximas a Escocia: Shetland, Orcadas, Hébridas y también en la isla de Man, y desde estas bases prosiguieron sus ataques a monasterios de Escocia e Irlanda.

Antes de entrar en combate se protegían el cuerpo con una cota de malla y la cabeza con un casco de metal, que nunca estuvo provisto de cuernos. Ese aditamento es un infundio de Hollywood. Las armas preferidas de los vikingos fueron la espada y el hacha, utilizadas ambas con suma destreza. A principios del siglo siguiente los vikingos iniciaron sus ataques a Irlanda, Francia y Gran Bretaña, con flotas más poderosas, y a mediados del siglo ya tenían bases permanentes en estas zonas. También a mediados de este siglo realizaron una incursión a España y Portugal, de la que nos ocuparemos más adelante. Su técnica para atacar una gran ciudad, situada aguas arriba de un río, consistía en establecerse previamente en una isla en el estuario de ese mismo río. Una vez concentrada la flota que consideraban adecuada iniciaban el asalto a la ciudad. En el estuario del Támesis utilizaron las islas de Thanet y Sheppey. En el del Loira, la isla de Noirmoutier; en el Escalda, la de Walcheren, y en el Sena, las de Vernon y Jeufosse (cerca de Rouen). Estas y otras islas las emplearon también ocasionalmente como bases invernales.

Ataques a ciudades:
La lista de las ciudades atacadas por los vikingos sería extensísima, por ello vamos a destacar algunas ciudades que fueron asaltadas en varias ocasiones como Londres, que entre el año 842 y el 1015, experimentó nueve. París fue saqueada en otras tantas ocasiones. Quizás el ataque más conocido que sufrió París es el llevado a cabo en el 885. El monje Abbon, de la Abadía de Saint Germain des Prés, que fue testigo directo, compuso un poema en el que relataba el asedio, que también fue reflejado en el siglo XIX por un pintor anónimo, cuadro que aquí reproducimos, y en el que puede contemplarse la isla de la Cité, asediada por las naves largas de los vikingos. La defensa de la ciudad fue organizada por el obispo Gozlin y el conde Eudes. Los vikingos llegaron en una pode rosa flota de más de 700 naves. Aunque París no era su objetivo, ya que el objetivo de los vikingos era la rica región de Borgoña y para llegar a la misma era necesario cruzar uno de los dos puente que unían la Cité con ambas orillas, es por lo que se mantuvieron en las inme diaciones de París, lanzando ataques esporádicos que fueron rechazados por los defensores. Los vikingos utilizaron toda clase de máquinas de guerra, incluidos manteletes y catapultas, a pesar de lo cual no consiguieron conquistar París. Final mente, en octubre del 886, el emperador Carlos el Gordo, nieto de Carlomagno, arribó a París con un gran ejército, y tras pagar un tributo de 700 libras de plata, llegó a un acuerdo con los vikingos. Carlos el Gordo se retiró con su ejército y los vikingos faltaron a su palabra. No obstante, los defensores de París consiguieron mantener sus posiciones, y finalmente vieron alejarse a los saqueadores del norte.

Nave musulmana Ataques a la península Ibérica (844 y 859):
En el 844 se produce la llegada a España de la primera flota vikinga procedente Garona, y según algunas fuentes estaba compuesta por más de 80 embarcaciones. Un gran temporal les empujó a las costas de Asturias, y durante algún tiempo saquearon las zonas próximas a Gijón. Siguieron navegando por el Cantábrico hasta el faro de Brigantium (Torre de Hércules). Allí no con siguieron llevar a cabo sus saqueos, por cuanto el rey Ramiro I envió sus tropas y consiguieron ahuyentarles, quemándoles además numerosas naves. Posteriormente llegaron a Lisboa, en donde permanecieron durante trece días saqueando la ciudad. Desde allí se dirigieron a Cádiz y posteriormente a Sevilla. Acamparon en sus proximidades y el 12 de octubre entraron en la ciudad. Siguiendo sus costumbres, los madjús (infieles) saquearon la ciudad y degollaron a muchos de sus habitantes. Sin embargo, los árabes habitantes de Sevilla lograran incendiar un buen número de naves vikingas. Cuando vieron que llegaban las tropas del emir Abd al-Ramán I de la dinastía Omeya, los madjús huyeron, aunque tuvieron tiempo de saquear Niebla. En el año 859, los madjús se presentaron de nuevo en Sevilla con 62 barcos, pero la costa estaba custodiada por la flota del árabe; no obstante lograron llegar de nuevo a Sevilla e incendiar la mezquita. En los combates con la flota del emir, los vikingos perdieron unos 40 barcos. (Ricardo Arroyo)


Ingleses (año 500 en adelante):
Tras la retirada de las legiones romanas a la Galia (actualmente Francia) en torno al año 400, las Islas Británicas cayeron en un periodo de oscuridad que duró varios siglos y del que apenas quedan crónicas escritas. La cultura británico-romana que había existido durante 400 años bajo el dominio del Imperio, desapareció a causa de las incesantes migraciones e invasiones bárbaras. Los celtas vinieron de Irlanda (el pueblo de los Scotti dio su nombre a la parte norte de la principal isla, que se llamó Escocia). Los sajones y anglos llegaron desde Alemania, los frisos de la actual Holanda y los jutos de la actual Dinamarca. Hacia el año 600, los anglos y los sajones controlaban la mayor parte de la actual Inglaterra. Hacia el 800, tan sólo las actuales provincias de Gales, Escocia y el oeste de Cornwall permanecían en manos de los celtas. Los nuevos habitantes fueron llamados anglosajones (palabra que proviene de la fusión de dos pueblos: los anglos y los sajones). Los anglos dieron su nombre a la nueva cultura (Inglaterra viene de "tierra de los anglos"), y la lengua germánica que trajeron consigo reemplazó al idioma celta nativo y al latín importado con la conquista romana. A pesar de posteriores invasiones, y de incluso una conquista militar en fechas más tardías, la parte este y sur de la mayor isla británica se ha llamado desde entonces Inglaterra (y su pueblo e idioma "inglés"). En el 865, se rompió la relativa paz inglesa con una nueva invasión. Vikingos daneses que habían estado haciendo incursiones en Francia y Alemania formaron un gran ejército y dirigieron su atención hacia Inglaterra. En un plazo de diez años, la mayoría de los reinos anglosajones cayeron o se rindieron. Sólo los sajones del oeste (actualmente Wessex) resistieron al mando de Alfredo, único rey inglés que sería llamado "el Grande". Durante casi 200 años, Inglaterra quedó dividida entre los vikingos, los sajones occidentales y un puñado de reinos ingleses. La mitad vikinga fue llamada Danelaw (que significa "bajo la ley danesa"). Los vikingos recaudaban un elevado impuesto, conocido como el Danegeld ("el oro de los daneses"), a cambio de la paz. Se convirtieron al cristianismo y fueron asentándose gradualmente. Con el tiempo los ingleses se volvieron contra los daneses y, en el 954, fue asesinado el último rey vikingo de York. Por primera vez, Inglaterra se unió bajo un rey inglés de Wessex. En el año 1,066, el Witan ("consejero del rey") ofreció la corona a Harold, hijo del conde de Wessex. Había otros dos pretendientes al trono: Harald Hardrada (que significa "el duro gobernante"), rey de Noruega, y el duque Guillermo de Normandía. El noruego desembarcó primero, cerca de York, pero Harold lo venció en la batalla de Stamford Bridge. Rápidamente y tras su victoria, Harold forzó la marcha de su ejército en dirección sur para encontrarse con Guillermo en Hastings. La batalla osciló a favor de uno y otro bando durante todo el día hasta que, al atardecer, una flecha hirió de muerte a Harold en los ojos. Durante los dos años que siguieron, Guillermo, llamado "el Conquistador", consolidó la conquista de Inglaterra.

Durante el resto de la Edad Media, los sucesores de Guillermo se agotaron a sí mismos y al propio país con una serie de enfrentamientos y guerras encaminadas a expandir o defender sus posesiones en Francia: la Guerra de los Cien Años entre Inglaterra y Francia constituyó un conflicto interminable que se extendió desde 1,337 hasta 1,453. La aspiración de un rey inglés al trono de Francia, debido a enlaces matrimoniales, fue el detonante del conflicto. Otras causas de esta guerra fueron la lucha por el control del lucrativo mercado de la lana y, entre otros antecedentes, el apoyo francés a la independencia de Escocia. En sus inicios, la guerra se caracterizó por una serie de inesperadas victorias de los ingleses, normalmente debidas a la pericia de los arqueros que, con sus armas de largo alcance, barrían las hordas de vistosas armaduras de la caballería francesa. Sin embargo, los ingleses no consiguieron alcanzar una victoria definitiva y los franceses lograron rehacerse. Inspirados por Juana de Arco, una joven campesina que decía actuar bajo mandato divino, los franceses contraatacaron triunfando con la toma de Burdeos en 1,453. La única posesión que les quedó a los ingleses en el continente fue la de Caláis (aunque no por mucho tiempo).


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