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FARO DE ORCHILLA



Faro de Orchilla El faro de Orchilla. El Hierro (1933):
Una noche, poco antes de la Primera Guerra Mundial, un barco español navegaba entre tinieblas procedente de América. Entre reniego y reniego el capitán maldecía la negrura de la noche y de las olas, oteando el horizonte en busca de algún signo que le guiase. Unas masas rocosas, sombras atlánticas cargadas de amenazas, hicieron peligrar la vida de los marinos y pasajeros, ya agotados tras la larga travesía. Entre ellos se encontraba el ingeniero José Herbella, que concibió la idea de un faro que iluminara esa frontera natural con América. Se encontraban frente a la punta de Orchilla, en la isla de El Hierro. El barco se alejó en aquella ocasión en busca del faro de Maspalomas en la isla de Gran Canaria, y es posible que entre sus marineros se encontrara el que se encargó, poco tiempo después, de transportar al Hierro, en velero, la piedra de Arucas necesaria para construir el faro más occidental de Las Canarias. Fueron bastantes viajes hacia ese antiguo enclave del meridiano 0. Una vez allí, una hilada de camellos se encargaba de transportar la piedra hasta la montaña de Orchilla.
El faro se encendió por primera vez en el año 1933 y durante mucho tiempo el petróleo llegó cada dos semanas al puerto de la Restinga en un correíllo procedente de Tenerife. Desde allí, también en velero, era transportado a un fondeadero cercano al faro. Tres fareros se turnaban para su mantenimiento. Siempre debía haber dos viviendo allí, pues si sucedía algo, uno tendría que ausentarse para buscar ayuda. Como dicen que ocurrió aquel día, durante la Segunda Guerra Mundial, en que aparecieron veintisiete naúfragos, procedentes de un barco que había sido torpedeado. Aunque no supieron entenderse, fueron atendidos hasta que llegaron las autoridades y se los llevaron misteriosamente.

    Este episodio se asemeja a un acontecimiento que se relata en Noticias generales e historicas sobre la isla de El Hierro. El 6 de diciembre de 1784 y apareció en agua de Naos un bergantín inglés-americano que destacó tres sucesivas lanchadas, que contenían un total de 36 hombres y mujeres, enfermos, como después se pudo comprobar.

Allí vivieron los fareros con sus familias, hasta que el uso de la energía solar les relevó de su función más importante: el mantenimineto del nivel de petróleo. Del encendido y apagado se encarga una célula fotovoltáica, gracias a los crepúsculos, y de la limpieza de las lentes un duendecillo herreño.

Características técnicas:
Clasificado como de primer orden, su aparato óptico de 184 cm. de diámetro completa un vuelta cada 20 segundos, lo que produce un destello blanco cada 5 segundos, que es su identificación. Su foco está elevado 132 m. sobre el nivel del mar. 106 m. corresponden al terreno donde se levanta, 21 m. a la torre y los otros 5 m. a la linterna de 3,5 m. de diámetro y al torreón. El alcance de la lente es de 35 millas en tiempo medio. Ésta se enciende aproximadamente 15 minutos después de ocultarse el sol y se apaga 15 minutos antes de la salida. Su base de piedra es cuadrada, con un alzado octogonal y una torre cilíndrica. Su torre se eleva majestuosa sobre la sencillez de la casa, de influencia isabelina.
Autor: Juan A.Martínez Jaén
Extraído de: nti.educa.rcanaria.es/nereida/faros.htm


El primer farero (1933):
Yo llegué al faro de Orchilla en el correíllo. Nos llevó hasta allí por primera y única vez porque íbamos con los muebles para el faro, el petróleo y otras cosas. Esa primera vez llegué en el Viera y Clavijo y desembarcamos en el muelle del faro, que está a 1.800 metros de éste. El pueblo más cercano era Sabinosa, que no íbamos casi nunca, al otro lado de la montaña en el valle del Golfo. La comunicación era generalmente con El Pinar, no había carretera y tardábamos hasta cinco horas, y en El Pinar ya encontrábamos un taxi hasta Valverde y luego hasta el puerto de La Estaca, para embarcar en el correíllo. En aquella época no había aeropuerto, ni aviones, ni nada. Ibamos en dos o tres caballerías, con dos o tres arrieros. Una para nosotros [al poco de llegar se enamoró y casó con una mujer de El Pinar], otra para la comida, otra con las maletas y era una cosa agradable a los 20 años. Eso era una especie de aventura y la repetíamos cada cuatro meses que salíamos con permiso. Al volver igual; teníamos la costumbre en la mitad de la cumbre parar, sacábamos nuestras tortillas, nuestras sardinas; los arrieros sacaban su gofio y sus cosas, departíamos media hora de descanso y continuábamos hasta el faro. (Entrevista de Y.M. a Carmelo Heredia, 1999)


Faro de Orchilla Abastecedora del faro de Orchilla:
Concepción Quintero Morales (Concha) entró en el faro de Orchilla en 1959 y salió de él en 1988. Casi 30 años en los que trabajó codo con codo con su marido, que entró de abastecedor hasta que, al poco tiempo, lo hicieron peón. La función de abastecimiento la asumió entonces ella. Los faros funcionan en la actualidad de forma automatizada, pero cuando requerían la presencia de personal trabajando y residiendo en ellos, tan importante era que encendiera cada noche con sus destellos, como garantizar el abastecimiento y el correo. "Yo bajaba a Sabinosa dos veces ebn semana. Con un burrito y camino para abajoy camino para arriba. Las cartas llegaban a Sabinosa y venía a buscarlas, y ya de paso me encargaba de la comida: pan y papas, sobre todo, porque el pescado lo cogía él", dice, refiriéndose a su marido y a la excelente pesca que se podía obtener con la caña en la orilla. "Tú pela las papas, que yo para la noche traigo el pescado", le decía. El pescado lo podían poner a la mesa fresco a diario. La carne la salaban."No había nevera. Yo tuve la nevera tres años antes de jubilarse mi marido. La carne la salábamos cuando matábamos cabras, porque cabras sí teníamos bastantes". Y aunque se podría pensar que por ello tendrían suficiente cantidad de queso propio, ella nos sitúa enseguida en una realidad más difícil: "No podíamos hacer queso. Era tanto el calor que no servía", asegura. Debían conformarse con la leche del día. Para una mujer, vivir en un lugar tan apartado y en estas condiciones, no sólo era duro por el trabajo diario en sí mismo. Como madre que fue en cuatro ocasiones, era, más que duro, arriesgado para su propia vida. Valentina la de Sabinosa, que fue tan conocida en todo el archipiélago por su voz, era más popular en su pueblo por sus habilidades como comadrona. Y de tal ejerció con Concha en sus cuatro partos, dos en el faro, a donde llegó la primera vez a caballo por el risco, porque no había carretera, y la segunda en el coche del torrero Luis Callao, que estaba en Sabinosa y fue avisado con ¡palomas mensajeras! (Teresa Correa, marzo 2005)


Faro de Alejandría Los faros:
El faro de Alejandría (300 a 280 a de J.C.):
El nombre de faro proviene de una torre de unos 180 metros de altura que fue construida bajo el reinado de Ptolomeo II (283-246 a. De J.C.) en la isla de Pharos, frente al puerto de Alejandría. Construido por el arquitecto Sostrato de Gnido, estaba recubierto de mármol. En lo más alto ardía una hoguera durante la noche que se veía desde una distancia de 55 kilómetros. Levantado en una península adelantada a la ciudad egipcia, se consideraba una de las mayores producciones técnicas de la antigüedad. Sobre una base cuadrada se alzaba una esbelta torre ortogonal de unos 100 m de altura. Sobre la plataforma superior ardía por la noche un fuego alimentado con leña y resina. La leyenda dice que Sostratos buscó durante mucho tiempo, para los cimientos, un material que resistiese el agua del mar, y que finalmente construyó la torre sobre gigantescos bloques de vidrio. En 1373 un terremoto destruyó los restos de la torre. Sus ruinas se han buscado en vano.

Coloso de Rodas El coloso de Rodas (291 a. de J.C.):
Según un escritor contemporáneo hubo en la antigüedad 3000 estatuas, 100 de ellas de medidas colosales, en la isla de Rodas. Entre ellas se contaba la más famosa estatua gigante de la antigüedad, el coloso de Rodas: Helios, el dios del Sol, fundida en hierro. Al parecer debió tener una altura de 30 a 40 m, un peso de 70 tm, y las piernas abiertas a la entrada del puerto de Rodas, y llevando en la mano una antorcha encendida. En el siglo IV a. de J.C., según la tradición, después de su victoria sobre el rey macedonio Demetrio Poliorcetes, los rodios tomaron la decisión de fundir una estatua de su dios protector. Demetrio había puesto sitio a la isla durante largo tiempo, pero lo abandonó por infructuoso. Se dice que los rodios vendiero el botín constituido por la máquinas de guerra abandonadas en el campamento macedonio y emplearon su producto en la fundición de la estatua. Se confió la obra al escultor Chares. Comenzó con los primeros bocetos en 291. Se terminaba doce años más tarde. Se mantuvo en su lugar solamente algo más de 50 años. Un terremoto asoló Rodas derribando el coloso al mar. Sobre el pedestal no quedaron más que algunos restos de los enormes pies. En 653 se vendieron los restos de la estatua a un comerciante judío de Edesa, que los repartió en 900 cargas de camello y los fundió en tierra firme. De esta forma no subsistió ninguna huella de la estatua de Helios, una de las maravillas más celebradas de la antigüedad. Nadie sabe con exactitud qué aspecto ofrecía el coloso de Rodas.

Torre de Hércules Otras construcciones que sirvieron de faro fueron la Torre de Hércules (de origen fenicio o romano) y el faro de Chipiona, citado como Cipiona por Estrabón en el siglo I, el más alto de España, con 67 metros de altura y 340 peldaños. Uno de los primeros que se erigieron en el Mediterráneo es el de Porto Pi, aun en funcionamiento a la entrada de Palma de Mallorca. Se cuenta que cuando hace siglos, se sustituyó la hoguera de madera por el aceite vegetal, los agricultores mallorquines debían contribuir al mantenimiento de la luz del faro con una determinada cantidad de aceite. Durante la Edad Media los faros no se perfeccionaron. En España hay 189 faros de los cuales 37 tienen farero. Sistemas de control remoto indican el estado de las baterías y la carga de los paneles solares. La mayoría de los barcos llevan instalado un GPS.
Agustín Fresnel: Físico francés, perfeccionó la señal luminosa con la aplicación de lentes (1823). Introdujo el sistema dióptrico por el que los rayos directos son derivados a través de lentes esféricas rodeadas por una serie de prismas anulares o parabólicos que concentran los rayos de luz y los dirigen horizontalmente.
Resistencia: Una gran ola que avance a 28 metros por segundo, al tropezar contra un obstáculo daría un golpe equivalente a 61.000 kilos por metro cuadrado, por lo que un gran faro debe soportar en algunos casos el choque de más de 100 millones de kilos.


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