Política
El Vaticano y la II Gerra Mundial



El Vaticano y la II Guerra Mundial:
Pío XI (1922-1939):
Llamado por San Pio X para la curia romana. En 1921 es nombrado arzobispo de Milán. Estudioso, de sólida formación y experiencia en la curia romana. Sucedió a Benedicto XV en 1922. Logró un considerable desarrollo en la organización de los laicos a través de la Acción Católica, con el fin de cristianizar todos los sectores de la sociedad. Criticó abiertamente el trato que recibía la Iglesia en México (1926) que describió en la encíclica Iniquis afflictisque como desenfrenada tiranía de los enemigos de la Iglesia.

El tratado de Letrán (1929):
Mussolini se quejaba del trato frío del Vaticao con su régimen. En 1929 firmó con el gobierno italiano de Mussolini y el rey Víctor Manuel III el Tratado de Letrán, que reconocía el estado independiente y soberano de la Ciudad del Vaticano en territorios que había ocupado Italia en 1870. En Italia, el partido católico del dirigente político Luigi Sturzo, llamado Partido Popular, y opositor al fascismo, había sido disuelto poco antes. Pío XI animó a los católicos italianos en las elecciones de marzo de 1929 a que votaran a los fascistas, y calificó a Mussolini como un hombre enviado a nosotros por la Providencia. Bendijo personalmente las tropas italianas que partían para la conquista de Abisinia. A la muerte de Pío XI, Mussolini exclamó por fin se ha muerto ese viejo testarudo.

A pesar de su intransigente anticomunismo, que compartía con su colaborador cercano Eugenio Pacelli (futuro Pío XII) En marzo de 1937 publicó la encíclica Mit brennender Sorge (Con ardiente preocupación), en la que se condenaba el régimen nazi. A pesar del tono bastante vago de las afirmaciones de este documento, Hitler ordenó a Reinhard Heydrich, jefe de la Gestapo, que incautara y destruyera todas las copias del mismo, con lo que se perjudicaron las relaciones entre ambos estados. Días después la encíclica Divini Redemptoris condenaba el comunismo en términos explícitos.

El III Reich:
El Vaticano choca en Alemania con las medidas del nacionalsocialismo. En 1933 se firma el concordato con Alemania. La Iglesia obtiene una limitada autonomía en la educación religiosa y un trato favorable en la normativa oficial. Son momentos de El cardenal alemán Faulhaber llamó a Pío XI el mejor amigo de los nazis. El concordato implicó la imposición del Código de Derecho Canónico en Alemania y la desarticulación de la intervención en política de los católicos. Hitler se declaraba anticlerical pero no opuesto al cristianismo. El intelectual Alfred Rosenberg fue incluido en la cúpula política. Tras escribir panfletos antisemitas de extrema dureza se le concedió el cargo de director del Völkischer Beobachter (el Observador del Pueblo), el periódico del NSDAP. Fue el encargado de sentar las bases intelectuales del nacionalsocialismo y lo hizo a través del libro de 700 páginas Der Mythus des 20. Jahrhunderts. La obra incluye un claro ataque contra la Iglesia católica romana. Hitler autorizó su publicación en septiembre de 1930, tras la gran victoria electoral. El Vaticano incluyó El mito del siglo XX en el Índice de los libros prohibidos (1934). La condena a muerte en Núremberg de Rosenberg demuestra el papel determinante que se dio a la labor de compilar los fundamentos ideológicos de un sistema aberrante por parte de un intelectual. Los ideólogos del régimen, Himmler, y especialmente Rosenberg, vieron a la Iglesia católica como el principal obstáculo para sus planes. Antes de la llegada al poder de Hitler los católicos se oponían más activamente al nacionalsocialismo que los luteranos. Según Bryan Moynahan en 1935 la Gestapo arrestó a setecientos pastores protestantes por haber condenado desde el púlpito el neopaganismo nazi. Al final de un arrinconamiento gradual de la asignatura se prohibió a los sacerdotes dar clases de religión.

Descristianización de eventos:
Los ritos y festejos oficiales fueron despojados de elementos cristianos aunque no se dio el paso de suprimir la cruz. En las bodas se bendecía a los novios invocando a «la Madre Tierra, al Padre Cielo y al conjunto de las potencias benéficas del aire», leyéndose en voz alta a continuación diversos extractos salidos de las sagas nórdicas. En los bautizos, el niño era acunado en un escudo teutón, y se le presentaba envuelto en una manta adornada con hojas de roble y cruces gamadas. La Navidad fue convertida en «fiesta del solsticio de invierno» con el nombre de «Festividad de Yule».

El Partido del Centro del ex canciller Heinrich Brüning, de clara raíz democristiana, fue disuelto, con lo que los nazis quedaron sin oposición legal alguna en su país. En 1933 Hitler conculca el concordato con la Santa Sede. En 1934 para no entorpecer sus relaciones con los fascistas Pío XI prohibió a la conferencia mundial judía que mencionará su nombre a propósito de una supuesta defensa de los judíos. Pío XI en su encíclica Mit brenneder Sorge (Con profunda preocupación) condena tanto la doctrina racista como la deificación del Estado. Una buena parte del clero alemán ofrece gran resistencia a los intentos absorbentes del régimen. En 1936 empiezan a producirse asaltos a monasterios y conventos católicos.

    Actitud frente al fascismo:
    ● Creo que al Vaticano no le conviene aparentar hoy esa actitud antifascista que no tuvo en tiempos de Hitler y Mussolini. Por muchos que fueran los sacerdotes católicos y creyentes cristianos que combatieron el fascismo y el nacionalsocialismo, la Iglesia católica (como instancia moral) fracasó desde el punto de vista histórico, dejó a sus creyentes en la estacada, se sometió a otros poderes, más aún, se deshizo de la ética cristiana: mientras se asesinaba, ella se refugiaba en el papel de Pilatos, practicando el lavado de manos. Además fue oportunista; se quedó al margen, por interés táctico, cuando el judío Jesucristo volvía a ser crucificado en la figura de seis millones de judíos, esta vez con modernas herramientas. (Günter Grass, 1972)

    ● La principal preocupación de los nazis en los primeros tiempos del Tercer Reich giraba en torno a la posibilidad de que el cristianismo organizado terminara convirtiéndose en la principal amenaza para su autoridad. El hecho de que dicha amenaza no llegara a materializarse en ningún momento es uno de los mayores enigmas irresueltos de la historia del siglo XX, y muy posiblemente un terrible pliego de cargos para la actitud religiosa. (Peter Watson)

Pío XII y la persecución de judíos:
Como medida preventiva, previamente a su coronación, había redactado ante notario una carta de renuncia en el caso de que fuera hecho prisionero por los nazis. Eugenio Pacelli contribuyó a preparar la encíclica «Mit brennender Sorge» (1937), en la que Pío XI condenó el nazismo. La encíclica, prohibida en Alemania, fue introducida en el país de modo clandestino y leída a los fieles en las iglesias católicas. En su presentación de la encíclica, el futuro Pío XII comparó a Hitler con el diablo y advirtió proféticamente su temor de que los Nazis lanzaran una "guerra de exterminación". El New York Times en su editorial de Navidad de 1941, elogió al Papa Pío XII por "ponerse plenamente contra el hitlerismo" y por "no dejar duda de que los objetivos de los Nazis son irreconciliables con su propio concepto de la paz Cristiana". Varios historiadores judíos, como Joseph Lichten, de B'nai B'rith (organización judía dedicada a denunciar el antisemitismo y mantener viva la memoria del genocidio nazi), han documentado los esfuerzos del Vaticano en favor de los hebreos perseguidos. Según el mismo Lichten, en septiembre de 1943, Pío XII ofreció bienes del Vaticano como rescate de judíos apresados por los nazis. También recuerda que, durante la ocupación alemana de Italia, la Iglesia, siguiendo instrucciones del Papa, escondió y alimentó a miles de judíos en la Ciudad del Vaticano y en Castelgandolfo, así como en templos y conventos. Lichten, escribiendo en el boletín del Jewish Antidefamation League (Liga judía contra la difamación) dijo en 1958 que "la oposición (de Pío XII) al nazismo y sus esfuerzos para ayudar a los judíos en Europa eran bien conocidos al mundo que sufre".

Después de la guerra:
Organizaciones y personalidades judías reconocieron varias veces oficialmente la sabiduría de la diplomacia del Papa Pío XII. El Congreso Judío Mundial agradeció en 1945 la intervención del Papa, con un generoso donativo al Vaticano. En el mismo año, el gran rabino de Jerusalén, Isaac Herzog, envió a Pío XII una bendición especial «por sus esfuerzos para salvar vidas judías durante la ocupación nazi de Italia». Israel Zolli, gran rabino de Roma, quién como nadie pudo apreciar los esfuerzos caritativos del Papa por los judíos, al terminar la guerra se hizo católico y tomó en el bautismo el nombre de pila del Papa, Eugenio, en señal de gratitud. El escribió un libro sobre su conversión ofreciendo numerosos testimonios sobre la actuación de Pío XII. El jueves 7 de septiembre de 1945 Giuseppe Nathan, comisario de la Unión de Comunidades Judías Italianas, declaró: «Ante todo, dirigimos un reverente homenaje de gratitud al Sumo Pontífice y a los religiosos y religiosas que, siguiendo las directrices del Santo Padre, vieron en los perseguidos a hermanos, y con valentía y abnegación nos prestaron su ayuda, inteligente y concreta, sin preocuparse por los gravísimos peligros a los que se exponían» (L'Osservatore Romano, 8 de septiembre de 1945, p. 2). El 21 de septiembre del mismo año, Pío XII recibió en audiencia al Doctor A. Leo Kubowitzki, secretario general del Congreso judío internacional, que acudió para presentar «al Santo Padre, en nombre de la Unión de las Comunidades Judías, su más viva gratitud por los esfuerzos de la Iglesia católica en favor de la población judía en toda Europa durante la guerra» (L'Osservatore Romano, 23 de septiembre de 1945, p. 1). El jueves 29 de noviembre de 1945, el Papa recibió a cerca de ochenta delegados de prófugos judíos, procedentes de varios campos de concentración en Alemania, que acudieron a manifestarle «el sumo honor de poder agradecer personalmente al Santo Padre la generosidad demostrada hacia los perseguidos durante el terrible período del nazi-fascismo» (L'Osservatore Romano, 30 de noviembre de 1945, p. 1).

Agradecimientos y elogios póstumos:
En 1958, al morir el Papa Pío XII, Golda Meir (Ministro de Asuntos Exteriores de Israel) envió un elocuente mensaje: «Compartimos el dolor de la humanidad (...). Cuando el terrible martirio se abatió sobre nuestro pueblo, la voz del Papa se elevó en favor de sus víctimas. La vida de nuestro tiempo se enriqueció con una voz que habló claramente sobre las grandes verdades morales por encima del tumulto del conflicto diario. Lloramos la muerte de un gran servidor de la paz». Nota de pie # 16 del documento «Nosotros recordamos: una reflexión sobre la "Shoah"». El presidente de USA, Eisenhower, al morir el Papa: «El mundo - ahora es más pobre después de la muerte del Papa Pío XII» El diplomático Israelí Pinchas Lapide calculó que Pío XII fue personalmente responsable por salvar al menos 700.000 judíos. El historiador judío Richard Breitman, ha escrito un libro sobre el holocausto. Como consultor del Grupo de trabajo para la restitución de los bienes a los judíos (grupo que ha obtenido la desclasificación de los dossieres del OSS). En una entrevista al «Corriere della Sera», del 29 de junio del 2000, Breitman que es hasta ahora el único autorizado a ver los documentos del OSS (el espionaje estadounidense en la II Guerra Mundial), ha explicado que lo que más le ha impresionado ha sido la hostilidad alemana hacia el Papa y el plan de germanización del país de septiembre de 1943. Breitman ha encontrado también «sorprendente el silencio aliado sobre el holocausto».


Procedimientos de votación en los cónclaves:
Inicialmente, el obispo de Roma era elegido como los demás obispos, es decir, por aclamación asamblearia de los fieles. Sin embargo, ya en los tiempos de las catacumbas los desacuerdos en la elección provocaron numerosas protestas, tumultos violentos y cismas. Hasta el siglo XII, al menos 31 antipapas fueron proclamados en pugna con otros ganadores y reconocidos por algunas facciones. En apenas 100 años en torno al año 1000, 12 papas fueron expulsados del trono, 5 fueron enviados al exilio y 5 fueron asesinados. Esta debilidad institucional interna de la Iglesia para elegir a su máximo pontífice dio un papel arbitral a los sucesivos emperadores romano-germánicos, los cuales a menudo nombraron sin más al papa de turno. La Iglesia solo pudo conquistar una mayor autonomía mediante la adopción de un sistema electoral más efectivo. La primera reforma, en el siglo XI, consistió en eliminar a los fieles y al bajo clero de la elección y ponerla en manos de los cardenales. Sin embargo, la elección continuó siendo concebida como una vía para conocer la voluntad de Dios, por lo que requería una inequívoca decisión por unanimidad. Ante los frecuentes desacuerdos, se intentó dar prioridad a la “parte más sensata y mayor”, lo cual solía significar que los cardenales-obispos se impusieran sobre los cardenales-sacerdotes o los cardenales-diáconos. Pero como los conflictos persistían, el papa Alejandro III decidió establecer, desde 1179, la regla de la mayoría cualificada de dos tercios, aún vigente en la actualidad. El abandono del requerimiento de unanimidad, que había sido identificado con la inspiración divina, y su sustitución por una regla de mayoría cualificada se inspiró en algunos procedimientos de elección de gobernantes usados en la época en varias ciudades italianas, incluido el duque de la República de Venecia. (J.Colomer)


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