Segunda Guerra Mundial
El final del III Reich



El final del III Reich (1945):
Las horas finales del III Reich están relatadas de forma pormenorizada en buen número de libros. El relato de la caída de Berlín ante las tropas de Zhukov resulta una de las tragedias más impactantes de nuestro tiempo. Hitler no era capaz de imaginar una Alemania futura ajena a un III Reich triunfante. Se enfrentó a la evidencia de la inminente derrota de una manera histérica, irracional y cruel. Speers le proporcionaba datos muy concretos de lo que podía esperarse de la producción industrial, existencias de combustible y posibilidades logísticas en los últimos momentos.

[Sacrificios de Himmler:]
Su padre era maestro, y logró inculcar al pequeño Heini devoción por el orden, la limpieza y la buena administración. Prosperó gracias a mostrar siempre gran eficiencia y rectitud. Hombre de acción decidida y utilitarismo práctico para cuestiones organizativas. Con menos de treinta años era líder del pueblo que gobernaría como ministro. Su misión de mantener el orden se basaba en proteger y servir. Cuando salió al encuentro amistoso de los aliados occidentales en 1945, era el director responsable de los campos. Viéndolo todo arruinado hasta sus cimientos y que no habría nadie en su devastado país que no lo maldijera, resolvió el último problema con una de sus previsiones: la de tener siempre a mano una ampolla de cianuro de potasio de superior pureza. Tenía la tranquilidad de saber que jamás incumplió una misión ingrata que la patria le pidiera.

En el juicio de posguerra contra Dönitz, Nimitz realizó una declaración jurada en apoyo a las prácticas submarinas sin restricciones, que él mismo utilizó en la guerra del Pacífico.


Heidegger:
Heidegger, tal vez la mente más poderosa de la filosofía contemporánea, conocedor como pocos del pensamiento griego, de la moral kantiana, de la nitscheana, educado en el rigor de un maestro ilustre como Husserl, cuando tuvo que tomar la decisión más importante de su vida se equivocó y, para su eterna ignominia, decidió apoyar el régimen y acatar las órdenes de unos nazis enloquecidos. Con él, la gran mayoría del pueblo alemán, incluyendo notables personalidades del mundo intelectual, optó por seguir a Hitler y sus verdugos. Como puede verse, ni los títulos académicos son garantía de buen juicio ni las sociedades más cultas e ilustradas responden siempre como cabría esperar. (Jaime Botín)


► Entre los métodos de guerra más detestables destacó una práctica japonesa ordenada por el alto mando. La unidad 731 del Ejército Imperial llevó a cabo la propagación intencionada de enfermedades como el cólera y la peste bubónica entre la población civil china. Tenía su sede central en un gran complejo con prisión anexa construido en la localidad china de Pingfang. Al mando estaba el médico militar Shiro Ishii, con rango de general. Al menos 3.000 personas, chinos en su gran mayoría, fueron sometidas a experimentación humana. Los historiadores cifran el número de muertes causadas por la unidad en cientos de miles.


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