MAR
Cambio climático
Glaciares



Glaciares:
La masa de hielo de la Tierra, con un volumen de más de 14 millones de kilómetros cúbicos, cubre aproximadamente, el 10% del área terrestre emergida. Casi el 86% de este hielo está concentrado en el glaciar continental de la Antártida, y un 10%, en el glaciar de Groenlandia. El restante 4% constituye los pequeños glaciares de Islandia, Alaska, Himalaya, los Alpes y otros lugares del Globo. En particular los glaciares alpinos han sido objeto de estudio durante mucho tiempo. En la década de 1820, dos geólogos suizos, J. Venetz y Jean Charpentier, comunicaron que las características rocas de los Alpes centrales estaban también esparcidas por las llanuras del Norte. ¿Cómo habían podido llegar hasta allí? Los geólogos especularon sobre la posibilidad de que los glaciares montañosos huberan cubierto en otro tiempo un área mucho mayor, para dejar abandonados, al retirarse, peñascos y restos de rocas. Un zoólogo suizo, Jean-Louis-Rodolphe Agassiz, profundizó en esta teoría. Colocó líneas de estacas en los glaciares para comprobar si se movían realmente. En 1840 había demostrado , más allá de toda duda, que los glaciares fluían, como verdaderos ríos lentos, a una velocidad aproximada de 67,5 m por año. Entretanto, Agassiz había viajado por Europa y hallado señales de glaciares en Francia e Inglaterra. En otras áreas descubrió rocas extrañas a su entorno y observó en ellas señales que sólo podían haber sido hechas por la acción abrasiva de los glaciares, mediante los guijarros que transportaban incrustados en sus lechos. Agassiz marchó a los EE.UU. en 1846 y se convirtió en profesor de Harvard. Descubrió signos de glaciaciones en Nueva Inglaterra y en el Medio Oeste. En 1850 era ya del todo evidente que debió de haber esxistido una época en que gran parte del hemisferio Norte había estado bajo un enorme glaciar continental. Los depósitos dejados por este glaciar han sido estudiados con detalle desde los tiempos de Agassiz. Estas investigaciones han puesto de relieve que el hielo ha avanzado y retrocedido en cuatro ocasiones. En su desplazamiento hacia el Sur, los hielos llegaron hasta Cincinnati hace sólo 18.000 años. Al avanzar los glaciares, el clima, en el Sur, debió de ser más húmedo y frío; al retirarse, (para dejar tras sí lagos, de los cuales, los mayores que existen en la actualidad son los Grandes Lagos), el clima en el Sur se hizo más caluroso y seco. El último retroceso de los hielos se produjo entre 8.000 y 12.000 años atrás. Antes de estas Eras de glaciación hubo un período de clima suave, que se mantuvo por lo menos 100 millones de años. Durante este tiempo no se formaron glaciares continentales, ni siquiera en los Polos. Testifican este hecho los depósitos de carbón en las Spitzberg, e incluso indicios del mismo en la Antártida, ya que el carbón indica que existieron frondosos bosques. El avance y retroceso de los glaciares dejó su huella no sólo en el clima del resto de la Tierra, sino también en la fisonomía de los continentes. Por ejemplo, si se fundieran del todo los glaciares de Gorenlandia y la Antártida, ahora en fase de retracción, el nivel del océano alcanzaría una altura casi 60 m superior a la actual. Sumergería las zonas costeras de todos los continentes, incluyendo muchas de las más importantes ciudades del mundo. Por otra parte, Alaska, Canadá, Siberia, Groenlandia e incluso la Antártida se transformarían en lugares más habitables.

La situación inversa se produjo en la culminación del período glacial. Había tanta agua inmovilizada en forma de heleros y glaciares -cuyo número cuadruplicaba el de los actuales-, que el nivel del mar era 132 m inferior al de nuestros días. Por consiguiente, las plataformas litorales se hallaban emergidas. Tales plataformas son porciones relativamente poco profundas del océano, contiguas a los continentes. El fondo marino desciende con una inclinación más o menos gradual, hasta alcanzar unos 132 m de profundidad. A partir de aquí, la pendiente es ya mucho más abrupta, y entonces se precipitan de repente las grandes simas. Por su estructura, las plataformas continentales son parte integrante de los continentes anejos: prácticamente constituyen el resalto de la plataforma que establece la verdadera divisoria del continente. Ello equivale a decir que por el momento hay suficiente agua en las cuencas oceánicas para inundar los bordes del continente. (Asimov)

Correlación de los ciclos de Milankovitch:
En los años cincuenta, debido a una tecnología imperfecta de la datación, los científicos no fueron capaces de correlacionar los ciclos cuidadosamente calculados de Milankovitch con las supuestas fechas de las eras glaciales tal como entonces se aceptaban, de manera que Milankovitch y sus cálculos fueron dejándose de lado gradualmente. Él murió en 1958 sin haber podido demostrar que sus ciclos eran correctos. Por entonces, en palabras de un historiador del periodo, «te habría costado trabajo encontrar un geólogo o un meteorólogo que considerase el modelo algo más que una curiosidad histórica». Hasta los años setenta, y el perfeccionamiento del método de potasio-argón para la datación de antiguos sedimentos marinos, no se reivindicaron finalmente sus teorías. (Brison)

Parque nacional de Los Glaciares:
Espacio natural protegido argentino declarado parque nacional en 1937 y bien natural del patrimonio de la humanidad en 1981, con una extensión de 445.900 hectáreas. Comprende los lagos Viedma y Argentino, situado a una altitud de 1.800 m, y los 13 glaciares que descienden hacia ellos, entre los que destaca el Moreno, uno de los pocos glaciares que continúa avanzando en la actualidad. Los bosques son de lenga, guindo o coihué magallánico y ciprés de las Guaitecas, a cuyo resguardo viven el armadillo, el huemul, el guanaco, el pudú, el huillín y un roedor endémico denominado chinchillón austral. Entre las aves del parque sobresalen el cóndor, rapaces como el caburé y el águila mora, el cauquén, el cisne de cuello negro y numerosas anátidas. La riqueza piscícola de las aguas costeras sostiene a pequeñas colonias de lobos marinos y otros pinnípedos.

Lentitud de los efectos de la concentración de CO2:
● Hemos lanzado ya a la atmósfera bastante más de lo que pudo lanzar en otra época una de esas provincias volcánicas [grandes extensiones con procesos volcánicos muy intensos y ciclos de altos niveles de dióxido de carbono (CO2) que se dieron en el pasado]. [No hay precedentes del ritmo al que están cambiando actualmente las temperaturas, la acidez de los océanos y los niveles de CO2]. Los efectos tardarán en sentirse porque, aunque parásemos ahora las emisiones, lo peor de sus efectos está por venir ya que la atmósfera tiene un tiempo de reacción muy largo. (Antonio Checa)


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