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La expedición de la Kon-Tiki (1947):
Proyecto del etnólogo noruego Thor Heyerdahl para demostrar la posibilidad de viajes prehistóricos desde Sudamérica con técnicas navales poco desarrolladas.
Durante sus trabajos en la Polinesia había encontrado muchas similitudes en distintos aspectos de culturas separadas por el Pacífico.
Llamó a la embarcación Kon-Tiki mezclando dos tradiciones: la de Con-Ticci-Viracocha, representante del Sol en la Tierra según la leyenda de los indígenas del lago Titicaca, y la historia de Tiki, nombre que la mitología polinesia daba al hijo del Sol. La vela llevaba pintada la cabeza del rey-sol según el modelo que se conserva en las ruinas de la ciudad de Tiahuanaco.
Su teoría de la migración no quedó demostrada pero si probó las sorprendentes cualidades de las embarcaciones prehistóricas. El curso estable del viento y las corrientes fue el factor determinante para las grandes travesías. Debido a la rotación del planeta, los vientos alisios y la corriente ecuatorial han mantenido su comportamiento constante desde que el hombre existe.
Las teorías de Heyerdahl ganaron adeptos tras las expediciones de las Galápagos (1953) y la isla de Pascua (1955-1956). Son muchas las coincidencias entre la cultura de las islas polinesias y la precolombina. Tanto en Polinesia como en Egipto como en la isla de Pascua, el Sol se llama "Ra". En la isla de Pascua se ha encontrado caña de totora.
En 1970 la embarcación Ra II completó en 57 días los 5700 km entre Safi, Marruecos y las Barbados.
La Balsa:
La rudimentaria embarcación estaba formada por nueve troncos de la selva de Quevedo en Ecuador.
Fue construida en dependencias de la Marina Peruana siguiendo la descripción de textos españoles. Tenía una vela cuadrada con la figura de una escultura polinesia dibujada. Si la balsa viraba demasiado de costado al viento la vela se volvía y la embarcación giraba completamente avanzando con la popa por delante. La espadilla medía 6 metros de largo.
La madera de balsa resultó una excelente elección. No absorbió agua en exceso debido a las resinas que guardaba en su interior.
No se utilizó ningún alambre para la sujeción de los maderos sino cuerdas que acabaron penetrando en la madera de balsa, con lo que no se produjeron roturas por rozamiento. El agua que entraba por la borda desaparecía con gran rapidez entre las uniones de los troncos.
Acompañaban a Heyerdahl Knut Haugland, Torstein Raaby, Herman Watzing, Erik y Berg Danielsson. El 28 de abril de 1947, tras el remolcador Guardián Ríos salieron de la bahía de Callao entrando en la corriente de Humboldt que trae masas de agua fría del Antártico y se desvía al Oeste al sur de la línea ecuatorial. Además de los 6 tripulantes a bordo viajaba un loro verde buen marinero cuya lengua nativa era el español y el sociable cangrejo "Joannes" que hacía compañía al hombre de guardia en la espadilla.
Comieron muchos peces voladores fritos recogidos en cubierta y pescaron multitud de dorados y tiburones.
Atravesando cuatro mil millas marinas del Pacífico desde Perú a la Polinesia, llegó a una isla deshabitada tras 101 días de navegación.
La corriente arrastró a la balsa hasta la penúltima de un grupo de islas de difícil acceso por causa de los arrecifes.
Cuando el transmisor accionado por un generador manual fue perdiendo humedad, un radioaficionado de Colorado captó su mensaje CQ que inicialmente tomó como una broma. Los 127 habitantes de la vecina isla de Raroia acogieron entrañablemente a la tripulación con quienes intercambiaron antiguas historias y leyendas de la Polinesia. La tripulación y la balsa fueron trasladados a Tahití a bordo de la goleta Tamara.
Naufragio: Thor Heyerdahl, con un estilo claro y vivaz relata el naufragio en el arrecife de Fenua Kon-Tiki que consiguió atravesar sin bajas personales:
Aquellas horas fueron de terrible ansiedad, durante las cuales íbamos avanzando paso a paso, de costado, contra los arrecifes... Levantamos la cubierta de bambú y cortamos con nuestros machetes los cabos que sostenían las orzas de deriva. Fue faena difícil extraer los tablones, pues estaban cubiertos de una espesa capa de lapas. Con las orzas retiradas, la balsa no tenía más calado que el ancho de los troncos sumergidos y, por consiguiente, seríamos más fácilmente levantados sobre los arrecifes. Sin las orzas y con la vela arriada, quedó la balsa de costado y a merced completa de las olas y el viento... Las olas reventaban atronadoramente, lanzando espuma en el aire, y el mar se levantaba y bajaba con gran furia... Nadie estaba a popa, pues era allí donde se iba a recibir el primer choque. Tampoco eran seguros los dos estays que venían desde la parte alta del mástil hasta la popa, porque si el palo caía, podrían quedarse colgando fuera de la balsa sobre el arrecife.
Cuando nos dimos cuenta de que las olas ya habían hecho presa de la balsa, cortamos el cabo del ancla y nos quedamos libres. Una ola se levantó debajo de nosotros y sentimos que la Kon-Tiki era lanzada al aire. Había llegado el momento supremo; corríamos sobre el lomo de la ola a una velocidad tremenda; nuestra desvencijada balsa crujía y gemía, retemblando bajo nuestros pies.
Una nueva ola creció altísima detrás de nosotros, como una centelleante pared de vidrio verdoso; en el momento en que nos hundíamos, vino enroscándose como una garra gigantesca y en el mismo segundo en que la vi, inmensamente alta sobre mí, sentí un choque violento y quedé sumergido entre torrentes de agua. Sentí la succión en todo mi ser con una fuerza tan inmensa, que tuve que poner todos mis músculos a su máxima tensión y decirme a mí mismo: "¡Agárrate! ¡Agárrate!" Yo creo que en semejantes situaciones de desesperación, cuando el resultado es tan evidente, pueden ser arrancados los brazos antes que el cerebro consienta en desasirse. Entonces sentí que toda la montaña de agua iba pasando y aflojando de mi cuerpo su garra endemoniada... En un segundo todo el infierno estaba otra vez sobre nosotros y la Kon-Tiki desaparecía completamente bajo las masas de agua... La embarcación que habíamos conocido durante semanas y meses en el mar, ya no era la misma. En unos cuantos segundos, aquel agradable mundo nuestro se había convertido en los despojos de un naufragio.
La balsa chocó y fue succionada una y otra vez hasta que consiguió colocarse sobre el arrecife que encerraba la laguna interior de la isla. Procedieron rápidamente al salvamento de la carga antes de aparecieran las inciertas corrientes de la marea. El mástil con toda su jarcia quedó inclinado sobre el arrecife y la espadilla hecha astillas.
"El arrecife se extendía como la muralla de una fortaleza sumergida ...
La Kon-Tiki quedaba allá lejos sobre el arrecife, rodeada de la espuma del mar. Era un despojo, pero un despojo honorable".(Thor Heyerdahl)
Vital Alsar:
Vital Alsar Ramírez nació el 7 de agosto de 1933 en la calle Alta de Santander (Cantabria, España). Considera que su infancia fue muy feliz, siempre en contacto con la naturaleza, sobre todo con el mar.
Vivió en Santander los bombardeos de la guerra civil y el incendio de la ciudad ocurrido en 1941. Fueron tiempos muy duros y de mucho sufrimiento. A pesar de todos los problemas consiguió graduarse en el colegio la Salle y luego se hizo profesor mercantil, actividad que nunca ha ejercido.
Hizo las prácticas del servicio militar en la legión del entonces Marruecos español a petición propia. Allí leyó un libro que habría de resultar fundamental para su vida, sobre la expedición de Thor Heyerdahl, la Kon-Tiki, un viaje a través del Pacífico sobre una balsa. A partir de ese momento comenzó a fascinarse con esa idea. Terminado el servicio militar se trasladó a Francia, donde trabajó durante tres años como transportista, camarero y estibador, al mismo tiempo que estudiaba el idioma por las noches. Tras vivir otros tres años en Stuttgart y Hamburgo comenzó a plantearse en serio poner en práctica su sueño de cruzar el Pacífico en balsa.
Más cerca de su objetivo, en Canadá, trabajó cuatro meses en las minas de hierro de Wabusch Lake, en condiciones extremas de frío. Viviendo en Montreal conoció a Marc Modena, compañero ya para todos sus viajes. Marc en 1956 cruzó el Atlántico, con otros tres franceses, en una balsa de siete troncos de cedro, L´Égare II. Partieron de Halifax, en Nueva Escocia, Canadá. Recorrieron 2.900 millas, en 88 días, hasta llegar a Falmount (Inglaterra).
Con el dinero conseguido, en 1966, ponen en marcha La Pacífica, aunque no conseguirán su objetivo ya que la madera fue atacada por un gusano conocido como "teredo". Se casó la víspera de partir.
En 1970 llegará el momento definitivo. Con La Balsa cruzará por primera vez el Pacífico en balsa, para repetirlo tres años después con Las Balsas callando definitivamente las voces de los científicos que aseguraban que el éxito anterior fue casual.
En definitiva una navegación en balsa que supone haber dado la vuelta al mundo por el ecuador.
Tras las balsas llegaron los galeones y su gran proyecto "Mar, hombre y paz".
La Marigalante le ha dado la oportunidad de llevar el "trapo blanco" a todos los confines. Un proyecto que comenzó en 1980 con el homenaje a Juan de la Cosa, el recuerdo a los exploradores vascos Miguel López de Legazpi y Andrés de Urdaneta, y la conmemoración del Centenario.
Amante del arte y de la poesía, que "escribe y rompe", admira el arte de la voz, la música y está enamorado de la voz del tenor
Actualmente Vital tiene más tiempo para sus nietos. Sobre él se está preparando una biografía en Filadelphia.
Regresó hace unos meses al Amazonas para "recordar un poco" y preparar el libro. Estando allí "apareció el año 2000 en mi mente". Un nuevo proyecto con el que unir a todos los marinos del mundo y dar algo nuevo a los niños. Se trata de un proyecto que se está perfilando.
Vital Alsar y su amigo Philippe Cousteau fueron los ganadores del primer premio Adena Internacional, de la Sociedad Protectora de la Naturaleza, por sus investigaciones marinas. El trofeo fue un delfín de oro diseñado por Salvador Dalí.
Bernard Moitessier:
Nació en Indochina en 1925. Se inició en la navegación en su juventud, con los pescadores del golfo de Siam, y más tarde surcó como patrón los legendarios mares del Sur. Con la experiencia de haber navegado según los métodos más primitivos, y enriquecida su formación por los marinos de Asia, nació en el fondo de su ser este amor por la mar que había de marcar toda su vida. Vivió en solitario ochenta y cinco das en alta mar y se estrelló contra la costa. Tres años de trabajo en la isla Mauricio le permitieron zarpar de nuevo con un barco construido por él mismo. Pero volvió a naufragar, y, sin barco y sin dinero, sin familia y casi sin amigos, permaneció bloqueado en las Antillas, hasta que consiguió llegar a Francia. En 1966, acompañado de su esposa, dobló por primera vez el cabo de Hornos, uniendo sin escalas Tahití con Europa. Fascinado por la gran marejada de las altas latitudes, desea volver a encontrar este soplo de alta mar que, una vez se ha probado, ya no puede olvidarse, y va forjándose en su interior el proyecto irrevocable de dar una vuelta al mundo en solitario y sin escalas.
Isla de Mauricio:
Probablemente fue visitada por navegantes árabes en el s.X y se cree que los malayos llegaron a la isla en el XV. Los portugueses la encontraron deshabitada a principios del s.XVI. Los primeros colonos fueron holandeses que llegaron en 1598 y abandonaron el lugar en 1710. Los franceses ocuparon la isla en 1715 y la llamaron isla de Francia. Durante la guerra Franco-Inglesa de principios del s.XIX fue ocupada por Gran Bretaña (1810). Cuatro años más tarde el tratado de París la cedió definitivamente a los ingleses. Al quedar abolida la esclavitud (1834-1839), tras ser indemnizados los propietarios de esclavos, se hizo sentir la escasez de mano de obra. Para remediarla se llevaron indios muchos de los cuales se quedaron después de finalizar su contrato.
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