EXPEDICIONES
Norteamérica
Catlin



George Catlin:
Se convirtió así en el primer artista (porque Lewis y Clark) no habían llevado a ninguno cuando cruzaron el continente) que viajó hacia el oeste con el único propósito de conocer a los indios, sin intenciones de convertir al salvaje al cristianismo, anexionarse el territorio o levantar mapas del mismo. Con un valor tan descabellado como optimista, decidió, como diría más tarde, partir solo, sin ayuda y sin consejo, resuelto (si salía con vida) a rescatar del olvido, con ayuda de mi lápiz y mi pincel, cuantas costumbres y aspectos primitivos me fuera posible con el trabajo y el ardiente entusiasmo de mi vida entera. Partió sin ayuda, pero no sin consejo.Catlin se dirigió primero a St.Louis, Missouri, a visitar al envejecido decano de los exploradores norteamericanos, el general William Clark, quien había dirigido con Meriwether Lewis la primera expedición que cruzó América de este a oeste hasta llegar al Pacífico, a petición de Thomas Jefferson en 1803-1804. Clark era por entonces superintenendente de asuntos indios en el territorio del Missouri. Dejó que Catlin explotara sus conocimientos y permitió que el artista lo acompañara en un viaje a Wisconsin en 1830. En marzo de 1832, Catlin emprendió el primero de sus propios viajes. La American Fur Company de John Jacob Astor, que desde su fundación en 1808 se había hecho prácticamente con el monopolio de los recursos orientales de pieles de castores, nutrias, glotones y otras valiosas especies, tenía un barco de vapor, el Yellowstone, construido para hacer el trayecto entre los fuertes y las factorías comerciales que salpicaban el Missouri. Su ruta abarcaba cerca de dos mil kilómetros, la mayor parte de los cuales seguían los pasos de Lewis y Clark hacia el corazón del continente a lo largo del Missouri, una diagonal trazada hacia el noroeste desde St.Louis, por la frontera de nebraska, atravesando Dakota del Norte y del Sur hasta el cruce con el río Yellowstone cerca de la frontera con Montana. esta amplia extensión de territorio era el hogar de indios de las praderas sioux, chippewas, assiniboines, y mandan. Catlin consiguió un camarote en el primer viaje del Yellowstone. Duró tres meses, durante los cuales Catlin trabajó como un poseso, pintando guerreros, jefes y mujeres indias, observando sus rituales, cabalgando con ellos en las cacerías del búfalo, entrando en sus tiendas y cabañas-sauna y tomando abundantes notas en su diario sobre su aspecto, costumbres, dieta y ceremonias. Los indios de las praderas tenían tradiciones artísticas propias, pero ninguna de retrato descriptivo, de modo que la visión de aquel hombre blanco pintando reproducciones que parecían reales de los jefes de las tribus les fascinó..., si hemos de dar crédito a la propia representación que hace Catlin de sí mismo pintando un retrato del jefe mandan Mato-Tope (Cuatro Osos) (1857-1869).

[...] Lo que Catlin, Bodmer y Maximilian dejaron a la posteridad sobre los mandan en sus dibujos y notas supone prácticamente la totalidad de lo que se conoce de la tribu. Porque no fueron ellos los únicos blancos que los encontraron. Desde 1804, año en que la expedición de Lewis y Clark atravesó su territorio, habían tenido lugar contactos regulares. Las visitas de mercaderes y tramperos habían llevado los gérmenes de la viruela. En 1837, una epidemia devastó la tribu, dejando a menos de ciento cincuenta miembros con vida. Mato-Tope, que siempre había considerado importante recibir bien a los blancos, pronunció una maldición en su lecho de muerte. (Robert Hughes)

Retratos de los últimos días de las tribus indígenas:
A los pocos años [tras la expedición de Lewis y Clark de 1804] empezó ya la gran caravana de carros hacia el Oeste. Vino la rebelión de Tecumseh, cabecilla de los shawnees. Y hacia el año 1810, el francés Volney, que visitó el actual estado de Indiana, pudo ver lo que los comerciantes y granjeros de la frontera habían hecho entretanto con los indios:

    Desde las primeras horas de la mañana andan ya hombres y mujeres por las calles con la intención de procurarse aguardiente. A cambio de un poco de alcohol entregan sus pieles, sus tesoros, sus vestidos y todo lo que poseen. Una vez en posesión del aguardiente, lo van engullendo hasta perder por completo los sentidos. El vaso pasa de mano en mano acompañado de gritos. A cada momento puede verse por las calles una docena de estos indios víctimas del alcohol, o se les encuentra echados refunfuñando junto a los caminos. Es raro el día en que no hay disputas, cuchilladas u otros accidentes. (Volney)

De la misma manera que veía a los indios destrozados por la civilización y el aguardiente el francés Volney, los veían también los colonizadores puritanos. Pero que aquellos hombres podían ser de otra manera, no se descubrió hasta 1832, gracias a dos pintores y un naturalista: George Catlin, Karl Bodmer y el príncipe de Wied. Estos volvieron a encontrar en el Oeste salvaje a los hombres primitivos y sanos que tanto habían entusiasmado a Rousseau y en los que todavía se soñaba en Francia. Entre los años 1832 y 1834, el príncipe Maximiliano von Wied-Neuwied, uno de los zoólogos y coleccionistas más distinguidos de aquellos días, recorrió con el pintor suizo Karl Bodmer la región del Missouri superior, y a su regreso, publicó una obra magnífica, con ilustraciones de Bodmer, que presentaba por primera vez ante los ojos de los lectores europeos los pueblos indios en su estado natural. Y George Catlin, pintor y abogado de Pensilvania recorrió también durante ocho años los territorios del sur y oeste del país, vivió entre los indios y publicó un libro con trescientos grabados al acero bajo el título de Letters and notes of the manners, customs and conditions of the North American Indians; éste fue el primero de una larga serie de libros simpatizantes con los indios, que más tarde habrían de provocar el gran cambio de opinión. Catlin deshizo la fábula intencionada de la bestialidad de los pieles rojas. Visitó cuarenta y ocho tribus distintas, dibujó y pintó más de mil quinientos apuntes de la vida, costumbres y cultos indios, aprendió a conocer la danza del búfalo, la magia, las concepciones de tabú, los métodos de caza, el arte de curar y las fiestas de conjuración de los indios y llegó a la conclusión siguiente:

    He observado durante mucho tiempo y con mirada crítica los rostros de estos hijos de la pradera, que jamás se alteraron por las preocupaciones... En nombre de esta gente pacífica y generosa, todavía no mancillada por los vicios del mundo civilizado, declaro solemnemente: El honor de nuestro país, el honor del ciudadano de la República, la dignidad humana, exigen que nuestro gobierno intervenga, por fin, enérgicamente para preservar a los indios que todavía quedan de la peste que les amenaza de una manera inmediata. (George Catlin)

Catlin entendía por peste la invasión del hombre blanco en la pradera. Pero como el gobierno tenía precisamente interés en ganar terreno hacia el oeste, no hizo caso de aquella llamada y no intervino. La gente se burló del idealismo de Catlin; los más atrevidos le preguntaban cómo se las había arreglado para vivir tanto tiempo entre los salvajes y conswervar su cuero cabelludo. (Wendt)


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