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Jacques Cartier (Saint Maló 1491-1557):
En 1534 recibió de Francisco I la misión de buscar un paso en el Noroeste hacia Oriente. Llegó al golfo de San Lorenzo, por el estrecho de Belle Isle y, después de explorar las costas del oeste de Terranova, la isla de Príncipe Eduardo y Nueva Brunswick, desembarcó en Gaspé y reclamó el territorio para Francia. En 1535 volvió a viajar a América del Norte, descubriendo el río San Lorenzo. Le atraían los relatos que había oído sobre las grandes cantidades de oro y piedras preciosas que podría hallar en el reino de Saguenay, y prosiguió río arriba hasta Hochelaga (Montreal), volviendo luego a Stadacona (Quebec), donde pasó el invierno. Muchos de sus hombres murieron de escorbuto antes de que regresase a Francia. En 1541 fue nombrado piloto de una expedición colonizadora al mando de Sieur de Roberval. Debido al retraso de éste, Cartier le precedió estableciendo una colonia en Cap Rouge, que se llamó Charlesbourg-Royal. Más tarde reunió grandes cantidades de lo que creía eran oro y diamantes, y las llevó a Francia, donde se descubrió que carecían de valor.
Samuel de Champlain (Brouage h.1567-Quebec 1635):
En su juventud luchó en las guerras de religión, bajo Enrique de Navarra, hasta 1598, año en el que se enroló en un buque español que emprendió una expedición de dos años a las islas del Caribe y Centroamérica. En 1603 exploró el golfo de San Lorenzo hasta la altura de Montreal, y al siguiente año acompañó al señor de Montrs a Norteamérica y exploró la costa hasta el cabo Cod, en el sur, trazando el mapa de la región y fundando un campamento en Port Royal. En 1608 fundó la ciudad de Quebec, a la que dedicó virtualmente el resto de su vida. Mientras luchaba al lado de los algonquinos y los hurones -con los que enseguida entabló un provechoso comercio de pieles- contra los iroqueses, descubrió el lago Champlain (1609). En 1611 estableció una factoría comercial y en 1612 fue puesto al frente de Nueva Francia como gobernador. En 1613 navegó río arriba en busca del "mar del Norte" por el río Ottawa, pero dio media vuelta a la altura de la isla de Allumette. En 1615 ascendió de nuevo por el río hasta la bahía de Georgia. Invernó en el país de los hurones y luchó al lado de éstos contra los iroqueses. Los hurones fueron derrotados y Champlain resultó herido. Regresó a Quebec en 1628, pero al año siguiente ésta fue tomada por los hermanos Kirke, y Champlain fue encarcelado en Inglaterra. En 1632 la colonia fue restituida a los franceses y Champlain regresó a Quebec en 1633, donde permaneció hasta su muerte.
Jolliet y Marquette:
Exploradores que descubrieron la desembocadura del río Mississippi en el golfo de México. Jolliet, un francocanadiense de Quebec y Marquette, un misionero jesuita francés, salieron de St.Ignace, Michigan, con cinco compañeros, en la primavera de 1673. El grupo ascendió hasta el río Fox y desde allí se dirigió hacia el río Wisconsin, desde el cual tomaron el Mississippi y siguieron su curso hasta la desembocadura del río Arkansas. Allí hicieron un alto en su viaje, al decidir, según sus propias exploraciones y la información dada por los indios locales, que el río discurría hasta el golfo. El viaje de regreso lo efectuaron vía el río Illinois y el lago Michigan. En Montreal volcó la canoa de Jolliet y se perdieron sus apuntes y mapas. El mapa que rehizo de memoria coincidió con el de Marquette, cuyos documentos se convirtieron en el informe oficial de la expedición. Como recompensa por su labor, y por un ulterior viaje a la bahía de Hudson, el gobierno francés regaló a Jolliet la isla de Anticosti, en el golfo de San Lorenzo. Construyó un fuerte en ella que fue destruido por los británicos en 1691.
Pierre Gaultier de Varennes, Sieur de la Vérendrye (1685-1749):
Comerciante y explorador franco-canadiense, nacido en Trois-Rivières, Quebec. Aunque nunca alcanzó el mar Occidental, sus logros trazando los mapas de los lagos Winnipeg, Winnipegosis y Manitoba, así como su conocimiento de los principales ríos de la región, constituyeron una aportación esencial para la colonización de Canadá occidental. Tuvo una vida inquieta y llena de múltiples experiencias. Sirvió en el ejército francés, se dedicó al comercio de las pieles y más tarde fue nombrado jefe de un puerto militar en el lago Nipigon, Ontario. En 1729 obtuvo del gobierno de Quebec permiso para explorar la parte occidental de Canadá, y se le otorgó un monopolio de pieles más allá del lago Superior, con la condición de que buscase una ruta hacia el mar Occidental. En 1730 partió con tres de sus hijos y un sobrino, y en 1738 llegó al Missouri siguiendo el río Rojo. A pesar de graves dificultades, dos de sus hijos llegaron, en su camino hacia el oeste, hasta las Montañas Negras (1742-1744). Durante el viaje Vérendrye estableció una serie e factorías comerciales y fuertes, entre estos últimos Fort St Pierre, Fort St Charles y Fort Maurepas. En 1743 enfermó, contrajo deudas y se vio obligado a regresar a Montreal, donde su licencia fue revocada (1744). En 1749 le fue concedida la cruz de San Luis.
Islas del Artico:
En 1576, sir Martin Frobisher fue el primero entre otros muchos marinos británicos en aventurarse en aguas del Artico. Sus pequeñas embarcaciones no eran adecuadas para unas aguas cubiertas de hielo, y el escorbuto era una amenaza constante. El mayor desastre se produjo en el tercer viaje de John Franklin en 1845, en el que perecieron los 129 hombres de la expedición. Al contrario que Franklin, los exploradores por tierra que adoptaron la indumentaria de los nativos y cazaron para alimentarse pudieron viajar grandes distancias sin problemas. El primer europeo que alcanzó por tierra la costa ártica de América del Norte fue Samuel Hearne, quien en 1770-1772 realizó un viaje junto con un guía chipewyan, Matonabbee, entre el fuerte Príncipe de Gales, en la bahía de Hudson, y la desembocadura del río Coppermine.
La idea de usar la bahía de Hudson como base para el comercio de pieles surgió de dos desleales coureurs de bois ("corredores de bosque") de Nueva Francia: Pierre-Esprit Radisson y Médard Chouart, Sieur des Groseilliers. Creada por una carta real en 1670, la Compañía de la Bahía de Hudson controlaba las cuencas de los ríos que desembocaban en las bahías de Hudson y James. Junto a la rival Compañía del Noroeste, la Compañía de la Bahía de Hudson estableció con el tiempo factorías en todo el norte y arrastró a los pueblos nativos a una nueva economía mercantil basada en la moda europea de los sombreros de castor. Los traficantes de pieles y los voyageurs se casaban a menudo con nativas, y sus descendientes, llamados métis, desarrollaron una lengua y una cultura propias y fundaron la provincia de Manitoba.
Conflictos entre franceses y británicos (s.XVIII):
Si bien el tratado de Utrecht, en el año 1713, devolvió la paz entre Francia e Inglaterra, ambos países siguieron el conflicto en territorio americano, al que enviaron tropas y veteranos de las batallas continentales para luchar en los bosque al otro lado del Océano. En esta ocasión, los que soportaron los duros efectos de la guerra fueron los colonos ingleses y los franceses del Canadá. Los nietos de los primeros colonos puritanos empezaron a darse cuenta de que nada bueno obtendrían mediante la tutela de la madre Patria. Más les valía ser ciudadanos americanos que súbditos de ultramar.
Las tribus indias, implicadas en guerras ajenas, fueron alternativamente aliadas de ingleses y franceses. La confrontación decisiva entre ambas partes se llevó a cabo en 1755. El primer hecho relevante fue la derrota -cerca de la actual Pittsburg- del general inglés Edward Braddock. Dos años más tarde, sobre el lago George, el fuerte William Henry fue destruido y su entera guarnición aniquilada por los indios que acompañaban al general francés Montcalm de Saint Veran.
La respuesta inglesa no se hizo esperar. En 1758, las tropas británicas mandadas por el general James Abercrombrie cercaron a las francesas en Ticonderoga. La encarnizada lucha en la explanada de Fort Carillon fue inútil: tras varios meses de batallas, ingleses, colonos y una parte de los indios iroqeses ganaron la partida. La vía hacia la conquista de las colonias francesas de Canadá estaba libre. (H.Pratt)
El paso noroeste (s.XIX):
Los ingleses insisten en forzar el paso noroeste, que sería el más corto camino de enlace con su colonia Australia. William Parry (1790-1855) llegó en 1818 a la isla de Melville. James Clarke Ross (1800-1862) determinó en 1831 la situación del Polo Norte magnético. La desgraciada expedición de John Franklin (1786-1847) desencadenó la "búsqueda de Franklin", en la que se exploró entre 1848 y 1889 el continente norteamericano, y se evidenció la inutilidad de la vía marítima. La apertura del canal de Suez (1869) hizo que los ingleses desistieran finalmente en su empeño.
En las cuatro décadas que siguieron al trágico final de la empresa de Franklin, se produjeron unas cuarenta expediciones de exploración y búsqueda a cargo del gobierno británico o por cuenta de compañías particulares, desde el Atlántico Norte, el estrecho de Bering, o el continente canadiense, al Archipiélago ártico ante la costa norteamericana. Las más importantes de estas expediciones fueron:
- La de James Clarke Ross, que penetró en 1848-49 en el estrecho de Barrow.
- La de John Rae (1813-1893), que recorrió por tres veces el archipiélago desde el continente
- La de Robert John MacClure (1807-1873) que llegó desde el estrecho de Bering al de Viscount Melville, que ya había alcanzado Perry desde el este.
- La de Francis L. McClintock (1809-1907), que fue el primer explorador ártico que empleó trineos de perros y halló el primer campamento de invernada de Franklin.
Edward Belcher (1799-1877) condujo la última expedición del gobierno británico durante la búsqueda de Franklin. Los participantes en ella trazaron, en numerosas exploraciones en trineo efectuadas de 1852 a 1854, el mapa del archipiélago canadiense.
En la zona de la travesía nordeste quedaban aún por solucionar algunos extremos de los trabajos de Bering y Cook. En 1878 quedó clavado en el hielo Adolf Trik Nordenskjöld (1832-1901), un día antes de que pudiera terminar toda la travesía en un solo período de navegación. Los rusos, que lograron más tarde atravesar varias veces ese paso, se limitaron prácticamente a la apertura de una "ruta marítima nordsiberiana" entre los puertos rusos nórdicos y la costa siberiana.
Poco después de que Nordenskjöld completara la travesía, zozobró en los hielos, ante las islas de Nueva Siberia, la expedición "Jeanette", al mando de George de Long (1844-1881), quien por encargo del rey americano de la prensa (que también patrocinó a Stanley), debía llevarle ayuda desde el este.
Las tierras de la Compañía de Hudson fueron adquiridas en 1870 por el recién creado Dominio de Canadá, al que diez años más tarde Gran Bretaña transfirió la soberanía de las islas del alto Artico. En una década, Canadá había multiplicado por nueve su territorio. Las expediciones del noruego Otto Sverdrup en 1896-1902 representaron una amenaza para la soberanía canadiense, cuando cartografió la costa occidental de la tierra de Ellesmere y dio la vuelta a las islas Axel Heiberg y Ringnes con trineos y perros. La reivindicación por Noruega de estas islas cesó en 1930 a cambio de 67.000 dólares, una ganga para un territorio de unos 260.000 kilómetros cuadrados.
El canal de San Lorenzo (1959):
Los cinco Grandes Lagos de la zona fronteriza entre Estados Unidos y Canadá deberían llamarse en realidad un mar. A veces también se los llama el Mar Mediterráneo de Norteamérica, pues la superficie que ocupan los lagos Superior, Hurón, Michigan, Erie y Ontario corresponde aproximadamente a la superficie total de la Península Ibérica. El desagüe natural de los Grandes Lagos en el Atlántico es el río San Lorenzo. Siguiendo su curso llegaron a esta tierra los colonizadores. Ya es antiguo el plan de convertir en una vía naval el interior del curso, de más de 3700 km, del río San Lorenzo, desde la desembocadura hasta Duluth, en el lago Superior. Canadá fue el país que demostró mayor interés por el proyecto. Los norteamericanos, por su parte, parecían menos interesados. Pero en el año 1932 ambos Estados firmaron un acuerdo para la construcción conjunta del canal de San Lorenzo. Había que superar las dificultades técnicas, como la diferencia de altura entre los lagos, rápidos en el río, la necesidad de construir numerosas esclusas y canales, pero tampoco los problemas económicos podían ser insolubles. En el año 1959 se dio por finalizada la construcción de la mayor vía naval continental. Los cargueros y transatlánticos pueden navegar ahora desde el Atlántico hasta el mismo corazón de América. Durante este trayecto, 16 esclusas los elevan a una altura de 183 metros sobre el nivel del mar. (Roland Gööck)
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