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Contrabando siglo XX



Contrabando de guerra (s.XX):
En derecho internacional público, conjunto de bienes que por su naturaleza son propios para ser utilizados en fines bélicos y que se destinan a un beligerante por medio del transporte marítimo de propiedad privada. Es necesario el destino hostil de las mercancías para merecer la calificación de contrabando, ya que por su naturaleza intrínseca gran número de objetos puede servir a muy distintos usos. Ya Hugo Grocio estableció una clasificación tripartita de las cosas desde el punto de vista del contrabando de guerra: a) mercancías cuyo destino militar es inequívoco: armas, municiones y material bélico en general; b) objetos cuyo destino puede ser dudoso, como, según ejemplo del mismo Groicio, caballos, a los que se puede agregar en lista interminable carbón, hierro, petróleo, algodón, etc. Con la evolución de la guerra en nuestra época, prácticamente y salvo muy escasas excepciones, casi todos los bienes se consideran contrabando de guerra. La Convención de Londres de 1909 recogió la distinción clásica, ya apuntada, entre contrabando absoluto y contrabando relativo. El primero comprende objetos destinados exclusivamente a fines bélicos; el segundo, aquellos bienes cuya utilización puede ser indistinta para fines bélicos o pacíficos. Así el algodón no figuraba en 1909 en la lista de mercancías de contrabando relativo, pero posteriormente fue incluido en ella por servir para la fabricación de explosivos. En la práctica, sin embargo, la distinción ha carecido de interés por la no ratificación de la Declaración de Londres. En la I Guerra Mundial los aliados reconocieron el derecho a confiscar otros objetos y mercancías que los consignados en la citada Convención y Gran Bretaña abandonó la distinción entre contrabando absoluto y relativo a raíz de la decisión alemana de reservarse el empleo de todas las mercancías que ocupase si podían ser utilizadas para el Ejército. La consecuencia principal del contrabando de guerra es que las mercancías que lo constituyen pueden ser objeto de derecho de presa, aunque su propiedad sea de neutrales y viajen en buques también neutrales. El estado neutral no tiene la obligación de prohibir a sus súbditos el comercio privado con los beligerantes, pero habrá de tolerar la captura y confiscación de los citados bienes por los beligerantes. (J.A.Zarzalejos)

El bloqueo naval jugó un importante papel dificultando el funcionamiento de la industria de guerra. El gobierno británico, apoyándose en su superioridad en tonelaje, forzó un endurecimiento unilateral del control del contrabando de guerra. La Royal Navy patrullaba de forma permanente las aguas próximas a Canarias durante la Primera Guerra Mundial. Algunos barcos de pasajeros de bandera española fueron conducidos a Gibraltar para proceder a una inspección detallada.

Recuerdos de Eleno Machín (años 40):
Pero sí había estraperlo, cómo no. Buena va. Ya se murió, pero el mismo alcalde que había allí [Fuencaliente en la posguerra] iba para abajo pa cuando venían esas falugas y él mismo hacía el estraperlo abajo con azúcar, con granos. En las falugas venía el suministro del pueblo cuando no había carretera. Abajo en el puerto habían unas cuevas de los dueños de los comercios y ahí guardaban las cargas y después las iban subiendo para arriba con las bestias.

Vigilancia en el puerto (años 60):
En la época aquella no había hambre, pero se cobraba poco y había que tirar pa'lante, y el que podía sacar un kilo de millo lo sacaba. El guardián, al que le dejábamos la caseta, a lo mejor nos decía ¡mira que allí hay una caja rota!, y sacábamos un par de latas de sardinas para desayunar esa mañana con un buchito de agua o un bitoque que hacíamos si podíamos. Antes, cuando el vino venía en barricas de hasta 500 litros, hacíamos un agujero con un berbiquí, llenábamos una botella, cerrábamos el agujero con una astilla y hechábamos un poquito de tierra y ya está. Me acuerdo una vez que venía una barrica de la península y mientras la bajaban se soltó una de las dos eslingas y al caer al suelo saltó la tapa. Y claro, todo el mundo a beber vino, y eso que la barrica estaba tan llena de astillas de años y años haciendo bitoques en ella ¡que hasta asomaban! Otra vez se lo hicimos a una barriquita de 50 litros que venía de El Hierro en el Correíllo. Cuando nos dimos cuenta la habíamos vaciado, y porque salió el consignatario de la Trasmediterránea gritando quiénes serían los cabrones que le dieron el bitoque a la barrica del cura de La Concepción. Se la habíamos vaciado y el cura, que se la mandaba un terrateniente amigo suyo del Hierro, puso una denuncia. Menos mal que no pillaron a nadie, pero es que allí tenían barrena desde los portuarios hasta los camioneros. (Antonio Rivero, Calixto, 2006)

Mares interiores: Derecho de paso:
Jurídicamente las aguas interiores van desde el mar territorial hacia el interior del territorio del Estado. comprendiendo ensenadas, puertos, canales marítimos. radas obras y estuarios. El artículo 51 del Convenio de Ginebra (1958) sobre mar territorial y zona contigua las considera como las aguaa situadas en el interior de la línea de base del mar territorial. El principio que domina la condición jurídica de las aguas interiores es que su estatuto queda determinado por el Estado soberano de las mismas. Este régimen jurídico particular las asimila pura y simplemente al territorio estatal; sobre ellos el estado ribereño ejercerá una soberanía plena y absoluta. El Estado podrá reservar a sus nacionales el derecho de pesca en tales aguas, e incluso, el de exclusiva navegación, prohibiéndose, en principio, la libre circulación por ellas de los barcos extranjeros salvo el permitido, en determinadas condiciones, paso inocente. La autonomía con que se puede establecer la legislación da lugar a una variada gama de disposiciones jurídicas, especialmente en el caso de los puertos, en que se superponen variadas funciones como son las fiscales, económicas, mercantiles y de organización.


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