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Emilio Salgari



Emilio Salgari Emilio Salgari (Verona 1862-Turín 1911):
Nació el 22 de agosto de 1862. Periodista y escritor italiano, prolífico, popular, de cuya vida hay períodos que se desconocen. Cultivó el género de la novela de aventuras y ficción, que denotan una formación de buen lector de literatura narrativa. Su obra fue bien acogida por el público italiano, especialmente en Verona, donde publicó por entregas El tigre de la Malasia, publicación que se realizó en La Nueva Arena, en 150 entregas, desde el 16 de octubre de 1883 hasta el 13 de marzo de 1884, y que constituyó su obra más conocida, la que se publicó como libro con el nombre de: Los tigres de Mompracem. Fracasó en sus estudios en la Academia Naval de Venecia, y en toda su vida realizó apenas una única travesía por el Adriático. Pero pudo ser un aventurero a través de la literatura: una de sus obras más conocidas es la serie de once episodios de Sandokán, de la cual forma parte El rey del mar y la serie de aventuras marítimas del Corsario Negro. La cantidad de obras de su autoría no le brindaron una tranquilidad económica, sino por el contrario, vivió sin recursos, situación que lo hizo suicidarse haciéndose el harakiri, el 25 de abril de 1911.

    Explotación editora:
    El capitán Emilio Salgari fue el escritor más popular de su tiempo, pero editores sin escrúpulos le explotaron hasta la consunción; amarrado como un galeote a su mesa hipotecada, alimentándose sólo de café negro, trabajando catorce horas diaras, y dieciséis horas diarias para sacar adelante a sus hijos pequeños y su mujer loca, narró las victorias de piratas remotos y el hundimiento del Rey del Mar. Una mañana de invierno dejó definitivamente la pluma, tras recomendar su familia a los negreros que le explotaron:"Yo os he hecho ricos; preocupaos al menos un poco por mis hijos."Una hora más tade se hizo el hara-kiri con un yatagán sobre la nieve recién caída, cerca de Turín. Shakespeare, Salgari, nombres, páginas y humo, pasto para el vampirismo del journaliste y para el arrobo inicial del niño. Al cabo, nada nos deben: les debemos cuanto han escrito. (Fernando Savater)

Ilustración libro Sandokán Obras:
Según su temática, sus obras se agrupan en los de la jungla, los de corsarios (Sandokán), los del oeste americano y sus aventuras y personajes han sido llevados al cine y la televisión. Entre ellas se pueden citar:
Los piratas de la Malasia
Los tigres de Mompracem
El Corsario Negro
Yolanda, la hija del Corsario Negro
El león de Damasco
El buque maldito
Aventuras entre los pieles rojas
La cimitarra de Buda
Cazadora de cabelleras
El misterio de la jungla negra
Sandokán, el rey del Mar
Los tigres de la Malasia
El Capitán Tormenta
La Reina de los Caribes
Robinsones
Los dos tigres
Los náufragos del Liguria
Los náufragos del Spitzberg
Invierno en el Polo Norte
El Filtro de los Califas

Estudio de Jack London Sandokán, el rey del Mar:
Doce de dichos hombres tenían un color de tez muy oscuro, asemejándose mucho a los malayos, o, por lo menos, a los dayakos; En cambio, los otros dos eran de raza caucásica, y vestían uniformes de oficiales.

Todos ellos eran gente robusta, altos y musculosos; cerca de sus respectivos asientos llevaban carabinas de fabricación india, pesados sables de hoja muy larga y puñales ondulados, los famosos y temibles kriss malayos.

La chalupa, que avanzaba silenciosa y velozmente, dirigida por Yáñez, que iba al timón, se encaminaba hacia una bahía muy amplia que se divisaba en la costa occidental de la isla grande de Borneo, por la parte que la bañan las aguas del golfo de Sarawak.

A pesar de que la noche era oscurísima, la chalupa avanzaba sin ninguna vacilación, deslizándose por entre las escolleras coralíferas que asomaban entre dos aguas, a babor y a estribor, y contra las cuales se deshacía la resaca con prolongados mugidos.

Iba con rumbo a un pequeño punto luminoso que se vislumbraba en el fondo de la rada, y que tan pronto se elevaba como descendía, como si fuera zarandeado por continuas sacudidas.


Fotograma de Pinocho Pinocho:
Yo soy el bacalao, tu compañero en la barriga del dragón.
-¿Cómo has conseguido escapar?
- He imitado tu ejemplo. Tú me has enseñado el camino, y yo no he hecho más que seguirte.
-¡Oh, querido bacalao; no has podido llegar más a tiempo! ¡Por nuestra amistad, por la salud de la respetable bacalada, tu mujer, y de tus bacalaítos, te ruego que nos ayudes, porque si no estamos perdidos!
-¡Pero, hombre! ¡Pues ya lo creo! ¡Con mil amores ¡agarraros a mi cola y dejaos llevar! ¡En cuatro minutos os conduciré a la orilla! Ya podéis suponeros que padre e hijo se apresuraron a aceptar la amable invitación del buen bacalao; pero en vez de agarrarse a la cola, creyeron mucho más cómodo sentarse encima de él, pues era un bacalao mucho mayor que los corrientes y con una fuerza tan grande, que era campeón de boxeo en su pueblo.
-¿Pesamos mucho? - le preguntó Pinocho.
-¡Hombre! ¡Absolutamente nada! ¡Me parece llevar encima dos conchas de almeja! - respondió el complaciente bacalao. Al llegar a la orilla saltó Pinocho el primero, y ayudó a su papá a hacer lo mismo. Después. dirigiéndose al bacalao, le dijo con voz conmovida:
-¡Amigo mío, has salvado a mi padre, y mi agradecimiento es tan inmenso, que no puede expresarse con palabras! ¡No te olvidaré nunca, porque los ingratos son los más despreciables de los hombres! Ahora permíteme que te de un beso en señal de eterna gratitud. El bacalao sacó la cabeza del agua, y Pinocho se acercó y le dio un cariñoso beso en la boca. Ante esta expresiva muestra de afecto, a la que no estaba acostumbrado, el pobre bacalao se conmovió de tal manera, que, avergonzándose de que se le viera llorar como un chiquillo, metió la cabeza en el agua y desapareció. (Carlo Collodi)


Azzurro:
[...]
Busco algo de África en el jardín,
entre el laurel y el baobab,
como hacía cuando era niño,
pero aquí hay gente, y ya no se puede,
están regando tus rosas,
no está el león, quién sabe dónde está.

Cerco un pò d'Africa in giardino,
tra l'oleandro e il baobab,
come facevo da bambino,
ma qui c'è gente, non si può più,
stanno innaffiando le tue rose,
non c'è il leone, chissà dov'è...


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