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HISTORIA
Africa
Sudáfrica: zulúes



Africa Los zulúes derrotados por las ametralladoras británicas (1879):
Los zulúes son un pueblo bantú, de más de cinco millones de personas, que habita en la parte noreste de la República Sudafricana, ante todo en la provincia de Natal, en la región conocida como Zululandia, Aquí, al principio de la década de 1970, el gobierno creó un homeland (bantustán) para los zulúes Kwa Zulú, que, sin embargo, es incapaz de alimentar a todos sus pobladores. Al igual que otros grupos cercanos (por ejemplo, xosa y ndebele), hablan un idioma nguni; estos idiomas se diferencian mucho de los idiomas bantúes, entre otras cosas por sus sonidos "clic". Originariamente los zulúes eran un pueblo dedicado al pastoreo; ahora son, sobre todo, agricultores. Al principio los zulúes eran tan solo un pequeño clan que vivía al norte del río Tugela. Un hijo de jefe desterrado, Shaka (Chaka), nacido en 1787, se refugió con el jefe vecino Dingiswayo y se convirtió pronto en un famoso guerrero. En el año 1816 se hizo jefe del clan zulú. Reformó las tácticas de lucha; entre otras cosas introdujo el assegai corto y entrenaba a sus guerreros en la lucha cuerpo a cuerpo. Toda la población -incluidas las mujeres- se encuadró en regimientos disciplinados, basados en la edad. Los más ancianos constituían fuerzas de protección civil. Shaka construyó un imperio que comprendía todo el norte de Natal. Nuevos grupos se unieron, otros fueron anexionados después de haber sido vencidos en combate. De esta forma se creó la nación zulú actual.

Shaka Pero en medio de la agitación general aparecieron conflictos y escisiones. Bajo Moselikaté, un grupo zulú marchó hacia el norte y creó un nuevo imperio alrededor de su nuevo cuartel general, Bulawayo, en el actual Zimbabwe; fueron conocidos como los ndebele (matabelé). Shaka fue asesinado en 1828; le sucedió el cruel Dingaan. Mpande gobernó generalmente en paz durante los años 1838-1873. Su sobrino Cetshwayo logró el poder después de luchas internas. Fue un buen gobernante, pero el acercamiento de los británicos en Natal condujo a una serie de refriegas y escaramuzas (guerras del cafre). En enero de 1879 los británicos atacaron sin provocación para doblegar a sus tercos vecinos. Así empezó la guerra zulú. La primera invasión fue repelida. Una columna de ataque británica fue aniquilada en Isandnlwana (Isanduana), otra fue obligada a huir en la montaña Hlobane. Una tropa de retaguardia fue duramente acosada en Rorke's Drift. Los zulúes lograron estas victorias gracias a una curiosa mezcla de espíritu ofensivo e inteligente táctica disciplinada, pero sufrieron una cantidad de bajas escalofriante ante los rifles de retrocarga y las ametralladoras de los británicos. En mayo los invasores comenzaron una nueva ofensiva. Ahora habían aprendido a utilizar fuego a discreción en lugar de confiar en los sables y las bayonetas, y el ejército zulú fue vencido en Ulundi. Cetshwayo fue apresado. El año 1882 fue instaurado de nuevo como rey títere en el protectorado de Zululandia; murió en 1884


Ceremonia colonial Los británicos se ensañan con los zulúes (1879). Por César Vidal:
Cuando, en 1879, las fuerzas británicas se adentraron en Zululandia para aniquilar a los ejércitos zulúes del rey Cethswayo, distaban mucho de iniciar una aventura colonial como la que llevaron a cabo los Italianos en Adoua o los alemanes en Samoa. Se podía decir que su imperio era el más sólido de la época, pero también el que llevaba un período mayor de expansión ininterrumpida. En un sentido estricto, ésta se había iniciado a mediados del siglo XVI cuando la muy frágil -dinástica y políticamente- Inglaterra buscó una salida a la asfixia que podían imponerle españoles, franceses y holandeses mediante el establecimiento de una serie de colonias ultramarinas en América del Norte. Paradójicamente, fue la búsqueda de la libertad de conciencia el mayor acicate para que los ingleses se trasladaran al otro lado del océano y durante el siglo XVII la expansión colonial se escribió con los renglones predestinados del puritanismo. Presbiterianos y cuáqueros establecieron las bases de lo que luego sería Estados Unidos, y el puritano Cromwell asestó un golpe mortal a la marina holandesa del que no llegaría a reponerse nunca. A comienzos del siglo XVIII, el Imperio Británico experimentó un extraordinario despegue. No sólo controlaba posiciones estratégicas de gran importancia, como Gibraltar y Menorca, sino que con el paso de las décadas se convirtió en la potencia colonial en la India y el Canadá tras vencer a los ejércitos franceses. Ciertamente, el

[Expansión colonial victoriana (s.XIX):]
Imperio su frió un golpe considerable cuando, durante el reinado de Jorge III perdió las colonias de América del Norte conocidas a partir de entonces como Estados Unidos pero, desde la derrota de Napoleón en 1815, el Imperio Británico experimentó un proceso de expansión sin precedentes e, igual que había sucedido con el imperio español, en este crecimiento se unieron razones económicas -fundamentalmente, la obtención de materias primas y mercados para sus manufacturas- e idealistas. De hecho, Gran Bretaña iba a convenirse en el terror de los tratantes de esclavos en todos los continentes y acabó consiguiendo, siquiera formalmente, la eliminación de este tráfico en todo el orbe. El reinado de Victoria I estuvo marcado precisamente por las contradicciones de estas visiones que abogaban tanto por la expansión como por los altos ideales. Los resultados fueron, por ello, bien diversos, incluyendo desde la postura abandonista del liberal Gladstone, que concluyó con la muerte de Gordon en la plaza sudanesa de Jartum, a la expansionista de Disraeli. Acabó imponiéndose esta última y, para la década de los setenta, era obvio que Gran Bretaña no sólo se iba a mantener en la India, Canadá, Australia, Nueva Zelanda y un rosario de bases militares, que lo mismo se enclavaban en China que en territorio español o hispanoamericano, sino que además buscaba ampliar su expansión en Africa. De hecho, durante los años 1876-8, se habían producido en el sur de Africa una serie de guerras nativas cuya finalidad era contener el avance de los bóers sobre territorio indígena. Los bóers eran descendientes de calvinistas holandeses y franceses que se habían asentado desde el siglo XVII en Suráfrica. Su asentamiento en el continente había transcurrido, en términos generales, sin problemas hasta la llegada de los británicos a mediados del siglo XIX. Deseando conservar su independencia, los bóers se adentraron en el continente y comenzaron a chocar con poblaciones como la de los zulúes, que habían experimentado una extraordinaria expansión en las décadas anteriores.

Diamantes:
El descubrimiento de minas de diamantes en Suráfrica despertó también la codicia de algunos funcionarios y hombres de negocios procedentes de Gran Bretaña. Sir Theophilus Shepstone, un funcionario ansioso de crear una confederación surafricana que sometiera a los bóers al dominio británico con el pretexto de protegerlos de los indígenas, y Sir Bartle Frere, el nuevo gobernador de Ciudad del Cabo, se dedicaron entonces a idear la manera de extender el dominio de la Union Jack en, zonas situadas más al norte del continente. El triunfo de sus planes exigía de manera indispensable la destrucción del imperio zulú, de modo que, durante 1878, Frere y Shepstone se dedicaron a conspirar para que estallara una guerra contra el rey zulú Cetshwayo. Pese a que éste mantenía una actitud pacífica, los dos británicos cursaron repetidos informes a la metrópoli en los que se decía que era un tirano sanguinario y se insistía en que su ejército era una fuerza constante de enormes dimensiones, cuando la realidad es que sólo se movilizaba para situaciones de emergencia. Frere y Shepstone abrigaban el propósito de que, una vez aniquilado el imperio, los hombres de Cetshwayo pudieran ser utilizados como mano de obra semiesclava en las granjas y las minas.

[Incursión armada en Zululand:]
En enero de 1879, alegando que el rey de los zulúes se habla negado a disolver su ejército, una fuerza británica al mando de Lord Chelmsford invadió Zululand A finales del mes, los zulúes obtenían una aplastante e inesperada victoria sobre los 1.200 hombres de Chelmsford en Isandlwana. Entre ellos y el imperio británico en Suráfrica se interponía tan sólo un regimiento de 139 soldados galeses -36 de ellos enfermos- acantonados en el cañón de Rorke y a las órdenes de los tenientes John Chard y Gonville Bromhead. El ataque zulú duró todo un día, pero las bajas de los hombres de Cethswayo resultaron tan numerosas que se vio obligado a ordenar la retirada. Once de los soldados británicos recibieron la cruz Victoria en recompensa a su valor, un acontecimiento que no tenía ni tendría paralelos en la historia. Frere y Shepstone fueron destituidos pero, al mismo tiempo, los británicos desencadenaron una ofensiva en toda regla contra los zulúes. El 29 de marzo de 1879, les causaron dos mil bajas en Kambula y en julio del mismo año, llegaron hasta Ulundi, la capital del imperio zulú. Durante el mes de agosto, los británicos persiguieron incansablemente al rey Cetshwayo, que pretendía inútilmente mantener la resistencia pero que acabó siendo capturado y encarcelado. Con la desaparición del imperio zulú, los británicos pudieron dar por cerrado todo un ciclo histórico. Zululand quedó anexionada a la provincia británica de Natal; los bóers no tardaron en percatarse de que los británicos no estaban dispuestos a tolerar su existencia independiente y, al fin ya la postre, se vieron envueltos en una guerra contra ellos; y los zulúes, efectivamente, se convirtieron en mano de obra semiesclava durante prácticamente una centuria. Habría que esperar a media dos del siglo XX para que la potencia colonial británica se viera desafiada y derrotada. (César Vidal)


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