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El Muro de las Lamentaciones



Muro de las Lamentaciones El Muro de las Lamentaciones:
Este segundo templo también acabó por ser saqueado, y los sucesivos trabajos de restauración, promovidos principalemte por Judas Macabeo (muerto en el año 160 antes de Cristo), no habían concluido aún en tiempos de Herodes el Grande, ya en la época de Jesús. Herodes, un idumeo (es decir, un descendiente del bíblico Esaú) puesto en el trono por los romanos, se lanzó a la ejecución de un vastísimo programa de edificaciones, cuya finalidad consistía en dar al Templo la fastuosidad del de Salomón; o incluso superarla. Fue en este templo de Herodes donde Jesús predicó y de cuyas escalinatas expulsó a los mercaderes. Y en él empezó su vida formal con la "presentación", como todo hebreo de estricta observancia. Los trabajos fueron de tal envergadura que aún duraban en tiempos del emperador Vespasiano, cuyo hijo Tito fue considerado el mejor emperador tuvo Roma antes de Marco Aurelio. Sin embargo, es probable que los hebreos no fueran de la misma opinión, porque fue precisamente Tito quien llevó a cabo, en el año 70 de nuestra era, la sangrienta represión que destruyó el templo hasta sus cimientos. Y ya no resurgiría jamás. Empezaba para los hebreos la "diáspora", la expulsión de su patria, su interminable exilio por el mundo. El genocidio iniciado por Tito fue completado sesta y dos años más tarde, cuando, a consecuencia de la revuelta de Bar Kokheba, Jerusalén perdió su población, su alma, e incluso su nombre: pues se convirtió en Aelia Capitolina, una colina dedicada a Júpiter Capitolino. Ante este desastre total, el saludo "el próximo año en Jerusalén", lacerante recuerdo de la patria perdida y perenne esperanza de regreso, se hizo ritual entre los hebreos de la diáspora (término que significa dispersión por el mundo). Y el recuerdo del Templo tuvo, para ese pueblo disperso, el mismo valor unificador que el edificio real había tenido para quienes conquistaron, a precio de duras pruebas y de sacrificios, la Tierra Prometida.

La mezquita de Omar: El más antiguo monumento islámico conocido, se construyó durante el período omeya y se terminó en el año 691. Se alza sobre la roca sagrada desde la que Mahoma ascendió al cielo para hablar con Dios Con el tiempo se convirtió en un hábito de los hijos de Israel ir a llorar la libertad perdida sobre los restos del Templo: tradición que determinaría que a tales restos se les diera el nombre de Muro de las Lamentaciones. Desgraciadamente, para un pueblo derrotado y disperso hasta resulta difícil llorar sobre su propio destino. En el año 638 de la era cristiana, los árabes conquistaron Jerusalén. Para ellos, igual que para los hebreos, era una ciudad santa. Y ello dio lugar a un conflicto de intereses no menor que el que existía con los cristianos, para los cuales los hebreos no eran de la Raza del Señor, sino sólo los "asesinos" de Cristo. Sobre el solar del Templo, los musulmanes construyeron algunos de sus más insignes y sagrados edificios: la mezquita de Omar, más conocida por la "Cúpula de la Roca" o como mezquita de Al-Aqsa. Ya era imposible no sólo la reedificación del Templo, sino también -como proponía la comunidad hebrea- la adquisición de las pocas piedras calcinadas sobre las que llorar. tanto más cuanto la tradición del Islam acabó relacionando el propio muro con el viaje que Mahoma realizara, volando, hasta Jerusalén, montado en el Buraq, un mítico caballo alado de cabeza humana. Peregrinos musulmanes y hebreos acabaron encontrándose, interpretando las piedras de dos maneras distintas. (F.Conti)


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