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Presidentes posteriores: Doctrina del gran garrote: Porfirio Díaz en su discurso de despedida de México dijo: [...] Me pesa mucho dejar a mi patria por la que tanto luché. Se la quité a la Iglesia, se la quité a los fraceses y se la quité a los gringos. [...] Pero no me duelen tanto los inocentes mexicanos, ni los políticos corruptos, me duele saber que nadie podrá defender nuestro suelo patrio de los avariciosos y egoístas gringos que siempre se han querido adueñar de México.
✦ Agenda respecto a Canadá: Su agenda —primero como congresista clave en la elaboración de leyes y luego como vigésimo quinto presidente de los Estados Unidos (1897-1901)— estuvo marcada por un ferviente nacionalismo económico. Sus políticas hacia Canadá y sus medidas proteccionistas tuvieron profundas implicaciones históricas. La postura de McKinley hacia Canadá no buscaba una invasión militar, sino una estrategia de asfixia y dominación económica orientada hacia un fin específico: la anexión forzosa del territorio canadiense. La estrategia de "ablandamiento" económico: A través de la famosa Arancel McKinley de 1890 (aprobada cuando lideraba el Comité de Medios y Arbitrios del Congreso), impuso aranceles de casi el 50% a los productos extranjeros. McKinley rehusó conscientemente hacer excepciones o tratados de reciprocidad con los canadienses. El objetivo de la anexión: La intención explícita de McKinley y otros republicanos prominentes era cortar el acceso de Canadá al lucrativo mercado estadounidense. Pensaban que la economía canadiense, al verse privada de su principal socio comercial, colapsaría de tal forma que los propios ciudadanos y políticos de Canadá rogarían convertirse en el estado número 45 de la Unión Americana para poder sobrevivir económicamente. La estrategia fracasó por completo. En lugar de arrodillarse, la medida despertó un profundo sentimiento nacionalista en Canadá. Los canadienses lo consideraron una agresión fiscal no provocada, buscaron nuevos socios comerciales en Europa y diversificaron con éxito su economía, volviéndose un país mucho más independiente y fuerte. Evaluación de sus medidas económicas proteccionistas: El proteccionismo radical de McKinley (apodado por sus críticos como el "Napoleón de la Protección") es objeto de debate. Analizando los adjetivos planteados: ¿Eran lógicas y bien estudiadas? Solo desde la perspectiva de la industria pesada interna. Tenían una lógica política clara: proteger las manufacturas de acero, textiles y maquinaria de los estados industriales del norte (como su natal Ohio) frente a la competencia británica y europea. No obstante, los análisis económicos modernos (como los del experto en el tema Douglas Irwin) revelan que estuvieron mal calculadas en términos fiscales: al eliminar los aranceles al azúcar crudo para contentar al público, el gobierno de EE.UU. perdió su principal fuente de ingresos aduaneros, reduciendo los ingresos federales totales en lugar de aumentarlos. ¿Eran consensuadas? No. Provocaron una profunda fractura social y política. Fueron medidas impuestas por la disciplina del Partido Republicano, con el rechazo absoluto de los Demócratas y del sector agrario. De hecho, el descontento de la población fue tan inmediato tras la aprobación del Arancel de 1890 que los republicanos sufrieron una derrota histórica en las elecciones legislativas de ese año (el propio McKinley perdió su escaño en el Congreso) y perdieron la presidencia en 1892. Los resultados fueron sumamente contraproducentes a corto y medio plazo: Inflación interna: Al encarecer drásticamente los productos importados, los consumidores estadounidenses sufrieron un aumento súbito en el coste de la vida. Guerra comercial y represalias: Países europeos y Canadá respondieron elevando sus propios aranceles contra los productos estadounidenses. Esto perjudicó gravemente a los agricultores de EE.UU., que vieron bloqueadas sus exportaciones y sufrieron un superávit de producción que hundió los precios internos. Crisis posterior: Historiadores económicos ligan la inestabilidad de estas políticas a la severa crisis financiera y posterior depresión que golpeó a EE.UU. a partir de 1893. McKinley terminó por comprender las severas limitaciones de su plan. En su último discurso público en 1901 (un día antes de ser asesinado), dio un giro radical y abogó por abandonar el proteccionismo agresivo en favor de tratados de reciprocidad comercial, admitiendo textualmente que "una política de buena voluntad y relaciones comerciales amistosas evitará las represalias".
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