Roma
Obras



Roma:
El Coliseo (Amphyteatrum Flavium):
Vespasiano (Tito Flavio Vespasiano) emperador desde el 69 al 79 d.C. comenzó la construcción del máximo monumento de Roma en el 72. Terminada una fase por su sucesor Tito en el 80, año en el que se inauguró con ceremonias fastuosas y espectáculos que duraron más de cien días. Se representaron naumachide (batallas navales), venationes (caza de animales, más de 5.000 fieras abatidas) y numera (combates de gladiadores). Durante los años de Domiciano, último emperador de la casa Flavia, terminaron sus obras con la construcción de los subterráneos. Su forma elíptica mide en su eje mayor 188 metros y el menor 156. Tiene una altura de 48,5 metros. Tenía una aforo de 73.000 espectadores. Debe probablemente su nombre al coloso de Nerón, estatua gigantesca de bronce dorado, obra del escultor griego Zenodoro, que representaba al emperador con rayos solares que rodeaban su cabeza. La estatua estaba al principio en el vestíbulo de la Domus Aurea, la inmensa villa que Nerón construyó entre los Foros y la colina Opio, en el cerro ocupado hoy por la Iglesia de Santa Francesca Romana. Transformada luego en la imagen del Dios Sol, Helios, fue desplazada por Adriano al lado del Coliseo. El emperador Cómodo le hizo dar el aspecto de Hércules. Fue abatida y el material de la base fue utilizado para la construcción del Arco de Constantino. El papa Benedictino XIV, pontífice desde 1740 a 1758, lo consagró a la pasión de Cristo en memoria de los mártires cristianos sacrificados en la arena.

Panteón:
La construcción [27 al 25 a.C.] del edificio antiguo mejor conservado de toda Roma, es una obra del yerno de Augusto, promotor de una restauración y recalificación general del barrio. Sin embargo, el aspecto actual del templo es fruto de una completa renovación de la época de Adriano, que se puede fechar gracias a las numerosas marcas de fábrica impresas en los ladrillos. El edificio primitivo fue modificado por completo, cambiando la orientación de la fachada y añadiendo la gran rotonda; en el alquitrabe se colocó la inscripción todavía legible que atribuye su construcción a Agripa en el año de su tercer consulado. En el 609, el emperador bizantino Foca donó el templo al Papa Bonifacio IV, que lo transformó en la iglesia de Santa María ad Martyres. Esta circunstancia supuso, como para otros monumentos antiguos, la salvación del edificio que ha llegado hasta nosotros casi intacto, si bien con una escenografía muy diferente de la original, que presentaba la fachada realzada por unos escalones y una gran plaza porticada rectangular. Algunas huellas en el cuerpo de fábrica en cemento llevan a pensar que inicialmente el proyectista había previsto un frontón más alto que, en realidad, habría relacionado mejor la estructura circular y el pórtico. (Ada Gabucci) Está dominado por la gigantesca mole de la cúpula, con un diámetro de 43,30 m, la más grande construida en mampostería; la abertura circular tiene nueve metros. La cúspide está decorada con cinco líneas concéntricas de casetones en disminución hacia la abertura central; las paredes presentan numerosos nichos que acogían las estatuas se las 12 divinidades celestes a las que estaba dedicado el edificio. Las cuatro columnas de la fachada eran de granito gris del monte Claudiano, en el desierto egipcio oriental y las interiores de granito rojo de Assuán. El aspecto armónico del monumento se debe a las proporciones adoptadas: la distancia entre el suelo y la parte más alta de la cúpula es igual a su diámetro, de modo que se obtiene en el espacio interno una esfera perfecta. El gran portón de bronce, aunque muy restaurado, es todavía el original romano.

Influencias del arte romano:
Por el norte recibió las etruscas y por el sur las griegas. En los tiempos más primitivos la mayoría de las ciudades del Lacio eran fortificadas con gruesas murallas. Hicieron suyos los dioses de los etruscos y en época del reinado de los Tarquinos, de raza etrusca, levantaron en el Capitolio un santuario a tres dioses etruscos que luego serían Júpiter, Juno y Minerva. La estructura arquitectónica de sus templos y de sus edificios públicos la tomó de la escuela helenística de la Magna Grecia. La arquitectura fue más que un arte para los romanos una demostración de su poder. El templo con columnas en los mismos estilos que el griego (dórico, jónico y corintio). Las grandes basílicas y termas como edificios públicos. En la arquitectura privada, los palacios y villas, en las obras públicas, calzadas, puentes y acueductos. Dieron gran importancia a teatros, anfiteatros, circos y foros. Gran parte de sus obras no fue hecha por ellos de primera mano, pero supieron sacar un gran partido de los conocimientos aprendidos de los griegos y además los extendieron por todo su gran imperio.

La escultura en un principio fue de procedencia etrusca. Los etruscos trabajan bien el bronce y los romanos encargaban y compraban sus retratos. En Roma se establecieron en un barrio conocido como Vicus Tuscus, barrio toscano, situado al pie del Capitolio donde los fundidores de bronce tenían sus talleres. Llegaron a romanizarse de manera que aunque la técnica era etrusca, su arte ya podía llamarse romano. En Nápoles se formó una escuela de escultura que reproducía modelos antiguos griegos, muy estimados en la época de la República. Posteriormente la escultura se realizará en mármol. En tiempo de los emperadores y particularmente en la época de Augusto, se acepta el arte helenístico. Lograron grandes avances sobre todo en el relieve, con el que relataban sus hazañas y triunfos, escenas mitológicas y temas paisajísticos. Ejemplo singular es el Ara Pacis, mandado a construir por Augusto a su vuelta de Hispania y la Galia. La pintura que conocemos es la parietal. Con ella decoraban sus casas, palacios y villas. Importantes muestras provienen de Pompeya, sepultada por el Vesubio (año 79). Consiguieron un gran realismo y su cromatismo pasaba desde deslumbrantes coloridos a delicados tonos. Durante trece siglos esparcieron por los países conquistados obras monumentales de gran belleza.

Obras civiles:
Las calzadas romanas fueron un elemento determinante en la administración del vasto imperio. Recién ocupada la Galia comenzaron ambiciosos trabajos para permitir el tráfico rodado por los puertos de montaña estratégicos. El tiempo libre de las legiones era empleado para el mantenimiento o ampliación de las calzadas. Las ciudades contaban con suministro de agua mediante acueductos y alcantarillado que asegurase su salubridad. Permanecieron muchos ejemplos de notables trabajos en edificios, puentes, puertos, túneles, termas, murallas y canales.


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