Roma
Augusto



Hechos del Divino Augusto:
[Gayo Julio César Octavio (63 a.C.-14 d.C.)] 23. Ofrecí al pueblo el espectáculo de una naumaquia, al otro lado del Tíber, donde hoy está el Bosque Sagrado de los Césares, en un estanque excavado de 1.800 pies de largo y 1.200 de ancho. Tomaron parte en ella 30 naves, trirremes o birremes, guarnecidas con espolones, y un número aún mayor de barcos menores. A bordo de estas flotas combatieron, sin contar los remeros, unos 3.000 hombres.

24. Tras la victoria, devolví a todos los templos de todas las ciudades de la provincia de Asia los tesoros de que se había apropiado quien guerreaba contra mí. En la Ciudad, el número de mis estatuas en plata, a pie, a caballo o en cuadriga llegó a ser de unas ochenta. Yo mismo mandé retirarlas y con su importe hice ofrendas de oro que consagré en el templo de Apolo, en mi nombre y el de quienes las habían erigido para honrarme.

25. Liberé el mar de piratas. En la guerra de los esclavos capturé a casi 30.000 que habían escapado de sus dueños y alzádose en armas contra la República; los devolví a sus amos, para que les diesen suplicio. Italia entera me juró, por propia iniciativa, lealtad personal y me reclamó como caudillo para la guerra que victoriosamente concluí en Accio. Igual juramento me prestaron las provincias de las Galias, las Hispanias, Africa, Sicilia y Cerdeña. Entre quienes, entonces, sirvieron bajo mis enseñas, hubo más de 700 senadores, de los que 83 habían sido o serían luego Cónsules, hasta el día de hoy, y de los que 170 eran o fueron más tarde sacerdotes.

26. Ensanché los límites de todas las provincias del pueblo romano fronterizas de los pueblos no sometidos a nuestro dominio. Pacifiqué las Galias, las Hispanias y la Germania, hasta donde el Océano las baña, desde Cádiz hasta la desembocadura del Elba. Mandé pacificar los Alpes, desde la región inmediata al Mar Adriático hasta el Mar Tirreno, sin hacer contra ninguno de aquellos pueblos guerra que no fuese justa. Mi flota, que zarpó de la desembocadura del Rin, se dirigió al este, a las fronteras de los cimbrios, tierras en que ningún romano había estado antes, ni por tierra ni por mar. Cimbrios, carides, semnones y otros pueblos germanos de esas tierras enviaron embajadores para pedir mi amistad y la del pueblo romano. Por orden mía y bajo mis auspicios dos ejércitos llegaron, casi a un tiempo, a Etiopía y a la Arabia llamada Feliz. En esos dos países y en combate abierto destruyeron a gran número de enemigos y tomaron numerosas plazas. En Etiopía se llegó hasta la ciudad de Nabata, cerca de Meroe. En Arabia, el ejército llegó hasta la ciudad de Mariba de los sabeos. (Res Gestae Divi Augusti, Hechos del Divino Augusto, escritas en dos columnas de bronce conservadas en Roma)

Galera romana César Proa de galera romana, relieve Motivos pesca. Mosaico

Subida al poder:
El título de Augusto le fue otorgado por el senado en 27 a.C. Era sobrino nieto e hijo adoptivo de Julio César. Se le reconocía así el poder y la autoridad casi divina del fundador del Imperio Romano y su soberano de 31 a.C. a 14 d.C. Impresionó a Julio César por su sagacidad y fue nombrado primer heredero suyo. Cuando César fue asesinado tenía 19 años, pero supo salir airoso del caos de la guerra civil. Al principio se alió con el lugarteniente de César, Marco Antonio, para combatir a los asesinos, Casio y Bruto, en 42 a.C., pero las diferencias que tuvo con su aliado, que se había casado con Cleopatra VII, desataron una nueva guerra que culminó en la batalla de Accio en 31 a.C. Accio es un promontorio y población de la costa occidental de Grecia donde Marco Antonio estableció su campamento. La batalla naval tuvo lugar a la entrada del golfo de Arta. El resultado vino a representar el triunfo de Roma sobre el Oriente helenístico y proporcionó a Augusto el dominio del mundo romano. En los años siguientes echó mano de los poderes republicanos y de las prebendas gubernamentales para obtener un completo dominio político, militar y social en el reino; estableció un régimen de paz que promovió los viajes y el comercio y dio prosperidad a su imperio.

Los consejeros de Augusto: Agripa y Mecenas:
Sus primeros trabajos fueron la reorganización del ejército y la marina, con miras a la defensa del vasto imperio; afirmar el gobierno en Roma y en las provincias, disponer los abastecimientos de víveres, y restablecer el culto a los dioses, que había caído en confusión y desuso. Por fortuna, dos de los consejeros del emperador eran hombres de grandísimo talento y de honda adhesión a su señor y al Estado: Agripa y Mecenas. Augusto no era soldado: era Agripa el que había conseguido sus victorias, y si éste hubiera deseado el primer puesto para sí hubiera sido un peligro para el país. Mas por fortuna se contentó con ser el segundo de Augusto. Mecenas, estadista y diplomático, despreciaba todo alarde de fuerza. Los romanos sabían cuán grande era su verdadero poder, y les constaba que era un inteligente y generoso protector de las artes y de las letras. En su casa se reunían los poetas y los escritores cuyos nombres han hecho famosa la edad de Augusto; hombres tales como Virgilio y Horacio. La política interior, dirigida por Agripa y Mecenas, era prudente y justa, y en conjunto popular. Al cabo de años de guerra civil, el pueblo gozaba de los grandes beneficios derivados de la paz. Se restableció el crédito, renacieron el comercio y la industria, y gracias al prudente gobierno, volvió Italia a sentirse próspera. (Hamilton y Blunt)

Augusto Augusto. Aureo Ara Pacis. Familia de Augusto Ostia. Puerto

En el año 17 Augusto creó el reino de Mauritania a favor de Juba II, que se convirtió en provincia romana en el año 42. El espíritu independiente e irreductible de los bereberes hizo que los romanos reprimiesen varios alzamientos, como el de Tacfarinas (17-29) y diversos ataques de las tribus del interior en tiempos de Augusto.

En las Vidas de los Césares Suetonio describe cómo el aumento del control de las comunicaciones ordenado por Augusto se tradujo en poder y efectividad, superando la desorganización de los años de los generales enfrentados. Abundantes testimonios que datan de los años del primer emperador inciden en la tranquilidad que supuso el fin de las guerras civiles y los triunviratos.

Naumaquias:
En el año 2 a.C. Augusto mandó a construir una cuenca especial para escenificar combates navales simulados. La construcción de 200.000 metros cuadrados se situó en la ribera oriental del Tíber. Era llenada con agua del lago Alsietina, situado a 32 kilómetros de distancia. El acueducto del 33 a.C. había sido construido por Augusto con recorrido de este a oeste y fue conocido como Aqua Alsietina o como Aqua Augusta. Debía complementar el suministro del Aqua Marcia (140 a.C.) que en ocasiones traía un caudal insufciente. Una de las primeras naumaquias celebradas allí escenificó una lucha entre atenienses y persas. En una naumaquia organizada en 52 d.C por el emperador Claudio participaron 19.000 hombres a bordo de 100 embarcaciones. El Coliseo tenía originalmente un sistema hidráulico subterráneo con el que podía inundarse la arena para escenificar una naumaquia al menos dos veces al año. Los gladiadores eran adiestrados para luchar en el agua y los combates resultaban igual de sangrientos como en tierra, por lo general hasta que uno de los dos contendientes moría. Trajano ordenó en el 109 d.C. la construcción de otra canalización que recogía las aguas del Lago Martignano y abastecía a los barrios del Trastévere.


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