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Portugal y la trata de esclavos:
La aparición de los esclavos negros en la Europa de la Baja Edad Media fue un momento decisivo para la historia de la humanidad.
Se produjo una caza del hombre que duró cuatrocientos años y que convirtió Africa en un continente manchado de sangre y de lágrimas.
Creencia en la inferioridad del hombre africano:
En una descripción de la época se les califica de "grandes monos, tan hábiles que, bien adiestrados, son capaces de ocupar el lugar de un criado".
Las crónicas de los descubridores suelen ser muy subjetivas:
"caníbales bárbaros, que sacrifican a sus prisioneros",
"negros, que adoran al demonio",
"desde la más tierna infancia tienden a la inmoralidad y se hacen cortes lastimosamente en el rostro y en el cuerpo y se los pintan de colores para mayor ostentación".
El desconocimiento inicial fue seguido de justificaciones interesadas.
La idea de un "negro bárbaro" es una creación europea que continuó ejerciendo sus efectos sobre Europa hasta los inicios del siglo veinte (Leo Frobenius).
En 1704, en una enciclopedia, la última palabra de la ciencia, decía: "Los africanos suelen ser negros y se les llama negritos o moros. Son viciosos, salvajes, crueles y muy fuertes, y cada año, se venden gran cantidad de ellos como esclavos a los europeos".
Implicación de otras potencias coloniales:
Lo iniciado por los portugueses (y antes por los árabes) fue muy pronto adoptado por las demás potencias coloniales.
Los españoles, los holandeses, los ingleses, los franceses, los alemanes, los daneses y los norteamericanos se dedicaron en los siglos siguientes al comercio de negros.
A principios del siglo XIX, según Livingstone, se capturaban anualmente trescientas cincuenta mil personas en Africa, de las cuales sólo de una quinta a una décima parte llegaba al lugar de destino.
El cardenal francés Lavigerie, uno de los hombres que más decididamente luchó contra la esclavitud, suponía que en el siglo XVIII, la esclavitud costaba unos dos millones de vidas al año.
El sistema de la esclavitud se convirtió en un elemento indispensable de la economía. Ligado al cultivo del azúcar, del algodón y del café.
Carlos V dio la concesión del comercio entre Africa y América Central a partir del año 1517 a mercaderes flamencos.
John Hawkins, entre 1563 y 1570 atacaba con su barco que llevaba el nombre Jesús, los transportes de esclavos portugueses y los poblados africanos y gracias a su comercio de esclavos llegó a ser el hombre más rico de su tiempo, caballero y tesorero de la armada real.
Las compañías inglesas "African Company" y "Company of Barbary Merchants" en el transcurso de cuarenta años transportaron tres millones y medio de esclavos negros a América.
El papel destacado de Portugal:
Portugal se convirtió en el comerciante de esclavos número uno de toda Europa. Se llegó a considerar el trabajo de los esclavos como la base de la existencia nacional. La actitud que transformó un pequeño pueblo de la Península ibérica en una verdadera nación de navegantes esforzados, se deterioró con el paso del tiempo. Hasta fines del siglo XV el comercio de esclavos estuvo casi exclusivamente en manos de los árabes y de los portugueses. Los árabes proveían al mundo oriental, los portugueses a las potencias occidentales. Al abrigo de las fortalezas construidas por João II los esclavos eran reunidos y embarcados.
Cuando la colonización de América requería, ochenta años más tarde, mayor cantidad de esclavos, Portugal creó en Lagos y en Angola una organización aún más importante. Había cristianos portugueses que insistían en que la finalidad principal de los viajes a Africa no debía ser el comercio de esclavos, sino la conversión de las almas de los indígenas.
Actitud cristiana de Enrique El Navegante:
Personajes idealistas como el propio príncipe Enrique esbozaron programas utópicos, según los cuales los negros, después de bautizados, tenían que ser devueltos a su país, para hacer proselitismo entre los que se habían quedado allí. Estos programas también contribuyeron a que se considerara a los africanos como hombres verdaderos. El príncipe Enrique hizo devolver a Africa a algunos negros bautizados, con la esperanza de ganar así pueblos enteros para la fe cristiana. Pero los cristianos negros desaparecieron rápidamente en la selva y no volvieron a dar señales de vida.(Wendt)
(el impulso de los viajes y de los descubridores) era una mezcla de fe y de codicia, de religión y de rapacidad. Allí se juntaron el espíritu de los cruzados y de los apóstoles con los más viles intereses de lucro y condujeron a la caza de los negros desarmados, que eran apresados por sorpresa y hechos esclavos de la manera más indigna y desconsiderada. (Georg Friedrici)
Desembarco en Lisboa de los africanos capturados por Tristao (1441):
Se desembarcaba a los prisioneros. Estos eran negros y tan feos de rostro y de figura, que parecían venir de un mundo inferior. Pero nadie hubiera tenido el corazón tan duro que no sintiera compasión por ellos. Algunos inclinaban el rostro cubierto de lágrimas. Otros dirigían la mirada al cielo y se lamentaban amargamente. Otros, por fin, se golpeaban el rostro con los puños. Luego se tendieron sobre el duro suelo. Algunos entonaron cantos de lamentación de su tierra. No podíamos comprender su lengua, pero aquel tono tan triste nos llegó al corazón. Su dolor aumentó aún por el hecho de que separaban a las familias. Arrancaron a los padres de sus hijos y a los maridos de sus esposas. Los empleados no tenían en cuenta nada y lo arreglaban todo a capricho. Pero apenas se había hecho la distribución, cuando los hijos corrieron hacia sus padres y las madres abrazaron desesperadas a sus pequeños. Se acurrucaron en el suelo; no profirieron la menor queja cuando cayeron los latigazos sobre sus cuerpos desnudos. Pero en vano esperaban que al final les dejaran a sus hijos. (Gomes Eannes Azurara, 1444)
Consecuencias del tráfico para Africa:
Efectos demograficos:
El tráfico de esclavos provocó estragos en Africa, los cuales aún hoy en día se hacen sentir. Durante cuatro siglos este continente fue escenario de guerras y razzias por la captura de esclavos. Millones de africanos fueron exportados para tierras lejanas, otros tantos millones murieron en largas marchas hasta la costa y en los almacenes a la espera de ser embarcados.
Este éxodo forzado de millones de personas provoco la disminución del crecimiento vegetativo de la población africana, ya que los hombres y mujeres en edad de procreación eran vendidos.
Algunos investigadores llegan a decir que entre los siglos XV y XIX el continente perdió más de cien millones de hombre y mujeres jóvenes. Varias regiones africanas quedaron casi totalmente despobladas. El investigador André Gunder Frank en su libro La Acumulación Mundial 1492-1789 señala la cifra de 13.750.000 esclavos traídos a América entre los siglos XVI y XIX, a lo que el investigador Enrique Peregalli añade un 25% por muertes en el trayecto y un 25% más por muertes en Africa con motivo de las guerras de captura, lo que da un total de 20.625.000 africanos perdidos para el continente en ese período().
Igualmente, se calcula que en ese período sólo desde la costa de Angola a los puertos de São Tomé y América fueron transportados tres millones de esclavos. Así se explica que las zonas más pobladas en el Siglo XV como el Congo, Ndongo y Quissana, en el Siglo XVII estuviesen ya despobladas.
Además, muchas poblaciones, ante el peligro de la esclavitud, abandonaron sus zonas originales, refugiándose en las regiones interiores, ayudando a la despoblación.
Efectos políticos:
El comercio de esclavos era el más lucrativo y los europeos se encargaron de persuadir a los jefes locales y a los mercaderes africanos para participar en él. De este modo se produjo una reacción en cadena. La aristocracia, los jefes y los comerciantes africanos querían aumentar su riqueza, autoridad y poder, queriendo también defender su independencia. Para ello, necesitaban de armas de fuego y mercancías de Europa. En este contexto, la fabricación de armas de fuego se transformó en un gran negocio de exportación. Con ellas se organizaban extensas cazas de hombres, ataques a otros pueblos, tribus y aldeas, con el fin de someterlos y venderlos como esclavos.
De este modo, se deterioraron las relaciones entre los diversos estados y pueblos. Los pueblos del litoral y del interior más próximo se encontraban en guerra continua. Así, a partir del Siglo XVI los reinos de Benín, Congo y Angola en Africa Occidental, tal como el Imperio Mutapa en Africa Oriental, se desmoronaron.
En los siglos XVII, XVIII y XIX, en las selvas del Golfo de Guinea y en el valle del río Zambeze se desarrollaron estados militares con base en el comercio de esclavos. Tenían una rígida organización militar, poseían grandes ejércitos permanentes y se enriquecían con la venta de sus propios hermanos, haciendo la guerra a los pueblos vecinos.
Efectos económicos:
Además de la captura de hombres y mujeres, el tráfico promovió el saqueo sistemático de los bienes producidos. Ya sea a través de tributos o de pillaje, los traficantes saqueaban el producto de las cosechas, ganado, marfil, pieles, cera, maderas preciosas.
Las actividades económicas como la agricultura, minería, artesanía, alfarería y el comercio local fueron abandonados y se orientaron a una actividad económicamente más productiva: la esclavitud.
El tráfico de esclavos trajo al continente africano un estancamiento, por no decir un retroceso económico. La agricultura, los tejidos, la fundición y la forja de metales se fueron reduciendo. En contrapartida, se desarrollo la exportación de seres humanos.
En lugar de poner a la venta productos, ahora el único producto de fácil venta en el mercado eran los propios productores. Las pequeñas industrias locales no pudieron sobrevivir. Por lo tanto, el tráfico de esclavos retardó el desarrollo y creó condiciones para el actual estado de subdesarrollo().
(Marco Antonio Barticevic)
Livingstone relata la liberación de un grupo de esclavos:
Al cabo de unos instantes, Mbamé nos dijo que una cuerda de esclavos iba a cruzar el poblado para ir a Tete. ¿Debíamos intervenir? Esta era la pregunta que nos hacíamos. Todo nuestro equipaje personal que contuviera algo de valor estaba en manos de los habitantes de Tete. Si liberábamos a los esclavos, era posible que, en compensación, nos arrebataran nuestros bienes, e incluso objetos que nos habían sido confiados por necesidades de la expedición. Pero estos negreros que penetraban gracias a nosotros en un lugar a donde no se atrevían a aventurarse hasta entonces, estos cazadores de hombres que fomentaban la guerra civil para abastecerse de cautivos y que se llamaban hijos nuestros para mejor alcanzar su meta, se oponían tanto a la misión que se nos había encargado, misión aprobada por el gobierno portugués, que no podíamos permanecer con los brazos cruzados. Se decidió pues que intentaríamos detener este odioso comercio que se aprovechaba de nuestros descubrimientos para ampliarse.
Llevábamos sólo unos pocos minutos sobre aviso cuando una larga cuerda compuesta de hombres, mujeres y niños, atados en fila uno tras otro y maniatados, serpenteó en la colina y tomó el sendero hacia el poblado. Los agentes negros de los portugueses, armados con fusiles, ataviados con vistosos atuendos, y situados en la vanguardia, en los flancos y en la retaguardia de la tropa, caminaban con paso decidido. Algunos le arrancaban alegres notas a unos largos cuernos de hojalata; todos ponían cara de gloria, como gente convencida de que ha llevado a cabo una noble acción.
No obstante, en cuanto nos vieron, estos triunfadores se precipitaron tan rápidamente bosque adentro que sólo pudimos entrever sus gorros rojos y las plantas de sus pies.
El jefe, que iba delante, fue el único en permanecer en su puesto. Uno de mis hombres lo reconoció y le estrechó fuertemente la mano. Era un esclavo del antiguo comandante de Tete; nosotros mismos lo habíamos tenido a nuestro servicio. [...] A las preguntas que se le dirigieron con respecto a los cautivos, contestó que los había comprado, pero cuando más tarde se interrogó a los cautivos, nos dijeron todos, excepto cuatro de ellos, que habían sido apresados en combate.
Pronto tuvimos cortadas las ataduras de las mujeres y de los niños, pero liberar a los hombres resultaba más difícil. Todos estos desgraciados tenían el cuello apresado en la horcadura de una gruesa rama de unos dos metros de largo, mantenida en el cuello por una varilla de hierro firmemente clavada en los dos extremos. Sin embargo por medio de un serrucho, que por fortuna se encontraba en el equipaje del jefe de la diócesis, les devolvimos la libertad. Les dijimos entonces a las mujeres que cogieran la harina que transportaban y que hicieran con ella unas gachas para ellas y para los niños. Al principio no se lo quisieron creer: era demasiado bonito para ser verdad. Pero cuando se les reiteró la invitación, rápidamente se pusieron manos a la obra, hicieron un gran fuego y arrojaron las cuerdas y las horcaduras, sus malditas compañeras durante tantas noches dolorosas y de tantos días de fatiga. Muchos de los niños apenas tenían cinco años de edad, e incluso los había más jóvenes. Un pequeño le decía a nuestros hombres, con la simplicidad propia de su edad: "Nos habéis desatado, y luego nos habéis dado de comer. ¿Quiénes sois y de donde venís?"
La víspera habían sido matadas dos mujeres por haber intentado desatarse las correas. Se les había advertido a todos los cautivos que les ocurriría lo mismo si intentaban evadirse. Una desafortunada madre, que no había querido coger un fardo que le impedía llevar a su niño, vio inmediatamente cómo le saltaban la tapa de los sesos de un tiro al pobre pequeño. Un hombre que no podía seguir a los demás debido al cansancio, había sido despachado de un hachazo. Ya que no la humanidad, el interés al menos debería haber impedido estos asesinatos. En este horroroso comercio siempre hemos visto que el desprecio por la vida humana y la sed de sangre prevalecían sobre la razón.(David Livingstone.)
Ultimos años de la trata:
A mediados del s. XIX, Zanzíbar era el único centro comercial de cierta importancia situado en la costa oriental del continente africano. Cada año llegaban a la isla entre 20.000 y 40.000 mil esclavos de los que, aproximadamente la mitad, eran exportados a países islámicos como Arabia, Egipto o Turquía. Aunque los buques de guerra británicos y franceses patrullaban las inmediaciones del enclave para evitar el tráfico de esclavos, éste constituía la principal fuente de ingresos del floreciente emporio que, junto al Sudán, en el otro extremo del continente, era el foco fundamental de la esclavitud en África. Sin embargo, el tráfico de esclavos no se encontraba en manos de las potencias europeas sino que seguía firmemente controlado por negreros de religión musulmana que no sentían la menor compasión hacia aquellos a los que denominaban despectivamente kafires. De las potencias occidentales, sólo Portugal seguía recurriendo a la esclavitud y oponiéndose a los intentos antiesclavistas porque, incluso en aquellos lugares donde la esclavitud sería legal todavía algunos años, como en EEUU o en la Cuba española, no se recurría a la importación de esclavos, sino al aprovechamiento de los desdichados hijos de los ya existentes. Poco puede negarse la responsabilidad de las potencias occidentales en la trata de negros desde finales del siglo XV a la segunda mitad del siglo XIX. (César Vidal)
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