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El sistema esclavista canario



El sistema esclavista canario:
Como ha demostrado Ch. Verlinden el sistema esclavista subsistió en el área mediterránea tanto en los países musulmanes como en los cristianos. Así en las galeras turcas y berberiscas remaban cautivos cristianos y en las italianas y aragonesas esclavos turcos y berberiscos. Esta ambivalencia dio a los reinos hispánicos un carácter peculiar, pues la guerra santa contra el infiel daba igualmente esclavos a los cristianos y a los musulmanes. En la España cristiana la mayoría de los esclavos procedían igualmente de la guerra santa, del comercio, de la piratería y del corso. Los descubrimientos y conquistas en el siglo XV fomentaron la esclavitud en la Península Ibérica. Entre estas conquistas se hallan las ejecutadas por Castilla en las Islas Canarias que tantos esclavos dieron a los mercados de Sevilla, Valencia y Baleares. (Manuel Lobo Cabrera)

Esclavitud en el siglo XVI en Canarias:
«Los trabajos artesanales responden a la subsistencia permanente, se tiende a cubrir las necesidades vitales más que a una economía de consumo abocada al comercio, pues los factores de crecimiento influyen más en el sector agrícola que en aquél, debido a que el comercio exterior se está realizando a base de productos agrícolas, el más importante el azúcar. Estos trabajos iban desde el aserrar madera para la construcción de casas, lagares y barcos, hasta el forjar hierros en las herrerías pasando por la elaboración de cueros: zapatos, curtidores; de tejidos: tejedores, sastres; de cera: candeleros, etcétera. En todos estos oficios la presencia del esclavo es palpable. Por una parte, porque los que los compran los necesitan como ayudantes, y por otra, porque son puestos a sueldo, casi siempre como aprendices para aprender determinado oficio. En la madera destacan como aserradores, negros generalmente, arrendados por sus dueños a cambio de dinero o tablas para la construcción, o como carpinteros, en este caso como aprendices sin percibir nada a cambio, en metálico, excepto el arte de la madera bien enseñado más vestidos y herramientas al final del tiempo; en albañilería son frecuentes como peones, a razón de 72 maravedís diarios; en las herrerías sirven de ayuda tanto en la tienda-taller como en todo lo demás, a cambio de 25 reales al semestre, unos 1.200 maravedís. Estos esclavos adultos, necesarios para sus dueños, tanto por lo que perciben por ellos como por el trabajo que hacen en sus tierras, son a veces sacados de los talleres por sus amos para que les rieguen los parrales y heredades, y a continuación se vuelven a incorporar a su trabajo, donde les cuentan las ausencias como faltas que se servirán al final del tiempo contratado. En el resto de los trabajos su misión era la de cualificarse. Son esclavos jóvenes, de 9 a 20 años, y su aprendizaje duraba de 2 a 8 años, según el oficio. (...)

Las condiciones que forman parte de las cartas de aprendizaje son las siguientes: 1. El dueño de la tienda o maestro se ha de obligar a enseñarle el oficio, de manera que al final del tiempo concertado salga como oficial y gane jornal como cualquier obrero, so pena que si al cumplirse el plazo estipulado no hubiera aprendido el oficio, se lo habría de enseñar de nuevo, pagándole cada día lo que ganase un oficial experto. 2. Lo tendrá en su casa sin servirse de él más que en lo que se estipuló. 3. Durante el aprendizaje estará obligado a darle de comer, beber, vestir, calzar y canta en que duerma, salvo excepciones en que sus propios amos se encargan de ello, "el ojo del amo engorda al caballo". Incluso se estipula que el esclavo vaya a dormir a casa de sus amos, para ello al toque de queda o de la oración de la noche lo dejarán ir. Además, los días festivos no tendrán obligación de estar en el taller. 4. Al final del período tendrán que entregar un vestido de paño calculado entre 6 y 10 doblas, que comprendiera: ropilla, calzones, jubón, 2 camisas, un sombrero y botas, además de la esportilla de obrero con toda la herramienta necesaria para el oficio. 5. Aunque lo corriente en estos casos era que el maestro no percibiera ni pagara nada por el aprendizaje del esclavo, a veces los dueños para que la cualificación fuera buena y rápida pagaban cierta cantidad de dinero. Por dos años 8 doblas y por tres 10 doblas. (Manuel Lobo Cabrera ,La esclavitud en las Canarias Orientales en el siglo XV).

Aristóteles: La ley natural que permite el uso de esclavos:
Otros pretenden que el poder del señor es contra naturaleza; que la ley es la que hace a los hombres libres y esclavos, no reconociendo la naturaleza ninguna diferencia entre ellos; y que, por último, la esclavitud es inicua, puesto que es obra de la violencia. .. La vida es el uso y no la producción de las cosas, y el esclavo sólo sirve para facilitar estos actos que se refieren al uso. Propiedad es una palabra que es preciso entender como se entiende la palabra parte: la parte no sólo es parte de un todo, sino que pertenece de una manera absoluta a una cosa distinta de ella misma. Lo mismo sucede con la propiedad; el señor es simplemente señor del esclavo, pero no depende esencialmente de él; el esclavo, por lo contrario, no es sólo esclavo del señor, sino que depende de éste absolutamente. Esto prueba claramente lo que el esclavo es en sí y lo que puede ser. El que por una ley natural no se pertenece a sí mismo, sino que, no obstante ser hombre, pertenece a otro, es naturalmente esclavo. Es hombre de otro el que, en tanto que hombre, se convierte en una propiedad, y como propiedad es un instrumento de uso y completamente individual. Es preciso ver ahora si hay hombres que sean tales por naturaleza o si no existen, y si, sea de esto lo que quiera, es justo y útil el ser esclavo, o bien si toda esclavitud es un hecho contrario a la naturaleza. La razón y los hechos pueden resolver fácilmente estas cuestiones. La autoridad y la obediencia no son sólo cosas necesarias, sino que son eminentemente útiles. Algunos seres, desde el momento en que nacen, están destinados, unos a obedecer, otros a mandar; aunque en grados muy diversos en ambos casos. .. La igualdad o la dislocación del poder, que se muestra entre estos diversos elementos, sería igualmente funesta para todos ellos. Lo mismo sucede entre el hombre y los demás animales: los animales domesticados valen naturalmente más que los animales salvajes, siendo para ellos una gran ventaja, si se considera su propia seguridad, el estar sometidos al hombre. Por otra parte, la relación de los sexos es análoga; el uno es superior al otro; éste está hecho para mandar, aquél para obedecer. Esta es también la ley general que debe necesariamente regir entre los hombres. Cuando es un inferior a sus semejantes, tanto como lo son el cuerpo respecto del alma y el bruto respecto del hombre, y tal que es la condición de todos aquellos en quienes el empleo de las fuerzas corporales es el mejor y único partido que puede sacarse de su ser, se es esclavo por naturaleza. Estos hombres, así como los demás seres de que acabamos de hablar, no pueden hacer cosa mejor que someterse a la autoridad de un señor. .. Uno es señor, no porque sepa mandar, sino porque tiene cierta naturaleza: y por distinciones semejantes es uno esclavo o libre. (Aristóteles, Política)

El primer anuncio escrito que se conoce data del año 3000 a.C. Es el contenido de un cartel encontrado en las ruinas de la ciudad egipcia de Tebas, que ofrece la recompensa de una moneda de oro a quien capture y devuelva a su amo un esclavo huido llamado Shem.

Llegada del cristianismo a Roma:
La idolatría fue aniquilada, la esclavitud abolida, la disolución reemplazada por costumbres austeras; el desprecio de la riqueza llegó alguna vez hasta su absoluta renuncia. La sociedad se salvó por la negación de sus principios, por el cambio de la religión y la violación de los derechos más sagrados. La idea de lo justo adquirió en esta revolución una extensión hasta entonces no sospechada siquiera, que después ha sido olvidada. La justicia sólo había existido para los señores (La religión, las leyes, el matrimonio, eran privilegios en Roma de los hombres libres, y, en un principio, solamente de los nobles. Del majorum gentium, dioses de las familias patricias: sus gentium, derecho de gentes, es decir, de las familias o de los nobles. El esclavo y el plebeyo no constituían familia. Sus hijos eran considerados como cría de los animales. Bestias nacían y como bestias habían de vivir.); desde entonces comenzó a existir para los siervos. (P.Proudhon)


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