PROYECTO SER
Muerte



Muerte:
Legar el sentido que quise dar a mi vida no me consuela nada. Sólo se vive una vez. Aquellos que dejan tras de sí objetos de afecto personal, y especialmente aquellos que han cultivado un sentimiento de solidaridad respecto a los intereses colectivos de la Humanidad, mantienen en la víspera de su muerte un interés tan vivo como en el esplendor de su juventud o salud. Mis objetos pasan a ser inútiles y sin historia. Estoy familiarizado con paisajes de orillas azules, cielos luminosos y cementerios blancos. Allí intuí pronto -o tal vez aprendí a aprender- que la muerte es episodio natural y consecuencia de todas las cosas. Llora mi amargo destino, caminante. Amado por muchos, lo habría sido por más. En este lugar yazco, dejando huérfana la vejez de mi padre. Te admiraban mortales y dioses, pero una envidiosa divinidad se apoderó de ti. Sin apenas gustar de la juventud, me he hundido en el Hades. Vi las ciudades de muchos hombres y conocí su forma de pensar. Actio, gladiador. Venció seis veces. Tenía veintiún años. Aquí está enterrado. Que la tierra te sea ligera.

Miedo:
El hombre no consigue mirar de frente a la eternidad a sangre fría. Es más duro asumirla que padecerla. Cuando la muerte nos toca de cerca reaccionamos como si no la hubiéramos visto nunca. Así como una jornada bien empleada produce un dulce sueño, así una vida bien usada causa una dulce muerte. (Leonardo Da Vinci). El no haber hecho nada de nuestra vida aumenta nuestro miedo a la muerte. Aprende a vivir y sabrás morir bien. Se puede morir tranquilo si uno ha cumplido su vocación. Si es duro vivir, morir no lo es menos. Quien no teme a la muerte ¿Qué puede temer? De nada sirve hacerla presente, remarcar la brevedad de todo. Nada hay de terrible en no vivir. Elimina el ansia de inmortalidad. Suprime el miedo. Sin sensación no hay bien ni mal. ¿Miedo a la muerte? Uno debe temerle a la vida, no a la muerte. (Marlene Dietrich) | Temer al amor es temer a la vida, y los que temen a la vida ya están medio muertos. (Bertrand Arthur William Russell) | Estamos "programados" para envejecer y morir. Sometidos a los achaques del cuerpo, constantemente sentimos también miedo, sea un temor vago e inconcreto o apremiante (quizá más vago e inconcreto al comienzo de nuestra vida consciente, para hacerse más apremiante con los años) Ese miedo es el eco de la conciencia temporal de nuestro destino de seres arrastrados hacia su fin. (F.Savater) | Un miedo difuso es es el fondo afectivo de nuestro ser, la tonalidad afectiva fundamental. El miedo siempre está ahí. Una nadería y tenemos miedo, pues esa "nadería", ¿quién sabe?, quizá no es nadería, quizá es ya la muerte. (Marcel Conche)

Vida/duración:
El lapso de una vida es insignificante. Nacer es comenzar a morir. El común de los hombres que no sabe qué hacer con esta vida, quiere otra, que no acabe nunca. A pocos les resulta suficiente la duración de una vida. Cuantos más años se tienen, más se ve cuán importante sería el no tener tantos. Es inútil cuestionar o lamentar lo que nos viene impuesto. Entregarse a las diversiones no equivale a saborear la vida. Duerme con el pensamiento de la muerte y levántate con el pensamiento de que la vida es corta. (Tagore)

    Para Heidegger, como para Borges (¡por eso quería refutar el tiempo!), estar hechos de tiempo significa estar abocados a la muerte, resbalar sin tregua hacia ella. ¡Qué poco nos importaría el tiempo en ninguna de sus formas o medidas si nos creyésemos inmortales! Nos desentenderíamos de él como los niños pequeños, que nos dicen "¿te acuerdas de ayer...?" y se están refiriendo al verano pasado... ¡o a esta misma mañana! La temporalidad es la conciencia de nuestro tránsito hacia la muerte y del tránsito hacia su acabamiento o ruina de las cosas que más amamos. Por eso nos urge, por eso nos angustia, por eso nos empuja a la melancolía ... o al desafío. Ser temporales (sabernos temporales) es siempre vivir "poco", pero también proporciona un sabor fuerte, intenso, a la brevedad vital que paladeamos. La vida nunca puede dejarnos indiferentes porque siempre se está acabando: y el acecho de la muerte vuelve desgarradoramente interesante el más insípido de los momentos. (F.Savater)

Al preguntar si la vida tiene sentido lo que queremos saber es si nuestros esfuerzos morales serán recompensados, si vale la pena trabajar honradamente y respetar al prójimo o daría lo mismo entregarse a vicios criminales, en una palabra, si nos espera algo más allá y fuera de la vida o sólo la tumba, como parece evidente. (F.Savater)

Igualdad:
La pálida muerte lo mismo llama a las cabañas de los humildes que a las torres de los reyes. (Horacio). La muerte llama, uno a uno, a todos los hombres y a las mujeres todas, sin olvidarse de uno solo -¡Dios, qué fatal memoria!-, y los que por ahora vamos librando, saltando de bache en bache como mariposas o gacelas, jamás llegamos a creer que fuera con nosotros, algún día, su cruel designio. (Camilo José Cela)

Actitud:
● O me lo parecerá, y será una eternidad mientras me dure, aunque sólo se aun día más (Carlos Marzal) El trascendental acto de cantar para Rilke: [La conciencia del acabamiento de la vida nos impone la idea de asociar una narrativa a la vida. Ante el hecho de que sea la muerte la que impulsa la trama de la vida] La mejor forma de bregar con esta condición dual —o escindida—, de encajar e incluso disfrutar de este aprieto existencial consiste en cantar. Cantar, dice Rilke, es una facultad única y exclusivamente humana. Cantar como un ser humano no es lo mismo que cantar como un pájaro; lo que el pájaro hace al cantar lo hace la persona al hablar. «La música [que anima una canción] teje una hebra que recorre y sutura las discontinuidades del presente…, la lírica une los acontecimientos de raíz temporal que informan nuestros mundos convirtiéndolos en realidades presentes para cada uno de nosotros por medio de la reiteración de uno o más sonidos. Al retrotraernos constantemente al instante anterior, el tema musical engaña y desvía la flecha del tiempo que nos arrastra a la muerte… El infinito río continúa fluyendo, pero gracias al canto conseguimos remar a contracorriente y detener, durante un breve lapso, nuestro propio avance». No obstante, para Rilke el canto tiene también otro significado. Cantar es lo que hace la propia Tierra, lo cual significa que «decir» y «cantar» son realidades que se superponen. (Watson)


Ni sombras:
Lo ridículo es no parar de hablar de la muerte, de la que lo único que sabemos es que es y está. La muerte no existe, me digo muchas veces, recordando la de cada uno, la de todos ellos: simplemente se deja de vivir. No ha una "Dama del alba", ni un Segador de Guadaña, ni un jugador de ajedrez; ni ese ángel que esculpen sobre algunas tumbas con el dedo puesto sobre lo labios. Pide silencio. No le hagamos caso: es solo un mármol hecho por un hombre y una superstición. No queremos callarnos... No hay Mas Allá, no hay fantasmas, ni sombras ni nada. Ni Infierno, ni Juicio Final, que son un par de horribles canalladas para atarnos al miedo... No hay ni siquiera ese "se" impersonal. La Nada, que es una imaginación, tan absurda como el Todo. (Eduardo Haro Tecglen)


Día de difuntos:
Yo no siento ni practico el culto materialista y exterior que consiste en acercarse a un pedazo de mármol en donde no hay más que algunas palabras y unas pocas reliquias invisibles de un cuerpo que ya no vive. Los muertos siguen viviendo solamente de dos maneras: en la segunda vida, para los que tienen fe, y el alma de los supervivientes, en nuestro cálido y presente recuerdo. Morimos en la tierra una segunda vez, cuando se mueren todos aquellos que nos amaron. (Papini, 2 noviembre 1942)


Roma:
Pobre alma mía, errante y tierna, huésped y compañera del cuerpo, que ahora te irás a regiones pálidas, frías, desnudas. Y no te entregarás como acostumbras, a los placeres. (Adriano, 76-138)

Preocupaciones, fatigas, premios y honores por el deber cumplido, partid, atormentad en adelante otras vidas. Lejos de vosotros me llama un dios. Concluida esta vida, tierra hospitalaria, adiós. | De la suerte y de la muerte no hay quien escape. | No existe la muerte, sólo cambian las condiciones de vida. | La muerte es un castigo para algunos, para otros un regalo, y para muchos un favor. (Séneca)

Borges:
● La muerte es una vida vivida. La vida es una muerte que viene. ● ¿De qué otra forma se puede amenazar que no sea de muerte? Lo interesante, lo original, sería que alguien lo amenace a uno con la inmortalidad.

Varios:
● La muerte se paga viviendo. (Giuseppe Ungaretti) ● La muerte se lleva todo lo que no fue, pero nosotros nos quedamos con lo que tuvimos. (Mario Rojzman) ● El matrimonio es la vida o la muerte; no hay término medio. (Bertrand Rusell) ● He meditado a menudo sobre la muerte y encuentro que es el menor de todos los males. (Francis Bacon) ● Cuando no se teme a la muerte, se la hace penetrar en las filas enemigas. (Napoleón Bonaparte) ● Como un mar, alrededor de la soleada isla de la vida, la muerte canta noche y día su canción sin fin. (Rabindranath Tagore) ● Cuando uno no sabe aún lo que es la vida, ¿cómo podría conocer lo que es la muerte? (Confucio) ● Un viaje es una nueva vida, con un nacimiento, un crecimiento y una muerte, que nos es ofrecida en el interior de la otra. Aprovechémoslo. (Paul Morand) ● La lucha justa te vuelve valioso, la muerte en la lucha te vuelve eterno. | La primera condición para la inmortalidad es la muerte. (Stanislaw Jerzy Lec) ● Cuando contemplo el sagrado liao wo mis pensamientos se vuelven hacia aquellos que me concibieron, que me criaron y que ahora descansan. Les devolvería todo lo que me prodigaron. Pero, al igual que el cielo, son ya inabordables. (Huston Smith) ● La vida era entonces plácida y, cada cierto tiempo, desaparecía una generación para dormir bajo los verdes cipreses y las casas se llenaban de hijos y de nietos que no rompían con los desaparecidos y, así, tales casas eran la continuidad dulce y enternecedora a través del tiempo: el triunfo sobre la muerte. (Juan Antonio Padrón Albornoz, 1982) ● Y sobre el mármol blanco de las losas tumulares, reposan indolentes las estatuas yacentes. (Gabriele D'Annunzio)

La muerte como simple cesación:
Platón afirmó que la filosofía es una meditación de la muerte. Toda vida filosófica, escribió después Cicerón, es una commendatio mortis. Veinte siglos después Santayana dijo que "una buena manera de probar el calibre de una filosofía es preguntar lo que piensa acerca de la muerte". Según estas opiniones, una historia de las formas de la "meditación de la muerte" podría coincidir con una historia de la filosofía. Ahora bien, tales opiniones pueden entenderse en dos sentidos. En primer lugar, en el sentido de que la filosofía es o exclusiva o primariamente una reflexión acerca de la muerte. En segundo término, en el sentido de que la piedra de toque de numerosos sistemas filosóficos está constituida por el problema de la muerte. Sólo este segundo sentido parece plausible. Por otro lado, la muerte puede ser entendida de dos maneras. Ante todo, de un modo ambiguo; luego, de una manera restringida. Ampliamente entendida, la muerte es designación de todo fenómeno en el que se produce una cesación. En sentido restringido, en cambio, la muerte es considerada exclusivamente como la muerte humana. Lo habitual ha sido atenerse a este último significado, a veces por una razón puramente terminológica y a veces porque se ha considerado que sólo en la muerte humana adquiere plena significación el hecho de morir. Esto es especialmente evidente en las direcciones más "existencialistas" del pensamiento filosófico, no sólo las actuales, sino también las pasadas. En cierto modo, podría decirse que el significado de la muerte ha oscilado entre dos concepciones extremas: una que concibe el morir por analogía con la desintegración de lso inorgánico y aplica esta desintegración a la muerte del hombre, y otra, en cambio, que concibe inclusive toda cesación por analogía con la muerte humana.

Una historia de las ideas acerca de la muerte supone, en nuestra opinión, un detallado análisis de las diversas concepciones del mundo -y no sólo de las filosofías- habidas en el curso del pensamiento humano. Además, supone un análisis de los problemas relativos al sentido de la vida y a la concepción de la inmortalidad, ya sea bajo la forma de afirmación, o bien bajo el aspecto de su negación. En todos los casos, en efecto, resulta de ello una determinada idea de la muerte. Nos limitaremos aquí a señalar que una dilucidación suficientemente amplia del problema de la muerte supone un examen de todas las formas posibles de cesación aun en el caso de que, en último término, se considere como cesación en sentido auténtico solamente la muerte humana. De este examen resulta, por lo pronto que hay una distinta idea del fenómeno de la cesación de acuerdo con ciertas últimas concepciones acerca de la naturaleza de la realidad. El atomismo materialista, el atomismo espiritualista, el estructuralismo materialista y el estructuralismo espiritualista defienden, en efecto, una diferente idea de la muerte. Ahora bien, ninguna de estas concepciones entiende la muerte en un sentido suficientemente amplio, justamente porque, a nuestro entender, la muerte se dice de muchas maneras, (desde la cesación hasta la muerte humana), de tal modo que puede haber una forma de muerte específica para cada región de la realidad. La analogia mortis que con tal motivo se pone de relieve puede explicar por qué -para citar casos extremos- la concepción atomista materialista es capaz de entender el fenómeno de la cesación en lo inorgánico, pero no el proceso de la muerte humana, mientras que la concepción estructuralista espiritualista entiende bien el proceso de la muerte humana, pero no el fenómeno de la cesación en lo inorgánico. No se trata, pues, de adoptar una determinada idea del sentido de la cesación en una determinada esfera de la realidad y aplicarla por extensión a todas las demás esferas -por ejemplo, de concebir la muerte principalmente como cesación en la naturaleza inorgánica y luego de aplicar este concepto a la realidad humana; o, a la inversa, de partir de la muerte humana y luego concebir todas las demás formas de cesación como especies, por acaso "inferiores", de la muerte humana-. Se trata más bien de ver de qué distintas maneras "cesan" varias formas de realidad y de intentar ver qué grados de "cesabilidad" hay en el continuo de la Naturaleza. En El ser y la muerte (1962), el autor de la presente obra ha formulado varias proposiciones relativas a la propiedad "ser mortal", donde la expresión 'ser mortal' resume cualquier modo de dejar de ser: "(1) Ser real es ser mortal; (2) Hay diversos grados de mortalidad, desde la mortalidad mínima a la máxima; (3) La mortalidad mínima es la de la naturaleza inorgánica; (4) La mortalidad máxima es la del ser humano; (5) Cada uno de los tipos, de ser incluidos en 'la realidad', es comprensible y analizable en virtud de su situación ontológica dentro de un conjunto determinado por dos tendencias contrapuestas: una que va de lo menos mortal a lo más mortal y otra que recorre la dirección inversa". Lo que se llama "muerte" es entendido aquí como un fenómeno o una "propiedad", que permite "situar" tipos de entidades en el citado "continuo de la Naturaleza".

Ha sido común estudiar filosóficamente el problema de la muerte como problema de la muerte humana. En la actualidad abundan los estudios biológicos, psicológicos, sociológicos, médicos, legales, etc. sobre la muerte, con atención a casos concretos, a los modos como en distintas comunidades y en diferentes clases sociales se hace frente al hecho de que los seres humanos mueren. Estos estudios son importantes, porque ponen de manifiesto que la muerte humana es un fenómeno social, a la vez que un fenómeno natural. Por eso se tiene en cuenta no solamente los "moribundos" y los "fallecidos", sino también los sobrevivientes. La investigación propia a que antes nos referimos no deja de lado los citados estudios, pero atiende a la noción de "muerte" (o de "cesación") como noción filosófica y no solamente como un fenómeno humano. En lo que toca al último se han contrapuesto dos tesis extremas: según una de ellas, la muerte es simple cesación; según la otra, la muerte es "la propia muerte", irreductible e intransferible. Estimamos, por nuestro lado, que la llamada "mera cesación" y la muerte "propiamente humana" funcionan a modo de conceptos-límite. De la muerte humana se puede decir que es "más propia" que otras formas de cesación, pero, a menos de cortar por completo la persona humana de sus raíces naturales, debe admitirse que tal propiedad no es nunca completa. Junto a una investigación filosófica de la muerte, puede procederse a una descripción y análisis de las diversas ideas que se han tenido acerca de la muerte en el curso de la historia, y en particular en el curso de la historia de la filosofía. Puede entonces examinarse la idea de la muerte en el naturalismo, en el estoicismo, en el platonismo, en el cristianismo, etc. También pueden estudiarse las diversas ideas de la muerte en diversos "círculos culturales" o en varios períodos históricos. En la mayor parte de los casos este estudio va ligado un examen de las diversas ideas acerca de la supervivencia y la inmortalidad. (José Ferrater Mora)


Restos:
Comenzó a hablar de su hijo, recientemente fallecido. Me contó que era muy joven, que la enfermedad fue larga y dolorosa. Por las tardes salía al jardín y se sentaba en una hamaca; poco después llegaban su novia y algunos amigos; con naturalidad, sin prisas, hablábamos de todo un poco. Cuando todo terminó —me explicó con cierta emoción— su novia siguió viniendo a verme; se casó con un ayudante mío de cátedra; tienen dos hijos, que también vienen a verme; son mis nietos; la hamaca también sigue allí. Y mirándome fijamente concluyó: todo ello, su novia, los hijos de su novia, el jardín, la hamaca, ya vacía, y un montón de recuerdos es lo que queda de mi hijo. “A esas realidades se reduce su nueva vida, por la que usted al parecer tanto se interesa”. (Manuel Fraijó, 2016)


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