CANARIAS
MAR
Cartografía marina



Primera cartografía marina de Tenerife. Por Cande Castillo:
Si decimos que un grupo de científicos tinerfeños se ha encontrado en sus expediciones por la zona comprendida entre Teno y La Rasca con un mar muy limpio, a priori podría parecer una conclusión extraordinaria. Sin embargo, lo cierto es que estos biólogos han podido, entre otros hallazgos, constatar en esta zona algo que ya se temían: un mar notablemente limpio de peces comestibles que es consecuencia de la acción humana en forma de sobrepesca y del mal uso de los emisarios submarinos. Hasta el momento, la isla de Tenerife nunca había contado con una cartografía marina pero, desde hace más de dos años, un equipo de biólogos de la Universidad de La Laguna viene trabajando intensamente en una cartografía entre la zona de Teno y La Rasca de la que ya se están ultimando los detalles y cuyos resultados están punto de entregar. Elaborar una cartografía marina significa diseñar un mapa que permita conocer la topografía del fondo del mar y las comunidades biológicas que habitan en él de forma que, igual que se intenta planificar de manera racional el uso del área terrestre, se pueda hacer también un uso coherente de los territorios marinos. Sólo las islas de Lanzarote y Gran Canaria contaban con este tipo de estudios que además habían sido encargados a empresas de la Península. Sin embargo, hace algo más de dos años el Cabildo Insular de Tenerife sacó a concurso un novedoso proyecto. Consistía en elaborar una cartografía sobre una zona que, precisamente, ha sido propuesta por la Dirección General de Política Ambiental del Gobierno de Canarias para su declaración como Espacio Natural Protegido y que es considerada por decisión de la Comisión Europea de 28 de diciembre de 2001 como Lugar de Importancia Comunitaria bajo el nombre de Franja marina Teno-Rasca, por la gran cantidad de cetáceos presentes en sus aguas.

De elaborar el mapa topográfico de la zona se encargó Estudio ITAC, una empresa de Gran Canaria que hizo la batimetría con gran exactitud empleando para ello aparatos de última generación. Se trataba de hacer un mapa en un margen de poca profundidad, de cero a cincuenta kilómetros, -al ser el área más expuesta a la acción humana- que luego se entregó al equipo de biólogos de la Universidad de La Laguna. Jacinto Barquín es el biólogo que se ha encargado de estudiar la parte de zoología marina, mientras que Candelaria Gil se ha ocupado de la cuestión botánica. Aunque la intención es la de contar en un futuro con una cartografía marina de toda la isla de Tenerife, se eligió en una primera ocasión esta zona "más fácil de analizar porque cuenta con mejores condiciones del mar durante todo el año", indica Jacinto Barquín. Ya está casi concluido el mapa no sólo con sus características topográficas sino también con las comunidades marinas que allí viven. Son varias las conclusiones que se pueden extraer de este estudio científico pero quizá la más llamativa es el serio empobrecimiento del litoral tinerfeño en cuanto a los peces comestibles que se pudieron encontrar con "muy pocos ejemplares y muy pocas especies, fruto entre otras cosas, de la sobrepesca", asegura Barquín. Otra de las cuestiones que sorprendió a estos biólogos es la manera inadecuada en la que se están empleando los emisarios submarinos cuyos residuos, explica el experto en zoología marina, "espantarían a cualquiera que viese en qué forma llegan al fondo del océano y los daños que pueden ocasionar, pues a veces se espera que el mar haga por sí sólo demasiadas cosas". No obstante, se realizaron otros interesantes hallazgos por medio de un trabajo que ha ocupado dos años de arduas investigaciones en la vida de estos biólogos. Partiendo de un mapa entregado por Estudios ITAC, un equipo técnico del Cabildo hizo una serie de fotos aéreas de la zona. Tanto Jacinto Barquín como Candelaria Gil retocaron por ordenador las otos para resaltar las áreas más interesantes como objeto de esudio. A partir de aquí, y abarcando una extensión cuya longitud en línea recta es de 48 kilómetros, se emprendieron cuatro campañas por mar en las que, a bordo de un barco y empleando una cámara submarina, un ordenador portátil y un monitor, se estudiaron 2.400 puntos.

La amenaza del erizo:
El objetivo primordial era estudiar el fondo duro -rocoso- del ecosistema marino entre Teno y La Rasca. Inmediatamente se pudo comprobar que la comunidad que domina todo este sustrato es una especie autóctona conocida como erizo de lima, que se extiende por los fondos creando los blanquizales y que perjudica seriamente al resto de las poblaciones porque se come todo el tapiz vegetal. "Una especie de dictador ecológico que impone sus normas y no hay manera de evitarlo", ilustra Barquín. Lo cierto es que ésta se ha convertido en una de las principales amenazas de los fondos marinos canarios, algo que influye en la pesca, en el uso turístico de los fondos, y en definitiva en el medio ambiente y la economía de la isla. Las razones de esta plaga se explican un vez más en la acción humana si tenemos en cuenta que el erizo se ha multiplicado porque se le ha librado de los predadores y de otras especies -peces comestibles- que eran sus competidores.

Restos volcánicos milenarios:
En el mar se refleja también de forma muy directa la actividad volcánica de hace miles de años. En sus incursiones por los fondos de nuestro océano, los científicos han encontrado roca volcánica rodeada de arena, colada de lava de dos a cinco millones de años de antigüedad. Son vestigios de erupciones volcánicas que vivió Tenerife en el pasado y de las que el mar ha sido fiel testigo.

El tesoro de los sebadales:
Otro hallazgo importante tiene que ver con la única comunidad que está protegida mundialmente por ley: el sebadal. Se trata de una especie de praderas que viven en el fondo arenoso del mar y que son imprescindibles para el ecosistema en la medida en que impiden que haya erosión y sirven de refugio para la comida de los peces adultos. Según Barquín, "la salud del sebadal es la salud del mar" y allí donde haya uno de ellos es necesario limitar toda la actividad turística y controlar la pesca. En sus exploraciones, estos biólogos descubrieron sebadales en la zona de Playa San Juan, Los Acantilados y, el más extenso de todos, ubicado justo entre Las Américas y Los Cristianos. Formaciones geológicas tan hermosas como desconocidas son otros de los descubrimientos de la primera cartografía marina que se hace en Tenerife y que deja todo un camino de incógnitas por resolver y de áreas por estudiar. (Cande Castillo)


El interfaz tierra-mar:
El paso de los ecosistemas de tierra a los de mar requiere obligatoriamente de una banda ecotónica, donde se encuentran situadas comunidades que han evolucionado especializándose en soportar ambas situaciones. En este sentido puede detectarse la presencia de especies terrestres resistentes al encharcamiento del suelo por el agua del mar, en maretas y saladares, como es el caso del salado (Arthrocnemum), adaptada a esa falta de oxígeno en el sustrato y a una alta salinidad del medio. Por otro lado, es destacable la capacidad de y resistencia que representan algunas algas y animales que se desarrollan en ámbitos rocosos y charcos litorales , donde o no hay agua o en la que queda encharcada aumenta la salinidad y la temperatura, así como disminuye el oxígeno disuelto notablemente en los períodos entre mareas altas. Estas situaciones las resisten grupos de algas azules, algunas algas verdes del género Enteromorpha, y animales como los burgados de sol.

Los ecosistemas marinos:
Es necesario tener en cuenta dos elementos esenciales para entender la estructura de los ecosistemas marinos canarios. Por un lado, pese a que las Islas presentan una longitud de costa de 1.291 km, sólo poseen 2.256 km cuadrados de plataforma costera (hasta los 50 m de profundidad), que es la zona óptima para el desarrollo de los fotoproductores de fondo (algas y fanerógamas). Por ello, la producción se ve limitada en función de la extensión de la plataforma insular, diferente para cada isla, reduciendo la superficie la superficie habitable para las especies litorales. Sirva el caso de algunos puntos de La Palma y El Hierro donde los 200 m de profundidad se encuentran a menos de 200 m de la costa, suponiendo la plataforma de esta última isla apenas el 4% de la superficie emergida. Sin embargo, al SO de Fuerteventura y NE de Lanzarote se alcanzan las máximas amplitudes de la plataforma insular (hasta cerca de 30 km), suponiendo ésta un 30% de la superficie insular, en el caso majorero. Por otra parte, las aguas que rodean a las islas Canarias son básicamente oceánicas y oligotróficas, lo cual contribuye a limitar la capacidad productiva de los ecosistemas marinos. Nos encontramos pues ante una situación típica de muchas islas tropicales y subtropicales, con ecosistemas litorales bastante diversificados, originales y frágiles, fácilmente vulnerables debido a las bajas densidades de las especies y las complejas interrelaciones existentes entre las mismas. En función de que la organización del ecosistema se encuentre o no ligada al fondo del mar diferenciaremos entre ecosistemas bentónicos (fondos rocosos abiertos, fondos arenosos abiertos, sebadales y comunidades de corales profundos) y pelágicos (costero y de alta mar).

Fondos rocosos abiertos:
En los fondos rocosos intermareales y submareales, mucho más abundantes en Canarias que los arenosos, se desarrolla una banda de algas macroscópicas, muy diversificada en su composición específica (Cystoseira, Gelidium, Corallina, Satgassum, etc) y organizadas espacialmente en relación a las condiciones ambientales de cada zona. Además, estos fondos cubiertos de algas sirven de zona de cría de alevines y refugio de juveniles para muchas especies. Aunque hay especies de algas que sobrepasan los 100 m de profundidad, la zona óptima para el desarrollo de estas comunidades vegetales no suele superar los 50 m. En muchos sectores de las Islas el desarrollo de la banda algal está muy limitado, con respecto a la capacidad potencial, debido a la intensa actividad hervíbora de los erizos, especialmente el erizo de Lima (Diadema antillarum), dejando fondos limpios de algas conocidos como blanquizales. Herbívoros frecuentes son las viejas (Sparisoma) y salemas (Salpa), abundando también los planctófagos como fulas (Chromis) y boga (Boops). Entre los principales depredadores se encuentra la bicuda (Sphyraena), el medregal (Seriola), el abadejo (Mycteroperca) y el mero (Epinephelus).

Fondos arenosos abiertos:
Son, en general, pobres y limpios de vegetación, obteniendo su producción a partir de necromasa procedente de las praderas de fanerógamas y de las algas de los fondos rocosos, así como de la incorporación de producción planctónica que realizan los invertebrados planctófagos o peces como la anguila jardinera (Heteroconger). No obstante, en algunas zonas y a cierta profundidad se origina una producción primaria propia basada en una película de algas microscópicas que se desarrolla sobre la arena. Los fondos arenosos constituyen el hábitat de especies como el tapaculo (Bothus) y el pez araña (Trachinus).

Sebadales:
Las praderas de sebas (Cymodocea nodosa), conocidas como sebadales, se encuentran sobre fondos arenosos, desde un par de metros en sectores abrigados y a unos 10 m en los expuestos, extendiéndose hasta unos 35 m de profundidad. Además de estabilizar el sustrato con su sistema radicular, esta fanerógama sirve como soporte para una gran cantidad de algas filamentosas e invertebrados, que se instalan sobre sus hojas, y como lugar de desarrollo de una gran cantidad de alevines y juveniles de peces propios de los fondos rocosos, que encuentran aquí un ambiente propicio, con abundancia de alimento y sin los depredadores de las zonas rocosas. Además, las praderas presentan también una fauna característica, representada por peces como la herrera (Lithognatus), mojarra (Diplodus) o salmonete (Mullus). Entre los depredadores más importantes están el choco (Sepia) y el angelote (Squatina).

Comunidades de corales:
Estas comunidades se extienden aproximadamente entre los 50 y lo 600 m de profundidad, en donde el movimiento de las aguas está claramente atenuado y la luz disminuye sensiblemente hasta llegar a desaparecer. Al estar situados más allá de la zona eufótica sólo pueden sostenerse gracias al aporte de necromasa que cae a modo de maná por la acción de la gravedad desde aguas superiores, aunque también las migraciones del zooplancton aportan materia y energía a dichos fondos. Las algas, ya generalmente coralináceas, no suelen superar los 100 m de profundidad siendo sustituidas en profundidad por bancos de corales, denominados por Dendrophyllia ramea. Esta comunidad se va empobreciendo en profundidad, siendo sustituida a los 150 m por otra dominada por un congénere de menor porte, Dendrophyllia cornigera, que puede llegar hasta los 400 m de profundidad. La fauna que habita las comunidades de corales es muy variada y muchas de las especies presentan interés comercial. Además de las características de esta zona infralitoral, como meros, abades, verrugatos (Umbrina), cabrillas (Serranus), etc., que pueden encontrarse también aquí, hacen su aparición especies nuevas como la sama o pargo (Dentex), el bocinegro (Pagrus), la brota (Phycis), o la breca y el besugo (Pagellus). Más allá de los 400 m de profundidad, aparece la comunidad de corales blancos, enre los que destacan las especies Madrepora oculata y Lophellia pertusa, junto a las persistentes gorgonias. Finalmente, aproximadamente a partir de los 600 m de profundidad, los corales blancos dan paso progresivamente a las comunidades de esponjas de cristal, de entre las que destaca Pheronema grayi. Peces ligados a estas comunidades son el congrio (Conger), la palometa de hondura (Beryx), el quelme (Centrophorus), el obispo (Pontinus) o la boca negra (Helicolenus).

El ecosistema pelágico costero:
Estaríamos ante la porción del ecosistema pelágico más cercana a tierra pero aún sostenido por el fitoplancton. Aquí se simultanean especies más ligadas a la costa como el guelde (Atherina), la boga (Boops) y la palometa (Trachinotus) con otras de aguas ás abiertas, compuestas por peces como la caballa (Scomber) o la sardina (Sardina, Sardinella), que se acercan a la costa a reproducirse y desarrollar aquí su fase juvenil. Ligadas también a la costa, y siempre próximos a fondos abruptos, aparecen especies semipelágicas, como la bicuda y el medregal. Sobre los recursos pelágicos costeros inciden también las aves marinas, principalmente la pardela cenicienta (Calonectris diomedea). Otra particularidad de este ecosistema es que, debido a la proximidad de los grandes fondos a las costas, muchas especies de hábitats profundos, sobre todo las que realizan migraciones verticales nocturnas hacia aguas superficiales, están plenamente integradas en la dinámica insular, al contrario que ocurre en zonas continentales, donde dichas especies se encuentran a muchas millas de la costa. Este es el caso, por ejemplo, de los escolares (Ruvettus) o el conejo (Promethichthys), que de día se encuentra sobre fondos batiales, por debajo de los 400 m de profundidad, y por la noche ascienden, siguiendo el perfil del fondo, hasta llegar cerca de la superficie.

El caso de las potas es diferente, pues ascienden en vertical desde fondos más profundos y llegan hasta la misma superficie. La inportancia de este último fenómeno es considerable y podría ser uno de los motivos fundamentales que permiten situaciones tan particulares como la existencia de una población estable de calderón tropical (Globicephalus macrorynchus) en el canal que separa Tenerife y La Gomera, una zona abrigada con respecto a los vientos dominantes y donde los fondos profundos están cercanos a la costa.

Alta mar:
El ecosistema pelágico de alta mar ocupa los canales que separan las islas. Aunque existe una apreciable estratificación en la composición de sus comunidades, éstas están relacionadas por las migraciones diarias y estacionales de los organismos, de manera que se produce constantemente una redistribuión vertical. Este ecosistema se sustenta en el fitoplancton, que pese a su pequeña biomasa presenta una gran tasa de renovación. Por otra parte, el obstáculo que suponen las islas a la dirección de los vientos y corrientes dominantes provocan la concentración de plancton en las zonas de calma a sotavento de las mismas, originando manchas que incrementan la producción piscícola pelágica y de fondo, y que podrían explicar las mayores concentraciones de peces pelágicos costeros, como caballas o sardinas, existentes a sotavento de las islas. La estructura de este ecosistema está en gran medida condicionada por la presencia de numerosas especies oceánicas que se acercan a Canarias en sus rutas migratorias, especialmente los atunes (Thunnus, Katsuwonus), bien tropicales (bonito, rabil, tuna) o templados (patudo, barrilote), que se sustituyen en el tiempo a lo largo del año, aportando a las islas unas biomasas muy elevadas. (José María Fernández-Palacios, José Ramón Arévalo, Juan Domingo Delgado, Rudiger Otto. Canarias, ecología, medio ambiente y desarrollo)


Las doscientas millas canarias. Por Francisco García-Talavera:
En relación con las informaciones aparecidas en los diarios locales acerca de la triste actualidad del sector pesquero tras los últimos acontecimientos [1981], como canario me veo en el deber de aportar alguna información sobre el tema, que considero de gran interés. En primer lugar, aclarar que si bien la ampliación a 200 millas de las aguas -supuestamente marroquíes-, del Sáhara, no afecta a los pesqueros españoles desde el punto de vista de que, aún trazando la mediana, los principales caladeros quedarían siempre fuera de nuestras aguas, también es cierto que una pequeña parte de la plataforma continental africana sí que estaría incluida en las aguas canarias, concretamente frente a Lanzarote. Por otro lado, vemos que esta ampliación sí que ha afectado a los pesqueros españoles de la zona, puesto que la práctica totalidad de ellos se encuentran amarrados. Este es un hecho que no tiene vuelta de hoja. En el caso de los pesqueros canarios, la realidad es más dramática ya que la mayoría de ellos, por sus características, sólo pueden pensar en dichas conflictivas aguas. Y decimos que la realidad es triste y dramática para los pescadores canarios, porque van a contemplar impotentes, mientras ellos permanecen amarrados, cómo otros se llevan la pesca en sus propias aguas. Y no me estoy refiriendo ya a la plataforma del Sáhara, sino a una serie de bancos submarinos cercanos a las Islas. En este sentido, discrepo con las declaraciones del director del Laboratorio Oceanográfico de Canarias efectuadas en El Día, en donde decía que el tema de la mediana, o sea la ampliación a 200 millas de nuestras aguas, no era urgente. Estoy de acuerdo con que es urgente tratar de buscar una solución rápida y favorable a los miles de pescadores que están en paro, como puede ser la búsqueda de nuevos caladeros o la negociación de nuevos acuerdos. Pero, es tanto o más urgente delimitar nuestras aguas y establecer nuestros derechos. Paralelamente, es urgente también la reconversión de la flota canaria desde ahora mismo a las nuevas realidades. Decía antes que los pescadores canarios van a contemplar cómo otros se llevan la pesca de "sus" aguas, y voy a aclarar por qué.

El Banco de La Concepción y el Banco de Dacia:
Existen al Norte de Lanzarote una serie de bancos submarinos a modo de islas sumergidas con fondo más o menos plano, entre los que destacan el Banco de La Concepción y el Banco de Dacia. El Banco de la Concepción está a unas 50 millas al NE de Lanzarote, siguiendo la alineación Fuerteventura-Lanzarote, y su profundidad se mantiene en grandes extensiones entre los 160 y 200 metros. El Banco de Dacia está a unas 140 millas al N. de Alegranza, de mayor extensión que el de la Concepción, y con una profundidad mínima que en algunos puntos llega a los 80 metros. Pues bien, en agosto de 1972 se llevó a cabo la campaña "NORCANARIAS I" en el barco oceanográfico Cornide Saavedra, bajo la dirección de don Carmelo García Cabrera y en la cual participé como geólogo marino. Se trataba de estudiar la naturaleza de los fondos, de la pesca de los bancos y de las aguas del Norte de Canarias. Comenzaron las investigaciones en el Banco de Amanay -situado entre Gran Canaria y Fuerteventura- comprobándose la naturaleza plana de su fondo, por lo tanto "arrastrable", así como la gran riqueza pesquera que poseía. En algunos puntos la profundidad era tan sólo de 25 metros. En Concepción y Dacia se llevaron a cabo estudios geofísicos, pesqueros y oceanográficos, comprobándose también la gran riqueza y variedad de especies que viven en sus fondos, así como la viabilidad, en muchas zonas, de la pesca de arrastre. Posteriormente, se estudiaron los fondos de las Islas Salvajes (portuguesas) pero ese ya es otro tema. Con ello, quedó demostrado que esos bancos submarinos ofrecen unas grandes posibilidades que hasta la fecha han sido poco explotadas. En cálculos aproximados que he hecho se ve claramente que, ampliando nuestras aguas a 200 millas y trazando las medianas con las aguas marroquíes y portuguesas, todos esos Bancos, así como el Eco, que está a unas 150 millas al SW de El Hierro y otros más pequeños repartidos entre las Islas, entrarían dentro de las aguas canarias. La triste realidad es que mientras se lleva a cabo la reconversión, si es que alguna vez se hace, de la flota canaria para la pesca de arrastre en los bancos, y de palangres y otras artes de mayor profundidad, y en tanto se continúe con las conversaciones sobre los límites de aguas jurisdiccionales y no se establezca una vigilancia rigurosa, otras flotas mejor preparadas se estarán llevando de "nuestras" aguas, "nuestra" riqueza pesquera. Según recientes informaciones, ya se está empezando a pescar de una manera masiva con barcos de arrastre en el Banco de La Concepción y no precisamente por barcos de la flota canaria. ¿Hasta cuándo, señores?. Francisco García-Talavera (1981)

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