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El Jardín de las Hespérides



Atlantis Localizaciones del jardín de las Hespérides:
Se han propuesto para este mítico jardín, los siguientes lugares concretos:

  1. Según el Periplo (cap.108) del llamado Pseudo-Scilax, habría que situar el famoso Jardín en la zona de lo que es hoy Ras Sem, en la costa africana norteña de la antigua Cirene.
  2. Para muchos autores estaría en un bosque sagrado de Berenice, actual Benghazi, llamado primero Hesperís o Hespéride.
  3. Plinio y Solino conocen un Jardín de las Hesperides en la región de Tingis, en Mauritania, extremidad oriental de la costa septentrional africana.
  4. Apolonio de Rodas y Lucano veían las Hespérides cerca del lago Tritón.
  5. Ferécides las mezcla con las ninfas del Eridano que, a su vez, lo identifica con el Po italiano.
  6. Apolodoro habla de los hiperbóreos, entre los que coloca a Atlas y a las Hespérides.
  7. Cuando la situación de Atlas se establece definitivamente en la antigua Mauritania, las Hespérides corren la misma suerte y así se las localiza en Lixos o entre los etíopes (Servio).

En cualquier caso, aquí nos encontramos ante uno de los ejemplos más claros de aquella occidentalización de los mitos griegos.

El Jardín de las Hespérides en islas:
Además de todas las localizaciones continentales anteriores, la mayoría de ellas en la costa norteafricana mediterránea, hay otras insulares que sitúan el famoso jardín y su propietario en una o varias islas. Uno de los autores más antiguos en mencionar una isla para las Hespérides es el lírico griego Estesícoro de Hímera (s. VI a.C.), quien en uno de sus fragmentos nos cuenta que: "a través de las olas del mar llegaron a la hermosa isla de los dioses, allí donde las Hespérides tienen su casa de oro (Frag. 16) Adrados; se habla de que la hespéride Eritía lleva a su hijo Euritión a la isla de las Hespérides). Quizás también Ferécides colocaría la residencia de las Hespérides en una isla del Océano occidental, pero no está claro si se refiere a la isla de Gerión, Eritía. En cualquier caso, la primera alusión clara a unas islas atlánticas occidentales como morada de las Hespérides la encontramos en Pomponio Mela, quien en su Corografía, III, 10 dice textualmente: Después empieza el frente costero que, volviéndose a Occidente, es bañado por el mar atlántico: sus primeras tierras las habitan los etíopes, de las que en medio nadie, porque o está abrasadas o cubiertas por las arenas o infestadas de serpientes. Próximas a las tierras abrasadas se encuentran unas islas en las que se dice que vivieron las Hespérides.

A partir de Mela hay toda una serie de autores latinos que mencionarán unas islas Hespérides situadas más lejos de las Górgadas. Entre estos autores nerece la pena citar los siguientes:

  1. Plinio (HN, 36):
    Más lejos de éstas se citan también aquí a las dos islas de las Hespérides. Pero todo lo relativo a esto es de tal manera dudoso, que estacio Seboso ha evaluado la distancia entre las Górgadas y las Hespérides en cuarenta días de navegación, viajando frente y a lo largo del Atlas, y en una sola jornada de viaje la distancia de aquellas islas al Cabo de Poniente.
  2. Solino:
    Más allá de las Górgadas se encuentran las islas Hespérides: Seboso afirma que tardaron cuarenta días de navegación hasta mares más recónditos.
  3. Marciano Capela (VI, 702): Más allá de éstas están las islas de las Hespérides que se encuentran justamente en el mar recóndito.
  4. Isidoro de Sevilla, Etimologías, XIV, 6, 10:
    Las islas de las Hespérides se denominan así por la ciudad Hespéride que estuvo en los confines de Mauritania. Se hallan más allá de las Gorgadas, en el límite del Atlántico, hacia donde comienzan los abismos marinos. En sus jardines -según cuentan las leyendas- había un dragón que vigilaba las manzanas de oro. Se dice que allí se origina del mar un estuario tan anfractuoso por sus recortadas orillas, que quienes lo contemplan desde lejos creen ver las espirales de una serpiente (Trad. Oroz Reta).
  5. También autores como Rabano Mauro (s. IX d.C.) y Honorius Augustodunensis (s. XI-XII) citan este pasaje isidoriano, al igual que Vicente de Beauvais (s. XIII) en el siguiente texto de su Speculum: ... Las Hespérides recibieron su nombre del estado de Hesperia, país limítrofe con Mauritania; pues están más cerca de la costa atlántica que las Górgadas, en las ensenadas más recónditas del mar, y cuenta la leyenda que en sus jardines acecha un dragón siempre vigilante, que custodia las manzanas de oro; parece que se trata de una laguna litoral cuya forma, debido a la sinuosidad de las orillas, se asemeja a la de una serpiente que se está enroscando.
  6. Todas las referencias anteriores son recogidas y reinterpretadas por Boccacio en el siglo XIV, quien en su famosa Genealogía (IV, 30) resume así la cuestión:

      En efecto, hubo unas islas, según opina Pomponio (III, 10, 100-103), en el Océano occidental que tenían la playa desierta frente al continente de los pueblos Hésperos, Etíopes y Atlantes, islas de las que sin duda tomaron posesión las doncellas Hespérides, y eran muy abundantes en las ovejas, cuya lana, de mucho valor, era como el oro. Y así las islas Hespérides, que eran los pastizales de tal tipo de ovejas, fueron el huerto de las Hespérides, y las ovejas las manzanas de oro; pues las ovejas son llamadas por los griegos male o mala, según testimonia Varrón en el libro Sobre la agricultura (II, 1, 6). La serpiente vigilante eran los estrechos que, al estar el mar agitado, daban vueltas entre las islas de día y de noche sin interrupción con admirable temporal e impedían el paso a las islas. Los atravesó Hércules aprovechando el momento propicio y con las manzanas de oro, es decir, los ganados, regresó a Grecia.

    De las fuentes que acabamos de citar lo único cierto es que se trata de unas islas del Océano Atlántico situadas frente a la costa occidental de Africa, pero de difícil identificación, ya que puede referirse a cualquiera de las islas de esta parte atlántica que se conoce hoy como Macaronesia: Azores, Madeira, Canarias, Salvajes, Cabo Verde, etc. De ahí que unos piensen que las Górgadas son las islas de Cabo Verde y las Hespérides las Canarias o Azores, mientras que otros suponen que son Madeira. Los hay que creen que las Hespérides no son unas islas concretas, sino una denominación genérica de todas las islas atlánticas al oeste de Mauritania, lo cual sería más razonable.

(Marcos Martínez Hernández)

Tetis Los hijos del Mar:

  • Las cincuenta Nereidas, amables y benefactoras ayudantes de la diosa marina Tetis, son sirenas, hijas de la ninfa Dóride y Nereo, el profético anciano del mar que tenía el poder de cambiar de forma.
  • Las Fórcides, sus primas, hijas de Ceto y Forcis, otro sabio anciano, Ladón, Equidna y las tres Gorgonas que habitan en Libia, además de las tres Grayas, y, según dicen algunos, las tres Hespérides. Las Gorgonas se llamaban Esteno, Euríales y Medusa, y hubo un tiempo en que las tres fueron hermosas. Pero una noche Medusa yació con Posidón, y Atenea, enfurecida porque habían copulado en uno de sus templos, la convirtió en un monstruo alado con ojos deslumbrantes, dientes enormes, una enorme lengua saliendo de su boca, garras afiladas y cabellos serpentinos, y la maldijo con una mirada que convertía a los hombres en piedras. Cuando finalmente Perseo decapitó a Medusa, y de su cuerpo muerto salieron los hijos engendrados por Posidón, Crisaor y Pegaso, Atenea clavó la cabeza en su égida, aunque algunos dicen que la égida era la propia piel de Medusa, a la que había deshollado Atenea.
  • Las Grayas tenían un rostro agradable y aspecto de cisnes, pero eran canosas de nacimiento, y entre las tres compartían un solo ojo y un solo diente. Sus nombres eran Enio, Pefredo y Dino (Hesíodo, Teogonía).
  • Las Hespérides, llamadas Hesperetusa, Egle y Eritia, habitan en el lejano jardín occidental que la Madre Tierra regaló a Hera. Algunos las llaman hijas de la Noche, otros hijas de Atlante y de Hespéride, la hija de Héspero. Las tres cantan dulcemente.
  • La mitad de Equidna es una mujer hermosa, la otra mitad una serpiente moteada. Durante un tiempo vivió en una profunda caverna entre los arimos, donde comía hombres crudos, y dio toda una progenie de horribles monstruos a su esposo Tifón, pero Argo, el de los cien ojos, la mató mientras dormía. Ladón era completamente serpiente, aunque dotado con el don del habla humana y guardaba las manzanas doradas de las Hespérides hasta que Heracles lo mató.
  • Nereo, Forcis, Taumante, Euribia y Ceto eran todos hijos nacidos de Ponto con la Madre Tierra; de ahí que las Fórcides y las Nereidas afirmasen ser primas de las Harpías. Son las hijas rubias y de alas veloces de Taumante y la Ninfa oceánica Electra, que arrebatan en vuelo a los criminales para ser castigados por las Erinias. Todas viven en una cueva Cretense. (R.Graves)


Atenas. Acrópolis Enfrentamiento entre Posidón y Atenea:
Posidón codiciaba los reinos terrenales y una vez reclamó la posesión de Atica clavando su tridente en la Acrópolis de Atenas, donde al instante brotó, y aún se puede ver, un pozo de agua salada; y cuando sopla el viento del sur se puede escuchar el sonido de las las olas. Más tarde, durante el reinado de Cécrope, llegó Atenea y tomó posesión de una manera más pacífica: plantando el primer olivo junto al pozo. En un arrebato de ira, Posidón la retó a un combate, cosa que Atenea habría aceptado de no ser porque Zeus se interpuso y les ordenó someter la disputa a un tribunal tribunal de arbitraje. Poco tiempo después se presentaron ante un jurado formado por deidades como ellos, quienes llamaron a Cécrope para prestar testimonio. Zeus no expresó su opinión, pero todos los demás dioses apoyaron a Posidón, mientras que las diosas estaban del lado de Atenea. Así, por una diferencia de un voto de mayoría, el tribunal determinó que Atenea tenía más derecho a esa tierra porque le había otorgado un mejor regalo. Profundamente ofendido, Posidón envió enormes olas para que inundaran la Llanura Triasiana, donde se asentaba la ciudad de Atene, de donde la diosa se trasladó a Atenas dándole su propio nombre. Sin embargo, para aplacar la ira de Posidón, las mujeres de Atenas fueron privadas de voto, y a los hombres se les prohibió llevar el apellido de sus madres, como lo habían hecho hasta entonces. (R.Graves)


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