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Cataluña



Buque Montevideo en el puerto de Barcelona Nada (Puerto de Barcelona):
Fuimos hacia Miramar y nos acodamos en la terraza del Restaurante para ver el Mediterráneo, que en el crepúsculo tenía reflejos de color de vino. El gran puerto parecía pequeño bajo nuestras miradas, que lo abarcaban a vista de pájaro. En las dársenas salían a la superficie los esqueletos oxidados de los buques hundidos en la guerra. A nuestra derecha yo adivinaba los cipreses del Cementerio del Sudoeste y casi el olor de melancolía frente al horizonte abierto del mar. [...] Estaba en el puerto. El mar encajonado presentaba sus manchas de brillante aceite a mis ojos; el olor a brea, a cuerdas, penetraba hondamente en mí. Los buques resultaban enormes con sus altísimos costados. A veces, el agua parecía estremecida como por el coletazo de un pez, una barquichuela, un golpe de remo. Yo estaba allí aquel mediodía de verano. Desde alguna cubierta de barco, tal vez, unos nórdicos ojos azules me verían como minúscula pincelada de una estampa extranjera. (Nada, 1945, Carmen Laforet)


Mediterráeo:
Los que somos del Atlántico, mar que incluye al bravo Cantábrico, bromeamos mucho con el mar Mediterráneo, que nos parece precisamente un mar de broma, demasiado tranquilo para acercarse al rumor incesante, al bramido de nuestro querido océano. Pero, claro, esta broma es tan solo una broma, porque el Mediterráneo es el tuétano de la cultura de la que vivimos y en la que vivimos, y además este no es un mar tan tranquilo y sosegado como nosotros decimos, sino que es un mar con sus calenturas, sus temporales y sus pavorosas tormentas. Y es, sobre todo, el mar de muchos poetas que a lo largo de los siglos encontraron en él una metáfora mucho más honda que la que ofrecen los mares cuando los poetas tienen que hablar del tiempo o de la vida, tan sinónimos. Un hombre, un poeta, Joan Manuel Serrat, hizo el milagro contemporáneo de convertir ese mar en un símbolo generacional, de pertenencia, de amor a la tierra, aunque la tierra en este caso sea precisamente el mar, la orilla del mar, que es a lo que cantó ya de manera legendaria el cantante del Poble Nou barcelonés. Esa canción [...] ha crecido con nosotros, sirvió para que nos diéramos cuenta de que la contemplación de los lugares de la infancia y de la juventud nunca se desprende de la mirada, y sigue siendo motivo de inspiración, de canto o de silencio. ... Mediterráneo es un sentimiento que apela al sentimiento del arraigo. Uno no es de una patria o de un suelo, sino que es de una sensación, de un modo de relacionarse con la realidad cuando ésta se propone también como símbolo, y no encuentro mejor lugar de procedencia que el mar, su orilla misteriosa, en la que los niños nos vamos haciendo las primeras ilusiones fantásticas sobre el viaje, sobre el origen del mundo, e incluso sobre el origen de los sonidos del mundo... nos sirve a todos como oración íntima de nuestra propia pertenencia a la tierra o al mar; nadie puede ignorar que en esos versos late y palpita un sentimiento áun más hondo que el que se tiene tan solo cuando se mira el mar. Ese sentimiento es el de una identidad, abierta a otros, abierta al mundo... es la mejor canción, la que nos dice al oído y en el alma que estamos vivos, mirando al mar, recibiendo de él el ritmo del amor a la vida que fue, a la vida que que viene. (Juan Cruz Ruiz)


Los mares del Sur:
Horizonte En los cajones, recortes de artículos y entre ellos un poema recortado de una revista poética: Gauguin. Cuenta mediante verso libre la trayectoria de Gauguin desde que abandona su vida de burgués empleado de banca hasta que muere en las Marquesas rodeado del mundo sensorial que reprodujo en sus cuadros:

desterrado a las Marquesas
conoció la cárcel por sospechoso
de no infundir sospechas
en París
se le tenía por un snob empedernido
sólo algunas nativas conocían su impotencia
pasajera
y que l’or de ses corps
era un pretexto
para olvidar las negras sillerías de las lonjas
el cucú de un comedor de Copenhague
un viaje a Lima con una madre triste
las pedantes charlas del café Voltaire
y sobre todo
los incomprensibles versos de Stéphane Mallarmé.


Así terminaba el poema de un autor cuyo nombre no le dijo nada a Carvalho. Abrió la carpeta de fina piel corinto situada como una bandeja para el pecho del que se sentaba en el despacho. Notas manuscritas de asuntos económicos. Avisos de compra de objetos personales desde libros a cremas de afeitar. Un reclamo en inglés atrajo la atención de Carvalho:

I read, much of the night, and go south in the winter.

Y debajo,

Ma quando gli dico
Ch’egli è tra i fortunati che han visto l’aurora
Sulle isole più belle terra
Al ricordo sorride e responde che il sole
Si levaba che il giorno era vecchio per loro.


Finalmente,

più nessuno mi porterà nel sud.

Carvalho tradujo mentalmente:

Leo hasta entrada la noche
y en invierno viajo hasta el sur
...
Pero cuando le digo
que él está entre los afortunados que han visto la aurora,
sobre las islas más bellas de la tierra,
al recuerdo sonríe y responde que cuando el sol se alzaba
el día ya era viejo para ellos.
...
Ya nadie me llevará al sur.


Detalle cuadro Gauguin -Los mares del Sur. -Su obsesión. Creo que fue leyendo un poema sobre Gauguin. A partir de aquel momento persiguió el mito de Gauguin. Se compró incluso una copia de la película interpretada por George Sanders, Soberbia creo que se llamaba, y se la proyectaba en su casa. Carvalho le tendió la nota con versos hallada entre los papeles de Stuart Pedrell. Tradujo los versos de La tierra baldía.-¿Sabes de dónde pueden ser estos versos italianos? ¿Captas algún sentido extra? ¿Algo que te dijera Stuart Pedrell? -Lo de "leer hasta entrada la noche y en invierno viajar hacia el sur" se lo he oído muchas veces. Era su estribillo etílico. Lo italiano no me suena. (Manuel Vázquez Montalbán. Los mares del Sur)


Playa Mis gaviotas. J.M.Serrat:
Jugando ayer desnudo por la arena
mi niñez poco a poco vi pasar,
se me escapó sin darme cuenta apenas,
soñando con volar.
Irme jugando con el viento,
caer sobre el agua un momento.
Crecí soñando, cerca del mar,
junto a las rocas,
un día aprendí a volar,
aprendí a volar
como mis gaviotas.
Y me fui lejos de allí
aquel día,
sin mirar atrás creí
que jamás volvería.
Me encontré un cardo, una flor,
un sueño, un amor, una tristeza,
me fui solo y luego fuimos dos,
un beso, un adiós y todo empieza.
Otra canción, otra ilusión, otras cosas,
y harto ya de andar
hoy volví a buscar
mis gaviotas.
Y no las vi, ellas también se fueron
de aquel rincón que nos unió una vez,
me quedé solo, escarbando en el suelo,
buscando mi niñez.
Ellas no ha de volver jamás,
ellas la dejaron atrás,
bajo la arena, cerca del mar,
junto a unas rocas
que no saben volar,
que no saben volar
como mis gaviotas.
Y me voy más triste hoy
que aquel día,
que sin mirar atrás
creí que jamás volvería.
(Serrat)


Soneto del emigrado. Rosario Castellanos:
Cataluña hilandera y labradora,
viñedo y olivar, almendra pura,
Patria: rememorada arquitectura,
ciudad junto a la mar historiadora.

Ola de la pasión descubridora,
ola de la sirena y la aventura
-Mediterráneo- hirió tu singlatura
la nave del destierro con su proa.

Emigrado, la ceiba de los mayas
te dio su sombra grande y generosa
cuando buscaste arrimo ante sus playas.

Y al llegar a la Mesa del Consejo
nos diste el sabor noble de tu prosa
de sal latina y óleo y vino añejo.
(Rosario Castellanos)


Don Quijote en la playa Vencidos. León Felipe:
Por la manchega llanura
se vuelve a ver la figura
de Don Quijote pasar...

Y ahora ociosa y abollada
va en el rucio la armadura,
y va ocioso el caballero,
sin peto y sin espaldar...
va cargado de amargura...
que allá encontró sepultura
su amoroso batallar...
va cargado de amargura...
que allá «quedó su ventura»
en la playa de Barcino, frente al mar...

Por la manchega llanura
se vuelve a ver la figura
de Don Quijote pasar...
va cargado de amargura...
va, vencido, el caballero
de retorno a su lugar.
[...]
(León Felipe)


La escuadra catalana (s.XIV):
La obra jurídica más trascendental de Cataluña fue el Libro del Consulado de Mar, el primer código de derecho marítimo internacional escrito en el mundo. Una parte de este libro, las Costumbres Marítimas, son adiciones de diversa procedencia redactadas en catalán a mediados del s.XIII y recoge una serie de prácticas comunes a la antigua civilización marítima mediterránea, por lo que algunos de sus artículos son semejantes a otros de las demás ciudades mercantiles. Los almogávares, mercenarios dedicados exclusivamente a la lucha y que se cobraban con el botín, llevaban un armamento irregular. La escuadra fue muy importante en Cataluña a partir de la conquista de Mallorca. En 1354, el almirante Bernardo de Cabrera, promulgó un código de justicia militar. La nave de guerra básica era la galera, que se denominaba gruesa si tenía 28 bancos de remeros por banda. Si tenía 26 se llamaba bastarda y si tenía 24, sutil. Además de los remos llevaban tres palos y dos timones. Desde 1396 debían llevar una bandera a barras rojas y amarillas. Los astilleros o atarazanas de Barcelona fueron creados por Jaime I en 1245, se renovaron en 1378 y se ampliaron en 1390.

Abraham Cresques (1375):
Cartógrafo mallorquín del s.XIV famoso por haber construido el denominado Atlas Catalán, obra maestra de la cartografía medieval. Poseía un establecimiento de baños en Palma de Mallorca y también era constructor de instrumentos náuticos, en particular de agujas (brújulas), como prueba su título de Magister mapamundorum et bruolarum. Construyó el atlas probablemente con ayuda de su hijo Jafuda, por encargo del rey de Aragón, deseoso de compendiar en una obra la suma de conocimientos geográficos de su tiempo. Comprende 6 tablas con una hoha de pergamino a cada lado, las cuatro primeras con tablas y cartas. Las hojas tiene una dimensión de 69 x 49 cm. Aunque no se trate de la obra cartográfica medieval más perfecta ni más antigua, como dice Gonzalo de Reparaz, es la más completa, constituyendo una verdadera síntesis de los conocimientos geográficos y cartográficos de la humanidad en el s.XIV. No fue terminada en 1375 porque contiene inscritos los años 1376 y 1377. Cuando Carlos V de Francia envió un emisario, Guillermo de Courcy, al infante Don Juan -futuro Juan I- expresándole sus deseos de obtener un mapamundi de los que hacían los afamados cartógrafos del reino de Aragón, le fue entregado este Atlas, hoy joya máxima de la cartografía existente en la Biblioteca Nacional de París.

Expansión marítima (s.XIV):
p.22 Los estados levantinos -Cataluña, Aragón y Valencia- formaban en conjunto la unidad conocida con el nombre de Corona de Aragón. De hecho el nombre no reflejaba la realidad, pues el reino de Aragón, árido hinterland, era la parte menos importante de la federación. La dinastía era catalana y fue Cataluña, con su litoral industrioso y su población enérgica, la que desempeñó el papel preponderante en la gran expansión marítima de la Corona de Aragón. La hazaña catalana fue prodigiosa. Entre finales del siglo XIII y finales del XIV esta nación de menos de medio millón de habitantes conquistó y organizó un imperio marítimo y estableció en la metrópoli y en sus posesiones mediterráneas un sistema político en el que las necesidades opuestas de libertad y de orden estaban armonizadas de modo único. (J.H.Elliott)

Eclipse de las actividad marítima catalana (s.XV):
Gracias a las lecciones y enseñanzas de los inmigrantes italianos, genoveses y pisanos, a partir del siglo XI, Cataluña nació a la gran vida del mar, dos siglos antes de la gloriosa época de Pedro el Grande (Pere lo Gran). Ahora bien, tarde o temprano, lo que la gran historia da, ella misma lo quita. sabemos que la decadencia catalana, ya perceptible en el siglo XV, se hizo ostensible en el XVI. Su vida marítima se reducía entonces a los viajes de sus barcos a Marsella, y de las Baleares rara vez llegaba una nave hasta Cerdeña, Nápoles o Sicilia, y a veces hasta los presidios del Africa. En las postrimerías del siglo XVI se reanudaron algunos viajes entre Barcelona y Alejandría de Egipto. Pero hasta entonces era tal la paralización de la costa catalana, que cuando Felipe II, en el Gran Consejo de 1562, había resuelto emprender grandes armamentos marítimos, se vio obligado a pasar los pedidos a los talleres de construcciones navales de Italia: para taratar de difundir nueva vida al arsenal de Barcelona tuvo que mandar venir especialistas de Génova; es decir, de los astilleros de San Piero d'Arena. [...] La presencia de balaneros vizcaínos en el puerto de Barcelona, durante los primeros años del siglo XIV, es ya un índice temprano de este desgaste y de esta competencia. [La decadencia de las provincias marítimas del Mediterráneo son frecuentes y bruscas, como es el caso de Ragusa y Siria]. Al mismo tiempo se reavivaba la actividad de los marinos sicilianos, napolitanos, andaluces, valencianos y mallorquines. En lo que a estos últimos se refiere, es evidente el nexo entre su decadencia y la presión destructora de los corsarios berberiscos. Aunque no se lanzara ya por las rutas habituales, la marinería mallorquina siguio viviendo y alimentando un activo cabotaje. Las rápidas fragatas de los corsarios que a finales de siglo vemos surgir en Alicante, en Almería -este viejo centro marítimo-, como los instrumentos eficaces de las revanchas sicilianas, no surge, pues, de la nada. (F.Braudel)


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