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Las rutas de la Candelaria



Virgen de La Candelaria Las rutas de la Candelaria. Por Elfidio Alonso (29/04/05):
Como lo prometido es deuda, hoy vamos a continuar aquellos trabajos que publicamos en este mismo periódico [La Opinión], ediciones de 20-XI-99 y 27-XI-99, con los títulos La Candelaria y la santería y Fuegos y candelas, respectivamente. En ellos pretendimos ofrecer una panorámica sobre países y lugares latinoamericanos que siguen hoy manteniendo el culto por la Virgen de Candelaria, esta imagen vinculada a los canarios desde los mismos tiempos de la conquista de Tenerife, como señala el padre Espinosa en su valiosa crónica. A través de aquellos artículos vimos cómo los canarios llevaron en el siglo XVIII una imagen de esta Virgen a la República Dominicana; una Virgen rubia con tirabuzones, muy similar a la que figura en el tríptico del Ayuntamiento de La Laguna, recientemente restaurado. También hicimos mención de la presencia de la Candelaria en Puerto Rico, como pudimos comprobar en zonas de fuerte presencia isleña, como Manatí y Quebradilla, para continuar con Cuba y Venezuela, donde se sigue celebrando anualmente el ritual denominado Danza de los Vasallos o de Los diablos de Candelaria, sobre todo en el pueblo de La Punta, del estado Mérida. Con respecto a Cuba, también nos referimos al pueblo que lleva este nombre, Candelaria, fundado por los canarios hace varios siglos, y, sobre todo, al hecho de que esclavos africanos y sus descendientes acabasen por asociar esta Virgen con uno de los orishas más emblemáticos y venerados en lo que hoy se llama Santería o sincretismo. A la Candelaria se le ha querido emparejar con Oyá (también escrito Oiá), que es la diosa del río del mismo nombre en Níger, dueña de las centellas, los temporales y los vientos. También los indígenas argentinos, en Humahuaca, continúan rindiendo culto a la Candelaria, cada 2 de febrero, desde una vertiente igualmente sincrética, como lo demuestra la presencia de grupos musicales incásicos que tocan sikuris y entonan cantos y rezos en quechua y aimara. Esta fiesta sirvió de inspiración a Jaime Dávalos para componer el poema que más tarde se convertiría en la famosa Zamba de la Candelaria, gracias a la música del gran Eduardo Falú. Veamos una de las estrofas y el popular estribillo:

Zamba de la Candelaria
que cuando amanezca irá,
rejuntando estrellas altas
los ojos que me hacen a mí trasnochar.

Cuando madure la noche,
zumo de mi soledad
se ha de alegrar el camino,
zambita nochera La Candelaria.

Decíamos al final de aquellos trabajos que no descartaríamos volver sobre tan atractivo asunto, siempre que consiguiéramos reunir nuevos testimonios sobre la influencia de la imagen en otros países y lugares que pudiéramos visitar en el futuro. Uno de los contactos más interesantes se produjo el pasado año, con ocasión de un viaje que hicimos a la provincia de Córdoba (Argentina), donde tuvimos ocasión de visitar una explotación jesuítica del siglo XVII, llamada precisamente La Candelaria, considerada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en diciembre del año 2000, amén de ser monumento histórico nacional desde 1941. De este legado colonial tan valioso, así como de las huellas dejadas por la Candelaria en Colombia -especialmente en Bogotá y Cartagena de Indias - nos ocuparemos en próxima entrega. Porque, como reza la canción de Francisco Cobillas, también los colombianos suspiran por la fiesta ("Ay, la Candelaria / cuándo llegará"), a través de unos versos que dicen: "Noche del dos de febrero / fiesta de la Candelaria, / nace el millo, suena el cuero / y un ritmo mestizo y faria"...

Según se desprende de los datos que pudimos recoger en el Archivo Histórico de la Córdoba argentina, las tierras pobladas por el capitán García de Vera tuvieron una estrecha relación con el fervor por la Candelaria, desde los primeros asentamientos. Así vemos cómo el río de los Guamanes, que corre por esas tierras en dirección sur-norte, se llama hoy río de la Candelaria. A su margen, en una meseta de 1.200 metros sobre el nivel del mar, creció la estancia de García de Vera, luego bautizada con el nombre de La Candelaria, núcleo originario de la gran explotación que luego habrían de organizar los padres de la Compañía de Jesús, hoy conocido como Estancia y Potreros de la Candelaria, dentro del departamento Cruz del Eje de esta provincia cordobesa de Argentina. La capilla en la que se venera esta Virgen fue construida siguiendo criterios eclécticos y sencillos, con una espadaña central de estilo barroco ingenuo, con adornos del frente bellos y proporcionados. El tímpano asentado en medias columnas rectas acornizadas luce un nicho de medio punto en el centro. La puerta central lleva un arco de medio punto, con dos hojas de algarrobo hechas de tableros largos y armónicos. En cuanto a la imagen de la Virgen, digamos que posee de encarne el rostro y las manos, sobre armazón de madera. Mientras que el niño que lleva en los brazos tiene todo el cuerpo con encarne. La Virgen mide una vara y octava de alto, cubierta con vestido entero de tapiz blanco guarnecido de galón falso angosto y de peto y casaca finos, todo forrado de tafetán azul. Es de tez blanca, con leve sonrisa dibujada en el rostro, lo mismo que el niño, que luce desnudo con con un doble collar de perlas y collares, rematado con un piedra de vidrio, conocida con el nombre de "perla de leche". El culto y fervor por la Virgen también se ve relacionado con antiguos ritos africanos, como lo demuestra la presencia de numerosos esclavos negros, utilizados por los jesuitas como rentable mano de obra a la hora de la explotación de tan grandes dominios. Según se desprende de los archivos, en 1773 sólo quedaban en la misión 39 esclavos, con sus mujeres e hijos. Un buen número había sido vendido en los mercados de Córdoba, y otros lograron huir. La orden real dictada desde Madrid para acabar con la esclavitud fue disolviendo paulatinamente la población africana esclava de La Candelaria, como ha escrito Gustavo Sarriá, siendo el resultado "la extinción de esa unidad productiva, la subdivisión de las tierras y la decadencia de la explotación rural". Vemos nuevamente cómo el sincretismo religioso tuvo en el caso cordobés a la imagen de la Candelaria como nexo entre dos culturas separadas por milenios. Otro jesuita, el padre Efraín Aldana, nos decía hace escasas fechas desde el púlpito de su modesta parroquia de La Popa, en Cartagena de Indias, que "por algo la Candelaria lleva en su mano una vela encendida, como recordando las noches de cumbiamba y mapalé", que son dos géneros musicales folclóricos típicos de la zona caribeña de Colombia. Como se sabe, el nombre de la famosa cumbia es apócope de cumbiamba, término que también guarda relación con la voz cubana cumbancha, que en Cuba significa jolgorio o parranda. Ambas derivan de la voz negra cumbe (danza). Por todo esto, cuando llega al barrio cartagenero de La Popa la fecha del 2 de febrero, se puede escuchar a golpe de tambor a Toto La Momposina entonando aquello de

Noche del dos de febrero,
fiesta de La Candelaria,
una ventana, un lucero
y una mujer solitaria...
(Elfidio Alonso)


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