CUBA
DOCUMENTOS
Bloqueo



Fidel Castro: Sobre el bloqueo:
No intentaban influir en la Revolución sino destruirla. Al igual que en el Senado de la antigua Roma cuando en los días de Aníbal se proclamaba la destrucción de Cartago, la consigna obsesiva de los gobiernos de Estados Unidos era: Cuba debe ser destruida. La desaparición de la Unión Soviética y el derrumbe del campo socialista europeo no nos tomó totalmente de sorpresa. Incluso advertimos mucho antes a nuestro pueblo de esa posibilidad. Con los errores estúpidos que estaban cometiendo y las concesiones vergonzosas que continuamente hacían al adversario histórico, veíamos venir los acontecimientos. En el terreno económico, el daño para Cuba fue terrible. Nuestra azúcar no recibía el precio correspondiente al basurero del mercado mundial. Habíamos logrado uno de carácter preferencial como el que Estados Unidos y Europa aplicaban a las importaciones de ese producto. Los suministros de combustibles, alimentos, las más variadas materias primas y componentes de máquinas y fábricas cesaron casi abruptamente. El consumo diario de calorías se redujo de 3.000 a 1.900 y el de proteínas, de 80 a 50 gramos. Hubo quienes flaquearon, pero la inmensa mayoría enfrentó las dificultades con valor, honor y decisión impresionantes. Como ya dije, importantes índices lograron mantenerse, e incluso algunos mejoraron. La mortalidad infantil fue reducida en un 40% en ese período y 30.000 nuevos médicos con excelente nivel de preparación se incorporaron a las comunidades. En la esfera deportiva, nuestros atletas continuaron ocupando un lugar honorable entre los primeros del mundo y el más alto índice de medallas de oro per cápita en las Olimpiadas, a pesar de la enorme presión con que Estados Unidos y otros países ricos tratan de comprar científicos, profesionales destacados y atletas cubanos. [...] El bloqueo es una carga penosa para cada uno de los cubanos. Los países del Tercer Mundo, así como la casi totalidad de los países miembros de las Naciones Unidas, han demandado reiteradamente que cese el bloqueo; pero el Congreso norteamericano, con la cooperación de muchos miembros de la mayoría republicana, encabezada en este caso por los señores Helms y Burton, e incluso con el apoyo de varios miembros del Partido Demócrata como Torricelli y otros, se han opuesto al levantamiento de un bloqueo que se ha convertido ya en el más largo de la historia. (Fidel Castro)

Alimentos y medicinas:
El gobierno proporciona a cada familia una cartilla de suministro que les garantiza los productos alimenticios básicos. La dieta resultante de esta fórmula no se puede considerar muy equilibrada, pero desde luego evita situaciones de desnutrición. El mercadeo inicial de muchos cubanos se produce con el contenido de esta cartilla aplicando trueques. Cualquier otro alimento al que tengan acceso, ya sea a través de un amigo que trabaja en un restaurante, un familiar que vien de las zonas agrarias o en el mercado negro, es susceptible de ser vendido, canjeado o consumido casi como un artículo de lujo. A pesar de poder acceder a una serie de medicamentos genéricos, en farmacias con estanterías vacías, el bloqueo impuesto por los Estados Unidos hace que por los aeropuertos cubanos entre un contingente gigantesco de medicinas dentro de las maletas de los viajeros para nutrir este necesario mercado paralelo. (Félix Díaz Hernández)


Ley Helms-Burton (1996):
Los objetivos más destacados y controvertidos son: Prohibir la entrada a EE.UU. de los ejecutivos y grandes accionistas (así como de sus familiares) de compañías que se beneficien de las propiedades confiscadas por el gobierno de Cuba a los ciudadanos y empresas norteamericanas; permitir que los ciudadanos y empresas afectadas por las confiscaciones puedan demandar en EE.UU. a las compañías extranjeras que se beneficien de dichas propiedades, y prohibir la importación a EE.UU. de productos que contengan materias primas cubanas. En 1996 la ley fue denunciada por la O.E.A y por la U.E., que vieron en ella un atentado a la legislación vigente en materia de comercio internacional y al principio de extraterritorialidad. En 1997 y 1998 el presidente Clinton decretó dos suspensiones temporales de la ley.


El desafío marxista de Cuba:
Originalmente los dirigentes no eran socialistas [1959], no fueron malvistos por el gobierno norteamericano; por el contrario, Castro buscó la aprobación del presidente Eisenhower así como su ayuda. Pero para transformar la economía agraria cubana, así como la industria o la vivienda, había que tocar los intereses de quienes controlaban todo: inversionistas extranjeros y millonarios cubanos asociados con los EE.UU. El gobierno de la isla comenzó a chocar con los grandes propietarios que querían que las cosas siguieran igual; ese fue el pretexto para iniciar una gran campaña contra los métodos "comunistas" del gobierno que buscaban expropiar a los dueños del capital. La prensa internacional comenzó a propagar su odio contra el "castrismo", el comunismo y el marxismo. A partir de 1961 se inició el bloqueo económico y comercial. Los EE.UU. amenazaron con sanciones a todos los gobiernos que comerciaran con Cuba e impusieron a todos aquellas naciones de América agrupados en la OEA, acuerdos para romper relaciones diplomáticas con el gobierno "comunista" de Castro. Entre todos aquellos gobiernos sumisos y peleles de América sólo México se negó a romper relaciones, aunque éstas siempre fueron frías, limitadas y formales. A partir de entonces Cuba y los llamados países socialistas, encabezados por la Unión Soviética, establecieron relaciones muy estrechas en lo político y económico; Cuba declaró entonces, desde 1962, que se convertía en país socialista. Así se inició la confrontación con los diferentes gobiernos norteamericanos, éstos impusieron el bloqueo e intensificaron las agresiones contra la isla. Cuba pasó a formar parte del llamado campo socialista pero a la caída de éste a principios de los noventa, comenzó a vivir un grave "período especial". Al escoger Cuba el camino de la construcción socialista buscó superar los valores y vicios del mundo capitalista. Se trató de educar al pueblo en los valores espirituales para ubicarlos por encima de los materiales. Se evitó la formación de castas sociales y se caminó en la búsqueda de principios de igualdad social: educación para todos, servicios de salud para todos, trabajo para todos, comida para todos. La dictadura personal de Castro, quien lleva 43 años en el gobierno, es preocupante; pero habría que preguntar: ¿Acaso en México, en EEUU, en Inglaterra, no se manifiesta claramente la dictadura de una clase social de millonarios que se turnan cada 5, 6, 8 años en el poder, mediando una farsa electoral? En última instancia el sistema económico y político hay que medirlo por el grado de bienestar que obtiene la mayoría de la población, no por los riquezas que acumula una minoría cobijada tras una cínica democracia representativa a su servicio. (P.Echeverría)


Administración Obama:
Hasta ahora, en relación con Obama, no se puede detectar ninguna posición sobre América Latina. Ha dejado sin efecto algunas de las medidas más extremas de Bush. Por ejemplo, Bush había impuesto restricciones en las relaciones con Cuba que eran muy impopulares incluso entre la comunidad de origen cubano en EE.UU. y Obama relajó esas restricciones. Pero en cuanto al asunto crucial del embargo, es interesante que en 1962, EE.UU. era lo suficientemente poderoso para torcerle el brazo a los gobiernos de América Latina y forzar a la Organización de Estados Americanos, OEA, a aislar a Cuba. Ahora se da la situación contraria, EE.UU. está aislado dentro de la OEA. En la última reunión hace unas semanas [2009], EE.UU. apenas logró que se incluyeran algunas condiciones en la iniciativa común relacionada con poner fin al embargo a Cuba. En EE.UU. por décadas, desde que se han realizado encuestas, la mayoría de la población estadounidense está a favor de la normalización de relaciones con Cuba. Muchos sectores económicos en EE.UU., en agricultura, industria farmacéutica, energía, también están a favor de esa normalización. Típicamente, la población está marginalizada y no sorprende que el gobierno no esté de acuerdo con la opinión popular. En general, el gobierno tiende a seguir políticas que sean favorecidas por grandes sectores del sector corporativo, pero en el caso de Cuba esto no se da. Es uno de los pocos casos en que el poder del Estado, que está en general determinado por las grandes empresas, toma una posición que las contradice. Hay una especie de interés estatal en castigar a Cuba, que va más allá de los intereses usuales de ganancias y poder. Y es muy claro en qué consiste ese interés estatal. EE.UU. es un país muy libre y tenemos acceso a archivos internos y sabemos que a inicios de los 60 las administraciones de Kennedy y Lyndon Johnson estaban absolutamente furiosas porque Cuba no estaba sucumbiendo al poder de EE.UU. Esto fue descrito como una especie de insulto. Los servicios de inteligencia identificaron el principal problema de Cuba como "el exitoso desafío a las políticas de EE.UU. durante 150 años", desde la doctrina Monroe, según la cual la intención de EE.UU. era dominar el hemisferio. Y no se podía tolerar un desafío exitoso así que el pueblo cubano "debía ser castigado". Cuando uno ve el embargo, las medidas económicas y las guerras terroristas de aquel tiempo, estaban dirigidas explícitamente a castigar lo suficientemente al pueblo para que derrocara a su líder si lograba desafiar a EE.UU. Es algo así como un complejo de la mafia, el Padrino no acepta desobediencia. (Chomsky, junio 2009)


Normalización (2015):
Ignacio Ramonet: El diecisiete de diciembre pasado el presidente Barack Obama, y también el presidente Raúl Castro, hicieron una declaración, cada uno por su parte, en la que anunciaban la normalización de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. El presidente Obama, en esa declaración, reconoció que cincuenta años de política estadounidense, de presiones, con bloqueo económico incluido, no habían producido ningún resultado, y que había que cambiar de política. ¿Qué piensa usted de esta normalización entre Cuba y EE.UU.? Y ¿cómo ve usted la evolución de las relaciones entre La Habana y Washington, y la influencia de ello para el conjunto de América Latina? Chomsky: Pequeña corrección. No se trata de “normalización”. Es, primero, un paso hacia lo que podría ser una normalización. O sea que el embargo, las restricciones, la prohibición de viajar libremente de un país a otro, etc., no han desaparecido… Pero efectivamente constituye un paso hacia la normalización, y es sumamente interesante ver cuál es la retórica actual del análisis de Obama y de su presentación. Lo que dijo es que cincuenta años de esfuerzos “para llevar la democracia, la libertad y los derechos humanos a Cuba” han fracasado. Y que otros países, desgraciadamente, no apoyan nuestro esfuerzo, de tal manera que tenemos que encontrar otras formas de continuar nuestra dedicación a la imposición de democracia, libertad y derechos humanos que dominan nuestras políticas benignas con el mundo. Palabra más, palabra menos, es lo que dijo. Quienes han leído a George Orwell saben que cuando un Gobierno dice algo hay que traducirlo a un lenguaje más claro. Lo que dijo Obama significa lo siguiente: durante cincuenta años hemos hecho un terrorismo de gran escala, una lucha económica sin piedad que han dejado a EE.UU. totalmente aislado; no hemos podido derrocar al Gobierno de Cuba en esos cincuenta años, por consiguiente ¿qué tal si encontramos otra solución? Esa es la traducción del discurso; es lo que realmente quiere decir o lo que se puede decir tanto en español como en inglés. Y vale la pena recordar que la mayoría de estas cuestiones se suprimen en los debates norteamericanos e incluso europeos. Efectivamente, EE.UU. hizo una campaña grave de terrorismo contra Cuba bajo la presidencia de John F. Kennedy; el terrorismo era extremo en aquel momento. Hay un debate, a veces, sobre los intentos de asesinato de Fidel Castro, y se hicieron ataques a instalaciones petroquímicas, bombardeos de hoteles –donde sabían que había rusos alojados–, mataron ganado, etc. O sea una campaña muy grande que duró muchos años. Es más, después de que EE.UU. terminara su terrorismo directo apareció el terrorismo de apoyo, digamos, con base en Miami en los años 1990. Además la guerra económica, que fue iniciada por Eisenhower, tomó realmente impulso durante la era Kennedy y se intensificó después. El pretexto de la guerra económica no era “establecer la democracia” ni “la introducción de derechos humanos” sino castigar a Cuba por ser un apéndice del gran Satán que era la Unión Soviética. Y “teníamos que protegernos”, de la misma manera que “teníamos que protegernos” de Nicaragua y de otros países… Cuando colapsó la Unión Soviética, ¿qué pasó con el embargo? El bloqueo se agravó. Es más, Clinton le ganó la partida a George Bush (padre) para extender el bloqueo. Clinton lo hizo mucho más fuerte. Algo raro por parte de un senador liberal de Nueva Jersey… Y más tarde, peor aún, se intensificó el esfuerzo por estrangular y destruir la economía cubana. Y todo eso no tenía nada que ver, obviamente, ni con la democracia ni con los derechos humanos. Ni siquiera es una broma. Basta con ver los registros norteamericanos de su apoyo a las dictaduras violentas, terroristas en América Latina. No solamente las apoyaron sino que las impusieron. (Chomsky, abril 2015)


Falta de iniciativa en la diplomacia española (2015):
Se supo hace unos meses que los líderes de EE.UU. y Cuba agradecían explícitamente al papa Francisco su intermediación para poner fin al aislamiento cubano tras 54 años de relaciones ­rotas, y que el Vaticano había participado activamente, como intermediario, en las negociaciones entre ambas naciones desde el verano del 2014. Y hace unos días hemos visto que el presidente francés visitaba oficialmente Cuba, poniendo a Francia a la cabeza del acercamiento europeo al régimen cubano. ¿Y España? Ni se me pasa por la cabeza que hubiese podido desarrollar una labor de mediación semejante a la efectuada por el Vaticano, tal es la triste atonía que percibo desde hace ya tiempo en mi país y la preocupante levedad de buena parte de sus dirigentes. Pero ¿es lógico que haya estado totalmente ajena al proceso? ¿Nada significan los profundos vínculos de todo tipo que la ligan a Cuba y que nunca han desaparecido? Y, al margen de esto, ¿tiene alguna explicación que Francia se haya adelantado a España, con una acción no improvisada, sino preparada, desde marzo del 2014? Me gustaría mucho saber lo que opinan al respecto en el palacio de Santa Cruz, y lo que comentan entre sí los distinguidos miembros -que abundan- del Servicio Exterior de España. Recuérdese que, incluso bajo el régimen franquista, España mantuvo siempre el comercio con Cuba, pese al embargo impuesto por Estados Unidos, y que, hace medio siglo, el carguero español Sierra de Aránzazu sufrió por ello un ataque criminal nunca investigado, que causó tres muertos. [...] En realidad, este episodio es un caso más de la tradicional ausencia española del tablero internacional. Cuenta Jesús Pabón que, al negociarse y firmarse el tratado de París, que puso fin precisamente a la guerra de Cuba con EE.UU., lo más trágico era observar la absoluta soledad de España en aquel amargo trance que desencadenó la crisis de 1898. Luego, el siglo XX no propició -con la Guerra Civil y las dos dictaduras que abarcaron casi medio siglo- la concreción de una política exterior solvente. (Juan José López Burniol, mayo 2015)


Situaciones anómalas:
Los que viajan, políticos o empresarios, galeristas o productores, estrellas o turistas, buscan más un mercado que una utopía. Quienes venden la isla, desde el poder, han aprendido a ofrecer al viajero lo que éste busca: una anomalía amigable, un lugar intenso y superficial, adelantado en su atraso, sin Internet, ni derechos políticos, pero con reggaetón y lindas playas. El cubano de a pie recibe al viajero con una mezcla de orgullo y melancolía, admira a Obama y desconfía de Raúl, sabe que no vive bien, pero no tiene cómo mejorar. Esa Cuba expuesta al contacto con el viajero es, en todo caso, una minoría o una burbuja de la capital y otros polos turísticos. La mayor parte de la población vive en moneda no convertible, con salarios miserables, a expensas de subsidios que no llenan la canasta de consumo. Si la economía no se abre al crédito y la inversión, incluyendo fuentes del capital cubanoamericano, y a la pequeña y mediana empresa, la disparidad social crecerá. Para que eso suceda el régimen político debe flexibilizarse, algo que aterra a la élite del poder. (Rafael Rojas, enero 2016)

● Así, vemos elevarse a la categoría de sagrado lo que es puro accidente o incómoda adquisición. Como los viejos autos de mitad del siglo XX que recorren La Habana, endiosados por los fotógrafos y convertidos en iconos de una nacionalidad por los turoperadores, sin reconocer que los cubanos no tenemos un gusto desmesurado por coleccionar viejas marcas, sino serias limitaciones para comprar autos modernos. (Yoani Sánchez, 2016)

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