CUBA
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Sanciones al régimen



La peligrosa diplomacia de Zapatero. Por Carlos Alberto Montaner (07/02/05):
La primera consecuencia de la política exterior de Zapatero fue enfriar sus relaciones con Washington. No sólo por el apresurado retiro de las tropas españolas de Irak, y por la pública convocatoria a otras naciones a que siguieran su ejemplo, o por el gesto infantil de mantenerse sentado en un desfile, cuando pasaba la bandera de Estados Unidos, como para subrayar un antiamericanismo primario, de camiseta del Che. Había algo detrás de esas posturas aún más inquietante: ni siquiera existía una convicción política radical. Zapatero era sólo un peligroso demagogo. Los colombianos no tardaron en llegar a la misma conclusión. Poco antes de la salida del poder de José María Aznar, su gobierno decidió cederle al de Alvaro Uribe seis viejos aviones Mirage y unos cuantos vehículos blindados. La España de Aznar quería ayudar a Colombia a derrotar a las narcoguerrillas comunistas y a los paramilitares, y esas armas podían ser de alguna utilidad. Pero tan pronto como Zapatero llegó al poder canceló la entrega de los equipos. El argumento utilizado fue conmovedoramente angelical: ésas eran máquinas para matar y lo que Colombia necesitaba era paz y armonía. Sin embargo, mientras Zapatero, frente a Colombia, que se desangra en una batalla terrible de cuatro décadas librada contra los peores criminales del planeta, adopta esa dulce actitud gandhiana de hagamos el amor y no la guerra, simultáneamente le vende a la belicosa Venezuela de Hugo Chávez varias corbetas fuertemente artilladas que serán fabricadas en astilleros gallegos. Esa remozada marina venezolana, junto al medio centenar de Mig-29 adquiridos en Rusia, sólo pueden tener un destino: un hipotético enfrentamiento con Colombia provocado por la vocación imperial de Chávez.

Diplomacia europea:
Mas ahora son los propios europeos los que comienzan a observar con gran preocupación la política exterior de Zapatero. Primero, Polonia no entendió por qué España, presionada por Chirac y Schroeder, cedió voluntariamente peso político dentro de la Unión Europea, concedido por el Tratado de Niza, en un tema en el que las dos naciones, que tienen un parecido número de habitantes -en torno a cuarenta millones- podían haber resistido exitosamente. Pero a ese episodio, entendido en las cancillerías europeas como una especie de entrega servil de la España actual a Francia, los veinticinco países ahora agregan otra inexplicable conducta diplomática: la feroz campaña desatada por la diplomacia zapatera para conseguir que la UE disminuyera la presión moral y política sobre la dictadura cubana, especialmente ejercida desde junio de 2003 como consecuencia del apresamiento injusto de setenta y cinco demócratas de la oposición que intentaban pacíficamente difundir sus puntos de vista. Lo que alarmó a las cancillerías de la UE fue la verdadera secuencia de los hechos: cuando Zapatero, inesperadamente, gana las elecciones en la primavera del 2004, apresuradamente los diplomáticos cubanos se acercan a personas de confianza del nuevo gobierno español y les piden que los ayuden a eliminar unas sanciones que, aunque simbólicas, estaban resquebrajando la moral de la cúpula de poder. Zapatero accede, y su flamante canciller Miguel Angel Moratinos -a quien sus adversarios llaman "Desatinos"- se embarca en una campaña intensa destinada a favorecer a Fidel Castro, aunque ese innoble objetivo se enmascara en la supuesta ineficacia de las sanciones, cuando sucedía exactamente lo contrario. Afortunadamente, la vigorosa oposición de la diplomacia checa consiguió debilitar la proposición española hasta hacerla prácticamente inofensiva y se mantendrá una suerte de respaldo a los disidentes de la oposición. No obstante, la sensación que quedó en los medios políticos europeos era que la España de Zapatero, pese a la calidad de sus diplomáticos -que no están nada felices con las órdenes que reciben de Madrid- no era un país confiable en el terreno de los principios, y ni siquiera coherente en la definición de sus objetivos. Ser antiamericano y antiguerrerista en Irak, pero prochavista y guerrerista en América Latina, era inconcebible. Empeñarse en sacarles las castañas del fuego a Castro, tras casi medio siglo de dictadura, era imperdonable.
Carlos Alberto Montaner es presidente del Partido Liberal Cubano y residente en Madrid.


Amparo norteamericano al terrorista Posada Carriles:
En agosto de 2005 se reanudaron oficialmente las relaciones diplomáticas entre Panamá y Cuba, rotas un año antes tras el indulto otorgado por la anterior presidenta panameña, Mireya Moscoso, al presunto terrorista Posada Carriles, un tema que marcó la política exterior cubana durante casi todo el año. En abril de ese mismo año, mientras EE.UU. presentaba una vez más ante la Comisión de Derechos Humanos de la ONU una resolución contra el Gobierno cubano, éste acusaba al Gobierno estadounidense de ocultar en su territorio al terrorista cubano ex agente de la CIA Luis Posada Carriles, presunto culpable de la voladura, en 1976, de un aparato de Cubana de Aviación (y de la consiguiente muerte de 73 ocupantes), así como de la colocación de varias bombas en hoteles de La Habana, en 1988, que causaron varios heridos y la muerte de un turista italiano. Finalmente, Posada Carriles (que en la década de 1980 colaboró con la Contra nicaragüense frente al Gobierno Sandinista) fue condenado en Panamá en 2000, acusado de intentar atentar contra Fidel Castro, aunque posteriormente fue indultado por la entonces presidenta Mireya Moscoso, lo que supuso la ruptura de relaciones entre Panamá y Cuba. En 2005, según el Gobierno cubano, el terrorista se encontraba en en EE.UU. y bajo la protección del Gobierno de Bush. La denuncia cubana, avalada por numerosos documentos confidenciales estadounidenses recientemente desclasificados y reiterada a diario desde La Habana, colocó a la administración estadounidense en una desairada posición, hasta el punto de que, en el mes de mayo, EE.UU. se vio obligado a detener a Posada Carriles en Florida, cuando supuestamente trataba de abandonar territorio estadounidense. El ex agente de la CIA, oficialmente hasta ese momento en paradero desconocido, no había llevado a cabo su petición de asilo político en EE.UU., para no colocar en una difícil situación al Gobierno Bush. Aunque tanto Cuba como Venezuela reclamaban a Posada Carriles, EE.UU. no habría tenido reparo en concederle asilo de no mediar en su contra el inconveniente de la bien fundamentada acusación de terrorismo internacional (el avión cubano se estrelló en territorio venezolano). No obstante, EE.UU. evitó acusar de terrorismo a Posada Carriles y se limitó a justificar su detención por la entrada ilegal en EE.UU., lo que podría facilitar su extradición a otro país. Sin embargo, Venezuela lo requería para juzgarlo por el atentado, por lo que la solución legal buscada sólo constituyó un aplazamiento del problema hasta el inicio del largo juicio que comenzó en el verano de 2005.


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