CINE
Varios 2



Fotograma de 8 1/2 Primer encuentro Mastroianni-Fellini:
Tuvo lugar en la playa de Fregene, donde Federico tenía una villa, cuando me llamó para hacer La dolce vita. A pocos pasos de nosotros, bajo una sombrilla, estaba Ennio Flaiano, por entonces su estrecho colaborador en la redacción de los guiones. Naturalmente, yo estaba muy excitado. Y Fellini, con aquel aire de encantador de serpientes, aquella vocecilla que sonaba como una flauta mágica, exclamó de inmediato: -¡Ooooh, mi querido Marcellino! (Siempre utilizaba diminutivos, en mi opinión porque le servían también para mantenerte "calmado".) Querido Marcellino, me alegro mucho de verte. Tengo un proyecto para rodar una película. [...] Ennio, ¿te importaría traerle el guión a Marcellino? Ennio Flaiano, con aquel aire guasón que tenía, me trajo una carpeta. La abrí. No había nada dentro. Tan sólo una de las caricaturas que Fellini dibujaba continuamente. (Marcello Mastroianni)


Los dos Escipiones:
Mangano: ¡Qué mal carácter tenéis los Escipiones! ¡Eres peor que tu padre!
Marcello: Es comprensible. Porque yo, Publio Cornelio Escipión, llamado el Africano, tengo un pésimo carácter. Es natural.
Gassman: A nosotros nos gustaría saber, pero no sólo por ti, sino también por tu hermano, si se digna, por Lucio Cornelio Escipión...
Ruggero: ... llamado Asiático, por favor.
Gassman: Está bien, por vosotros dos, comandantes conjuntos del ejército romano en Siria..., adónde han ido a parar quinientos talentos que el rey Antíoco dio en garantía por el tributo que debía pagar a Roma, pero que Roma jamás ha visto... Escipiones, ¿sabéis vosotros algo de ello?
Ruggero: ¿Sabes tú algo?
Marcello: ¿Te acuerdas del pobre papá?
Ruggero: Y dale con los recuerdos.
Marcello: ¡Escipión Hispánico!
Ruggero: ¡Hispánico!
Marcello: Ese sí que era un hombre. ¡Cuando decía sí, era sí!
(Diálogo de Escipión el Africano, de Luigi Magni)


Marcello Mastroianni Mitología:
Desde que me dedico a este oficio raras veces he ido al cine. ¡Pero de niño...! Me alimentaba de cine, y al igual que yo toda mi generación. ¡Esa sala mágica, oscura, misteriosa! El haz de luz del proyector, que se mezclaba con el humo de los pitillos. Aquello era también una cosa fascinante que ya no existe. Era un lugar de evasión..., no, aquello era más que evasión: en el cine se soñaba. Ibamos al cine casi todas las tardes, y nos llevábamos el bocadillo, la merienda. Entonces se proyectaban so películas, además del Giornale-Luce y Topolino: entrábamos a las tres y salíamos a la hora de la cena. Gary Cooper, Errol Flynn, Clark Gable, Tyrone Power. ¡Cuántos ídolos! Sentíamos pasión por estos actores. Al salir del cine, imitábamos sus gestos. (Marcello Mastroianni, Sí, ya me acuerdo...)


Lucy y George tras el partido de tenis A room with a view. James Ivory:
[...] interpretación tan de lechugino amaneradete, apasionado lector que detesta los deportes y que, como se dice en la película, no es capaz de ninguna intimidad con una mujer, a quienes no sabe cómo tratar. Esa es la gran ventaja de los chicos guapos, que no tienen intimidad, no tienen corazón: a diferencia de las chicas guapas, que son en ocasiones dulces. Todos los chicos guapos son brutos y más propensos a la res extensa que a la res cogitans. Por eso les encantan los deportes. Pero esto no es un excursus: me parece pertinente para justificar el extraordinariamente frío cortejo de Cecil: frente al estrepitoso beso de George y Lucy en la campiña florentina entre los radiantes campos de trigo, pintarrajeados de bellas y efímeras amapolas, y luego en el jardín inglés, Cecil es siempre prim and proper: formal, puritano, excesivamente cortés y educado: toda la novela de Forster, toda la película de Ivory gira en torno a esta contraposición entre lo educado, convencional, desapasionado, y lo ineducado, no convencional y apasionado: costumbre frente a naturaleza. (Alvaro Pombo)


Norman McLaren: Neighbors (1952) Cine experimental de animación:
Destacan nombres como los del ruso Alexandre Alexeieff, que en los años 30 inventó un sistema de animación original y laborioso, hecho con miles de puntas de alfileres clavados en un plano, y que según estuvieran más introducidos o más salidos recogían la luz de tal manera que se formaban imágenes. O también el del escocés Norman McLaren, que en el seno del National Film Board de Canadá y hasta 1980 desarrolló y experimentó con distintas técnicas de animación. El mérito de su labor fue reconocido con la concesión de un Oscar por su cortometraje Vecinos (1952), que realizó mediante el método de la pixilación. Por otra parte, las estatalizadas cinematografías de los antiguos países socialistas del este de Europa, como la soviética, la polaca o la checoslovaca, mantuvieron durante muchos años estudios y equipos de animadores y profesionales, conformano una sólida tradición que daría nombres tan importantes como los checos Jiri Tinka o Karel Zeman.


La mujer pirata. Jacques Tourneur (1951):
[Anne of the Indies] Sobre un buen guión de Arthur Caesar y el también director Philip Dunne, el especialista francés en relatos de acción Tourneur hace una eficaz película de aventuras para 20th Century Fox. Narra cómo Anne Bonney (Jean Peters), la filibustera de las Antillas, se enfrenta al famoso pirata Barbanegra (Thomas Gómez) por el amor del capitán francés La Rochelle (Louis Jourdan), pero éste la traiciona, ella intenta vengarse y acaba sacrificándose por él. Destacan la fluidez narrativa conseguida por Tourneur y la apropiada fotografía en Technicolor de Harry Jackson. También con Debra Paget y Herbert Marshall.


Nautilus Veinte mil leguas de viaje submarino. Richard Fleischer (1954):
[Twenty Thousand Leagues Under the Sea] Tras una docena de producciones de bajo presupuesto entre las que destacan los policiacos y algunas comedias de costumbres, Fleischer tiene su primer éxito internacional con este clásico del cine de aventuras producidos por los estudios Walt Disney. Esta adaptación de la obra homónima de Verne narra las andanzas del capitán Nemo (James Manson) en su magnífico submarino Nautilus a finales del siglo XIX. Destaca un ajustado reparto masculino con el arponero Ned Land (Kirk Douglas) y el profesor Aronnax (Paul Lukas). También con Peter Lorre. (122 min.)


Moby Dick de Huston Moby Dick. John Huston (1956):
El gran clásico de Melville da lugar a tres películas. Dos olvidadas producciones Warner, The Sea Beast (1926), dirigida por Millard Webb con John Barrymore, George O'Hara y Mike Donlin, y La fiera del mar (1930), realizada por Lloyd Bacon con John Barrymore y Lloyd Hughes. Y esta producción británica, también distribuida por Warner, escrita por Ray Bradbury y el propio realizador, que se sitúa entre las más conocidas obras de John Huston. La lucha del capitán Ahab con la ballena blanca, que le ha hecho perder una pierna, tiene cierta carga apocalíptica, aunque Gregory Peck no es el protagonista ideal. Destaca la compleja fotografía en Technicolor de Oswald Morris. Con Richard Basehart, Friedrich Ladebur, Leo Genn, Orson Welles. (116 min.)


A pleno sol A pleno sol. René Clément (1959)
[Plein soleil]
A partir de la novela homónima de la norteamericana Patricia Highsmith, el conocido guionista Paul Gégauff construye un excelente guión que da pie a René Clément para hacer un gran policiaco que no ha envejecido. La historia de cómo Tom Ripley, personaje característico de Highsmith, que encuentra una perfecta encarnación en un joven Alain Delon, asesina y suplanta la personalidad del rico heredero Philippe Greenleaf (Maurice Ronet) e incluso le quita a su amante, es un prodigio de habilidad narrativa. Destaca la excelente fotografía en Eastmancolor de Henri Decae y la perfecta música de Nino Rota, así como el apropiado terceto protagonista. También con Marie Laforet y Elvire Popesco.


Gene Hackman: Harry Moseby La noche se mueve. Arthur Penn (1975):
[Night Moves] La muerte de Dolly en un presunto accidente, durante un rodaje, sirve a Harry de catalizador y le permite regresar a los olvidados pasajes de Florida, visionar la filmación doméstica de la colisión que acabó con la vida de la joven, buscar el vínculo que une a los especialistas de cine con los contrabandistas de arte, tropezar en un acuario con el cadáver de Quentin (James Woods), el mecánico que ha introducido a Dolly en el circo de los dobles de acción. Detrás de todo este montaje se esconde el deseo de hacerse con una antigua estatuilla maya producto del naufragio de un barco, gentileza argumental de El halcón maltés. Prácticamente todos los hechos se encadenan sin atender a lógica alguna. Un Hidroavión ataca la embarcación de Harry y Paula; los esquís acuáticos del aparato decapitan a Jennifer Warren; el aeroplano explosiona y el detective encuentra en su interior el cadáver de Tom. La cámara se aleja y muestra la embarcación de Harry perdida en la inmensidad del océano.


Cinema Paradiso. Giuseppe Tornatore (1988):
[Nuovo Cinema Paradiso] Narra la vida de una persona a través de sus relaciones con el cine. El debutante director y guionista divide en tres partes las relaciones de Salvatore Di Vitta (Jacques Perrin), un famoso director de cine que vive en Roma, y Alfredo (Philippe Noiret), el proyeccionista del cine de su pueblo siciliano. La primera está ambientada en la postguerra y describe la situación desde el punto de vista de un niño de seis años, el estupendo Salvatore Cascio. La segunda tiene un subrayado tono sentimental y gira en torno a los amores imposibles entre un Salvatore adolescente (Marco Leonardi) y Elena (Agnese Nano). Y en la tercera, con un tono melodramático, Salvatore trata de recuperar el tiempo perdido con Elena tras la muerte del proyeccionista y el retorno al pueblo.


La isla de hierro La isla de hierro. Mohammad Rasoulof (2005):
El capitán Nemat está al mando. Mientras trata de persuadir a los propietarios y a las autoridades de que no se lleven el barco, ya que allí es el dueño, el que controla todo el comercio, el que lo está vendiendo pieza a pieza como chatarra. Pronto se hundirá. Sin saber lo que el destino les va a deparar, la comunidad del barco sigue con su vida: se celebran bautizos, bodas, los niños van a clase… Una historia protagonizada por aquellos cuya ignorancia les hace confiar en quienes siempre están dispuestos a aprovecharse de su confianza. Con Ali Nasirian, Hossein Faezi-Zadeh.


Lamerica. Barco de emigrantes albaneses Lamerica. Gianni Amelio (1994):
Un comerciante sin escrúpullos intenta montar en la Albania de los primeros días del poscomunismo, un negocio fraudulento de zapatos que explotará la mano de obra barata que corruptos funcionarios del país le proporcionan. Lo que parece un gran negocio se convierte en un duro proceso de autoconciencia del protagonista, que encuentra en un viejo, enajenado prisionero de guerra italiano, el garado cero a que un sistema brutal reduce a sus súbditos. El film se convierte en una dura mirada sobre un país en descomposición, sobre los sueños de supervivencia que se resumen en esa mágica palabra, Lamerica, vago territorio situado en cualquier parte, en el que todos ansían reconstruir sus vidas. Con Enrico Lo Verso, Carmelo di Mazzarelli y Michele Placido. Coproducción italo-francesa.


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