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El ayatollah Jomeini



Ruhollah Jomeini (1900-1998):
Ruhollah significa "espíritu o soplo de Alá" Jomeini quiere decir "nacido en Jomein", que a su vez puede traducirse como pueblo de las dos jarras". En esta pequeña aldea situada a unos trescientos kilómetros al sur de Teherán vino al mundo el líder de la Revolución Islámica iraní, el jefe mesiánico de los chiítas, el imán que instauró en su patria uno de los regímenes más rígidos del siglo XX. Se desconoce la fecha exacta de su nacimiento, aunque la mayoría de los expertos la sitúan en torno al 17 de mayo de 1900. El peso de la tradición religiosa de su familia, en la que había varios ayatollahs, determinó muy pronto la vocación de Jomeini, que sintió la llamada de la fe musulmana cuando era todavía un niño. El también quería convertirse en ayatollah, que significa "signo de Dios" y es para los chiítas el teólogo dotado de infalible autoridad moral. El padre de Ruhollah, Sayed Mustafá Mussavi, fue asesinado durante un peregrinaje a Irak el mismo año en que nacía su hijo menor. Al parecer, su muerte fue ordenada por los iraquíes, enemigos tradicionales del chiísmo, lo que influyó decisivamente en la vida de Jomeini.

    El chiísmo es la confesión más extendida en Irán y una de las principales corrientes del islamismo, históricamente escindido entre sunnitas y chiítas. Mientras que los sunnitas , mayoritarios en Irak, consideran que todo imam o caudillo musulmán ha de ser elegido por la comunidad entre los descendientes de Alí, yerno de Mahoma, como verdaderos imames, siendo para ellos un cargo hereditario. Así, frente a la ortodoxia práctica sunnita siempre se ha alzado la teología chiíta, carismática e irreductible.

Ruhollah, el más pequeño de seis hermanos, asistió a la escuela coránica y en 1918 fue a la ciudad de Arak para iniciar los estudios islámicos avanzados bajo la dirección de un ayatollah tradicionalista, Mohsen Araki, y luego de Abdul Karim, uno de los líderes religiosos más importantes del momento. Con éste último maestro se trasladó hacia 1920 a Qom, ciudad célebre por sus santuarios, sus reputados círculos de estudios islámicos y los miles de peregrinos que se dan cita allí con la esperanza de obtener dones y curaciones milagrosas. En Qon, Jomeini profundizó en los principios de la ley y la jurisprudencia islámicas y conoció a los clásicos de la cultura musulmana. En 1922 era ya considerado uno de los discípulos más brillantes de Abdul Karim y con él fundó al año siguiente el Madresseh Faizieh, un centro de enseñanza y difusión del chiísmo. Tenía veintisiete años cuando realizó su primera peregrinación a La Meca y comenzó a ejercer él mismo como maestro. A lo largo de este período de apacible religiosidad, llegó a escribir más de veinte libros sobre teología islámica. En cuanto a su matrimonio, los datos oficiales no permiten dilucidar ni la fecha en que tuvo lugar ni el nombre de su esposa; sí es cierto que tuvo con ella un hijo llamado Mustafá y una hija fallecida a los pocos años. También se sabe que su primera mujer murió y que Jomeini aún tuvo más hijos: varias niñas y un segundo hijo varón, Sayed Ahmed. Cuando nació Jomeini, Persia era un país atrasado con un tercio de la población nómada y sumido en el más puro colonialismo, principalmente británico y ruso. En 1909 se descubrieron los primeros yacimientos petrolíferos y las potencias occidentales incrementaron su presencia en el país, gobernado desde tiempos inmemoriales por un sha, nombre que designa en persa el título de rey. Desde 1917 Irán disponía de una Constitución y un Parlamento, pero en 1921 el general Reza Jan dio un golpe de estado, disolvió el parlamento y obligó al sha Ahmed a abandonar el país. Tras un período de convulsiones, en 1926 Reza Jan se autoproclamó sha con el nombre de Reza Pahlavi, iniciando de esta forma la dinastía que años más tarde sería derrocada por Jomeini. Reza Jan se propuso modernizar el país y, siguiendo las huellas de Kemal Atatürk en Turquía, crear un estado y una sociedad laicos y desarrollados, aun a costa de promulgar leyes que atentaban contra la sensibilidad religiosa de su pueblo. Por supuesto, Jomeini se oponía a todas estas reformas y reivindicaba el fundamentalismo chiíta, basado en el advenimiento de un nuevo imam capaz de dirigir el renacimiento del Islam. Al mismo tiempo reclamaba el protagonismo de Irán en este proceso y postulaba la indisociabilidad de política y religión. Durante la Segunda Guerra Mundial, la Unión Soviética ocupó el norte del país y Gran Bretaña el centro y el sur. El sha Reza, acusado de apoyar a las potencias del Eje, fue obligado a abdicar a favor de su hijo primogénito, Muhammad Reza Pahlevi, que a la sazón contaba veintidós años de edad. El nuevo sha, impuesto por los soviéticos y británicos, se inclinó inmediatamente del lado de las fuerzas aliadas y negoció con habilidad la retirada de los ocupantes, consiguió la ayuda económica de Churchill, Roosevelt y Stalin e impulsó decididamente el desarrollo del país, emprendiendo una serie de audaces reformas que incluían la extensión de la enseñanza a las mujeres, la redistribución de las tierras y la instauración de una sociedad industrial moderna y consumista. Desde Qom, Jomeini vivió este proceso sumido en la más profunda indignación. Comenzó a criticar abiertamente las iniciativas gubernamentales de aproximación a Occidente y, en 1953, cuando el sha visitó la ciudad santa de Qom, fue el único ayatollah que no acudió a recibirlo, manifestando así su oposición. Paulatinamente, el prestigio de Jomeini fue en aumento y su postura radical encontró en la inmensa mayoría de dirigentes musulmanes. A principios de los años sesenta era ya el jefe indiscutible de la comunidad chiíta y el primer enemigo del régimen, de cuyas prohibiciones religiosas y políticas hacía caso omiso. Las huelgas y enfrentamientos protagonizados por sus seguidores culminaron en 1963, cuando el sha impuso la ley marcial y ordenó el arresto del caudillo chiíta, lo que originó una espectacular insurrección que costó más de cien muertos a las filas jomeinistas. El ayatollah hubo de exiliarse en Turquía y luego en Irak, desde donde organizó con la connivencia de las autoridades una fuerte oposición contra el sha. Sus tesis era claras: era necesario crear una República Islámica establecida en base a la tradición musulmana y destruir el corrupto régimen de Reza Pahlevi, vendido a los demonios occidentales. Sus ideas, extraídas de las más antiguas leyes islámicas, revelaban una intransigencia religiosa llevada hasta las últimas consecuencias: "Necesitamos un líder que sea capaz de cortar la mano de su propio hijo si lo descubriese robando, o que lapidase a su esposa si supiese que ha fornicado." Entretanto, Irán experimentaba un vertiginoso crecimiento económico basado en la venta de petróleo y que contrastaba con una injusta distribución de la renta nacional. El pueblo continuaba sumido en la miseria mientras el sha, convertido en el gendarme del golfo Pérsico por los Estados Unidos, celebraba con grandes ceremonias su coronación y la de su esposa Farah Diba como emperadores de Irán.

Violenta represión del régimen del sha:
Al mismo tiempo, toda oposición a su política era duramente reprimida por la Organización de Seguridad e Información (SAVAK), la temible policía política y espina dorsa del régimen. El 23 de octubre de 1977, Mustafá, primer hijo de Jomeini, murió en circunstancias nunca aclaradas; el ayatollah culpó a la SAVAK y , en una carta distribuida en cientos de miles de copias por todo Irán acusó de asesino al sha y efectuó un llamamiento para que el ejército y el pueblo liberasen al país de su nefasto gobierno. Las explosiones de fanatismo religioso estallaron por todo el territorio y se alternaron con brutales intervenciones de la policía y el ejército. En 1978, el gobierno iraquí, presionado por el sha, expulsó a Jomeini, quien marchó a Francia y se instaló en Neauphle-le-Château. Desde allí, el líder chiíta pudo utilizar los medios de comunicación de un país occidental para difundir su lucha por todo el mundo. El estallido de la revolución fue propiciado por la colaboración de los comerciantes de clase media. El partido comunista apoyó la revolución encabezada por Jomeini durante sus primeras etapas. Defendía que había ayatolas bastante menos progresistas. Lo que más tarde se descubrió sobre el grado de violencia empleado por la Savak en sus centros de tortura indignó a todo el mundo. Muchos de sus integrantes serían juzgados por tribunales revolucionarios y ejecutados. Por la magnitud de esa clase de crímenes la revolución insistía sin tregua en la entrega del sha.

El regreso a Irán (1 febrero 1979):
Los acontecimientos se precipitaron a principios de 1979: el sha abandonó el país en unas denominadas eufemísticamente vacaciones dejando tras de sí un gobierno que apenas pudo sostenerse un mes; el 1 de febrero Jomeini regresaba triunfalmente a Teherán el Consejo de la Revolución Islámica tomaba las riendas del poder ante una declaración de neutralidad del ejército. El ayatollah se instaló en Qom y convocó un referéndum en el que el 97 por 100 de los iraníes apoyaron la implantación de una República Islámica, denominada por Jomeini "el gobierno de Dios". Desde el principio fue el propio Jomeini quien ejerció el poder absoluto por encima de los sucesivos gobiernos surgidos de las convocatorias electorales. El régimen teocrático basado en su figura asentó el principio de que oponerse a las decisiones del imam y sus seguidores suponía ir en contra del Islam y de Alá. Los antiguos colaboradores del sha fueron ejecutados, al igual que muchos homosexuales, mujeres adúlteras y otros muchos acusados de no respetar las nuevas leyes.

Toma de la embajada:
En noviembre de 1979, los jóvenes estudiantes chiítas asaltaron la embajada norteamericana en Teherán y tomaron como rehenes a cincuenta y dos ciudadanos estadounidenses. El régimen anunció que serían juzgados por cargos como el espionaje, que hasta el momento los tribunales revolucionarios habían sentenciado con ejecuciones. A cambio se exigía la entrega del sha. La reconstrucción de los documentos destruidos por la embajada iba proporcionando pruebas de actividad de espionaje. Tras muchos meses de gestiones, amenazas y sanciones económicas, y después de un fracasado intento de rescate por parte de un comando militar enviado por el presidente Carter, en enero de 1981 se llegó a un acuerdo que ponía fin a la reclusión de los rehenes. En septiembre de 1980, aprovechando la convulsión reinante en los primeros meses de la Revolución, el presidente iraquí Sadam Husein atacó Irán dispuesto a lograr algunas ganancias territoriales y a derrocar a Jomeini. Hasta 1988 no cesaron las hostilidades, habiendo quedado de manifiesto el fervor religioso de los chiítas era también irreductible en los campos de batalla.

Salman Rushdie Condena de Salman Rushdie:
La última proeza de Jomeini fue decretar desde Teherán la muerte del escritor británico de origen indio Salman Rushdie, a raíz de la publicación de su libro Versos satánicos. En esta novela, el autor atribuía a Mahoma actividades poco acordes con su santidad, lo que inmediatamente provocó la ira del imam; Rushdie fue declarado blasfemo y condenado a la pena máxima, por lo que hubo de pasar a la clandestinidad y manifestar poco después su conversión a la fe musulmana, lo que no le valió el perdón, pese al apoyo de escritores de todo el mundo. El santón de poblada barba cana, iracundas cejas, mirada de iluminado y gesto adusto pertenece ya a la imaginería del fundamentalismo , cuya práctica política sigue provocando la repulsa de Occidente e inspirando movimientos radicales del mismo signo en todos los países con población musulamana. Ni siquiera su muerte, acaecida el 4 de junio de 1989, ha disipado esta influencia, para unos peligrosa y para otros esperanzadora.

Jomeini comprendía bien los peligros que la fe suní wahabí saudí suponía para los chiíes. En su famoso último mensaje, poco antes de su muerte, cuando ya debía de haber oído el nombre de Bin Laden, Jomeini arremetió contra las ideas anticoránicas que propagaba el culto supersticioso e infundado del wahabismo.

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