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Mar Português
O mar salgado, quanto do teu sal
São lágrimas de Portugal!
Por te cruzarmos,quantas mães choraram,
Quantos filhos em vão rezaram!
Quantas noivas ficaram por casar
Para que fosses nosso, ó mar!
Valeu a pena? Tudo vale a pena
Se a alma não é pequena.
Quem quer passar além do Bojador.
Tem que passar além da dor.
Deus ao mar o perigo e o abismo deu,
Mas nele é que espelhou o céu.
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Mar Portugués
¡Oh mar salada, cuánta de tu sal
son lágrimas de Portugal!
¡Por cruzarte, cuántas madres lloraron,
cuántos hijos en vano rezaron!
¡Cuántas novias quedaron por casar
para que fueses nuestra, oh mar!
¿Valió la pena? Todo vale la pena
si el alma no es pequeña
Quien quiere pasar allende el Bojador
tiene que pasar allende el dolor.
Dios al mar el peligro y el abismo dio,
mas fue en él donde el cielo se miró.
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O Infante
Deus quer, o homen sonha, a obra nasce.
Deus quis que a terra fosse toda uma,
Que o mar unisse, já não separasse.
Sagrou-te, e foste deventando a espuma,
E a orla branca foi de ilha em continente,
Clareou, correndo, até ao fim do mundo,
E viu-se a terra inteira, de repente,
Surgir, redonda, do azul profundo.
Quem te sagrou criou-te português
Do mar e nós em ti nos deu sinal.
Cumpriu-se o Mar, e o Império se desfez.
Senhor, falta cumprir-se Portugal!
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El Infante
Dios quiere, el hombre sueña, la obra nace.
Dios quiso que la tierra fuese toda una,
que el mar uniese, ya no separase.
Consagróte, y fuiste desvelando la espuma,
y la orla blanca fue de isla en continente,
clareó, corriendo, hasta el fin del mundo,
y vióse la tierra entera, de repente,
surgir, redonda, del azul profundo.
Quien te consagró te creó portugués.
Del mar y de nosotros en ti nos dio señal.
Cumplióse el Mar, y el Imperio se deshizo.
¿Señor, falta por cumplirse Portugal!
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D.Sebastião, Rei de Portugal
Louco, sim, louco, porque quis grandeza
Qual a Sorte a não dá.
Não coube em min minha certeza;
Por isso onde o areal está
Ficou meu ser que houve, não o que há.
Minha locura, outros que me a tomem
Com o que nela ia.
Sem a loucura que é o homen
Mais que a besta sadia,
Cadáver adiado que procria? |
D.Sebastián, Rey de Portugal
Loco, sí, loco, porque quise grandeza
Cual la suerte no la da.
No cupo en mí certeza;
Por eso donde el arenal está
Quedó mi ser, el que hubo, no el que hay.
Mi locura, que otros me la tomen
Con lo que en ella iba.
¿Sin locura qué es el hombre
más que la bestia sana,
cadáver aplazado que procrea? |
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D.Fernando. Infante de Portugal
Deu-me Deus o seu gládio, porque eu faça
A sua santa guerra.
Sagrou-me seu em honra e em desgraça,
As horas em que um frio vento passa
Por sobre a fria terra.
Pôs-me as mãos sobre os ombros e doirou-me
A fronte com a olhar;
E esta febre de Além, que me consome,
E este querer grandeza são seu nome
Dentro em min a vibrar
E eu vou, a luz do gládio erguido dá
Em minha face calma.
Cheio de Deus, não temo o que virá,
Pois, venha o que vier, nunca será
Maior do que a minha alma.
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D.Fernando. Infante de Portugal
Dióme Dios su acero, para que yo haga
su santa guerra.
Consagróme suyo en honor y en desgracia,
en las horas en que un frío viento pasa
por encima de la fría tierra.
Púsome las manos en los hombros y doróme
la frente con la mirada;
y esta fiebre del Más Allá, que me consume,
y este querer grandeza con su nombre
dentro de mí vibrando.
Y yo voy, y la luz del acero erguido relumbra
en mi faz calma.
Lleno de Dios, no temo lo que vendrá,
pues, venga lo que viniere, nunca será
mayor que mi alma.
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Don Sebastián (Lisboa 1554-Alcazarquivir 1578):
Sucedió, cuando contaba tres años, a su abuelo Juan III bajo la tutela de su tío abuelo, el cardenal Enrique. En 1568 fue declarado mayor de edad al cumplir los catrorce. Reinó desde 1557 hasta 1578. Con la intención de conquistar un imperio en Marruecos realizó dos expediciones al norte de Africa (1574 y 1578). Durante la segunda fue derrotado y muerto en Alcazarquivir. A mediados del siglo XVI corría en Portugal la creencia en la venida de un rey predestinado y portador de felicidad.
Desde el primer instante de su reinado, don Sebastián empezó a cavar la fosa en la que había de precipitarle su carácter místico e impulsivo. Sintiéndose predestinado para salvar a la amenazada cristiandad, no cesó de organizar, con espíritu más caballeresco y novelesco que práctico, proyectos de ejércitos y armadas, expediciones y otras empresas muchos de los cuales no pudieron ser llevados a cabo; no obstante lo cual, en 1574 se embarcó en secreto para Marruecos, de donde no tardó en volver, tras haber probado su valor y su fantasía en sus enfrentamientos y negociaciones con los moros. Fue el prólogo de su desgraciada expedición del año 1578 a dicho país africano, en la que perdió la vida frente a las murallas de Alcazarquivir y en la que fue destrozado su ejército de más de dieciséis mil combatientes. El desastre dejó vacante el trono de Portugal y dio lugar a la unión peninsular, que duraría desde el reinado de Felipe II, tío del desventurado don Sebastián, hasta el de Felipe IV.
A partir de la muerte del joven rey, cuyo cadáver nunca fue hallado, y al que nadie pareció ver morir, las coplas de Bandarra adquirieron un nuevo sentido: el Mesías que anuncian no es otro que el rey don Sebastián, el cual ha de volver para instaurar un nuevo Imperio, que se convertirá en la verdadera y providencial razón de ser de Portugal.
(Angel Crespo)
La creencia en esta especie de leyenda-profecía (Sebastianismo) renació ante la dominación española cuando Felipe II accede al trono de Portugal. Empezó a rumorearse que el rey no había muerto y que regresaría para salvar a su país. Surgieron mesías y liberadores que se hicieron pasar por el rey Sebastián. Aunque muchos fueron descubiertos y ajusticiados, la leyenda pervivió incluso después de lograda la independencia.
Pessoa fue el último gran sebastianista y el más singular de ellos. Entre el gran número de seguidores se encontraba el gran prosista António Vieira.
Cenotafio [héroe anónimo portugués]:
[...] Murió por la Patria, sin saber cómo ni por qué. Su sacrificio tuvo la gloria de no conocerse. Dio la vida con toda la entereza del alma: por instinto, no por deber; por amor a la Patria, no por conciencia de ella. La defendió como quien defiende a una madre de quien somos hijos, no por lógica, sino por nacimiento.
[...] Es anónimo como el instinto que le mató. No pensó que iba a morir por la Patria; murió por ella. No decidió cumplir su deber; lo cumplió. A quien no tuvo nombre en el alma, justo es que no preguntemos qué nombre definió a su cuerpo. Fue portugués; no siendo tal portugués, es el portugués sin limitación. Su lugar no está al lado de los fundadores de Portugal, cuya estatura es otra, y otra la conciencia. No le cabe la compañía de los semidioses, por cuya audacia crecieron los caminos del mar y hubo más tierra que caber a nuestro alcance.
Ni estatua ni lápida narre quién fue el que fue todos nosotros; como es todo el pueblo, debe tener por túmulo toda esta tierra. En su propia memoria lo debemos sepultar, y ponerle por lápida tan sólo su ejemplo. (Ultimo fragmento del Apéndice del Libro del desasosiego)
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