HISTORIA
DOCUMENTOS
El idioma castellano



El papel hispanizador de América:
El estado no disponía de medios para hacer triunfar ese ambicioso proyecto hispanizador [órdenes de Carlos III para imponer el castellano y decreto nombrando gran número de maestros]. Y cuando, en 1810, comienza la emancipación de aquellos países, hay unos tres millones de españoles y criollos (americanos descendientes de españoles, bien blancos, bien mestizos) hispanohablantes, y unos nueve millones de indios casi todos desconocedores del español. Las condiciones parecían propicias para el retroceso de nuestro idioma, pero ha ocurrido todo lo contrario: la hispanización lingüística de Hispanoamérica se ha producido, precisamente, a raíz de su independencia. Se calcula que viven hoy unos quince millones de indios, y seguramente no llegan a la mitad los que hablan sus lenguas indígenas, ni a la tercera parte los que ignoran el español. El aprendizaje del castellano por los indios representa un paso imprescindible para su redención cultural y social, y para su incorporación a las repúblicas donde viven, como ciudadanos de pleno derecho. [...] Aunque parezca paradójico, la capacidad de fundir a las más diversas gentes en una común cultura hispana, es hoy mucho mayor en América que en España. A este propósito, escribe el gran lingüista venezolano Angel Rosenblat (1964):

    Desde 1492 hasta hoy, asistimos, por todas vías, a una progresiva hispanización. Al proceso se han ido incorporando también, a través de varios siglos, grandes contingentes de población africana [negra], que no ha alterado la unidad de la lengua española, que la han enriquecido también con una docena de voces peculiares. Y desde el siglo XIX, millones de hombres procedentes de los más diversos países de Europa, y del mundo, que han adquirido en América su lengua española, se han integrado en ella y a sus formas mentales, y le han dado poetas y prosistas de valor singular. Y aun gallegos, catalanes y vascos han terminado por castellanizarse definitivamente en tierras americanas. No sólo está profundamente hispanizada América, sino que se está convirtiendo en el más poderoso campo de hispanización del mundo.

(Fernando Lázaro)

Andrés Bello Amsterdam


Publicación de literatura castellana en Europa (s.XVI):
Los logros literarios, que dieron a las generaciones posteriores justificados motivos de orgullo, fueron incuestionables. Las obras castellanas comenzaron a ser conocidas por los europeos, y las prensas extranjeras publicaban traducciones de obras españolas. El período culminante del interés inglés fue durante el reinado de Isabel I, cuando las dos naciones estaban en continuo conflicto, ya fuera abierta o encubiertamente. Richard Hakluyt publicó en 1589 una magnífica antología de literatura occidental (entre ellas, la española) sobre viajes, The Principall Navigations. Al menos hasta mediados del siglo XVII, los ingleses estuvieron interesados en España y su literatura, la tradujeron y la imitaron. Los holandeses compartieron el interés por la misma clase de textos: exploración, navegación, historias de América y de Oriente, así como por algunas obras literarias, tales como la obra de teatro La Celestina. A comienzos de la Edad Moderna, las bibliotecas públicas y privadas de la parte holandesa de los Países Bajos albergaban más de mil ediciones de autores castellanos, y ciento treinta ediciones de traducciones desde el castellano. En total, contenían casi seis mil ediciones de obras relacionadas con España en todos los idiomas. Incluso en Suiza, que no formaba parte del imperio, los impresores de Basilea publicaron ciento catorce ediciones de obras producidas por españoles entre 1527 y 1564, y setenta ediciones más entre 1565 y 1610. (Henry Kamen)


Evangelizador José de Anchieta Labor evangelizadora vista hoy por la Iglesia:
La visión cristiana renovada del hombre y del mundo, fruto de la renovación profunda de la Iglesia en la España del Renacimiento y del Barroco, modela y alienta un estilo de vida y, consiguientemente, de sociedad, eminentemente espiritual, abierto a la entrega generosa de uno mismo y a la misión. La evangelización de América, la Escuela de Salamanca, la mística de Santa Teresa de Jesús y de San Juan de la Cruz, la obra educativa de san Ignacio de Loyola, han quedado como símbolos representativos de una época de la historia de la Iglesia de España de trascendencia y valor universales. La realidad histórica cristiana de España desde entonces hasta hoy mismo aparece marcada de forma inconfundible por el signo de lo católico. (Charla del cardenal arzobispo de Madrid, 2005)


La violenta colonización de América:
Aún más problemático me parece el último de los grandes acontecimientos que van a celebrarse este año: el descubrimiento de América por Colón. Las consecuencias de ese descubrimiento -si es que fue tal cosa- tampoco admiten diminutivos: se exterminaron pueblos, se destruyeron culturas avanzadas. En nombre de Cristo se asesinó, se torturó y se saqueó. Los supervivientes se vieron reducidos a esclavos privados de derechos. ¡No hay nada que celebrar! La ocasión da pie más bien a repensar esa vergüenza no sólo española, sino europea, tanto más cuanto la Europa actual sigue comportándose con modos de potencia colonial frente a la impotencia del resto del mundo. (Günter Grass, 1992)


Primeras universidades:
Es bien sabido que los primeros colegios y seminarios hispanoamericanos adoptaron como modelos a las universidades de Salamanca y Alcalá de Henares en los siglos XVI y XVII. Casos paradigmáticos fueron las Reales Universidades de México y de Lima, Perú, creados ambos en 1551. En sus orígenes, dichas instituciones eran realmente pequeñas pero durante el siglo XVIII comenzaron a expandirse; los registros históricos de la Universidad de México atestiguan que se titularon la impresionante cantidad de 20.000 bachilleres a lo largo de esa centuria. La mayor parte del siglo XIX fue una época cruel para la mayoría de las instituciones educativas en Latinoamérica a consecuencia de las intensas luchas políticas y guerras civiles, aunadas a la debilidad fiscal de la mayoría de los nuevos Estados en formación. De allí que se invirtió poco dinero a la educación pública hasta el último cuarto de siglo. Hubo algunas excepciones, como fue el caso de la Universidad de Chile, que fue fundada en 1842, cuyo primer rector fue Andrés Bello, educador de generaciones de jóvenes chilenas. Esta institución pudo cumplir funciones fundamentales en la formación de las elites republicanas, pero ya en el siglo XX amplió su matrícula y se convirtió en una universidad policlasista. Hoy la Universidad de Chile cuenta con 38.000 alumnos y 36 programas de doctorado, siendo alma mater de 169 premios nacionales de Chile, incluyendo Pablo Neruda y Gabriela Mistral. En Argentina se fundó tempranamente la Universidad de Buenos Aires en 1821 en el marco de la independencia, aunque no sería hasta principios del siglo XX cuando las universidades argentinas cobrarían verdadera importancia al establecerse las nuevas Facultades de Ingeniería, de Ciencias Naturales y Sociales. En 1918, las demandas por ampliar la enseñanza a mayor número de alumnos y con un esquema menos jerárquico y tradicionalista gestó la famosa “reforma universitaria”, que arrancó en la Universidad de Córdoba pero que luego habría de tener un impacto enorme en toda América Latina, siendo impulsada por figuras tan destacadas de la cultura y la educación en los años de 1920 como José Ingenieros en Argentina o José Vasconcelos en México. La mayor expansión de las universidades latinoamericanas se produjo a partir de los años de 1950 con un gran aumento de la inversión pública que permitió para ampliar las clases profesionales y dar cauce a un profundo cambio social y cultural. Símbolo de este proceso fue la construcción por la Universidad Nacional de México de la primera gran Ciudad Universitaria en Latinoamérica que hoy en día acoge a más de 100.000 alumnos. El país con el mayor dinamismo en la expansión de su sistema universitario en los últimos dos decenios ha sido Brasil. La Universidad de São Paulo con sus más de 75.000 alumnos, múltiples programas de posgrado y 42 bibliotecas es un centro vital de docencia y de investigación científica, por lo que hoy ocupa el primer rango de las universidades latinoamericanas en diversas evaluaciones internacionales. (Carlos Marichal Salinas, 2014)


Lengua robusta:
En América quedamos esperando a Cervantes. Habría venido, si Felipe II atiende su petición del 21 de mayo de 1590 “de hacerle merced de un oficio en las Indias de los tres a cuatro que al presente están vacantes que es uno la contaduría del Nuevo Reino de Granada, o la Gobernación de la Provincia de Soconusco en Guatemala, contador de las galeras de Cartagena, o corregidor de la ciudad de la Paz”. [...] No vino al fin Cervantes, pero nos heredó una lengua en estado de perpetua invención. ¿Cuántas lenguas hablamos, cuántas lenguas tenemos? Una sola y diversa, y abundante. Oigan esos ecos cantarines, esas parrafadas que terminan atropellando en un solo sostenido las palabras mutiladas. Son los mismos dejes, los mismos acentos que oímos en Caracas y oiremos en Barranquilla, en Maracaibo, y que seguiremos oyendo en Veracruz, en Panamá, en Santo Domingo, en La Habana, en San Juan, en Managua, una sílaba comida de más, quizás, una entonación risueña, un registro más alto, una muletilla esplendorosa, tan sólo como leves distinciones de un mismo cantar en el que suenan, a lo lejos, los tambores africanos que los esclavos escuchaban en lo hondo de sus sueños, hacinados en los barcos que los traían desde Guinea y desde El Congo. (Sergio Ramírez, 2014)


Presencia en el mundo:
El español no es la lengua de España: es la lengua de quinientos millones de personas y la segunda más hablada en el mundo. La española ni siquiera es la mayor comunidad de hablantes de ella, tampoco la más importante. Si los hispanos de Estados Unidos fuesen un país, formarían parte del G20. [...] Es la segunda lengua de Estados Unidos. Es una puerta a Japón y China a través del relaciones entre los países del Pacífico. El impacto cultural de este fenómeno no se limita a los libros, sino a todos los ámbitos de la comunicación. Un país hispano, México, alberga la segunda feria editorial más grande del mundo en Guadalajara. El español es la segunda lengua en Twitter. La ficción latinoamericana se emite en pantallas de televisión de Croacia, Rusia o Australia (Santiago Roncagliolo, 2015)

Navegar por las redes significa entre otras cosas dominar alguno de las dos grandes Linguas Francas: El inglés o el español. Sin un manejo medio de estos idiomas, solo podrán acceder a espacios digitales mediatizados y aislados. 375 millones de personas hablan inglés, 559 millones hablan español y 1290 millones hablan chino, que en realidad son 56 clases diferentes de chino que hablan esos mismos grupos étnicos. (P.Andión, 2017)


Riqueza lingüística y traducción actualizada de clásicos:
[...] La alarmante desaparición de la riqueza lingüística de nuestro mundo. Somos ya conscientes de los desastres ecológicos que infligimos al planeta y, por eso, urgimos medidas de corrección de los despropósitos que lo están devastando. Pero no lo somos tanto del cataclismo cultural que supone la desaparición de las lenguas. Algunos filólogos piensan que, de las seis mil que hay en el mundo, quizás desaparecerán, durante este siglo, entre el 50% y el 90%. Y nos dicen que, en las lenguas, también se da una especie de muerte lenta: su empobrecimiento por reducción del vocabulario y por simplificación de las formas gramaticales y sintácticas, entre otros factores. Favorecer la riqueza lingüística entre los hablantes, en lugar de privarlos de ella, es una forma de mantener una lengua con vida. Simplificarla, reducirla y condenar al anacronismo palabras poco o nada usadas, que todavía perviven en los textos clásicos, es una forma de anticipar su muerte: o una vida tan esquemática y simple que acaba por hacer, de una lengua, su caricatura. La segunda cuestión afecta a la esencia de la literatura. A diferencia de los libros (y la diferencia entre libros y literatura, aunque a veces algunos pretendan ignorarla, es abismal), los textos literarios están hechos sobre todo de palabras: no es el argumento ni las historias que explica lo que define la grandeza de un clásico. Son las palabras, las construcciones sintácticas, las formas gramaticales, la arquitectura y la composición material del texto. De todo eso está hecha la literatura, y tanto más cuanto mayor es. Traducirlos, en la propia lengua “actual”, para modificar su literalidad es reducirlos a la anécdota, empobrecerlos irremisiblemente. (Xavier Antich, 2015)


Capacidad de expresión del inglés:
El inglés es el idioma más extendido de la raza humana; su variedad, con un vocabulario varias veces más extenso que el segundo idioma en importancia… sólo esto hizo inevitable que el inglés se convirtiera finalmente en la lingua franca de este planeta, porque es la más rica y la más flexible, pese a sus bárbaros añadidos… o, debería decir más bien, a causa de sus bárbaros añadidos. El inglés engulle cualquier cosa que se pone en su camino, y saca más inglés de ella. Nadie ha intentado nunca detener este proceso, de la forma que otras lenguas han creado reglas y han marcado límites oficiales, probablemente porque nunca ha existido realmente «el inglés de los reyes»; porque ese «inglés» era el francés. En realidad el inglés fue una lengua bastarda y nadie se preocupó de cómo crecía, ¡y lo hizo! Enormemente. Hasta el punto de que nadie podía esperar ser un hombre educado a menos que hiciera todo lo posible por abrazar a ese monstruo. Su propia variedad, sutileza y absoluta e irracional complejidad idiomática permiten expresar en inglés cosas que no pueden decirse en ningún otro idioma. Eso casi llegó a volverme loco… hasta que aprendí a pensar en inglés, y eso puso un nuevo «mapa» del mundo por encima del otro con el que me crié. Un mapa mejor, en muchos aspectos, y desde luego uno más detallado. (Robert A. Heinlein, Extranjero en tierra extraña, 1961)

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