Historia
El paso de las Termópilas



El paso de las Termópilas:
La denominación griega del lugar alude a la presencia en la zona de manantiales de agua caliente y a la vez al interés estratégico que siempre tuvo un paso que conducía al centro de la Hélade. Heródoto escribió que sólo cabía un carro por ella. Era un desfiladero cercano a la costa del golfo Maliaco por el que pasaba el camino que comunicaba la llanura de Tesalia con Lócrida. En la actualidad presenta un aspecto modificado por el relleno con tierra del golfo de Lamía.

    No se equivocaba Leónidas, porque sus tropas iban a ser vencidas. La derrota griega fue fruto de una traición. En efecto, un renegado llamado Efialtes condujo a las tropas invasoras a través de un sendero alternativo por detrás de las montañas. La maniobra dio su fruto y una parte del ejército persa apareció tras la retaguardia helena. Las tropas griegas, que defendían la salida de las Termópilas, se encontraron así encerradas entre dos fuegos enemigos. En ese momento, la mayor parte de los griegos optaron por la retirada. Sin embargo Leónidas permaneció en las Termópilas. Dividió sus fuerzas en dos grupos y se quedó al pie del desfiladero. Se discute sobre las razones que pudo tener para dividir a sus hombres. La hipótesis más creíble sostiene que pretendía asó facilitar la evacuación de todos los efectivos, con el menor número de bajas posible. De esta manera un grupo protegería al que se retiraba de los ataques de la caballería persa. En cualquier caso la estrategia de Leónidas falló. Los trescientos espartanos, junto con un pequeño contingente de soldados de Tebas, quedaron rodeados por las tropas enemigas. Los tebanos se rindieron y consiguieron, de esta manera, conservar su vida. Los espartanos prefirieron el sacrificio y siguieron luchando hasta la muerte. (Javier Espluga)

300, el cómic y la película:
En 1962 se estrenaba la película The 300 Spartans, titulada en España El León de Esparta. La cinta, dirigida por Rudolf Maté, narraba el épico enfrentamiento entre la falange hoplita del rey espartano Leónidas y el ingente ejército de del rey persa Jerjes I en el paso de las Termópilas, durante la guerra que enfrentó a griegos y persas. La historia en sí, al igual que la épica puesta en escena de Maté, impresionaron de tal forma a un joven Frank Miller que se prometió a sí mismo que algún día reproduciría la batalla del rey espartano contra los invasores llegados desde la remota Persia, en el año 480 antes de Cristo, en su formato preferido: los cómics. Se documentó sobre la época sobre todos los elementos que rodearon aquella contienda, sobre las falanges espartanas y sobre sus armas. El dibujante puso especial cuidado en reproducir yelmos, escudos, y largas lanzas -sarisas- que formaban parte de las señas de identidad de unas tropas muy especializadas. Miller se planteó la planificación narrativa de la historia como una serie de páginas dobles, intercaladas por grandes viñetas y otras más pequeñas que ayudabn a explicar detalles de la tragedia que se estaba fraguando en aquel remoto lugar. Su lanzamiento en formato comic-book, en 1998, no ayudaba a disfrutar tanto del increíble trabajo del autor como como en su posterior versión de álbum en formato apaisado. Todo esto estaba apoyado por el acertado y pictórico colorido de Lynn Varley, pareja de Miller, que ya había demostrado su valía en trabajos como Batman: The Dark Knight Returns (1986). Varley recurre a una paleta de colores ocres y tierras, intercalados con los negros y azules oscuros que sirven para separar los días de las noches. La suma de todos los elementos dio como resultado una obra épica que reproduce de manera metódica, en sus primeros números, la génesis del enfrentamiento entre las tropas de Leónidas y las de Jerjes, para luego llevarnos hasta el mismo corazón de la batalla. Miller, con una prodigiosa planificación de página y con un sentido del ritmo más propio de un story-board cinematográfico que de un cómic, nos sitúa en primera línea de batalla, sintiendo la tensión, el dramatismo y la locura que se desencadena en cualquier guerra. (E.Serradilla)

Nuevas técnicas:
No es una reconstrucción fidedigna y milimétrica del famoso episodio histórico en el que se inspira, ni da lecciones magistrales de conocimiento de las eras antiguas. Tan sólo es una adaptación, notablemente inspirada por cierto, de la ya de por sí hiperbólica novela gráfica de Miller. Snyder ha sabido filtrar los elementos más atractivos del trabajo gráfico de su creador confiriéndoles una agresiva e imparable cinética en la pantalla (justo en las antípodas de la ineptitud que mostró Robert Rodríguez a la hora de acometer la muy fallida Sin City que aun valiéndose de recursos más propios del videoclip, rozando el videojuego de consola (el paroxístico empleo del ralentí, que paradójicamente no resulta cansino) y con elementos de anacronía tales como la banda sonora de Tyler Bates, que conjugan la tendencia más actual de este tipo de cine (los ya estandarizados coros étnicos) con elementos de pura vanguardia, tal es el caso de las potentes guitarras eléctricas que acompañan la imponente marcha de los guerreros espartanos en dirección a la cámara. Incluso el tono de las interpretaciones en el caso de Gerard Butler (destilando carisma a raudales en su recreación interpretativa de Leónidas), y sus compañeros de armas, donde destacan unos excelentes David Wenham, Michael Fassbender y Tom Wisdom, se mantienen en el estilo de la macho movie ochentera, esa donde el personaje se definía por acciones memorables y frases lapidarias que trascienden el propio filme. En definitiva, muestra impecable de lo colosal que puede llegar a ser una obra de pequeño presupuesto (60 millones de dólares, más o menos lo que el catering de El señor de los anillos y de cómo la integración de las últimas técnicas digitales en una historia, así como lenguajes visuales de consumo popular, pueden acompañar la narración en lugar de limitarla. (Pedro J.Mérida)


Supervivientes:
Leónidas dio permiso a Euritos y Aristodemos para marcharse, pues estaban enfermos (Herodoto, 229). Al conocer Euritos que los persas atacaban por detrás, se armó y participó en la lucha, siendo derribado. A Aristodemos le falló su espíritu (Herodoto, 229) y no participó, por lo que fue severamente criticado. Al llegar a Lacedemonia fue tremendamente criticado (Herodoto, 231) y llamado Aristodemos el Cobarde, y ningún espartano le daría fuego. Pero en la batalla de Platea limpió su honor (Herodoto, 232). Añade Herodoto que hubo un tercero, Pantites, que sobrevivió porque fue enviado con un mensaje a Tesalia. Deshonrado en Esparta, se sucidió.


Efectivos aportados por las polis:
Herodoto enumera las fuerzas griegas en:

  1. Peloponesios. Esparta: 300 Tegea y Mantinea: 1.000 Orcómeno de Arcadia: 120 Del resto de Arcadia: 1.000 Corinto: 400 Fliunte: 200 Micenas: 80
  2. Otros griegos. Tespias de Beocia: 700 Tebas: 400 Opunte de Locria: “Toda su gente de armas” Foceos: 1.000

Lo que da una cifra de algo más de 5.000 hombres. De los espartanos y los foceos se especifica que eran todos hoplitas, como probablemente lo fueran todos los demás, sin descartar la presencia de algunos psiloi. Los 1000 foceos estaban desplegados guardando el paso secundario por el que finalmente los persas rodearon a Leónidas, por lo que no cuentan para el escenario principal. En la última fase del combate solo participaron los espartanos, los tespios (por lo que merecen tanta o más gloria que los espartanos) y los tebanos (éstos fueron obligados a quedarse pues se temía, con total fundamento, que Tebas iba a cambiar de bando). Esto suma 1.400 hombres (menos las bajas anteriores). Creo que es inútil intentar una cifra del ejército persa. El único número casi seguro es el de los 10.000 inmortales. Herodoto, al describir al ejército que cruza el Helesponto (en un pasaje bastante confuso) da las siguientes cifras: 1.000 “lanceros” (la infantería de la guardia seleccionada entre nobles persas, los “portadores de manzanas”), 1.000 jinetes que también podrían considerarse como de la guardia, un cuerpo de infantería selecta de 10.000 hombres (probablemente son los inmortales) y 10.000 jinetes persas selectos. A esos cuerpos “de élite” seguiría una tremenda multitud de guerreros divididos en contingentes nacionales.

Castigo de Jerjes al Helesponto:
Una fuerte tormenta en el estrecho del Helesponto ha embestido y destrozado los puentes que él había mandado construir para que el ejército —del cual él mismo era comandante en jefe y al que conducía a Grecia— pudiera pasar de Asia a Europa. Al oír la noticia, Jerjes monta en cólera. Mandó dar al Helesponto trescientos latigazos y arrojar al fondo de él un par de grilletes. Aun tengo oído que envió allá unos verdugos para que lo estigmatizasen. Sea como fuere, lo cierto es que ordenó que al tiempo de azotarlo le cargasen de oprobios que ningún griego osaría pronunciar: «Agua maligna, este castigo te infringe nuestro señor porque lo has agraviado sin haber recibido de su parte la menor injuria. Y a fe tanto si quieres como si no, el rey Jerjes pasará sobre ti. Con razón nadie te hace sacrificios, pues no eres más que un riachuelo turbio y salado». Tal castigo mandó ejecutar contra el mar; mas lo peor fue que hizo cortar las cabezas a los oficiales encargados de los puentes sobre el Helesponto. Ignoramos el número de cabezas que manda cortar. Tampoco sabemos si los condenados constructores y vigilantes de los puentes sumisamente ofrecen sus nucas o si se prosternan y suplican clemencia. La carnicería debe de ser terrorífica, pues puentes como aquél eran construidos por miles y miles de hombres. En cualquier caso, las órdenes dictadas tranquilizan a Jerjes, le permiten recuperar el perdido equilibrio interior. Sus hombres tienden nuevos puentes sobre el Helesponto y los magos declaran que todas las señales auguran un futuro propicio.


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