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El invento de Morel:
-Para un perseguido, para usted, sólo hay un lugar en el mundo, pero en ese lugar no se vive. Es una isla. Gente blanca estuvo construyendo, en 1924 más o menos, un museo, una capilla, una pileta de natación. Las obras están concluidas y abandonadas... Ni los piratas chinos, ni el barco pintado de blanco del Instituto Rockefeller la tocan. Es el foco de una enfermedad, aún misteriosa... Los tripulantes de un vapor que había fondeado en la isla estaban despellejados, calvos, sin uñas -todos muertos-, cuando los encontró el crucero japonés Namura. El vapor fue hundido a cañonazos...
Creo que esta isla se llama Villings y que pertenece al archipiélago de las Ellice...
La vegetación de la isla es abundante. Plantas, pastos, flores de primavera, de verano, de otoño, de invierno, van siguiéndose con urgencia, con más urgencia en nacer que en morir, invadiendo unos el tiempo y la tierra de los otros, acumulándose inconteniblemente. En cambio, los árboles están enfermos; tienen las copas secas, los troncos vigorosamente brotados...
En quince días hubo tres grandes inundaciones. Ayer la suerte me salvó de morir ahogado. Casi me sorprende el agua. Ateniéndome a las marcas del árbol, calculé para hoy la marea. Si a la madrugada hubiera domido, habría muerto. Muy pronto el agua estaba subiendo con la decisión que tiene una vez por semana.
(Bioy Casares)
Hölderlin, Federico (1770-1843):
Poeta lírico alemán, entre los mejores, especialmente después de la publicación, realizada en 1916, de los Himnos y fragmentos. Compañero de estudios de Hegel y Schelling en Tubinga, con una intensísima participación espiritual recíproca. Conoció también a Goethe y Schiller. Por el amor hacia Susetta Gontard, idealizada en la figura de Diotina, en Hyperion, nace el poeta de potente originalidad. Helenismo y cristianismo deben, para él, armonizarse en unidad, pero le mantienen el ánimo dividido y combatido entre amores, o, más bien cultos inconciliables. El iluminismo de su tiempo no logra apagar el profundo impulso religioso que lo mueve. En 1802 muere Susetta. La tensión espiritual de Hölderlin, aumenta desmesuradamente; y solo podrá descargarse en la elevación mística o en la locura. Hölderlin conocerá una y otra. La poesía va asumiendo cada vez más el carácter de una visión alucinada en un lenguaje liberado de los vínculos lógicos. Dios y el canto hechos una sola cosa, escribe. Errante, al mismo tiempo, su vida; se hace preceptor en Burdeos para vivir, pero deja el puesto y atraviesa Francia a pie. En 1804 la cohesión de su espíritu se ha roto. Durante años vivirá en la inconsciencia.
Simbad el marino:
Simbad significa viajero de Sind (Sind es una provincia del subcontinente indio), y con este nombre existen varios personajes ficticios de la cultura árabe-islámica, entre ellos, uno de los héroes de la colección de cuentos conocida como Las mil y una noches.
El origen de los cuentos más conocidos sobre Simbad el marino es incierto, aunque probablemente procedan de relatos populares orales árabes que entraron a formar parte del manuscrito de Las mil y una noches, hacia el siglo XVI.
Según la leyenda, un humilde porteador descansaba a la sombra de un gran palacio de Bagdad meditando con envidia por qué su dueño merecía semejante lujo. El dueño, Simbad el marino, invitó al porteador y contestó a su pregunta relatándole sus siete arriesgados viajes. Durante el reinado de Harun al-Rashid (786-809 d.C.), Simbad trabajó como marino mercante y, a través del comercio, se convirtió en un involuntario explorador de Ceilán y otras tierras, sufriendo duras penalidades en los viajes. Con su relato, demostró al porteador que su riqueza la había ganado en un largo periodo de duro y arriesgado trabajo. El porteador pidió perdón a Simbad, este compartió su riqueza con él, y ambos fueron amigos el resto de su vida.
La historia de Simbad el marino la introdujo en Occidente el escritor francés Antoine Galland, en el siglo XVIII, en la traducción que hizo sobre la colección de cuentos orientales con el título Noches arábigas. Los eruditos del folclore creen que los cuentos de Simbad se hicieron populares en Europa por la naturaleza excitante de las aventuras del héroe. Además, el protagonista ejemplificaba la ética del trabajo en un momento en el que el capitalismo irrumpía en Europa. La obra también resulta valiosa por la información que proporciona sobre la vida marítima de los árabes y su comercio durante los siglos VIII y IX. (Encarta)
Otras historias de Las Mil y una noches gozaron de aceptación y gran popularidad en todo el mundo. Combinando la aventura y lo extraordinario, compiten en fama Alí Babá y los cuarenta ladrones, y Aladino y la lámpara maravillosa. La esposa definitiva del sultán Shahriar pudo lograr aplazar su ejecución enlazando cuentos que despiertan gran curiosidad. Ayudaron a su difusión en occidente el exotismo de su ambiente y su acentuado tinte erótico.
Avalón:
En galés Avallach, que significa tierra de las manzanas, es el nombre de la mítica isla de los Santos en las leyendas célticas y, especialmente, en las artúricas. Las manzanas simbolizan la eterna juventud que aguarda a los héroes vencedores, entre los que se encuentra el rey Arturo, el cual, mortalmente herido, fue embarcado por mujeres llorosas y encapuchadas de negro, entre ellas la hechicera Morgana y Nimue. Avalón tiene un aspecto propio del ideal cortesano femenino y se relaciona con el mito céltico más antiguo de la tierra de las mujeres. Se dice que Arturo fue curado en Avalón, y muchos seguidores profetizaron su regreso. Su última acción fue convencer a Bedivere para que se deshiciera de la espada Excalibur, que también fue forjada en Avalón.
El primer relato literario de esta historia aparece en la Vida de Merlín, escrita por Godofredo de Monmouth en el siglo XII; aquí Avalón aparece influenciado por el Elíseo, la “isla de la felicidad” clásica, y el “Paraíso” de Erín, de los celtas. El mito de Avalón pertenece a la tradición literaria del immran, o viaje a las islas, que incluye El viaje de Bran (700?) y el Navigatio Sancti Brendani (900?-920), una mezcla de geografía y mitología.
Posiblemente a finales del siglo XII, y sin duda en la misma época en que Thomas Malory escribió La muerte de Arturo (1469-1470), el valle de Avalón fue asociado con Glastonbury —donde se dice que san José de Arimatea llevó el Santo Grial en el año 63— para mayor prosperidad de su abadía.
The Holy Grail:
[Frente a la gruta, leyendo las instrucciones para acabar con el monstruo] Anoter monk: And St. Attila raised the hand grenade up on high saying O Lord, bless this thy hand grenade tha with it thou mayest blow thine enemies to tiny bites, in thy mercy. And the Lord did grin and the people did feast upon the lambs and sloths and carp and anchovies and orangutans and breakfast cereals and fruit and... | Brother Maynard: Skip a bit brother... | Another monk: ... and the Lord spake, saying, First shalt thou take out the Holy Pin, then shalt count, and the number of the counting shalt be three. Four shalt thou not count, neither count thou two, excepting than thou then proceed to three. Five is right out. Once the number three, being the third number, be reached, then lobbest thou thy Holy Hand Grenade of Antioch towards thy foe, who being naughty in my sight, shall snuff it.
Goya y la Revolución Francesa:
La influencia de la Revolución Francesa afecta progresivamente a la vida española. Gobiernan, entre la indecisión y el recelo, Carlos IV y María Luisa y Godoy.
Capta de forma muy lúcida las tensiones internas de la Corte que enfrentan a Godoy con el príncipe Fernando.
Prosigue su drama interno, desgarrado entre su visceral patriotismo y su simpatía por las ideas de la Revolución Francesa, en una España que sufre la violenta ocupación del ejército francés. Su sensibilidad es herida por el espectáculo terrible de la guerra. Su vida familiar se hace tensa y agria. Su esposa Pepa muere en los últimos días de la guerra. Consigue superar el juicio incoado contra él por la Inquisición a causa del cuadro La maja desnuda. Se siente profundamente herido en su dignidad y consciente de que sus días de gloria han tocado su fin. Retirado en la Quinta del Sordo, termina la serie de grabados Los desastres de la guerra. Sufre su última gran crisis de salud. Acuciado por el doctor Arrieta, vuelve a tomar los pinceles para levantar el acta minuciosa y espléndida de sus obsesiones de siempre, de sus fantasmas y de su visión del mundo: Las pinturas negras. España se niega a reconocerse en su crítica y le empuja el exilio en Francia.
Nieve en Cádiz (1935):
Esta baja Andalucía, cargada de años ingenuos, vive como una vieja y digna señorita solterona, en la ignorancia de muchas cosas. Acurrucada, desde siglos, como una pedigüeña a la puerta del jubileo, aquí, a la vera del estrecho calpense -pasillo familiar entre el mare nostrum y el Atlántico, que también es nostrum para los españoles-, ignoraba los orfeones, los Metros, la sindicación y la filosofía kantiana... Y también ignoraba la nieve.
(José María Pemán 1897-1981)
Capitanes intrépidos. El rescate de Harvey:
El mareo le provocó un desmayo: un movimiento del barco le arrojó por encima de la barandilla sobre la cubierta en forma de caparazón de tortuga. Entonces, una ola grande y gris que emergió de las sombras, por decirlo así, tomó a Harvey por un brazo y lo arrastró lejos del barco: el gran desierto verde se cerró sobre él, mientras caía en un profundo sueño. Le despertó el sonido de un cuerno, que le recordó el que llamaba a la comida en una colonia de vacaciones en los Adirondacks, donde había pasado algún tiempo. Lentamente empezó a recordar que era Harvey Cheyne, y que se había ahogado en medio del océano, pero se encontraba demasiado débil como para relacionar una cosa con otra. Un olor nuevo llenó sus narices; por sus espaldas sentía correr un frío húmedo: estaba completamente empapado como en agua salada. Cuando abrió los ojos, comprendió que se encontraba en la cima del mar, que corría debajo de él en colinas de plata. Se encontraba echado sobre un montón de
pescado, mirando fijamente unas anchas espaldas, envueltas en un jersey azul.
-Todo ha acabado para mí -pensó el muchacho-; estoy muerto, y este es el encargado de llevarme.
Suspiró y la figura volvió la cabeza, mostrando un par de pequeños anillos de oro, semiocultos por un crespo pelo negro.
-¡Ah! ¿Te encuentras mejor ahora? -dijo-. Sigue así, echado, flotamos mejor de esa manera.
Con un movimiento rápido de los remos llevó el bote a un mar sin espuma, donde se elevó hasta una altura de más de cinco metros, sólo para caer en un profundo pozo
vidrioso. Pero esas hazañas de alpinismo no interrumpieron la charla de la figura del jersey azul.
-Menos mal que te he pescado. ¡Eh! ¿Qué? Aunque mucho mejor que tu barco no me pescara a mí. ¿Cómo te caíste?
-Estaba enfermo -dijo Harvey- y no pude evitarlo.
-Hice sonar mi cuerno justo a tiempo. Tu barco giró un poco. Entonces te vi caer. ¡Eh! ¿Qué? Creí que la hélice iba a hacerte pedazos, pero flotaste, flotabas hacia mí. Te
pesqué como a un gran pez. Por esta vez, no te toca morir.
-¿Dónde estoy? -dijo Harvey, que no podía comprender que se hubiera salvado, mientras permanecía en la embarcación.
-Estás conmigo en un bote. Me llamo Manuel. Soy del velero We're Here, de Gloucester. Vivo en Gloucester. (R.Kipling)
Lo monument a Colon. Jacint Verdaguer:
Allà on Colon isqué del mar un dia,
com Atles amb un món en ses espatlles,
um monument aixeques, Barcelona?
Fes-lo digne de tu i digne de l'hèroe
que fou dels hèroes i dels genis l'àliga.
[...]
Al veure-la, que diguen los navilis:
-Més alta és de bon tros que nostres màstils.-
Les fàbriques que diguen:
-És més alta que nostres xemeneies.
-I més que nostres torres
-repliquen los palaus. I el temple gòtic
responga: -I gairebé com mes agulles.-
Navegant. Jacint Verdaguer:
Veni in altitudinem maris,
tempestas demersit me (Salmo 49,3)
Quan jo anava per la mar,
de Barcelona a l'Havana,
de l'huracà nufalós
bé en sentia de cops d'ala!
Mes lo que em feia partir
era el mal de l'enoyorança
al veure'm tants dies llury
de la terra catalana,
i li deia al mariner
que vetlla dalt de la gàbia:
-Mariner, bon mariner,
tu que tens los ulls de l'àliga,
no veuries verdejar
les riberes de la pàtria?-
(de Al cel)
La isla en el lago Innisfree. W.B.Yeats:
[...]
Me levantaré y partiré ahora; pues siempre, día y noche,
Escucho, junto a la orilla, el suave chapotear del agua del lago,
Y mientras permanezco sobre la calzada, o sobre la gris acera,
Lo escucho en lo más profundo de mi corazón.
(de The Rose, 1893)
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