Textos sobre el mar
Fantástico



El invento de Morel:
-Para un perseguido, para usted, sólo hay un lugar en el mundo, pero en ese lugar no se vive. Es una isla. Gente blanca estuvo construyendo, en 1924 más o menos, un museo, una capilla, una pileta de natación. Las obras están concluidas y abandonadas... Ni los piratas chinos, ni el barco pintado de blanco del Instituto Rockefeller la tocan. Es el foco de una enfermedad, aún misteriosa... Los tripulantes de un vapor que había fondeado en la isla estaban despellejados, calvos, sin uñas -todos muertos-, cuando los encontró el crucero japonés Namura. El vapor fue hundido a cañonazos... Creo que esta isla se llama Villings y que pertenece al archipiélago de las Ellice... La vegetación de la isla es abundante. Plantas, pastos, flores de primavera, de verano, de otoño, de invierno, van siguiéndose con urgencia, con más urgencia en nacer que en morir, invadiendo unos el tiempo y la tierra de los otros, acumulándose inconteniblemente. En cambio, los árboles están enfermos; tienen las copas secas, los troncos vigorosamente brotados... En quince días hubo tres grandes inundaciones. Ayer la suerte me salvó de morir ahogado. Casi me sorprende el agua. Ateniéndome a las marcas del árbol, calculé para hoy la marea. Si a la madrugada hubiera dormido, habría muerto. Muy pronto el agua estaba subiendo con la decisión que tiene una vez por semana. (Bioy Casares)

Velero Pirata Mozambique. Defensas

Simbad el marino:
Simbad significa viajero de Sind (Sind es una provincia del subcontinente indio), y con este nombre existen varios personajes ficticios de la cultura árabe-islámica, entre ellos, uno de los héroes de la colección de cuentos conocida como Las mil y una noches. El origen de los cuentos más conocidos sobre Simbad el marino es incierto, aunque probablemente procedan de relatos populares orales árabes que entraron a formar parte del manuscrito de Las mil y una noches, hacia el siglo XVI. Según la leyenda, un humilde porteador descansaba a la sombra de un gran palacio de Bagdad meditando con envidia por qué su dueño merecía semejante lujo. El dueño, Simbad el marino, invitó al porteador y contestó a su pregunta relatándole sus siete arriesgados viajes. Durante el reinado de Harun al-Rashid (786-809 d.C.), Simbad trabajó como marino mercante y, a través del comercio, se convirtió en un involuntario explorador de Ceilán y otras tierras, sufriendo duras penalidades en los viajes. Con su relato, demostró al porteador que su riqueza la había ganado en un largo periodo de duro y arriesgado trabajo. El porteador pidió perdón a Simbad, este compartió su riqueza con él, y ambos fueron amigos el resto de su vida. La historia de Simbad el marino la introdujo en Occidente el escritor francés Antoine Galland, en el siglo XVIII, en la traducción que hizo sobre la colección de cuentos orientales con el título Noches arábigas. Los eruditos del folclore creen que los cuentos de Simbad se hicieron populares en Europa por la naturaleza excitante de las aventuras del héroe. Además, el protagonista ejemplificaba la ética del trabajo en un momento en el que el capitalismo irrumpía en Europa. La obra también resulta valiosa por la información que proporciona sobre la vida marítima de los árabes y su comercio durante los siglos VIII y IX. (Encarta)

Otras historias de Las Mil y una noches gozaron de aceptación y gran popularidad en todo el mundo. Combinando la aventura y lo extraordinario, compiten en fama Alí Babá y los cuarenta ladrones, y Aladino y la lámpara maravillosa. La esposa definitiva del sultán Shahriar pudo lograr aplazar su ejecución enlazando cuentos que despiertan gran curiosidad. Ayudaron a su difusión en occidente el exotismo de su ambiente y su acentuado tinte erótico.

Isla mítica de Avalón:
En galés Avallach, que significa tierra de las manzanas, es el nombre de la mítica isla de los Santos en las leyendas célticas y, especialmente, en las artúricas. Las manzanas simbolizan la eterna juventud que aguarda a los héroes vencedores, entre los que se encuentra el rey Arturo, el cual, mortalmente herido, fue embarcado por mujeres llorosas y encapuchadas de negro, entre ellas la hechicera Morgana y Nimue. Avalón tiene un aspecto propio del ideal cortesano femenino y se relaciona con el mito céltico más antiguo de la tierra de las mujeres. Se dice que Arturo fue curado en Avalón, y muchos seguidores profetizaron su regreso. Su última acción fue convencer a Bedivere para que se deshiciera de la espada Excalibur, que también fue forjada en Avalón. El primer relato literario de esta historia aparece en la Vida de Merlín, escrita por Godofredo de Monmouth en el siglo XII; aquí Avalón aparece influenciado por el Elíseo, la “isla de la felicidad” clásica, y el “Paraíso” de Erín, de los celtas. El mito de Avalón pertenece a la tradición literaria del immran, o viaje a las islas, que incluye El viaje de Bran (700?) y el Navigatio Sancti Brendani (900?-920), una mezcla de geografía y mitología. Posiblemente a finales del siglo XII, y sin duda en la misma época en que Thomas Malory escribió La muerte de Arturo (1469-1470), el valle de Avalón fue asociado con Glastonbury —donde se dice que san José de Arimatea llevó el Santo Grial en el año 63— para mayor prosperidad de su abadía.

Caída tras conectar la Energía de Improbabilidad:
¿Quién soy yo? ¿Hola? ¿Por qué estoy aquí? ¿Cuál es el objeto de mi vida? ¿Qué quiere decir quién soy yo? Tranquila, cálmate ya... ¡Oh, qué sensación tan interesante! ¿Verdad? Es una especie de... bostezante, hormigueante sensación en mi... mi.... bueno, creo que será mejor empezar a poner nombre a las cosas si quiero abrirme paso en lo que, por mor de lo que llamaré un argumento, denominaré mundo, así que diremos en mi estómago. Bien. ¡Oooh, esto marcha muy bien! Pero ¿qué es ese ruido grandísimo y silbante que me pasa por lo que de pronto voy a llamar la cabeza? Quizá lo pueda llamar... ¡viento! ¿Es un buen nombre? Servirá..., tal vez encuentre otro mejor más adelante, cuando averigüe para qué sirve. Debe ser algo muy importante, porque desde luego parece haber muchísimo. ¡Eh! ¿Qué es eso? Eso..., llamémoslo cola; sí, cola. ¡Eh! Puedo sacudirla muy bien, ¿verdad? ¡Vaya! Uy! ¡Qué magnífica sensación! No parece servir de mucho, pero ya descubriré más tarde lo que es. ¿Ya me he hecho alguna idea coherente de las cosas? No. No importa porque, oye, es tan emocionante tener tanto que descubrir, tanto que esperar, que casi me aturde la impaciencia. ¿O el viento? ¿Verdad que ahora hay muchísimo? ¡Y de qué manera! ¡Eh! ¿Qué es eso que viene tan de prisa hacia mí? Muy deprisa. Tan grande, tan plano y redondo que necesita un gran nombre sonoro, como... sueno... ruedo... ¡suelo! ¡Eso es! Ese sí que es un buen nombre: ¡suelo! Me pregunto si se mostrará amistoso conmigo.» Y el resto, tras un súbito golpe húmedo, fue silencio. (Douglas Adams)

The Holy Grail:
[Frente a la gruta, leyendo las instrucciones para acabar con el monstruo] Anoter monk: And St. Attila raised the hand grenade up on high saying O Lord, bless this thy hand grenade tha with it thou mayest blow thine enemies to tiny bites, in thy mercy. And the Lord did grin and the people did feast upon the lambs and sloths and carp and anchovies and orangutans and breakfast cereals and fruit and... | Brother Maynard: Skip a bit brother... | Another monk: ... and the Lord spake, saying, First shalt thou take out the Holy Pin, then shalt count, and the number of the counting shalt be three. Four shalt thou not count, neither count thou two, excepting than thou then proceed to three. Five is right out. Once the number three, being the third number, be reached, then lobbest thou thy Holy Hand Grenade of Antioch towards thy foe, who being naughty in my sight, shall snuff it.

Dante y Virgilio Dibujo de la gruta de Caerbannog y la horrible bestia asesina Capitanes intrépidos Embarcación medeival

Capitanes intrépidos. El rescate de Harvey:
El mareo le provocó un desmayo: un movimiento del barco le arrojó por encima de la barandilla sobre la cubierta en forma de caparazón de tortuga. Entonces, una ola grande y gris que emergió de las sombras, por decirlo así, tomó a Harvey por un brazo y lo arrastró lejos del barco: el gran desierto verde se cerró sobre él, mientras caía en un profundo sueño. Le despertó el sonido de un cuerno, que le recordó el que llamaba a la comida en una colonia de vacaciones en los Adirondacks, donde había pasado algún tiempo. Lentamente empezó a recordar que era Harvey Cheyne, y que se había ahogado en medio del océano, pero se encontraba demasiado débil como para relacionar una cosa con otra. Un olor nuevo llenó sus narices; por sus espaldas sentía correr un frío húmedo: estaba completamente empapado como en agua salada. Cuando abrió los ojos, comprendió que se encontraba en la cima del mar, que corría debajo de él en colinas de plata. Se encontraba echado sobre un montón de pescado, mirando fijamente unas anchas espaldas, envueltas en un jersey azul. -Todo ha acabado para mí -pensó el muchacho-; estoy muerto, y este es el encargado de llevarme. Suspiró y la figura volvió la cabeza, mostrando un par de pequeños anillos de oro, semiocultos por un crespo pelo negro. -¡Ah! ¿Te encuentras mejor ahora? -dijo-. Sigue así, echado, flotamos mejor de esa manera. Con un movimiento rápido de los remos llevó el bote a un mar sin espuma, donde se elevó hasta una altura de más de cinco metros, sólo para caer en un profundo pozo vidrioso. Pero esas hazañas de alpinismo no interrumpieron la charla de la figura del jersey azul. -Menos mal que te he pescado. ¡Eh! ¿Qué? Aunque mucho mejor que tu barco no me pescara a mí. ¿Cómo te caíste? -Estaba enfermo -dijo Harvey- y no pude evitarlo. -Hice sonar mi cuerno justo a tiempo. Tu barco giró un poco. Entonces te vi caer. ¡Eh! ¿Qué? Creí que la hélice iba a hacerte pedazos, pero flotaste, flotabas hacia mí. Te pesqué como a un gran pez. Por esta vez, no te toca morir. -¿Dónde estoy? -dijo Harvey, que no podía comprender que se hubiera salvado, mientras permanecía en la embarcación. -Estás conmigo en un bote. Me llamo Manuel. Soy del velero We're Here, de Gloucester. Vivo en Gloucester. (R.Kipling)


Lo monument a Colon. Jacint Verdaguer:
Allà on Colon isqué del mar un dia,
com Atles amb un món en ses espatlles,
um monument aixeques, Barcelona?
Fes-lo digne de tu i digne de l'hèroe
que fou dels hèroes i dels genis l'àliga.
[...]
Al veure-la, que diguen los navilis:
-Més alta és de bon tros que nostres màstils.-
Les fàbriques que diguen:
-És més alta que nostres xemeneies.
-I més que nostres torres
-repliquen los palaus. I el temple gòtic
responga: -I gairebé com mes agulles.-

Navegant. Jacint Verdaguer:
Veni in altitudinem maris,
tempestas demersit me
(Salmo 49,3)

Quan jo anava per la mar,
de Barcelona a l'Havana,
de l'huracà nufalós
bé en sentia de cops d'ala!
Mes lo que em feia partir
era el mal de l'enoyorança
al veure'm tants dies llury
de la terra catalana,
i li deia al mariner
que vetlla dalt de la gàbia:
-Mariner, bon mariner,
tu que tens los ulls de l'àliga,
no veuries verdejar
les riberes de la pàtria?-
(de Al cel)

La isla en el lago Innisfree. W.B.Yeats:
[...]
Me levantaré y partiré ahora; pues siempre, día y noche,
Escucho, junto a la orilla, el suave chapotear del agua del lago,
Y mientras permanezco sobre la calzada, o sobre la gris acera,
Lo escucho en lo más profundo de mi corazón.
(de The Rose, 1893)


Hölderlin, Federico (1770-1843):
Poeta lírico alemán, entre los mejores, especialmente después de la publicación, realizada en 1916, de los Himnos y fragmentos. Compañero de estudios de Hegel y Schelling en Tubinga, con una intensísima participación espiritual recíproca. Conoció también a Goethe y Schiller. Por el amor hacia Susetta Gontard, idealizada en la figura de Diotina, en Hyperion, nace el poeta de potente originalidad. Helenismo y cristianismo deben, para él, armonizarse en unidad, pero le mantienen el ánimo dividido y combatido entre amores, o, más bien cultos inconciliables. El iluminismo de su tiempo no logra apagar el profundo impulso religioso que lo mueve. En 1802 muere Susetta. La tensión espiritual de Hölderlin, aumenta desmesuradamente; y solo podrá descargarse en la elevación mística o en la locura. Hölderlin conocerá una y otra. La poesía va asumiendo cada vez más el carácter de una visión alucinada en un lenguaje liberado de los vínculos lógicos. Dios y el canto hechos una sola cosa, escribe. Errante, al mismo tiempo, su vida; se hace preceptor en Burdeos para vivir, pero deja el puesto y atraviesa Francia a pie. En 1804 la cohesión de su espíritu se ha roto. Durante años vivirá en la inconsciencia.

Nieve en Cádiz (1935):
Esta baja Andalucía, cargada de años ingenuos, vive como una vieja y digna señorita solterona, en la ignorancia de muchas cosas. Acurrucada, desde siglos, como una pedigüeña a la puerta del jubileo, aquí, a la vera del estrecho calpense -pasillo familiar entre el mare nostrum y el Atlántico, que también es nostrum para los españoles-, ignoraba los orfeones, los Metros, la sindicación y la filosofía kantiana... Y también ignoraba la nieve. (José María Pemán 1897-1981)

Territorios imaginarios:
En la Feria Internacional del Libro de Bogotá las colas para entrar se extienden por más de una cuadra, y son igualmente largas las que forman quienes quieren visitar el pabellón de Macondo, el país invitado este año, un territorio imaginario al que el público ha dado aquí sustancia real. Tiene hasta su propio mapa, y sus límites: La Mancha de Cervantes, el condado de Yoknapatawpha de William Faulkner, la Santa María de Juan Carlos Onetti; y al centro, la gallera donde José Arcadio Buendía jugaba sus gallos, y ahora ha sido convertida en un centro de debates literarios colmados de público en las graderías, y escenario de conciertos de vallenato. (Sergio Ramírez, mayo 2015)


Incidente naval entre Rusia y EE.UU. (s.XIX):
Aquel invierno se rumoreaba en el extranjero que los cruceros rebeldes Alabanza y Sumter estaban en un tris de atacar efectivamente la ciudad y el contraalmirante ruso, responsabilizándose de todo, había dado orden a su escuadra del Pacífico de que estuviera preparada para entrar en acción si dicho ataque se llevaba a efecto. Parece, sin embargo, que los cruceros optaron por cruzar el océano sin más complicaciones. Lo cual no fue óbice para que Pópov prosiguiera con sus inspecciones periódicas. Lo que sucedió el 9 de marzo de 1864, día que tienen hoy por sagrado todos los miembros de la Sociedad Peter el Grasiento, no está del todo claro. Pópov envió uno de sus barcos, o la corbeta Bogatir o el clíper Gaidamak, para que observara todo lo observable. Frente a la costa, o de lo que es actualmente Carmel-by-the-Sea, o de lo que hoy es Pismo Beach, alrededor de mediodía o tal vez hacia el ocaso, se avistaron ambos bajeles. Parece que uno de los dos abrió fuego; si en efecto fue así, en tal caso el otro respondió; pero como ambos estaban fuera del alcance del fuego contrario, ninguno de los dos pudo enseñar después un solo rasguño que lo demostrase. Cayó la noche. Por la mañana ya se había ido el barco ruso. Pero el movimiento es relativo. Según una anotación del cuaderno de bitácora del Bogatir o del Gaidamak, enviado en abril al Estado Mayor reunido en San Petersburgo y actualmente en el Krasnyi Arkhiv, fue el Descontento el que se fue por la noche. [...] Pero aquel fue el primer enfrentamiento militar entre Rusia y los Estados Unidos de América. Chupinazo de ataque, chupinazo de réplica, los dos proyectiles proyectados hacia la eternidad y las aguas del Pacífico siguen agitándose. Pero las olas levantadas por ambos no han hecho más que crecer y hoy nos ahogan a todos. (Thomas Pynchon, Subasta del lote 49)

Baterías contra marcianos:
[Sobre La guerra de los mundos - H.G. Wells (1898)] Me emocionaba marcialmente hasta el escalofrío el momento en que el acorazado Lanza-Truenos planta cara a los invasores. La escena está descrita con ritmo insuperable: el hermano del narrador se embarca junto con numerosos fugitivos en un transbordador en el Támesis, mientras cientos de pequeñas embarcaciones, atestadas de gente, tratan de ganar mar abierto para huir al continente; en ese momento aparecen los gigantescos trípodes marcianos, cuyo Rayo de la Muerte se ha ganado ya fama de invencible, y se introducen a grandes zancadas en el agua, como queriendo cortar la retirada a los barquitos aterrorizados. «De pronto, algo como una especie de arado, una enorme masa de acero hendió las aguas, lanzando a ambos lados grandes olas, y se dirigió rápidamente hacia la costa; destacábanse dos chimeneas que vomitaban humo y fuego: era el acorazado Lanza-Truenos, que acudía en socorro de las embarcaciones amenazadas». Los cañones del acorazado logran dar cuenta de dos marcianos, los primeros que caen desde que empezó el ataque a la Tierra, el rayo parte en dos al valeroso buque, que se hunde sin dejar de disparar por proa y popa y tras haber logrado facilitar la huida de los barcos en peligro. A estas alturas de la novela, la superioridad de los marcianos se ha hecho tan aplastante que la gesta del navío que se atrevió a defender el honor de la Marina británica y las vidas de los fugitivos se agradece como una enérgica ráfaga de esperanza. (Fernando Savater)

Gotas en una ola:
A través de la cúpula abierta del observatorio astronómico, un telescopio gigante dirige la mirada del investigador hacia mundos astrales increíblemente lejanos. Pero a nuestros pies y delante de nosotros sigue habiendo niebla, una niebla impenetrable. Sólo sabemos que el río continúa fluyendo hasta una distancia interminable, hacia un mar desconocido. Pero, hundámonos deprisa con el avión bajando hasta la corriente. Al aproximarnos observamos que se trata de un verdadero río, y que sus olas rugen como las del mar. Sopla un fuerte viento y las olas llevan crestas blancas de espuma. Observa bien esos millones de burbujas blancas y esplendentes que se forman y disipan con cada ola. Surgen y desaparecen al ritmo regular del oleaje. La cresta de la ola las sostiene durante un momento; luego, se hunden y dejan de existir. Ya ves; cada uno de nosotros no es más que ese algo destellante, una minúscula gotita sobre las olas del tiempo que avanzan allá abajo hacia el futuro incierto y nebuloso. Surgimos, echamos una ojeada, y, antes de habernos dado cuenta, hemos vuelto a desaparecer. Constantemente aparecen otras nuevas, y lo que llamamos destino no es más que nuestra lucha entre la apretada muchedumbre de las gotitas en cada uno de los altibajos de la ola. Debemos, sin embargo, aprovechar ese momento: merece la pena. (Gombrich)

● [Los mansos, en su paciente actitud] se asemejan al agua, que es suave al tacto y que cede el espacio a todos, pero que sube lenta, invade silenciosa, de forma que es capaz de consumir mansamente, con la paciencia de los años, las más fuertes piedras berroqueñas. (G.Papini) ► Referido a los nuevos ricos dicen que la gente que tiene un barco se lleva dos alegrías, cuando lo compra y cuando lo vende.


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