Textos sobre el mar
Sirenas



Textos: Sirenas:
Álvaro Cunqueiro se refirió repetidamente a textos que hablaban sobre los obispos fabulosos de Bretaña con diócesis dispersas en el fondo del mar. Pastoreaban una voluptuosa feligresía de sirenas.

Andersen:
[...] La sirena, asustada, se apresuró a sumergirse unos momentos; cuando volvió a asomar a flor de agua, le pareció como si todas las estrellas del cielo cayesen sobre ella. Nunca había visto fuegos artificiales. Grandes soles zumbaban en derredor, magníficos peces de fuego surcaban el aire azul, reflejándose todo sobre el mar en calma. En el barco era tal la claridad que podía distinguirse cada cuerda, y no digamos los hombres ¡Ay qué guapo era el joven príncipe! Estrechaba las manos a los marinos, sonriente, mientras la música sonaba en la noche. Pasaba el tiempo, y la pequeña sirena no podía apartar los ojos del navío ni del apuesto príncipe. Apagaron los faroles de colores, los cohetes dejaron de elevarse y cesaron también los cañonazos, pero en las profundidades del mar aumentaba los ruidos. Ella seguía meciéndose en la superficie, para echar una mirada en el interior de los camarotes a cada vaivén de las olas. Luego el barco aceleró su marcha, izaron todas las velas, una tras otra, y, a medida que el oleaje se intensificaba, el cielo se iba cubriendo de nubes; en la lejanía zigzagueaban ya los rayos. Se estaba preparando una tormenta horrible, y los marinos hubieron de arriar nuevamente las velas. El barco se balanceaba en el mar embravecido. Las olas se alzaban como enormes montañas negras que amenazaban estrellarse contra los mástiles.

[...] al partirse el navío lo vio hundirse en las profundidades del mar. Su primer sentimiento fue de alegría, pues ahora iba a tenerlo en sus dominios pero luego recordó que los humanos no pueden vivir en el agua, y que el hermoso joven llegaría muerto al palacio de su padre. No, no era posible que muriese; por eso echó ella a nadar por entre los maderos y las planchas que flotaban esparcidas por la superficie, sin parar mientes en que podían aplastarla. Hundiéndose en el agua y elevándose nuevamente, llegó al fin al lugar donde se encontraba el príncipe, el cual se hallaba casi al cabo de sus fuerzas; los brazos y piernas empezaban a entumecérsele, sus bellos ojos se cerraban, y habría sucumbido sin la llegada de la sirenita la cual sostuvo su cabeza fuera del agua y se abandonó al impulso de las olas. (H.C.Andersen. La sirenita)

Cautiverio submarino:
● La sirena espera al hombre y le dice canciones que aviven más sus saudades, el apetito de retorno, el deseo de sentarse al amor del fuego en su propia casa, y la sirena ofrece, al parecer, atajos camineros para que el viajero esté cuanto antes en ella. Y lo pierde así, y se lo lleva a sus estancias submarinas, donde se dice que solamente uno de cada mil se salva, y no siempre, estando allá abajo entre torneos y placeres. Joan Perucho hablaba una vez de un libro lleno de ciencia, en el que discutía si las sirenas eran fruto de la primavera o del otoño, si aves o, con media cola asalmonada, mujeres de hermoso y levantado pecho. La ciencia moderna se ha detenido negativamente delante de estos asuntos. (Álvaro Cunqueiro)


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