MAR
POEMAS
Rubén Darío



Rubén Darío Marina. Rubén Darío:
[...]
Volví la vista y vi que era una ilusión.
Que dejara olvidada mi antiguo corazón.
Entonces, fijo del azur en lo infinito,
Para olvidar del todo las amarguras viejas,
Como Ulises un día, me tapé las orejas.
Y les dije a las brisas: «Soplad, soplad más fuerte;
Soplad hacia las costas de la isla de la Vida».
Y en la playa quedaba desolada y perdida
Una ilusión que aullaba como un perro a la Muerte.
(De Prosas Profanas)

Velero Introducción a Epístolas y Poemas:
[...]
Tendida la blanca vela
casi vuela mi barquilla,
y va dejando su quilla
sobre las ondas la estela;
y mientras mi barca vuela
y espumas hace saltar,
doy al viento mi cantar
viendo bellos espejismos
que decoran los abismos
de los cielos y del mar.
[...]
ignoro de dónde vengo
ni adónde voy a parar;
he empezado a navegar
ignota playa buscando,
y voy bogando, bogando
sobre las aguas del mar.
[...]
(De Epístolas y Poemas, 1885)

Velero Alegoría.(A R.Zaldívar):
En el océano férvido
boga débil barquilla,
partiendo la ola indómita
con su afilada quilla,
y se oye luego rápida
la voz del huracán;
el cielo entoldan, lúgubres,
oscurecidas nieblas,
y tienden, agitándolas,
sus alas de tinieblas
que en el espacio lóbrego
flotando raudas van.
Hermina
Allí el piloto guíala
con su pericia y tino,
y va la barca plácida
como el alción marino
que cruza entre los céfiros
por la extensión del mar...
Y los que van mirándola
cómo las aguas hiende,
con la luz radiante y vívida
su corazón se enciende;
no guardan en su espíritu
temor de zozobrar.
[...]
(Primeros poemas, 1883)

Vesperal:
[...]
Sobre la arena dejan los cangrejos
la ilegible escritura de sus huellas.
Conchas color de rosa y de reflejos
áureos, caracolillos y fragmentos de estrellas
de mar forman alfombra
sonante al paso en la armoniosa orilla.
[...]
(De Poema de otoño y otros poemas, 1910)


A Colón:
¡Desgraciado Almirante! Tu pobre América,
tu india virgen y hermosa de sangre cálida,
la perla de tus sueños, es una histérica
de convulsivos nervios y frente pálida.
[...]
Ellos eran soberbios, leales y francos,
ceñidas las cabezas de raras plumas:
¡ojalá hubieran sido los hombres blancos
como los Atahualpas y Moctezumas!

Cuando en vientres de América cayó semilla
de la raza de hierro que fue de España
mezcló su fuerza heroica la gran Castilla
con la fuerza del indio de la mantaña.
[...]
Duelos, espantos, guerras, fiebre constante
en nuestra senda ha puesto la suerte triste:
¡Cristóforo Colombo, pobre Almirante,
ruega a Dios por el mundo que descubriste!
(De El canto errante)

Canto trunco a Bolívar:
¡Oh tú, a quien Dios dio todas las alas
con tu condición de cortarlas...!
¡Oh tú, proto-Cóndor de nuestras montañas!

Yo te saludo con el alma en alegría,
en alegría, en fuego y esperanza;
pues tu palabra alcanza
a un próximo futuro.

¡Tu voz de Dios, hiríó la pared de lo oscuro!...
(Rubén Darío, de Secuencia a Nuestra Señora)


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