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Nietzsche



Nietzsche Nietzsche. Interpretación de la cultura:
Origen de la responsabilidad moral

Educación y Disciplina del elemento animal en el hombre por parte de la sociedad y sus costumbres. La Naturaleza se ha propuesto con respecto al hombre, el crear un animal al que le sea lícito hacer promesas; hay una fuerza que actúa en contra y es la capacidad de olvido. No es una fuerza inercial, sino activa, positiva en el sentido más seguro del término. Sin capacidad de olvido no puede haber ninguna felicidad, ninguna esperanza, ningún presente. El hombre animal, olvidadizo por necesidad, en el que olvidar representa una fuerza, una forma de la salud vigorosa, ha creado en sí una facultad opuesta a aquella, una memoria con cuya ayuda la capacidad de olvido queda en suspenso en algunos casos, a saber, en los casos que hay que hacer promesas. Esto supone en el hombre el haber aprendido a separar el acontecimiento necesario del casual, a pensar casualmente, a ver y anticipar lo lejano como presente, a saber en general contar, calcular cuanto debe el hombre mismo para lograr esto, haberse vuelto calculable, regular, necesario, poder responderse así mismo de su propia representación, para finalmente poder responder de sí como futuro a la manera como lo hace quien promete. La tarea de criar a un animal al que le sea lícito hacer promesas, incluye como condición la tarea de hacer antes al hombre, hasta cierto grado igual ante sus iguales y ajustado a la regla. Para el autor, el hombre libre es aquél que puede hacer promesas y trata como iguales a aquéllos a quienes puede hacer promesas. Pero despreciará a aquéllos que son mentirosos. Define la responsabilidad como la conciencia de ese hombre libre capaz de hacer promesas. A la pregunta de ¿Cómo surge la memoria en el animal-hombre? , y ¿Cómo perduran las cosas en esa memoria? responde: "Para que algo permanezca en la memoria se le graba a fuego, sólo lo que no cesa de doler permanece en la memoria ". El origen de la memoria es sangriento, a base de rituales y sacrificios sanguinarios, todo tiene su origen en aquel instinto que supo adivinar que el dolor es un poderoso auxiliar de la memoria. Ataca seguidamente a las leyes penales alemanas y sus crueles procedimientos, como medio de grabar en la memoria de los hombres unas normas para que vivan en la sociedad. Cuando analiza la historia de las penas y el castigo que se impone a los culpables, llega a la conclusión de que en la antigüedad se imponían penas no para castigar al culpable sino para desfo-garse la autoridad sobre alguien inferior en fuerza. Hay una equivalencia entre perjuicio y dolor que procede de la relación contractual entre acreedor y deudor. Hace referencias a la antigüedad, en donde el deudor es perseguido por el acreedor hasta la tumba, donde le amputaba diversos miembros según la cuantía de la deuda. El hecho de hacer sufrir al deudor produce bienestar en el perjudicado y así cambia el daño que le han hecho por el que él hace. Introduce la idea de la venganza y afirma que entre los antiguos el ver sufrir produce bienestar y el hacer sufrir más bienestar todavía. El hombre actual disimula estos instintos y se avergüenza de ello. En el camino hacia un estado superior, al hombre se le ha hecho repugnante la alegría y la inocencia del animal que es, y la vida misma se le ha vuelto insípida. Dice el autor que la capacidad del hombre para soportar el dolor ha descendido desde los tiempos prehistóricos, y defiende la idea de que no tiene el mismo valor el sufrimiento de un hombre blanco y culto que el de los "negros" a quien compara con hombres prehistóricos.

La idea de la deuda como origen de la mala conciencia:
El sentimiento de culpa ha tenido su origen entre vendedores y compradores, acreedores y deudores. Aquí estuvo el germen del orgullo humano, de su sentimiento de preeminencia respecto a otros animales. La compra y la venta son más antiguos que los comienzos de cualquier organización social. También la comunidad mantiene con sus miembros esa importante relación acreedor-deudor. Los hombres viven en comunidad y disfrutan de sus ventajas, protección, paz, etc. Los que están fuera de esa comunidad se convierten en delincuentes. Es un deudor que no devuelve las ventajas y anticipos que le dieron y atenta contra su acreedor, la sociedad reacciona, le expulsa fuera de ella y descarga su hostilidad contra él. Cuando el poder de la comunidad crece, ésta deja de conceder tanta importancia a las infracciones del individuo y separa al delincuente de su acción. Conforme crece el poder de una comunidad, su derecho penal se suaviza, pero todo debilitamiento de la comunidad vuelve a endurecer las penas. La justicia cuando es muy poderosa, puede permitirse la gracia de ignorar a sus delincuentes y tolerarlos.

El papel de la crueldad en la génesis del sentimiento del deber:
Desde antiguo se había creído que la finalidad demostrable en la utilidad de una cosa, de una forma, de una institución, se hallaba también la razón de su génesis y así el ojo estaba hecho para ver y la mano para agarrar. También se ha marginado de este modo la pena, como si hubiese sido inventada para castigar. En la pena hay que distinguir: · Lo relativamente duradero en la pena: el uso, el acto, el drama, una cierta secuencia rigurosa de procedimientos. · Lo fluido de ella: el sentido, la finalidad, la expectativa, vinculados a la ejecución de tales procedimientos. El procedimiento de la pena no fue inventado para su finalidad, era más antiguo y existía desde mucho antes. El elemento fluido, el sentido de pena, no presenta un sentido único, sino toda una síntesis de sentidos: · Intimidar: Parece ser el principal sentido · Otros:

  • Neutralización de la peligrosidad
  • Pago del daño al damnificado
  • Prevenir la propagación de la perturbación
  • Inspirar temor
  • Compensación, Segregación, Pena como fiesta, Medio de hacer memoria, Venganza, Declaración de fuerza.

La utilidad del castigo frente al sentimiento de culpa:
Se dice que la pena poseería el valor de despertar en el culpable el sentimiento de la culpa, pero con ello se está cometiendo un error, el remordimiento de la conciencia es algo muy raro entre delincuentes y las prisiones no serían el sitio adecuado en que nacería este sentimiento. La pena lo que hace es endurecer, volver frío y robustecer la fuerza de resistencia. El propio espectáculo de los procedimientos judiciales impide al delincuente sentir su acción como probable en sí, pues él ve como acciones tales como la corrupción, espionaje, engaño, asesinato se cometen con buena conciencia y son accidentes que son condenables de acuerdo con aquél que los cometa, no del hecho de la acción en sí. Durante milenios, los malhechores sorprendidos no han tenido, en lo que respecta a su falta, más que el sentimiento de que algo ha salido inesperadamente mal, y no el de "no debería haber hecho esto..." Se sometían a la pena como uno somete a la enfermedad o a una desgracia con fatalismo. Cuando en aquélla época aparecía una crítica de la acción, tal crítica la ejercía la inteligencia. Sin discusión, debemos buscar el auténtico efecto de la pena, sobre todo en una intensificación de la inteligencia y en una voluntad de actuar en adelante de manera más cauta y más desconfiada. Lo que con la pena se puede lograr es un aumento del temor, así la pena doméstica del hombre, pero no lo hace mejor, diría que lo contrario.

Relación entre la mala conciencia y la domesticación de los instintos:
La mala conciencia es así un proceso por el cual el hombre tiene que adaptarse si quiere sobrevivir, ya que han perdido su entorno natural, o sea la selva, el vagabundo, la aventura. Ha desaparecido el mundo que los cobijaba durante milenios, y el nuevo que nace les obliga a pensar, a razonar, calcular, a combinar causas y efectos, a su conveniencia. Aquéllos viejos instintos además no desaparecen de golpe, todos los instintos que no desahogan hacia fuera se vuelven hacia dentro. A esto el autor lo llama interiorización del hombre, este mundo interior fue creciendo en el hombre a medida que el desahogo del hombre hacia fuera queda inhibido. Las penas se convirtieron en los bastiones con los cuales la organización estatal hizo que los instintos del hombre salvaje, libre, vagabundo, diesen la vuelta y se volviesen contra sí mismo. La enemistad, la crueldad, el placer en la persecución, todo eso vuelto contra el poseedor de tales instintos. "Ese es el origen de la mala conciencia". El hombre que falto de enemigos exteriores, encajonado en una opresora estrechez y regularidad de las costumbres se desgarraba y se maltrataba impacientemente, así mismo, este animal al que se quiere domesticar, este ser al que le falta algo, este loco, este prisionero añorante y desesperado, fue el inventor de la mala conciencia. Pero con ella se había introducido una dolencia siniestra, el sufrimiento del hombre por el hombre; por sí mismo, resultado de su separación violenta de su pasado animal, resultado de una declaración de guerra contra los viejos instintos, en los que hasta entonces reposaban su fuerza, placer y fecundidad. Entre los presupuestos del origen de la mala conciencia, está el hecho de que aquella modificación no fue voluntaria, ni gradual, fue una ruptura, una fatalidad. El actor de tal hecho fue el Estado. El autor entiende por Estado a aquéllos que organizados para la guerra y dotados de la fuerza para organizar se levantan siendo menos en número sobre una población, pero todavía informe, errabunda. Estos organizadores no saben lo que es culpa, responsabilidad o consideración y sin ellos la mala conciencia no habría quizás ocupado el mundo.

La función de la religión en el origen de la mala conciencia:
Nietzsche, considera así mismo que los dioses deben su origen a ese sentimiento de deuda de culpa (Schuld). Las viejas estirpes se sentían deudoras de sus antepasados, y para pagarles su deuda (esto es para redimir su culpa), les ofrecen sacrificios ; cuanto mayor es la deuda tanto más poderes representan los dioses, hasta que cuando se considera que la deuda es impagable, llegan los dioses a su máxima altura, al Dios único y omnipotente. Por eso el ateísmo consiste en no tener deudas con los dioses, es una segunda inocencia, una vuelta a la existencia preteológica.
Autor:
(*): En 1888 Nietzsche planea compilar gran número de notas en un libro que debía llamarse La voluntad de poder. El debatido concepto voluntad de poder nos empuja a tratar de controlar la naturaleza inanimada. Describe el motor principal del hombre: la ambición de lograr sus deseos, la demostración de fuerza que lo hace presentarse al mundo y estar en el lugar que siente que le corresponde. También representa un proceso de expansión de la energía creativa, la fuerza interna fundamental de la naturaleza.


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