Textos sobre el mar
Islas



El invento de Morel:
-Para un perseguido, para usted, sólo hay un lugar en el mundo, pero en ese lugar no se vive. Es una isla. Gente blanca estuvo construyendo, en 1924 más o menos, un museo, una capilla, una pileta de natación. Las obras están concluidas y abandonadas... Ni los piratas chinos, ni el barco pintado de blanco del Instituto Rockefeller la tocan. Es el foco de una enfermedad, aún misteriosa... Los tripulantes de un vapor que había fondeado en la isla estaban despellejados, calvos, sin uñas -todos muertos-, cuando los encontró el crucero japonés Namura. El vapor fue hundido a cañonazos... Creo que esta isla se llama Villings y que pertenece al archipiélago de las Ellice... La vegetación de la isla es abundante. Plantas, pastos, flores de primavera, de verano, de otoño, de invierno, van siguiéndose con urgencia, con más urgencia en nacer que en morir, invadiendo unos el tiempo y la tierra de los otros, acumulándose inconteniblemente. En cambio, los árboles están enfermos; tienen las copas secas, los troncos vigorosamente brotados... En quince días hubo tres grandes inundaciones. Ayer la suerte me salvó de morir ahogado. Casi me sorprende el agua. Ateniéndome a las marcas del árbol, calculé para hoy la marea. Si a la madrugada hubiera domido, habría muerto. Muy pronto el agua estaba subiendo con la decisión que tiene una vez por semana. (Bioy Casares)

Avalón:
En galés Avallach, que significa tierra de las manzanas, es el nombre de la mítica isla de los Santos en las leyendas célticas y, especialmente, en las artúricas. Las manzanas simbolizan la eterna juventud que aguarda a los héroes vencedores, entre los que se encuentra el rey Arturo, el cual, mortalmente herido, fue embarcado por mujeres llorosas y encapuchadas de negro, entre ellas la hechicera Morgana y Nimue. Avalón tiene un aspecto propio del ideal cortesano femenino y se relaciona con el mito céltico más antiguo de la tierra de las mujeres. Se dice que Arturo fue curado en Avalón, y muchos seguidores profetizaron su regreso. Su última acción fue convencer a Bedivere para que se deshiciera de la espada Excalibur, que también fue forjada en Avalón. El primer relato literario de esta historia aparece en la Vida de Merlín, escrita por Godofredo de Monmouth en el siglo XII; aquí Avalón aparece influenciado por el Elíseo, la “isla de la felicidad” clásica, y el “Paraíso” de Erín, de los celtas. El mito de Avalón pertenece a la tradición literaria del immran, o viaje a las islas, que incluye El viaje de Bran (700?) y el Navigatio Sancti Brendani (900?-920), una mezcla de geografía y mitología. Posiblemente a finales del siglo XII, y sin duda en la misma época en que Thomas Malory escribió La muerte de Arturo (1469-1470), el valle de Avalón fue asociado con Glastonbury —donde se dice que san José de Arimatea llevó el Santo Grial en el año 63— para mayor prosperidad de su abadía.

Ultimos días de George Orwell en Jura:
[Consciente del escaso tiempo de vida que le quedaba, Orwell escribe con empeño para terminar su advertencia sobre la posible suerte de la libertad durante el enfrentamiento de las superpotencias. Buena parte de 1984] fue escrita cuando, ya viudo, descansaba en una casa de campo, que había alquilado al propietario de un periódico, David Astor, situada en la isla de Jura, en las remotas Hébridas: una población de aproximadamente 300 habitantes, servicio de correos una vez por semana, cuando no más tiempo, y sin teléfono ni electricidad. La tuberculosis que acabaría con su vida empeoraba a pasos agigantados, pero seguía saliendo a escribir con su máquina a cuestas; y estuvo acompañado de su hijo adoptivo Richard, y de su hermana Avril, la cual, cuando marchó de allí la institutriz, se encargó del cuidado del padre y del hijo. Aunque aquella casa, Barnhill Cottage, estaba increíblemente apartada del mundo, Orwell no estaba solo. Sus amigos lo visitaban siempre que conseguían afrontar con éxito la odisea de llegar hasta allí. (Simon Schama)

Nueva Caledonia:
En 1774 el capitán Cook abordó una larga isla que llamó Nueva Caledonia en recuerdo a su provincia escocesa natal. La vegetación exhuberante confería a las islas e islotes de la zona un aspecto salvaje y edénico. En 1863 Francia transformó varios de los islotes en presidio. Veintidosmil deportados que incluían a los participantes en la Comuna de París (1871) fueron instalados por la fuerza. Muchos condenados permanecieron en el lugar una vez cumplida la condena. A partir de 1894 se estimuló el asentamiento de familias mediante donación de 25.000 hectáreas de tierras. En 1946 se suprimió el código del indigenado que limitaba el reconicimiento de la ciudadanía francesa a presidiarios y colonos. En 1998 los acuerdos de Matignon establecen la autonomía y una soberanía compartida entre canacos y el gobierno francés.

La isla en el lago Innisfree. W.B.Yeats:
[...]
Me levantaré y partiré ahora; pues siempre, día y noche,
Escucho, junto a la orilla, el suave chapotear del agua del lago,
Y mientras permanezco sobre la calzada, o sobre la gris acera,
Lo escucho en lo más profundo de mi corazón.
(de The Rose, 1893)

Esfacteria:
En el año 425, los atenienses intentaron llevar la guerra al Peloponeso, y para ello instalaron una base en Pilos, la antigua capital de Néstor, desde donde pudieran interceptar los suministros en dirección a Esparta. A resultas de esta acción, 440 hoplitas espartanos se encontraron inmovilizados en la isla de Esfacteria frente a Pilos, y durante un tiempo parecía que su destino estaba ligado al futuro de esta guerra. Los hoplitas bloqueados en Esfacteria representaban tal vez la décima parte de la élite del ejército espartano, y, por lo tanto, recuperarlos se convirtió en una cuestión de la máxima importancia para Esparta. Los espartanos y el general al mando de las tropas atenienses concertaron una tregua local en virtud de la cual la flota espartana en esas aguas, unos sesenta barcos, se rendía y quedaba como rehén hasta el final de las negociaciones. Todo esto parecía prometer el fin de la guerra, pero cuando los delegados espartanos estuvieron ante la asamblea ateniense, les resultó imposible concederles la victoria a sus enemigos. Así pues, la guerra continuó, y Cleón, el comandante ateniense, sorprendió a todos conduciendo una fuerza de asalto hasta Pilos y consiguiendo la rendición de los hoplitas de Esfacteria; no se repitió lo ocurrido en las Termópilas. (Abulafia, Gran mar)

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