LITERATURA
HOMERO
Notas



Homero (Esmirna 725 a.C.) Huída de Helena:
Dicen unos que un ecuestre tropel, la infantería otros, y ésos, que una flota de barcos resulta lo más bella en la oscura tierra, pero yo digo que es lo que uno ama. Y es muy fácil hacerlo comprensible a cualquiera. Pues aquella que mucho en bellaza aventajaba a todos los humanos, Helena, a su esposo, un príncipe ilustre, lo abandonó y se marchó navegando hacia Troya, sin acordarse ni de su hija ni de sus padres en absoluto.
[...]
(Safo)


Griego y latín, lenguas incomprensibles:
La lengua coloquial de los angloparlantes posee una expresión para indicar que algo es muy difícil de entender. La suelen utilizar quienes tienen serias dificultades para aprender algo o simplemente se abandonan a la inercia de la comodidad (o la vagancia) cuando de adquirir nuevos conocimientos se trata. La expresión a la que nos referimos es It's Greek to me, que viene a significar algo así como "Esto es griego para mí", en clara referencia a la lengua hablada de los habitates de Grecia, lengua que posee un alfabeto diferente al utilizado por las lenguas occidentales modernas, que es de origen latino, y de ahí la expresión. Curiosamente, ambos alfabetos (griego y latino), están emparentados, pues las letras que actualmente utilizamos para comunicarnos de forma escrita (latinas) derivan del alfabeto griego, sólo que con algunas variantes de carácter tipográfico y fonético. La explicación de la expresión It's Greek to me tiene un origen histórico que se remonta a la Edad Media, cuando la Iglesia cristiana decide erradicar el griego de su liturgia. Sin el auxilio de los textos bíblicos y ecuménicos, el griego terminó por olvidarse en Occidente (sólo se mantendría en los colegios y universidades para un selecto grupo de sibaritas del lenguaje y del conocimiento) para convertirse en sinónimo de lengua incomprensible y majadera. Frente a algo que no se entendía, se decía "Esto es griego para mí", tal como solemos decir en la actualidad "Esto me suena a chino". De ese empleo de la palabra griego, y como transformación de la misma, presumiblemente surgió la palabra gringo, que se aplicó primero a la lengua inglesa (esa extraña lengua que entonces nadie entendía en España), y más tarde al que la hablaba, significado que se mantiene hasta hoy, como sinónio de extranjero, especialmente el de origen inglés o alemán. De modo similar a lo que ocurría en castellano, en el latín medieval se decía "Graecum est; non potest legi" ("Está en griego; no se puede leer"), y en inglés, "It's Greek to me". En una tesitura semejante a la del griego se encuentra también el latín, la otra gran lengua de la Antigüedad. [...] En resumidas cuentas, tanto el latín como el griego se consideran popularmente lenguas incomprensibles, propias de gente de otro mundo (la gente que tiene preocupación por el conocimiento), pero lo que mucha gente desconoce es que tanto el griego como el latín son antepasados de una lengua (el castellano) que todos deberíamos cuidar. (Cristo Hernández)

Memorias de Adriano:
Siempre agradeceré a Scauro que me hiciera estudiar el griego a temprana edad. Aún era un niño cuando por primera vez probé de escribir con el estilo los caracteres de ese alfabeto desconocido; empezaba mi gran extrañamiento, mis grandes viajes y el sentimiento de una elección tan deliberada y tan involuntaria como el amor. Amé esa lengua por su flexibilidad de cuerpo bien adiestrado, su riqueza de vocabulario donde a cada palabra se siente el contacto directo y variado de las realidades, y porque casi todo lo que los hombres han dicho de mejor lo han dicho en griego. Entreveía la posibilidad de helenizar a los bárbaros, de aticizar a Roma, de imponer poco a poco al mundo la única cultura que ha sabido separarse un día de lo monstruoso, de lo informe, de lo inmóvil, que ha inventado una definición del método, una teoría de la política y de la belleza. (Margarite Yourcenar)


El viaje en delfín de Arión de Metimna:
Cuentan que Arión pasaba lo más de su vida en la corte de Periandro, que tuvo deseo de hacer un viaje a Italia y a Sicilia; y después de ganar grandes riquezas quiso volverse a Corinto. Partió de Tarento y, como de nadie se fiaba tanto como de los corintios, fletó un barco corintio. Pero los marineros, en alta mar, tramaron echarle al agua y apoderarse de sus riquezas. Arión, que lo entendió, les suplicó que le salvasen la vida, y él les dejaría sus bienes. Pero no les persuadió con tales ruegos, y los marineros le ordenaron que se matara con sus propias manos y así lograría sepultura en tierra o que se arrojara inmediatamente al mar. Acorralado Arión en tal apremio, les pidió, ya que así resolvían, le permitieran ataviarse con todas sus galas y cantar sobre la cubierta de la nave, y les prometió matarse luego de cantar.) Y ellos, encantados con la idea de escuchar al mejor músico de su tiempo, dejaron todos la popa y se vinieron a oírle en medio del barco. Arión, revestido de todas sus galas y con la cítara en la mano, de pie en la cubierta, cantó el nomo ortio, y habiéndolo concluido, se arrojó al mar tal como se hallaba, con todas sus galas. Los marineros navegaron a Corinto, y entre tanto un delfín (según cuentan) recogió al cantor y lo trajo a Ténaro. Arión desembarcó y se fue a Corinto vestido con el mismo atavío, y refirió todo lo sucedido. Periandro, sin darle crédito, le hizo custodiar, sin dejarle en libertad y aguardó celosamente a los marineros. Cuando llegaron, los mandó llamar y les preguntó si podían darle alguna noticia de Arión. Ellos respondieron que se hallaba bueno en Tarento. Al decir esto, se les apareció Arión con el mismo traje con que se había lanzado al mar de su crimen. Esto es lo que cuentan corintios y lesbios; y en Tarento hay una ofrenda de Arión, en bronce, no grande, que representa un hombre cabalgando sobre un delfín. (Heródoto, Historias, Libro I)


Arión y el delfín por Luciano:
Poseidón: - Bravo, delfines, porque sois siempre filántropos y hace ya tiempo acompañasteis y acogisteis al hijito de Ino cuando cayó con su madre desde las Escirónidas (Nota: perseguida por Atamante, Ino cayó al mar en compañía de su hijo Melicertes al que alude el diálogo. Los delfines lo recogieron y lo llevaron a Corinto. Posteriormente él y su madre fueron objeto de culto bajo los nombres de Palemón y Leucótea, respectivamente); incluso ahora has transportado a nado otra vez a ese citarodo a lomos tuyos desde Metimna, con su pompa y su cítara y no te quedaste indiferente viéndolo estar a punto de perecer a manos de los marineros. Delfín: - No te sorprendas, Poseidón, que nos portemos tan bien con los hombres, pues somos nosotros ahora peces, nacidos hombres. Y por ello precisamente le reprocho a Dioniso en que nos haya cambiado de forma luego de ser vencidos en batalla naval, cuando debería haberse limitado a someternos tal y como nos había sojuzgado. Poseidón: - Pues ¿qué es lo que sucedió con el Arión de marras, Delfín? Delfín: - Periandro, creo, disfrutaba con él y muchas veces le mandaba buscar por su arte. Él, que se había enriquecido a costa del tirano, sintió ganas de volver a Metimna, su patria, navegando, para exhibir su riqueza. Subiendo a bordo de una embarcación de unos tipos desalmados, como quiera que dio a entender que transportaba mucho oro y plata, cuando llegó al medio del Egeo se amotinaron contra él los marineros. Él -yo lo iba oyendo todo porque nadaba junto a la nave- les dijo, "puesto que os ha parecido oportuno actuar así, permitidme al menos que me ponga mis vestiduras, que entone un treno por mí mismo y que luego me arroje al agua sin que nadie me tire-. Aceptaron los marineros, se puso el vestido, entonó un canto melodioso en grado sumo y se arrojó al mar en la idea de que en el acto moriría. Pero yo, recogiéndolo y montándolo a lomos míos me lo llevé a nado rumbo a Ténaro. Poseidón: - Te alabo tu amor a la música, pues le has dado un digno pago por oír su canto. (Luciano, Diálogos Marinos)


Electra, Eurípides:
Naves ilustres que un día arribasteis a Troya
con incontables remos
escoltando la danza de las Nereidas
cuando saltaba el delfín amante de la flauta
ante las proas de oscuros espolones
retorciéndose,
acompañando al hijo de Tetis,
ligero en el salto de sus pies, a Aquiles,
junto con Agamenón
hasta las riberas del Simoeis en Troya.
(Eurípides)


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