HISTORIA
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Las defensas de La Habana



La Giraldilla Los castillos El Príncipe y Atarés:
una verdadera fiebre de construcción de fortificaciones vivió La Habana después de expulsados los ingleses en 1763. Había dos peligrosísimas lomas al sur, muy cerca de la ciudad, que ya los ingleses habían utilizado en 1762 para bombardear la urbe. Para la erección del Castillo de Santo Domingo de Atarés se seleccionó la Loma de Soto, en la zona de extramuros, con una amplia visibilidad del Puerto. Las obras se encargaron al ingeniero Agustín Crame, que las inició en 1763 y quedaron concluidas cuatro años más tarde. Fue dotada de una numerosa guarnición y armamentos adecuados según la época. El Castillo del Príncipe se levantó en la Loma de Aróstegui, y de sus planos se hizo cargo don Silvestre Abarca, el mismo que construyó La Cabaña. La construcción tomó entre 1767 y 1779, y su capacidad era tal que podía albergar una guarnición próxima a los 1 000 hombres. Emplazado en la loma que perteneció a Don Agustín Aróstegui y Loynaz, debe su nombre al príncipe Carlos, hijo del rey Carlos III. Su fecha de conclusión se ubica en 1779 por parte del Brigadier Luis Huet. La fortaleza tiene la forma de un pentágono irregular contando con dos baluartes, dos semibaluartes y un rediente, comprende grandes fosos, las galerías de minas, además de almacenes, oficinas, aljibe y alojamiento para una guarnición de 1000 hombres, mientras que su artillería contaba con 60 piezas de diferentes calibres. Con los años, sufrió cambios y llegó a ser la más célebre cárcel de la ciudad de La Habana. Había una tercera loma, donde hoy está la Universidad de La Habana, allí se construyó la Pirotecnia Militar que se unía al prícipe por una red de túneles. Pero la cosa no terminó ahí. En el siglo XIX, tras los radicales cambios operados en el arte militar, previos a la Primera Guerra mundial, España dotó a La Habana con un modesnísimo sistema de artillería de costa y de profundidad, que la hizo definitivamente inexpugnable. Sobre la Loma de Chaple, la elevación más importante de la ciudad, con casi cien metros sobre el nivel del mar se hizo un fortín (hoy desaparecido), con cañones de fabricación germánica -KRUPP- capaces de barrer objetivos a 25 kilómetros de distancia. Ubicada en el saliente costero de Punta Brava, en la loma de Taganana casi al extremo de la Caleta de San Lázaro, sitio habitual de desembarcos de piratas, -donde se alza hoy el célebre Hotel Nacional-, se construyó la Batería de Santa Clara con cuatro impresionantes Cañones Ordoñez. Uno de los Ordóñez, de las más grandes piezas de artillería de la época, aún descansa en los jardines del hotel. Esta altura costera se destacó durante la Toma de La Habana por los Ingleses, en 1763. En un morrillo que allí existía, el de Punta Brava, el regidor Don Luis Aguiar hostigó a los británicos. En homenaje, su apellido da nombre al restaurante más famoso y lujoso del Hotel Nacional. De los fortines de el este del Morro, solo se conserva íntegramente uno: La Batería 3 del Ejercito Español -hoy Museo Histórico de La Habana del Este-, que servia como defensa adicional al Castillo del Morro y la Cabaña. La Batería solo tenia sobre tierra los cuatro cañones Ordoñez que la formaban, tras sus baluartes de emplazamiento. Pero los cuarteles de la tropa y los polvorines estaban situados bajo tierra para su mayor protección. Con uno de estos Ordoñez se hundió el acorazado Missouri durante la Guerra de 1898. Por estas protecciones fue que los norteamericanos nunca osaron atacar La Habana.


Batería de Santa Clara:
Ubicado en el saliente costero de Punta Brava, en la loma de Taganana casi al extremo de la caleta de San Lázaro, sitio habitual de desembarcos de piratas, se alza el Hotel Nacional de Cuba desde el 30 de diciembre de 1930, como el más importante del Gran Caribe. La colina que le recibe fue hospedera a mediados del siglo XIX de la famosa batería de Santa Clara. El cañón Ordóñez, uno de los más grandes de la época, aún descansa en los jardines del hotel. Asimismo, en el morillo de Punta Brava, el regidor Don Luis Aguiar hostigó a los británicos durante el sitio y asalto a La Habana. En homenaje, su apellido da nombre al restaurante más famoso y lujoso del hotel.

Batería tres del morro:
la Batería 3 del ejército español que servía como defensa adicional al Castillo del Morro y la Cabaña. La Batería sólo tenía sobre tierra los cañones, tras sus baluartes. Pero los cuarteles de la tropa y los polvorines estaban situados bajo tierra para su mayor protección. Así afortunadamente el lugar no ha sido cambiado y el local se encuentra tal como era cuando lo ocupaban los soldados españoles. Sólo por ver esta obra arquitectónica militar bien vale la pena visitar el museo. (Mario Martí)


La Vía Blanca:
Construido en 1947, el puente de sobre el río Bacunayagua es una de las obras de ingeniería más notables de Cuba. Es un kilómetro de vía suspendido a 350 metros de altura sobre el lecho del río y sobre un solo arco de hormigón armado. Tiene un bello mirador, desde el que se divisan las "auras tiñosas" -pequeños buitres negros cubanos- y el lindísimo valle que se despliega al fondo. En sentido contrario está el Océano Atlántico imponente. La llamada Vía Blanca fue la primera autopista cubana y comenzó a fabricarse en 1945. Va pegada al litoral y une la ciudad de La Habana con Varadero, cubriendo una distancia de 280 kilómetros. Tiene cuatro carriles: Dos de ida y dos de regreso. En su recorrido pasa por las Playas del Este de la capital (Bacuranao, Tarará, El Mégano, Santa María del Mar, Boca Ciega y Guanabo -donde vive mi madre con mi hermana); los campos petroleros de Boca de Jaruco, la bellísima playa de Jibacoa -distinta en su paisaje a las otras de Cuba-, la enorme central termoeléctrica de Santa Cruz del Norte -capaz de producir mil megawatts de estar en estado optimo- donde también se concentra varias grandes industrias como la ronera más grande de Cuba. La autopista pasa por la ciudad de Matanzas y, para no entrar en ella se ha hecho, últimamente, un "pedraplén", o carretera marítima que evita el tejido urbano de una ciudad de más de cien mil habitantes. Para viajar por la Vía Blanca -que es todo un espléndido paseo turístico- se requiere salir muy temprano, a fin de que la reverberación solar de las horas de más insolación no afecten el disfrute. (Mario Martí)


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